Edelayn es una mujer que sirvió toda su vida al ejército de su país,al ser jubilada, ella se da cuenta que todo el tiempo vivió para una organización y no para si misma,con arrepentimiento pide un deseo en su cumpleaños,que por azares del destino se le concede y reencarna en el cuerpo de la Duquesa Edelayn Lierrer Paradise,en un mundo donde todavía manda el feudalismo,con esta nueva oportunidad ella decide que está vez vivirá,para si misma haciendo lo que le plazca,pero hay ciertos retos que surgen,teniendo los que enfrentar,pero ella los vence aplicando sus conocimientos modernos, utilizando cualquier cosa o persona a su favor para cumplir sus deseos.
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Capitulo 16: Una noche de chicas...¿qué podría pasar?
Después de las instrucciones que dio Enrique para partir dentro de dos meses al castillo.
Cinco días ya habían pasado, Khaterine y Lucia aún seguían furiosas ambas estaban en la habitación de Lucia, allí Khaterine aventaba cosas al piso, como una niña pequeña cuando hace una rabieta.
—¡Tranquila hija! ¡Ya no te enfades más! ¡Ya nos encargaremos de esa maldita bastarda de Edelayn!
—¡Pero madre!, ¡Acaso no la has visto!, su belleza incluso es mayor que la mía, y si el príncipe heredero la ve y se enamora de ella, ¿qué pasará conmigo?
—¡Tranquila hija! ¡no te preocupes! Ya me encargaré de ella.
—¿Qué piensas hacer madre?
—Aún hay sirvientes en esta mansión que siguen bajo mi mando, le ordenaré a Tara que ponga esto en sus sales de baño—decía Lucia mientras sacaba un frasco con un polvo color rojo bermellón.
—¿qué es eso madre?
—¡Es un veneno, capaz de desfigurar la cara y el cuerpo de Edelayn!
«¡Aunque el plan de mi madre es bueno, no puedo arriesgarme, el príncipe heredero siempre cumple mis caprichos, ¡ya se!, le seguiré escribiendo cartas haciéndole creer que Edelayn me molesta e incluso quiere recuperar el compromiso matrimonial, así lograré que el la deteste y quien sabe tal vez me ayude a lidiar con esta maldita bastarda!»—ideas malvadas brotaron desde lo más profundo de Khaterine.
Esa misma noche, Lucia se dispuso a Actuar, y le ordenó a Tara llevar a cabo su plan
—Duquesa la señora Lucia me ordenó mezclar este polvo con las sales de su baño—le contó Tara a Edelayn, mientras ella veía y observaba detenidamente ese frasco.
—¡Gracias Tara!, puedes decirle a la señora que has llevado a cabo su plan, como lo ha ordenado.
Asintió Tara con la cabeza mientras salía de la habitación de Edelayn.
—¡Señorita y ahora que querrán hacerle esas mujeres malvadas!—decía enfadada Matilda.
—¡No te preocupes Matilda esas mujeres tendrán su merecido!
—Pero señorita intentaron hacerle daño con ese extraño polvo.
—Esto que ves aquí Matilda es, sulfuro de mercurio, si entra en contacto con la piel, puede generar erupciones picazón o algún tipo de dermatitis, pero si se usa a largo plazo, puede dañar el cerebro y los riñones—explicaba Edelayn mientras miraba el frasco con el polvo rojo bermellón.
—¡qué! se atreven a querer causarle tal daño—replicaba enfadada Matilda.
—¡No te enfades!, ya que me quieren hacer daño, les pagaré con la misma moneda. Ve con la sirvienta que se encarga de lavar y arreglar su ropa, y dile qué espolvoree pocas cantidades en su ropa, pero después de que lo haga se lave las manos con abundante agua y jabón, además de que cada que se encargue de esparcirlo use estos guantes—ordenaba Edelayn mientras sacaba un par de guantes de látex de su cajón y se los entregaba a Matilda.
—señorita, de qué material están hechos estos guantes, nunca antes lo había visto.
