Un simple tropiezo frente a la universidad cambió la vida de Amelia para siempre. Ahora su corazón y su hijo están atrapados entre dos mundos el humano y el del Reino de Fuego. Con Gael a su lado y el poderoso rey Dante observándola, Amelia deberá enfrentarse a decisiones, secretos peligrosos y una magia que puede alterar su destino… para siempre.
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La noche que cambió todo
El camino hasta la casa de Amelia fue silencioso.
No incómodo.
Pero sí cargado de algo que ninguno de los dos parecía dispuesto a decir en voz alta.
El aire nocturno era fresco, pero Amelia todavía sentía el calor que provenía de Gael cada vez que caminaban demasiado cerca.
Ese calor extraño que parecía pertenecer a otro mundo.
Cuando llegaron a su puerta, Amelia sacó las llaves.
Durante un momento dudó.
Gael estaba justo detrás de ella.
Su presencia era imposible de ignorar.
Finalmente abrió la puerta.
—Pasa —dijo con una pequeña sonrisa.
Gael entró.
El interior era sencillo. Una sala pequeña, una mesa, un sofá, algunas luces cálidas que hacían que el lugar se sintiera acogedor.
Nada parecido al mundo del que él venía.
Gael observó alrededor.
—Así que este es tu hogar.
Amelia cerró la puerta detrás de ellos.
—Sí.
Dejó las llaves sobre la mesa.
—No es muy impresionante.
Gael negó suavemente.
—Me gusta.
Amelia levantó una ceja.
—¿En serio?
—Sí.
Sus ojos recorrieron la habitación.
—Se siente tranquilo.
Amelia soltó una pequeña risa.
—Eso es porque hoy no tuviste que ver cómo vivo normalmente.
Gael la miró.
Pero no respondió.
Porque su atención estaba completamente en ella.
Amelia lo notó.
—¿Qué?
Gael negó ligeramente.
—Nada.
Pero no apartó la mirada.
El silencio volvió a instalarse entre ellos.
La tensión que había comenzado en el parque no había desaparecido.
Si acaso…
Había crecido.
Amelia dio un paso hacia él.
—Gael…
—¿Sí?
—¿Sigues pensando que esto es peligroso?
Gael respondió sin dudar.
—Sí.
Amelia inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Entonces por qué viniste?
Gael dio un paso hacia ella también.
Ahora estaban muy cerca.
—Porque no quiero estar lejos de ti.
El corazón de Amelia latió más rápido.
—Eso no suena muy prudente.
Gael apenas sonrió.
—Nunca dije que lo fuera.
Amelia bajó la mirada por un segundo.
Luego volvió a mirarlo.
—Tu mundo es complicado.
—Sí.
—Tu hermano quiere llevarte de regreso.
—Sí.
Amelia respiró profundo.
—Y aun así estás aquí conmigo.
Gael levantó lentamente la mano.
Sus dedos rozaron suavemente su rostro.
—Sí.
Amelia cerró los ojos por un instante.
El contacto era cálido.
Reconfortante.
Cuando abrió los ojos nuevamente, Gael estaba más cerca.
Mucho más cerca.
—Esto no va a terminar bien —murmuró él.
Amelia apenas sonrió.
—Tal vez no.
Pero no se apartó.
Gael se inclinó lentamente.
Sus labios se encontraron en un beso suave.
Casi cuidadoso.
Pero Amelia respondió inmediatamente.
Sus manos se apoyaron en el pecho de Gael mientras lo acercaba más.
El beso se volvió más profundo.
Más intenso.
La tensión acumulada entre ellos finalmente encontraba una salida.
Gael deslizó sus manos por la cintura de Amelia.
Atrayéndola contra él.
El calor de su cuerpo se mezclaba con el de ella.
Amelia sintió un pequeño escalofrío cuando Gael comenzó a besar lentamente su cuello.
Su respiración se volvió irregular.
—Gael… —susurró.
Él levantó la cabeza.
Sus ojos brillaban con esa intensidad cálida que Amelia ya empezaba a reconocer.
Pero esta vez no dudó.
Volvió a besarla.
Más profundo.
Más seguro.
Amelia retrocedió lentamente.
Un paso.
Luego otro.
Sin separarse de él.
Hasta que sus piernas chocaron suavemente con el borde de la cama.
El beso se interrumpió por un segundo.
Ambos respiraban más rápido ahora.
Gael la miró.
Como si todavía le diera una última oportunidad para detenerse.
Amelia sostuvo su mirada.
Y negó suavemente con la cabeza.
Eso fue suficiente.
Gael la besó nuevamente.
Esta vez sin reservas.
El mundo exterior pareció desaparecer.
Las preocupaciones.
El reino.
El peligro.
Todo quedó atrás por unas horas.
Solo existían ellos.
Sus manos.
Sus respiraciones entrecortadas.
La cercanía que había crecido entre ellos desde el primer día.
Esa noche…
Gael dejó de pensar como príncipe.
Y Amelia dejó de preocuparse por lo imposible.
Porque por primera vez…
El fuego de su mundo y el corazón humano de ella encontraron el mismo lugar al que pertenecer.
Y aunque ninguno de los dos lo sabía todavía…
Aquella noche marcaría el inicio de algo que cambiaría sus vidas para siempre.