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Trazos De Silencio.

Trazos De Silencio.

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Omegaverse / ABO
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

Haru creía que el amor era sacrificio. Graduado con honores en Tokio y con un futuro brillante en el arte y las letras, lo dejó todo por un matrimonio de contrato con Ren, un alfa que solo le devolvió desprecio y violencia. Tras tres años de infierno, Ren lo desecha como a un mueble viejo, dejándole solo un pequeño apartamento en un complejo exclusivo.

En el ático de ese mismo edificio vive Kaito Kuroda, el heredero de un imperio que se mueve entre la legalidad empresarial y las sombras de la mafia japonesa. Kaito no cree en el amor romántico; para él, la lealtad solo existe en la sangre. Sin embargo, su paz se ve interrumpida por un vecino ruidoso que huele a miedo y a pintura fresca.

Lo que comienza como roces por paquetes mal entregados y quejas por mudanzas nocturnas, se convierte en una conexión inevitable. Pero la libertad de Haru es una amenaza para el ego de su exesposo.

NovelToon tiene autorización de Andy GZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: El Color de la Resistencia

La luz del sol de la mañana se filtraba por los ventanales del ático, pero para Haru, el mundo aún tenía un tono grisáceo. Sin embargo, algo había cambiado en el aire. La noche anterior, al empuñar aquel cuchillo, había roto una cadena invisible: la de su propia pasividad.

Kaito entró en la habitación con una bandeja. No era la comida ligera de hospital de los días anteriores; era un desayuno tradicional japonés, humeante y nutritivo. Kaito tenía un pequeño corte en el pómulo y los nudillos vendados, marcas de la pelea en Yokohama que no intentó esconder.

—Yuki está en la clínica de la familia. Estará bien en un par de días —dijo Kaito, sentándose al borde de la cama—. Y Ren... Ren está bajo custodia en un lugar donde sus abogados no podrán encontrarlo por mucho tiempo.

Haru miró las manos vendadas de Kaito. Extendió su mano izquierda y, con una delicadeza que hizo que el alfa contuviera el aliento, rozó los dedos de Kaito.

—Lo hiciste por mí —susurró Haru—. Arriesgaste a tu hermano y tu propia vida por alguien que no puede ni sostener un pincel.

—No —corrigió Kaito, entrelazando sus dedos con los de Haru—. Lo hice por nosotros. Porque nadie tiene derecho a decidir cuándo termina tu historia, Haru. Ni Ren, ni tus padres, ni yo.

Kaito dejó la bandeja a un lado y sacó un sobre grueso de su chaqueta. Tenía el sello de la firma de abogados de los Mizushima. Haru palideció al reconocerlo.

—Mis hombres interceptaron esto en la oficina de Ren —explicó Kaito, su voz volviéndose gélida—. No te vendieron por deudas, Haru. No fue solo dinero. Tus padres están usando tu "incapacidad" para ocultar un desfalco millonario en la fundación de la familia. Te casaron con Ren porque él prometió lavar ese dinero a cambio de tenerte a ti como garantía. Eres el chivo expiatorio de su fraude.

Haru sintió un frío punzante. Sabía que sus padres eran distantes, pero la idea de que su propio matrimonio —y el abuso que sufrió— fuera una simple transacción contable para tapar un crimen de sus padres era una herida nueva y profunda.

—Para ellos... nunca fui un hijo —dijo Haru, con la voz quebrada—. Solo era un activo. Una propiedad que podían liquidar.

—Ya no —dijo Kaito, levantándose y ofreciéndole la mano—. Ven conmigo.

Kaito llevó a Haru al salón. Allí, donde antes solo había muebles de diseño y frialdad, Kaito había hecho traer varios caballetes, lienzos en blanco y una cantidad abrumadora de pinturas al óleo. Pero no eran colores apagados; eran rojos intensos, azules eléctricos, amarillos que parecían arder.

—Sé que tu mano derecha está sanando —dijo Kaito, entregándole un carboncillo a su mano izquierda—. Pero el médico dice que el movimiento es la mejor terapia. No pintes algo bonito, Haru. Pinta lo que sientes por ese sobre. Pinta lo que sientes por Ren. Ensúciate. Grita sobre el lienzo.

Haru miró el lienzo en blanco. El miedo lo atenazó por un momento. La voz de su madre resonó en su cabeza: "Un omega debe ser impecable, Haru. Tu pintura es desordenada, es una vergüenza".

