NovelToon NovelToon
EN LA FRONTERA DEL DESEO

EN LA FRONTERA DEL DESEO

Status: En proceso
Genre:Omegaverse
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Un omega que no se doblega.
Un Enigma incapaz de amar.
Cuando el deseo rompe el control, solo una elección puede salvarlos… o destruirlos.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: Donde elegir deja huella

El viento cambió al caer la tarde.

No era más frío ni más cálido, pero traía un aroma distinto, húmedo, denso, como si la frontera se preparara para otra noche sin tregua. El grupo avanzó hasta una zona de colinas bajas donde la hierba crecía alta y el terreno permitía ocultarse con facilidad. Severin ordenó detenerse antes de que la luz muriera del todo. No era prudente avanzar en un terreno que ofrecía demasiados ángulos ciegos.

El campamento se armó con rapidez. Nadie se relajó del todo.

Rhydian se apartó unos pasos para estirar las piernas. El cuerpo le dolía en sitios que no podía nombrar con exactitud. No era cansancio físico solamente. Era esa acumulación de silencios entre él y Severin que pesaba como un nudo apretado bajo el esternón.

Severin se acercó con dos cuencos de agua.

—Bebe —dijo, tendiéndole uno.

Rhydian lo tomó, sorprendido por el gesto. No era la primera vez que Severin se ocupaba de algo tan simple, pero cada vez le resultaba igual de desconcertante.

—Gracias —murmuró.

Bebieron en silencio, uno frente al otro. La luz del atardecer dibujaba sombras largas en la hierba. Por un momento, el mundo pareció reducirse a ese intercambio mínimo.

—Hoy —dijo Rhydian—, cuando ayudé al omega herido… apretaste la empuñadura de tu daga.

Severin alzó la vista, sin negarlo.

—Fue una reacción.

—¿A qué?

—A la posibilidad de que alguien se te acercara con malas intenciones.

Rhydian inclinó la cabeza.

—No estabas mirando al que se acercaba. Estabas mirándome a mí.

El silencio se alargó. Severin dejó el cuenco en el suelo con cuidado, como si necesitara ocupar las manos para no decir algo que no sabía cómo decir.

—No me gusta cómo te miran —admitió al fin—. No me gusta que te vean como algo… accesible.

Rhydian sintió un golpe sordo en el pecho.

—No soy accesible para quien no elijo —dijo con calma—. Y no soy tuyo para que te incomode que otros me miren.

Los ojos grises se oscurecieron, no por ira, sino por una lucha interna visible.

—Lo sé —dijo Severin—. No es posesión lo que siento.

—¿Entonces qué es? —preguntó Rhydian.

Severin tardó en responder. Cuando lo hizo, su voz fue más baja que de costumbre.

—Es la idea irracional de que… si alguien más te toma, yo pierdo algo que no sé cuándo empecé a considerar mío.

La confesión fue pequeña. Brutal. Verdadera.

Rhydian dio un paso más cerca. No invadió. Se quedó en ese espacio mínimo donde las palabras se vuelven innecesarias.

—No se pierde lo que no se reclama —susurró—. Y yo no quiero ser reclamado. Quiero ser elegido.

Severin sostuvo su mirada.

—No sé elegir sin convertirlo en una forma de control.

—Entonces aprende —respondió Rhydian—. O déjame ir.

El aire entre ambos se tensó hasta doler.

—No quiero que te vayas —dijo Severin.

No fue una orden. No fue una estrategia. Fue un deseo desnudo de su estructura habitual.

Rhydian sintió que algo se le aflojaba por dentro.

—Entonces deja de actuar como si quedarme fuera un riesgo que tienes que gestionar —dijo—. Trátalo como lo que es: una decisión compartida.

Severin respiró hondo. Dio un paso más cerca. La distancia entre ambos se volvió mínima, peligrosa. El mundo alrededor se difuminó: el murmullo del campamento, el crujido del fuego, el viento en la hierba.

No se tocaron.

Pero el deseo ya no era solo tensión.

—Si cruzo esa línea —dijo Severin en voz baja—, no sé cómo volver a ser el mismo.

Rhydian alzó el mentón.

—Tal vez no tengas que volver a serlo.

Por un latido eterno, pareció que el espacio entre ellos iba a romperse. Luego, Severin se detuvo. No por falta de deseo. Por respeto a un límite que aún no sabían cruzar sin hacerse daño.

Esa noche, al acostarse, la distancia entre sus mantas fue mínima. No se rozaron. No se hablaron.

Pero por primera vez, ambos sabían el nombre de lo que estaba creciendo entre ellos.

No era control.

No era solo peligro.

Era deseo.

1
"katu azul"
buenoooooo que comience la diversión /Scream//Scream//Scream/
pryz
Estos dos son lentos
pryz
No puedo con estos dos
pryz
Repito son tontos
pryz
Ya empezamos con los celos 🤭
pryz
Tontos los dos
pryz
Estos son tontos o se hacen
pryz
Se siente en el corazón pero lo que se usa para pensar es la cabeza amigo
Rosario Simental: no me gusta leer en pausas se pierde el interés. ponganlas completas y seguiré siendo su fiel lectora. gracias
total 1 replies
pryz
Asi se habla sin pelos en la lengua
pryz
Vamos bien, no se deja
pryz
Quw manera de decir me gustas
pryz
Ok vamos bien, nada de protas tontos
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play