—Esto se llama látex, la última vez que fuimos a ese volcán, me di cuenta de que habían árboles de caucho, el material principal, lo extraje de su savia hasta convertirlo en látex, pensé que este tipo de guantes me serviría en un futuro para las cirugías que llegue a realizar, y no solo fabrique guantes, sino también esto—decía emocionada Edelayn mientras sacaba una pequeña bolsa cuadrada.
—¿Qué es eso señorita?—preguntaba con curiosidad Matilda.
—¡esto, mi querida Matilda!; es ni nada más, ni nada menos que un preservativo.
—¿Preservativo? Disculpe señorita... pero sigo sin entender.
—pues sirve para mantener relaciones sexuales, de forma segura, previene embarazos y también enfermedades de transmisión sexual.—explicaba Edelayn, pero al ver la cara de confusión de Matilda solo pudo decir.— Sirve para que no quedes embarazada.
—Oh creo que empiezo a entender señorita pero cómo funciona.
Edelayn al recordar que en la antigüedad no tenían clases sobre la sexualidad, se puso a enseñarle a Matilda todo sobre ella, además de todo el, proceso de la procreación humana.
—Ahora ¿entiendes,Matilda?.
—sí señorita, si las demás sirvientas o doncellas pudieran obtener este preservativo, seguramente podrían disfrutar de su sexualidad como usted dice.
—Tienes razón Matilda, pero su proceso de fabricación es muy largo sin la ayuda necesaria, además hacer que las personas lo conozcan y lo acepten creo que será un poco difícil, pero no imposible tal vez un día logremos que lleguen a aceptarlo.
—¡Si señorita,usted no pierda la esperanza!
—Por cierto, Matilda, ¿ha habido noticias sobre el marqués Ivan Grandzer?.
—Por el momento no señorita, dicen que partió a la frontera en una expedición, y regresará hasta dentro de dos meses.
«¡Cómo se supone que libere a los esclavos!, si no tengo la aprobación de ese tal marqués, Ivan Grandzer»—se decía a sí misma Edelayn.
—Ni modo, no habrá más que esperar hasta su regreso, por cierto ha llegado algún mensaje sobre el señor Erick, aún no sé si el consejo de alquimistas y comerciantes han aprobado la venta de mis cosméticos.
—Em... eso estaba a punto de decirle señorita antes de que interrumpiera Tara, son malas noticias.
—¿Por qué Matilda? ¿Ha sucedido algo?
—El señor Erick dijo que cuando fue al consejo, al principio, el consejo de los alquimistas y comerciantes, no tuvieron ninguna objeción, hasta qué llegó el señor Rogelio Severton y se opuso rotundamente.
—¡Otra vez ese señor! Interfiriendo en mis planes... bueno ya encontraremos alguna forma de convencerlo... Por cierto y Emily hoy no la he visto en estos días ,¿acáso está enferma?.
—¡No señorita! ... Últimamente, ha estado saliendo y hoy que regresó la señora Lucía la llamó, a su habitación supongo que para reclamarle porque dijo, que usted ha estudiado arduamente.
—¡tienes razón! Ve a espiar un poco y si Emily necesita ayuda ven a buscarme inmediatamente.
Pasaron unos momentos y Matilda regresó acompañada de Emily, con un paquete en las manos.
—¿Que sucedió Emily?, ¿no tuviste problemas con ese par de arpías?
—¡Por supuesto que no duquesa!—dijo burlonamente Emily —solo le inventé, que usted al no saber los modales adecuados, cuando fuera al palacio haría el ridículo, y así evitarían que a usted la llevarán en un futuro.
—¡Muy bien Emily!, Veo que estás aprendiendo a actuar muy bien—decía alegremente Edelayn.
— Por cierto,, Duquesa, antes de entrar al ducado me encontré con Aron traía este paquete para usted, dijo que lo había mandado a la señora Marina y ella esperaba que le gustara.—dijo Emily mientras le entregaba el paquete a Edelayn y lo abría, emocionada.
— ¡son los vestidos que le pedí a la señora Marina que me hiciera! ¡Están hermosos! Y justo cómo se los pedí!—acto seguido, Edelayn fue a probárselos.
—¡Se ve hermosa señorita!
