El día que cumplió dieciocho años debía ser una celebración.
Pero terminó siendo una sentencia.
Heredero de un apellido poderoso, su vida cambia cuando su padre —un CEO en decadencia— le revela la verdad: para salvar la empresa, ya ha sido prometido en matrimonio como moneda de cambio a la mafia más influyente del país. Un trato frío, cruel… y sin salida.
Lo que nadie esperaba era que el hombre que tomaría su mano no fuera el viejo y despiadado jefe de la mafia, sino su hijo: el verdadero heredero del imperio criminal. Un alfa temido, criado entre violencia y poder, que nunca quiso ese matrimonio tanto como él.
Ambos son alfas. Ambos se desprecian desde el primer encuentro.
Y ambos están atrapados en un vínculo que ninguno eligió.
Entre choques de orgullo, silencios cargados de odio y un destino que insiste en unirlos, descubrirán que el omegaverse no siempre sigue las reglas… y que incluso dos alfas pueden desafiar lo imposible.
Porque en un mundo donde el poder lo decide todo, amar p
NovelToon tiene autorización de juliana scotella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
No voy a soltarte
Demon
Lo observó en silencio.
Cada palabra… cada gesto… cada intento del joven por mostrarse fuerte.
Y cuanto más hablaba Jean… más oscuro se volvía el brillo en los ojos de Demon.
No por furia descontrolada.
Por algo más peligroso.
Control quebrándose lentamente.
Su mandíbula se tensó.
—¿Encerrado? —repitió en voz baja, peligrosa.
Se incorporó completamente, cruzando los brazos mientras lo observaba desde arriba, como un depredador analizando a su presa… o tal vez algo que le pertenecía y estaba demasiado cerca del peligro.
—No estabas encerrado, Jean… estabas protegido.
Su voz salió firme. Cortante.
Pero dentro suyo, otra emoción se agitaba con violencia.
El recuerdo de encontrarlo herido… temblando… oliendo a miedo y fiebre… todavía le quemaba en la memoria.
—Saliste solo… con un tobillo recién recuperado… sin escolta… sin avisar… —continuó, cada palabra cargada de presión—. ¿Tienes idea de cuántos enemigos tengo?
Dio un paso más cerca del borde de la pileta.
Su sombra cayó sobre el agua.
—¿Tienes idea de lo fácil que sería usarte para llegar a mí?
Sus ojos se clavaron en los de Jean, intensos, casi salvajes.
Pero entonces algo cambió en su expresión.
Más profundo. Más crudo.
—No me fui para abandonarte —dijo finalmente, su voz bajando un tono, volviéndose más grave—. Me fui porque ese trabajo garantizaba que nadie volviera a tocarte… ni a ti… ni a las personas que te importan.
El silencio que siguió fue pesado.
Demon lo observó unos segundos más… notando el temblor casi imperceptible en su respiración, el leve cambio en su aroma, el conflicto evidente en sus ojos.
Algo en su pecho se tensó.
—Pero lo que sí hiciste… —añadió con una calma peligrosa— …fue tomar una decisión que pudo haberte costado la vida.
Se inclinó apenas hacia adelante.
Su mirada se volvió más oscura.
Más posesiva.
—No confundas mi ausencia con indiferencia, Jean.
Su voz bajó todavía más.
—Porque si algo me demostraste hoy… es que no sabes el tipo de mundo en el que estás parado ahora.
Sus dedos se apoyaron en el borde de la pileta, tensos.
—Y ese mundo… no perdona errores.
Jean
—Entonces dime… ¿en qué mundo vivo ahora? —dije con molestia, sosteniéndole la mirada sin retroceder.
El agua alrededor mío se agitó suavemente cuando me moví, pero no aparté los ojos de él.
—Porque… ¿cómo quieres que lo sepa si no me dices nada? —cuestioné, sintiendo cómo la bronca y la frustración se mezclaban en mi pecho.
Siempre decide todo solo…
Siempre ordena… protege… controla… pero nunca explica…
Apreté los dientes.
—Además… no soy una flor frágil que debas proteger —continué, alzando levemente el mentón—. Puedo cuidar de mí mismo… siempre lo hice.
El recuerdo de mi infancia, de los gritos, del miedo… de aprender a sobrevivir solo… me atravesó como un golpe silencioso.
—No me importa por qué me encerraste —añadí con frialdad, aunque mis manos temblaban bajo el agua—. No pienso quedarme encerrado. No soy propiedad de nadie…
Tragué saliva antes de lanzar la última pregunta, la que realmente necesitaba responder.
