Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Banquete
El murmullo seguía vivo en el gran salón.
Susurros, miradas, abanicos moviéndose con nerviosismo.
Pero Gia… ya no estaba prestando atención.
Para ella, la ceremonia había terminado.
Y ahora venía otra parte importante.
La salida.
[…momento final… mantener la imagen…]
Sin dudar, giró ligeramente hacia el duque y tomó su brazo.
Natural.
Como si lo hubiera hecho toda su vida.
El contacto fue firme… pero elegante.
El duque se tensó de inmediato.
Su cuerpo reaccionó casi por instinto.
[…esta demasiado cerca…]
Su primera intención fue apartarse.
Dar un paso.
Recuperar distancia.
Pero antes de que pudiera hacerlo..
—¿Prefiere llevarme en sus brazos?
La voz de Gia fue suave.
Inocente.
Casi dulce.
El duque se detuvo.
Parpadeó.
La miró.
[…¿qué…?]
Por un segundo, pensó que era una broma.
Una provocación ligera.
Pero entonces…
Ella se acercó un poco más.
Sin soltar su brazo.
Sin incomodidad.
Sin vergüenza.
Como si la posibilidad fuera… completamente real.
[…esta mujer…]
Su mirada se volvió más profunda.
Más analítica.
[…es de temer…]
Porque ya no había duda.
Los informes estaban equivocados.
Totalmente.
La mujer que tenía al lado no era débil.
No era temerosa.
Y definitivamente…
No era predecible.
[…me engañaron…]
Y eso… no le gustaba.
Pero tampoco…
Le desagradaba.
Exhaló suavemente.
Y en lugar de apartarse…
Le ofreció el brazo correctamente.
Firme.
Estable.
Aceptando.
Gia lo notó al instante.
Y sonrió.
Radiante.
Se acomodó con naturalidad, sosteniéndose de él con elegancia.
Luego…
Giró el rostro hacia los presentes.
Y les regaló una sonrisa amplia.
Llena de alegría.
Como si ese fuera el momento más feliz de su vida.
Los murmullos cambiaron de tono.
—Se ven… cercanos…
—Qué inesperado…
Pero Gia ya iba avanzando.
A su ritmo.
A su manera.
Y por dentro..
[…así me gusta…]
Su sonrisa se acentuó apenas.
[…cooperando, mi esposito…]
Mientras caminaban juntos hacia la salida…
Una cosa quedaba clara.
Aquella unión, que debía ser fría, distante, política…
Había tomado un rumbo completamente distinto.
Y apenas… acababa de comenzar.
El duque caminó con ella hacia la salida del gran salón, sintiendo todavía el peso de las miradas en la espalda.
Y también…
El peso de ella en su brazo.
No era incómodo.
Pero sí… inusual.
[…en cuanto crucemos la puerta… me soltará…]
Era lo lógico.
Lo esperado.
Lo adecuado.
Pero cruzaron el umbral.
Luego el pasillo.
Después otro.
Y ella…
No lo soltó.
Ni un poco.
Siguió aferrada con elegancia, como si ese fuera exactamente su lugar.
Natural. Cómoda.
Como si no existiera ninguna razón para separarse.
El duque bajó apenas la mirada hacia el punto donde sus manos se unían.
[…no entiende de distancia… o no le importa…]
No dijo nada.
Pero su mente no estaba tranquila.
Porque cada pequeño gesto de ella rompía sus expectativas.
Y eso… lo mantenía alerta.
Llegaron finalmente al comedor.
Las puertas se abrieron.
Una mesa larga, preparada con una abundancia casi exagerada, los esperaba. Vajilla impecable, copas brillantes, aromas cálidos llenando el ambiente.
Gia entró a su lado.
Y recién cuando llegaron a sus asientos…
Lo soltó.
Como si hubiera sido suficiente.
[…finalmente…]
El duque tomó asiento.
Recto. Controlado.
Mientras tanto, Gia…
Brillaba.
Sonreía a todos.
Respondía miradas.
Asentía con gracia.
Su actitud era abierta, segura… casi triunfante.
[…mírenme… sigo aquí…]
Y lo estaba disfrutando.
Cada segundo.
[…no morí… me casé… mejor resultado, honestamente…]
Incluso cuando algunos invitados seguían observándola con curiosidad o sorpresa, ella no se intimidaba.
Al contrario.
Parecía crecerse.
Mientras tanto, el duque permanecía en silencio.
No tocó la comida.
Ni siquiera lo intentó.
Solo tomó su copa de vino.
Y bebió.
Un sorbo.
Luego otro.