Haru miró a Kaito. El alfa lo observaba con una fe absoluta, una que Haru no entendía pero que necesitaba desesperadamente.

Tomó un tubo de pintura roja con su mano izquierda. Sin usar pincel, apretó el tubo directamente sobre la tela blanca. El color saltó como una herida abierta. Haru empezó a extender la pintura con los dedos, con movimientos erráticos y violentos. Al principio era solo rabia, pero luego empezó a tomar forma. Eran sombras, eran manos que apretaban, era el rostro desfigurado de su propia angustia.

Lloró mientras lo hacía. Lloró por el niño que fue ignorado y por el hombre que fue vendido. Kaito no lo interrumpió. Se quedó en la esquina del salón, protegiendo su espacio, siendo el ancla mientras Haru navegaba por su propia tormenta.

Después de una hora, Haru se detuvo. Sus manos, su bata y parte de su rostro estaban manchados de rojo y negro. El cuadro era perturbador, crudo, pero era suyo.

—Es... horrible —susurró Haru, exhausto, mirando su obra.

—Es lo más honesto que he visto en mi vida —respondió Kaito, acercándose con una toalla húmeda para limpiarle el rostro—. Has sacado el veneno, Haru. Ahora hay espacio para algo nuevo.

Haru apoyó la cabeza en el hombro de Kaito. El cansancio era inmenso, pero por primera vez, no se sentía vacío. Se sentía lleno de una energía nueva, una voluntad de no volver a ser el silencio de nadie.

—Kaito... —dijo Haru después de un momento—. Quiero que los destruyas. No por venganza, sino para que no puedan hacerle esto a nadie más. Quiero que uses ese sobre.

Kaito sonrió, una sonrisa peligrosa que no estaba dirigida a Haru. —Consideralo hecho. Mañana, el apellido Mizushima dejará de significar algo en la alta sociedad de Tokio. Pero antes de eso... hay alguien que quiere verte.

La puerta del ático se abrió y Hana entró acompañando a un hombre joven, de aspecto humilde pero con ojos inteligentes. Haru lo reconoció de inmediato: era el asistente personal de su padre, el único que alguna vez le había mostrado una pizca de amabilidad.

—Haru-sama —dijo el joven, haciendo una reverencia—. He traído los diarios personales de su madre. Ella... ella no era quien usted cree. Hay una razón por la que su padre lo odiaba tanto a usted y a su arte.

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Maria Quintero
búscate 3 alfas y que lo violen peor que a Haru
Maru19 Sevilla
Por favor que no lo mate pronto que lo encierre y lo martirice por años
Maru19 Sevilla
Por favor que alguien atrapé a Ren
Maria Quintero
Haru en verdad vivió un infierno con ese Alfa de cuarta 😭 me duele leer y a la vez imagínarme lo que vivió me parte el corazón nadie debería vivir así 😭
Maria Quintero
me va encantando la historia, me encanta este alfa que quiera ayudar al Omega a recuperarse del infierno que sufrió
Yudiela Arboleda
yo culpo a la autora por escribir esa atrocidad 😭😭😭😭 Haru no merecía eso kaito inteligente para los negocios y imbécil para el amor si no haces pagar a ren te odiare más que a el 😭😭😭
Aury Garcia: que horror cuantas violencia pobre haru Katio no sabe cuidar ni buscar
total 2 replies
Maru19 Sevilla
Que revise la ventilación
Maru19 Sevilla
Maldito Ren!
Maru19 Sevilla
Pero como escapo?
Maru19 Sevilla
Esta emergiendo 👏👏👏👏👏
Escorpiona Saucedo
autora cada capítulo me deja con un nudo en la garganta 💔
Maru19 Sevilla
Que bonito!!!👏👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Ahhh, maldito Ren
Maru19 Sevilla
Maldito Ren, que ganas de sacarle los ojos🤭
Maru19 Sevilla
Maldito Ren, que ganas de sacarle los ojos🤭
Maru19 Sevilla
Que bueno 👏👏👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Que bueno 👏👏👏👏 que lo destroce
Maru19 Sevilla
Espero que el martirio que infringió en el Omega se retribuido al maldito Alfa con creces
Maru19 Sevilla
Eso! que le hagan pagar👏👏👏
Maru19 Sevilla
Pobrecillo😭
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