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En El Corazón De Jurubirá

En El Corazón De Jurubirá

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Amor eterno
Popularitas:659
Nilai: 5
nombre de autor: Yaneth González Hurtado

"En el pintoresco corregimiento de Jurubirá, en la exuberante región del Chocó colombiano, Aurora vive una vida sencilla y tranquila, ajena a los secretos que guarda su pasado. Rodeada de ríos cristalinos, selva vibrante y la calidez de su familia, cada día parece igual… hasta que la llegada de Pablo, un joven de la ciudad de Madrid, irrumpe en su mundo. Entre encuentros inesperados, emociones que desafían su corazón y secretos familiares que podrían cambiarlo todo, Aurora deberá enfrentar la diferencia de clases, los sentimientos prohibidos y la incertidumbre de un destino que jamás imaginó."

NovelToon tiene autorización de Yaneth González Hurtado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Desembarco

El rugido del motor fuera de borda anunció la llegada de la lancha mucho antes de que esta tocara el muelle de Jurubirá. El pueblo entero parecía haberse volcado a la orilla; para unos era el día de recibir mercancía, para otros, como Elena, era la oportunidad de ver una cara nueva.

Aurora se mantenía firme sobre las tablas de madera, con los brazos cruzados y el cabello alborotado por la brisa marina. A su lado, Sofía, se empinaba para ver mejor sobre los hombros de los pescadores, con la curiosidad brillándole en los ojos.

—¡Ahí viene, Aurora! ¡Mira ese hombre! —susurró Sofía, señalando a una figura que destacaba entre los bultos de harina y las cajas de herramientas.

Pablo Rossi no encajaba en el paisaje. Vestía una camisa de lino impecable que ya empezaba a pegársele a la espalda por la humedad, y unos lentes oscuros que ocultaban su mirada de fastidio. Al sentir el golpe de la lancha contra el neumático del muelle, Pablo trastabilló un poco, perdiendo por un segundo esa elegancia que traía desde Madrid.

—¡Cuidado, señorito! ¡Que el muelle no es de mármol! —gritó Santiago, provocando una risa general entre los muchachos que esperaban para cargar los bultos.

Pablo ignoró el comentario y, con ayuda de un marinero, saltó a las tablas de madera. Se sacudió el polvo imaginario de los pantalones y levantó la vista. Lo primero que vio no fue el paisaje exuberante, sino a una mujer de mirada feroz que lo observaba sin un ápice de admiración. Aurora no se movió. Lo escaneó de arriba abajo: desde sus zapatos de cuero fino, totalmente inapropiados para la arena, hasta su reloj de oro que brillaba bajo el sol del mediodía.

—¿Usted es el encargado que mandaron de la ciudad? —preguntó Aurora, con una voz clara que se impuso sobre el bullicio del muelle.

Pablo se quitó los lentes oscuros. Sus ojos, acostumbrados a la luz artificial de las oficinas, parpadearon ante la intensidad del rostro de Aurora.

—Soy Pablo Rossi —respondió él, con una arrogancia que pretendía marcar territorio—. Y busco la posada de una tal Doña Carmen. Me dijeron que es el único lugar decente para quedarse.

Aurora soltó una carcajada seca, contagiando a Elena y a Sofía.

—"Decente" es una palabra muy grande para este pueblo, señor Rossi. Aquí lo que hay es lo que ve. La posada queda siguiendo ese camino de palmeras, la casa de madera pintada de azul. No tiene pérdida, a menos que el sol ya lo tenga mareado.

Pablo apretó la mandíbula. Nadie en Europa le hablaba con esa mezcla de burla y suficiencia.

—Gracias por la "amabilidad" —replicó él con sarcasmo, tomando su maleta de cuero—. Espero que el resto del pueblo sea más hospitalario que su comité de bienvenida.

—Aquí somos hospitalarios con el que viene con respeto, no con el que viene oliendo a perfume caro y mirando a todo el mundo por encima del hombro —sentenció Aurora, dándole paso para que caminara.

Sofía miraba a Pablo alejarse por el sendero, arrastrando su maleta con dificultad por la arena.

—¡Ay, Aurora! Fuiste muy dura con él. Mira cómo sufre con esos zapatos —dijo Sofía, con una pizca de lástima.

—Que sufra, Sofi. Así aprende que aquí el que manda es el camino, no el apellido —respondió Aurora, aunque no pudo evitar seguirlo con la mirada un par de segundos más de lo necesario.

Mientras tanto, en la casa, Bertha terminaba de organizar la cocina. Escuchó el alboroto del muelle y la risa de su hija a lo lejos. No sabía quién había bajado de esa lancha, ni le importaba demasiado. Para ella, era solo un día más de trabajo y de cuidar a los suyos, sin imaginar que el "señorito" de la ciudad ya estaba caminando por la misma tierra que ella tanto amaba.

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Yeiki Córdoba
🥰
Yeiki Córdoba
(⁠◍⁠•⁠ᴗ⁠•⁠◍⁠)⁠❤
Yeiki Córdoba
chocó 🇬🇦
Yeiki Córdoba
que bonita historia 🌹🥰/Wilt//Kiss/hola
Yeiki Córdoba: de nada señora Yaneth
total 2 replies
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