—Y dime… ¿qué peligro tengo aquí?
El silencio que siguió me hizo sentir un nudo en el estómago.
Respóndeme…
Solo dime la verdad…
Demon
Lo observó fijamente durante varios segundos.
Sin moverse.
Sin parpadear.
Y cuanto más escuchaba a Jean… más rígida se volvía su postura.
No por falta de control.
Sino porque estaba conteniendo algo mucho más violento.
—El mundo en el que vives ahora… —empezó finalmente, su voz baja, firme— …es uno donde los apellidos pesan más que la sangre… y los errores se pagan con vidas.
Dio un paso más cerca.
—Te casaste con el heredero de una organización que gobierna ciudades enteras desde las sombras —continuó—. No es un título simbólico… es una guerra constante.
Su mirada se endureció.
—Cada enemigo mío… ahora también te ve como una debilidad.
La palabra quedó suspendida en el aire.
Demon apretó la mandíbula antes de continuar.
—No te encerré porque te crea frágil.
Su tono bajó… volviéndose más peligroso.
—Te encerré porque sé exactamente de lo que son capaces las personas que quieren lastimarme.
Sus ojos descendieron apenas, recorriendo las marcas casi invisibles que aún quedaban en el cuerpo de Jean… recuerdos silenciosos de lo que ya había sufrido.
—Y porque ya te vi herido una vez… y no voy a permitir que vuelva a pasar.
Su voz salió más grave. Más tensa.
Pero enseguida recuperó su frialdad habitual.
—Dices que no eres propiedad de nadie —añadió, cruzándose de brazos—. Y tienes razón.
El comentario sorprendía por su calma.
Pero su siguiente frase fue mucho más intensa.
—No te considero un objeto, Jean… pero sí eres mi responsabilidad.
Sus ojos se clavaron en los suyos.
Firmes. Dominantes.
—Porque aceptaste llevar mi apellido… y eso te convirtió en un objetivo.
Se inclinó apenas hacia adelante, su presencia volviéndose abrumadora.
—El peligro que tienes aquí… —continuó en voz baja— …no está en esta casa… ni en tu familia.
Su mirada se volvió más oscura.
—El peligro está en cualquiera que descubra cuánto me importaría perderte.
El silencio volvió a caer, pesado.
Demon se enderezó lentamente.
—Así que puedes odiar mis decisiones si quieres… —agregó con calma peligrosa—. Puedes discutirlas… incluso desafiarlas.
Su mirada se suavizó apenas… casi imperceptiblemente.
—Pero no confundas mi protección con una jaula.
Una de sus palabras quedó resonando en mi cabeza: “Cuánto me importaría perderte”.
No estaba preparado para eso. Sentí cómo la frase golpeaba directo contra mi pecho, haciendo que el aire me faltara por unos segundos. Mordí suavemente mi labio, intentando contener las lágrimas que amenazaban con escapar. No podía llorar frente a él… no otra vez. Siempre terminaba mostrándome vulnerable cuando Demon decía algo que tocaba mis debilidades.
—Lo siento… —susurré mientras salía lentamente del agua.
El frío de la superficie me recorrió la piel, pero no se comparaba con el nudo que tenía en la garganta. Evité mirarlo directamente. Sabía que, si lo hacía, probablemente perdería el poco control que me quedaba.
—Pero no vine para escapar… —aclaré, pasando una mano por mi cabello mojado para apartarlo de mi rostro—. Necesitaba ver si mi madre estaba bien… y algo más.
Las palabras se quedaron suspendidas entre nosotros. Dudé. Mi pecho se tensó mientras recordaba la conversación con mi madre, sus miradas, sus palabras… todo lo que insinuaba, todo lo que pensaba sobre mi cuerpo, sobre mi vida, sobre lo que yo representaba ahora.
¿Debía decírselo?
Si se lo contaba, Demon seguramente perdería el control. Lo conocía lo suficiente para saber que no reaccionaría con calma. Pero callarlo también me estaba quemando por dentro.
Bajé la mirada hacia el agua que todavía goteaba desde mis dedos, observando cómo las pequeñas ondas se expandían en la pileta.
—No sabía si debía decirte… —murmuré finalmente, sintiendo cómo la culpa se mezclaba con el miedo—. No quería provocar otra pelea.
Tragué saliva, sintiendo mi corazón latir con fuerza contra mis costillas.
