Sol ha sobrevivido diez años sin nombre, sin recuerdos y sin más compañía que el dolor. Desde que despertó a los dieciocho sin saber quién era, su vida se convirtió en golpes y tortura. Pero todo cambia cuando llega al castillo del rey demonio... Y él, sin explicación alguna, le pide matrimonio.
¿Acaso ya se conocen? Quizás, el secreto de su recuerdos sean la respuesta porque él la ama tanto.
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Capitulo 20
Morgan y Rose continuaron su conversación en una sala más cómoda. Lumiel y Gael los habían dejado solos para que pudieran hablar con tranquilidad.
— Estaba seguro de que me habían apuñalado en el costado —comenzó Rose—. Perdí una gran cantidad de sangre. Pero cuando sacaron mi cuerpo del palacio, mi bendición regresó y la herida comenzó a cerrarse con mis pétalos. Supongo que la semilla del ocaso solo funcionaba dentro del lugar… y únicamente esa noche. Lo comprobé cuando ataqué el palacio días después.
Morgan abrió los ojos con asombro.
— ¿¡Atacaste el palacio!? —exclamó, levantándose de inmediato—. ¿Estás bien? ¿No te pasó nada grave?
Rose la detuvo sujetándole las manos y le sonrió.
— Estoy bien, hermana. Me he vuelto más fuerte y estoy dispuesto a protegerte a ti y al reino.
Luego apoyó su frente contra la de ella. Morgana permaneció quieta unos segundos, pero se separó para preguntarle cómo había llegado hasta allí. Rose soltó un suspiro agotado; recordarlo aún le dolía.
— Cuando recuperé la conciencia, nos estaban enterrando en un bosque de Mandrágor. Creo que fui el último, porque no vi ni a nuestros padres ni a nuestra hermana. Me hice pasar por muerto para asegurar mi escape. Estar consciente durante tu propio entierro es sofocante. Al final, salí con mis propias manos, ayudado por mis rosas.
Guardó silencio un instante antes de continuar.
— Devastado por lo ocurrido, vagué por el reino ocultándome de los guardias de Ricardo. No sentía ni padecía nada; estuve así durante dos años… hasta que Lumiel y mi maestro Gael me encontraron en un callejón. Me dieron dos motivos para seguir adelante: mi pueblo… y tú.
Morgan contuvo el aliento.
—Lumiel nunca me aseguró que estuvieras viva —continuó Rose—. Solo me dijo que existía la posibilidad. Me preparé mentalmente por si te encontraban… muerta. Aun así, entrené constantemente con Gael y me convertí en espía para infiltrarme en Mandrágor y descubrir los motivos de Ricardo.
— ¿Qué es lo que Ricardo está planeando? —preguntó ella con seriedad.
— Al principio observé que daba falsas esperanzas a la gente como padre de la iglesia, mientras gobernaba con opresión y crueldad. Permitía que los bandidos atacaran los pueblos más concurridos una vez por semana… y luego aparecía para “salvarlos”.
Rose apretó los puños.
— Salvé a todas las personas que pude sin desviarme de mi misión. Logré infiltrarme en el palacio y permanecí allí un mes. El propósito de Ricardo es obtener su propia bendición usando las lágrimas y la sangre de Mandrágor. Cuando la consiga, dará dos opciones a los reinos vecinos: unirse a su causa o convertirse en enemigos.
Morgan sintió un escalofrío. Pero es por su propia rabia y odio.
— Tenía que averiguar dónde estaba oculto el árbol del ocaso y dañarlo lo más posible. Lo encontré, pero un guardia me descubrió. Con el poco tiempo que tuve, lo llené más de espinas que de rosas. No creo haberle causado un daño grave, pero le dejé un aviso a Ricardo. Antes de salir del palacio, tomé los documentos importantes de nuestro padre. Tal vez con eso podamos acabar con su mandato… y más aún si tú estás viva.
— Esos documentos son… —empezó Morgan.
— Los papeles de la alianza —intervino Lumiel, entrando con varios documentos en mano—. La gran trinidad sagrada.
Colocó los pergaminos sobre la mesa.
— El reino Alberich, el reino de los demonios y Mandrágor formarían uno solo, compartiendo riquezas y poder, convirtiéndose en los más poderosos del continente. Sin embargo, necesitamos el apoyo de los reinos bajos. Ya los he convocado; llegarán en unos días. Para cuando Ricardo se entere, será demasiado tarde.
Morgan respiró hondo.
— Entonces, si todo sale bien, pronto podremos recuperar Mandrágor y devolverle su abundancia.
— Serás reina de Mandrágor y reina de los demonios.— dijo Lumiel.— Rose, ve a descansar, has hecho demasiado y más en alegrar a tu hermano.