Sus ojos, aunque aparentemente distraídos, regresaban a ella una y otra vez.
[…esto no es normal…]
No su comportamiento.
No su actitud.
No la forma en que interactuaba con todo.
[…debería estar nerviosa… distante…]
Pero no lo estaba.
Era como si…
Disfrutara estar ahí.
Con él.
Eso era lo más desconcertante.
Tomó otro sorbo de vino.
[…debo esperar…]
Su mente, práctica como siempre, empezó a organizar el tiempo.
[…al menos una hora…]
Era lo mínimo aceptable.
Lo socialmente correcto.
[…luego podré retirarme…]
No tenía intención de prolongar esto más de lo necesario.
No hoy.
No con tantas variables desconocidas.
Pero aun así…
Sus ojos volvieron a ella.
A su sonrisa.
A la facilidad con la que ocupaba ese espacio.
[…¿qué eres exactamente…?]
Gia, ajena.. o fingiendo serlo.. seguía brillando.
Y sin darse cuenta…
Estaba convirtiendo una simple cena formal…
En el inicio de algo que el duque ya no podía ignorar.
El tiempo pasó más lento de lo que parecía.
Pero para el duque… cada minuto estaba contado.
Cuando finalmente se cumplió la hora, dejó la copa sobre la mesa con un sonido seco, preciso.
Decisión tomada.
[…suficiente…]
Gia lo notó de inmediato.
[…ah… se activa el modo fuga…]
Sin perder su sonrisa, se inclinó ligeramente hacia él.
Acercándose lo justo.
Coqueta.
—¿Ya nos vamos?
Su tono era ligero… casi juguetón.
El duque ni siquiera la miró al principio.
[…yo me voy…]
Porque en su mente, la decisión era clara.
Él se retiraba.
Solo.
Sin explicaciones innecesarias.
Se puso de pie.
Alto. Imponente.
Y sin embargo…
Antes de dar un paso..
Gia también se levantó.
Naturalmente.
Como si eso ya estuviera decidido desde antes.
El movimiento llamó la atención de inmediato.
Las conversaciones se detuvieron otra vez.
Las miradas volvieron a centrarse en ellos.
Especialmente…
En la familia Dacre.
Que observaba la escena con evidente sorpresa.
[…¿se van juntos?]
[…eso no estaba previsto…]
El duque exhaló pesadamente.
Un suspiro bajo.
Cargado.
[…esto no es lo que planeé…]
Giró apenas el rostro hacia ella.
Listo para decirlo.
Para marcar distancia.
Para dejar claro..
[…no me sigas…]
Pero no alcanzó.
Porque Gia se acercó un poco más.
Lo suficiente para que solo él la escuchara.
Su voz, suave…
Pero firme.
—No creo que me vaya a hacer pasar la vergüenza de dejarme sola en el banquete de bodas.
Silencio.
Sus palabras no eran una queja.
Ni un reclamo emocional.
Eran… lógica.
Impecable.
Irrefutable.
El duque se quedó quieto un segundo.
Mirándola.
[…otra vez…]
Otra vez ella tomaba la delantera.
Otra vez lo obligaba a adaptarse.
Gruñó.
Bajo.
Casi imperceptible.
Pero no discutió.
No negó.
No insistió.
Simplemente…
Aceptó.
Giró.
Y comenzó a caminar.
Gia, por supuesto…
A su lado.
Tomando su brazo con naturalidad.
Sonriendo.
Como si todo estuviera perfectamente bajo control.
[…así me gusta…]
Detrás de ellos…
Los invitados reaccionaron.
Algunos sorprendidos.
Otros divertidos.
Otros… intrigados.
Y entonces..
Aplausos.
Suaves al inicio.
Luego más fuertes.
Acompañando su salida.
Como si celebraran no solo la boda…
Sino la inesperada dinámica que acababan de presenciar.
La familia Dacre observaba en silencio.
Sin entender del todo qué estaba pasando.
[…esto… no es lo que esperábamos…]
Y tenían razón.
Porque esa unión…
No estaba siguiendo el guion.
Y mientras avanzaban juntos, entre miradas y aplausos…
El duque pensaba en el problema que tenía a su lado.
Y Gia…
Sonreía.
Porque para ella…
Todo iba exactamente como lo planeado.
Me encanto este capítulo, mientras Gia le.dice que se pondrá como.vaca, y significa.mucho su respuesta, ya que sabe cómo son los hombres tan despectivos por su vida anterior.
Espero que sean mini Gias para hacerle al Duque la.vida un caos de ternura en un vida🤣🤣