—¡Aunque este diseño no es común! ¡Definitivamente le queda muy bien Duquesa!—expresaba Emily.
—¡Gracias chicas!, ¡Nunca imaginé que Marina tuviera un talento tan asombroso, fácilmente podría ser una diseñadora de modas, este vestido es hermoso, y en tan poco tiempo,es digno para asistir a cualquier ocasión o fiesta.
—Duquesa le ¿gustaría salir esta noche?—preguntó Emily a Edelayn
—A ¿Qué lugar sería Emily?.
—Hay una taberna muy popular, a las afueras de la ciudad, y me enteré que hoy en la noche un trovador dará un espectáculo.
«¿Trovador? se referirá a un músico o a un poeta, Bueno últimamente he estado algo estresada, y desde que llegué a este mundo no me he podido divertir, no le veo nada de malo salir a distraerme un poco»—reflexionaba Edelayn mientras escuchaba a Emily.
— ¡Vamos!, tengo curiosidad por saber cómo son los trovadores.
—¡Pero señorita,podría ser peligroso!.
—¡Anda Matilda! No seas aguafiestas —le respondió Emily.
—¡No te preocupes Matilda! ¡Conmigo aquí, no nos pasará nada!... Anda ve y ponte uno de los hermosos vestidos que elegiste hace tiempo, desde que se compraron no te he visto puesto ni uno solo, tú también Emily si necesitas algún vestido puedes elegir cualquiera de los míos yo me llevaré este vestido que traigo puesto.
Edelayn, Matilda y Emily se arreglaron emocionadas, cuando la tarde cayó, se escabulleron sin que nadie las notará, y a las afueras del ducado 3 caballos las esperaban, partieron juntas hasta las afueras de la ciudad. Allí se encontraron con una gran casa de madera, sorprendentemente bien cuidada para encontrarse en medio de la nada . Sus paredes se alzaban firmes y rectas, y el techo, cubierto de tejas oscuras, apenas mostraba señales de desgaste. Aunque la noche la envolvía casi por completo, una cálida luz se filtraba por las ventanas,
Al entrar se encontraron con un bullicio constante: risas, cantos, voces superpuestas y el choque ocasional de jarras. Al ver tal escena las tres se quedaron asombradas, se quitaron sus abrigos y se sentaron en una mesa cuando de repente.
Un hombre entró como sí el mundo le perteneciera, y por un instante, incluso el bullicio de la sala pareció inclinarse ante su presencia.
Era un hombre joven, de unos 20 años de porte impecable, cuya figura estaba envuelta en una armadura pulida que reflejaba la cálida luz de las antorchas. Sobre sus hombros descansaba una capa azul profundo, pesada y majestuosa, que caía en pliegues nobles hasta rozar el suelo, ondeando suavemente a cada movimiento.
Su cabello, de un blanco plateado casi irreal, caía en mechones suaves alrededor de su rostro, enmarcando unos ojos de un azul intenso que parecían observarlo todo con calma,no había dureza en su mirada, pero sí una firmeza inquebrantable.m
.—¡Parece ser alguien importante!—dijo Emily
—¿Por qué lo dices?—pregunto Edelayn.
—Lo digo por su vestimenta,por su armadura debe ser alguien importante, probablemente de la guardia real.
—¿creen que haya algún problema, para venir a esta taberna?—dijo nerviosamente Matilda.
—¡No lo creó!. Si hubiera problemas habría muchos más y al parecer está solo, tal vez solo este de paso.
—¡Emily tiene razón!, mejor dejémonos de preocuparnos y disfrutemos del espectáculo, ya está a punto de empezar—dijo Edelayn mientras miraba a un hombre de unos 30 años,narrar y componer poemas.
«¡Esta cerveza es muy amarga¡ya no tomaré más, cuando regrese encontraré la forma de perfeccionarla y si no puedo al menos crearé un vino que sea más suave»—Se decía a si misma Edelayn mientras bebía.
Esa noche Edelayn, Matilda y Emily al menos por unas horas entre risas y platicas triviales, sus preocupaciones se esfumaron, quedando ese grato momento guardado en su interior.