— De acuerdo, majestad —dijo, levantándose, le da un abrazo a su hermana— Nos vemos más tarde.
El silencio quedó entre ellos cuando Rose salió.
— Ahora que tenemos tiempo para nosotros —murmuró Lumiel— ¿Qué te apetece hacer?
Morgan no respondió. En lugar de eso, lo miró con una intensidad que le erizó la piel. En un solo movimiento, acortó la distancia entre ellos y lo besó con una urgencia contenida, como si ese instante hubiera sido esperado durante demasiado tiempo. Sus labios se encontraron con ansias, con deseo, con la necesidad de decir todo lo que las palabras no podían. El mundo se desvaneció a su alrededor, y solo quedaron ellos.
— ¿Sol?
Sus labios iban a dejarse cuando el rey los vuelve a unir tomando su cabeza para profundizar el beso. La puerta intentó abrirse. Lumiel lo cierra con su poder.
— ¡Sol!— Era Noel. Lumiel no quería ver a ese niño ahora.
Pero Morgan sí. Sintió un poco de pena porque aquel que solo la tenía a ella. Huérfano y sin familia, su única figura era ella.
— Lumiel...— dijo apenas. Pues él no la dejaba ir. Hasta que suavemente mordió sus labios en un sonido placentero.
— No olvides, que solo eres mía.
— Es algo ilógico que pelees con un niño.
— Soy celoso hasta con el aire que te toca. Por favor, ve antes de que me arrepienta.
Morgan salió de la habitación y encontró al niño llorando a un lado. Ella lo carga con cuidado y le seca las lágrimas.
— Noel...
— Lo siento, se que no debo llorar pero... No me abandones como mis padres hicieron conmigo.
— Nunca lo haré. Mi niño. Vamos a caminar. Cuéntame que hiciste.
Llegaron a los jardines, eran realmente hermosos. Hablaron sobre las lecciones de hoy y de como él aprendió en un día más que en toda su vida… hasta que un llanto perturbó la calma. Siguieron el sonido y encontraron a Catrina sentada en el césped, con una carta en las manos.
— ¿Catrina? —preguntó Morgan con preocupación—. ¿Qué sucede?
Ella tardó en responder.
— Es… es mi hijo —susurró. Ya no podía ocultarlo más.
Morgan se agachó junto a ella.
—¿Tienes un hijo?
— ¿Recuerdas al niño albino del que te pregunté? El de los Meyer. Es mío.
Morgan abrió los ojos.
— ¿Que?
Catrina asintió y le contó todo.
— Se lo entregué a los Meyer hace tres años. Vivíamos en paz en un pueblo de Mandrágor, pero la escasez empeoraba y el trabajo era peor. Prefería no comer con tal de alimentar a mi hijo, pero llegó un punto en que ni para él había. Era un niño hermoso, y la señora Meyer se fijó en él. Me ofreció un trato: entregárselo a cambio de que nunca le faltara nada. Solo tenía ocho años… no soportaba verlo sufrir por la pobreza. Acepté, con la única condición de poder verlo, pero ella se negó y me lo arrebataron. Para que no interfiriera, mandaron a unos bandidos a secuestrarme. Fue entonces cuando el señor Gael me rescató y me trajo aquí. Cada día me repetía que mi hijo estaba bien. El dolor crecía hasta que llegó su primera carta. No eran frecuentes, pero me decía que estaba bien y que me extrañaba. Juré que lo volvería a ver… pero esta carta no permitirá que eso ocurra.
Morgana leyó la última en voz alta. Cuando terminó, el silencio fue pesado.
— Se lo llevarán del continente —dijo Morgan.
— Pero no pienso permitirlo. Esta noche iré a Mandrágor. Es una ventaja que este tan cerca de la frontera.
—No irás sola.
— Sol, no puedo arriesgarte…
— Confía en mí —respondió, haciendo brotar una planta en su mano—. Puedo protegerte. Cómetela, estás pálida y esto te mejorará.
Catrina la miró, sorprendida, tocó la planta con total curiosidad; mirando ¿De verdad es comestible? Morgan asintió con una sonrisa. Esa sirvienta realmente se lo comió, sintió los resultados de inmediato, su fatiga había desaparecido.
— Eres un milagro viviente. Gracias.— la abraza de sopresa.
— Nadie debe saberlo —susurró—. Ni siquiera Lumiel. Sé lo que se siente perderlo todo. Tienes la posibilidad de recuperarlo.
Catrina asintió. Dejándose llevar por el cálido abrazo de Morgan. Sin embargo, ella veía fríamente hacia la sombra que la observaba. Gael frunció el ceño, no esperó que una simple humana lo detectará rápidamente.
Morgan lo ignora y piensa.
“ Se adelantaron los planes, mi rey. Iré por los Meyer yo misma"