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Confiando En Mi Destino

Confiando En Mi Destino

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Embarazo no planeado
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: NELSI BLANCO

Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.

Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr

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capítulo 23

Alejandro cerró la puerta con sumo cuidado, asegurándose de que no hiciera ruido. Luego, se acercó y la abrazó por la espalda, lo que tomó a Alana por sorpresa. Ella se sobresaltó un poco ante su repentina cercanía. Alejandro, aprovechando la intimidad del momento, le susurró al oído: ¿Por qué tienes que enviar a los demás a traer lo que deberías haber traído tú?”

Alana, sintiéndose incómoda, se soltó de su abrazo y se giró hacia él, diciendo: Estaba un poco ocupada, por eso les pedí que fueran con Sara. Además, ¿qué es todo esto? Su tono mezclaba confusión con un leve reproche.

Alejandro, con una expresión que mostraba sinceridad, respondió: No sé, pero te quería ver. Las palabras se deslizaron entre ellos, creando una atmósfera tensa pero cargada de expectativa.

Alana, al escuchar esto, no pudo evitar sonreír y le contestó con un tono juguetón: ¿De verdad?

Él, al notar su sonrisa, la miró intensamente, sintiendo el deseo de acercarse más, como si un beso pudiera sellar ese momento. Sin embargo, Alana interrumpió sus pensamientos y, con una mirada decidida, le dijo: Tengo una respuesta para ti.

Alejandro, cambiando su expresión a una más seria, preguntó con interés: ¿De verdad? ¿Cuál es?

Sin pensarlo dos veces, Alana se acercó a él y lo besó suavemente, llenando el aire entre ellos de una emoción intensa e inesperada.

Alejandro, con el corazón acelerado, la besó de manera aún más intensa. Cuando finalmente se separaron, él sonrió y dijo: Entonces, ahora somos novios. Alana, llena de alegría, le devolvió la sonrisa y, con un aire travieso, respondió: Aquí, en este lugar, tú serás el CEO y yo la empleada, pero cuando estemos a solas, seremos solo tú y yo.

Alejandro, encantado con el momento, volvió a besarla, sintiéndose muy feliz por la situación. Sin embargo, Alana, recordando sus responsabilidades, dijo: Bueno, ahora debo seguir trabajando. Dime, ¿hay algo incorrecto en los documentos que he presentado?.

Alejandro, tranquilo, le contestó: No, todo está perfecto. ¿Qué te parece si más tarde vamos a almorzar juntos?.

Alana, con un tono de disculpa, respondió: No puedo, tengo un compromiso con los chicos.

Alejandro, comprendiendo la situación, asintió y dijo: Está bien, no hay problema.

Alana se despidió con amabilidad, diciendo: Bueno, ahora me retiro, señor. Alejandro, con una expresión sonriente, le lanzó un beso como gesto de cariño.

Alana se dirigió de nuevo a la sala de trabajo, donde se encontró con sus compañeros. Con entusiasmo, les comunicó que todo estaba funcionando a la perfección, lo cual generó un ambiente de alegría entre ellos.

Al llegar la hora del almuerzo, decidieron salir de la empresa para disfrutar de una comida juntos. Querían aprovechar la ocasión para compartir y celebrar que todo estaba marchando bien. Cheo, con una sonrisa en su rostro, propuso: Como hoy es martes y sabemos que más tarde debemos regresar a trabajar, los invito el viernes al bar para que celebremos como se debe este logro que hemos conseguido. A pesar de que la señorita Yuly nos ponía algunas dificultades, hemos logrado salir adelante. No me pueden decir que no.

Diana comentó entusiasmada: Buena idea, Cheo. Ante esto, Sara respondió: Entonces, el viernes nos vamos juntos al salir de la empresa. Alana y los demás miembros del grupo asintieron, manifestando su conformidad con la propuesta.

Este grupo estaba compuesto por nueve personas que, a pesar de enfrentar la mala energía de algunas otras, habían logrado, gracias a su esfuerzo colectivo, llevar adelante un gran proyecto. Después de terminar de comer, todos regresaron a la empresa, riendo y conversando animadamente.

En ese momento, Alejandro estaba a punto de salir y al ver a todos juntos, riendo y disfrutando de la compañía, se detuvo a observarlos. Notó la presencia de Alana, quien pasó junto a él con un gesto de cariño, aunque sin pronunciar ninguna palabra.

Alejandro sonrió y continuó su camino junto a su mejor amigo, Alex. Ambos iban a buscar algo para comer. Por otro lado, Alana subió a su lugar de trabajo y siguió con sus tareas habituales. Su jornada transcurrió con normalidad hasta que llegaron las cinco de la tarde, momento en el que regresó a casa acompañada de Diana.

Al llegar, Alana se dio cuenta de que en la plaza se encontraba la señora Olga, quien al verla se apresuró a acercarse. ¡Alana, mi niña!, exclamó la señora, con lágrimas brotando de sus ojos.

Al ver a Olga llorar, Alana no dudó en abrazarla y le preguntó con preocupación: ¿Señora Olga, cómo está? ¿Por qué está llorando?

Con voz temblorosa, Olga respondió: Necesito hablar contigo, pero no aquí.

Alana, intentando calmarla, sugirió: Vamos a mi casa, no llore, por favor. Tranquila.

La señora Olga comentó que tenía algunas cosas en esos bolsos. Alana y Diana se acercaron y tomaron los tres bolsos. Alana, emocionada, le dijo a la señora Olga: Vamos, señora Olga, subamos a mi casa. Mientras estaban en el ascensor, Alana presentó a su amiga: Mire, Olga, ella es mi mejor amiga, Diana. También vive aquí.

Olga le sonrió, aunque su rostro mostraba una profunda tristeza. Al llegar a su piso, Alana abrío la puerta y las tres ingresaron al apartamento. Diana, al entrar, colocó uno de los bolsos en el mueble y comentó: Voy a mi casa, así que si necesitan cualquier cosa, estoy al lado, sabes que puedes contar conmigo, amiga. Fue un placer conocerte, señora Olga.

Alana le dijo a la señora Olga: Siéntese, por favor. Iré a buscar un poco de jugo para usted.

Cuando Alana regresó y le entregó el jugo, Olga, con voz entrecortada y llena de angustia, le comentó: Mi niña, necesito tu ayuda. Mis dos hijos me han dejado en la calle. Ellos llegaron, vendieron mis casitas y me dejaron sin hogar. No les importó que no tengo a dónde ir. Se llevaron todo el dinero y solo me dejaron pasajes para que busque un lugar donde quedarme.

Alana, visiblemente sorprendida, exclamó: Pero, ¿cómo pudieron hacer eso? ¡Usted es su madre! ¿Acaso están locos?

Olga, sumida en la desesperación y las lágrimas, continuó llorando, sintiendo que su mundo se había desmoronado.

Alana: ¿Por qué no me habías dicho nada? Te he llamado todos los días para saber de ti.

Olga: No quería involucrarte en mis problemas, pero la verdad es que a mis propios hijos no les importo. Vine aquí porque eres la única persona que realmente se preocupa por mí. Me llamas todos los días y, cuando puedes, me ayudas con algo de dinero. Sin embargo, me he quedado en la calle, sin nada. Por eso decidí venir aquí a molestarte. No he comido nada desde que salí de mi casa a las 8 de la mañana. Estuve vagueando por ahí, pensando en qué hacer, y de repente recordé tu dirección, así que decidí venir.

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Mariadelosangeles Londoño
buena
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