Siempre terminábamos chocando cuando se trataba de protegerme… o de mi libertad. Y, aun así, una parte de mí sabía que su preocupación era real… demasiado real como para ignorarla.
Demon
—Entonces… ¿por qué viniste? —pregunté, acercándome lentamente a él.
Deslicé uno de mis brazos alrededor de su cintura, atrayéndolo con suavidad pero con firmeza hacia mí. Sentí su cuerpo tensarse apenas y su corazón latiendo acelerado contra mi pecho. Su sonrojo era imposible de ignorar… y, aunque intentaba mantener la calma, esa reacción siempre lograba desarmarme un poco.
Está asustado… o nervioso. Tal vez ambas cosas.
Y eso solo hacía que mi instinto de protegerlo creciera más.
—Dime… ¿por qué tenías que venir sí o sí? —insistí, bajando ligeramente la voz.
Jean desvió la mirada, evitando la intensidad de la mía. Ese simple gesto encendió una pequeña alarma dentro de mí. No me gustaba cuando ocultaba cosas… casi siempre significaba problemas. Con cuidado, llevé mi mano hasta su rostro y lo obligué suavemente a mirarme.
Sus labios temblaron apenas antes de hablar.
—Necesitaba descubrir qué está pasando con mi cuerpo… —respondió, mordiendo su labio con nerviosismo.
Fruncí levemente el ceño.
Su cuerpo…
Esa palabra resonó en mi cabeza con demasiadas posibilidades. Ninguna de ellas me gustaba.
—¿Y qué es? —pregunté, manteniendo mi tono firme, aunque por dentro la incertidumbre comenzaba a crecer.
Jean dudó unos segundos más. Pude notar cómo su respiración se volvía más irregular, como si decirlo en voz alta fuera más difícil de lo que parecía.
—Es raro… pero soy un híbrido… como mi madre.
Por un instante, el tiempo pareció detenerse.
Mis pensamientos se arremolinaron con violencia. Un híbrido. Eso explicaba demasiadas cosas… su resistencia, los cambios en su energía, la forma en la que ciertos peligros parecían buscarlo incluso sin saberlo.
Pero también significaba algo peor.
Significaba que ahora estaría en la mira de enemigos que ni siquiera él conocía.
Apreté suavemente su cintura, acercándolo un poco más hacia mí, intentando ordenar mis ideas antes de hablar. No podía permitirme reaccionar con enojo… no cuando claramente estaba confiando en mí al decírmelo.
—Jean… —murmuré, observándolo con una mezcla de preocupación y determinación—. ¿Sabes lo que eso significa?
Deslicé mi pulgar con suavidad por su mejilla aún húmeda, estudiando cada una de sus expresiones.
Esto cambia todo…
Y, aunque una parte de mí quería encerrarlo donde nadie pudiera tocarlo, sabía que decirlo en voz alta solo lo alejaría más.
—No voy a dejar que nada ni nadie te haga daño —añadí finalmente, con un tono bajo pero firme—. Pero necesito que me digas todo lo que sabes… sin ocultarme nada.
eso duele mas que mil palabras demon sabiendo que Jean es tan inestable inexperto a como debe actuar y sentirse verse descontrolado por algo que no sabe manejar y dices una cosa asi no es justo idiota /Scare//Scare//Scare//Scare//Scare/
jean tu significa de ancla para ti estabilidad lealtad compromiso verdadero te brinda seguridad apoyo firmeza te mantiene en tierra y tranquilo en medio de la tormenta emocional o en dificultades de la vida todo eso es para ti demon tu ancla la persona favorita en tu mundo /Scream//Scream/
pero por el otro lado jean también razón el decide sin tomarlo en cuenta ambos son culpables por no comunicarse y ser sinceros con el uno con el otro/Shy//Shy//Shy//Shy/
por que el creyó que lo habia arruinado sin ni siquiera tener algo /Sly//Sly//Sly//Sly//Sly/
y poder pensar con claridad y ordenar bien tus dudas y temores aunque
implique que demon se enoje por lo que acabas de hacer /Grievance//Whimper//Grievance//Whimper//Whimper//Grievance/
oh que sera!!!!! lo que le estara pasando /Doge//Doge//Doge//Doge/
o un enigma!❤!/Scream//Panic//Scream/
por jean tiene 18 no es como un adolescente destrozado emocionalmente no tiene experiencia en relaciónes con un padre que lo uso para su propia salvación /Scream//Scream//Scream//Scream/