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LA LEYENDA DE LA ESPADA DE FUEGO

LA LEYENDA DE LA ESPADA DE FUEGO

Status: En proceso
Genre:Magia / Mundo mágico / Acción / Espadas y magia / Mundo de fantasía / Fantasía épica
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Cristian David Leon

Leónidas, un mago de bajo rango intentará llegar a la cima como el número uno en su clase como novato recién llegado. La academia del reino de Grand Village esconde secretos tras sus muros, Leónidas junto a sus amigos intentarán llegar al fondo de ellos mientras se desarrolla como mago y se convierte en el más fuerte de todos.

NovelToon tiene autorización de Cristian David Leon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

UNA CÁLIDA BIENVENIDA

El sol de la tarde bañaba los altos muros de la Academia de Grand Village con un resplandor dorado. Torres esbeltas se alzaban como dedos de piedra apuntando al cielo, y arcos intrincados de mármol blanco se entrelazaban con enredaderas que parecían brillar con luz propia. Era un lugar que no parecía construido por manos mortales, sino tallado directamente por la magia antigua.

Los tres jóvenes magos se detuvieron frente a la gran entrada principal, con los ojos muy abiertos.

Deila dejó escapar un suspiro largo y maravillado.

—Wow… es realmente como había dicho mi madre.

Sus ojos azules recorrían cada detalle: las vidrieras que proyectaban arcoíris en el suelo, las estatuas de antiguos magos que parecían observarlos, el murmullo constante de energía mágica que vibraba en el aire. Apreció todo con la mirada, como si quisiera guardarlo en su memoria para siempre.

Blake, a su lado, cruzó los brazos y asintió con seriedad.

—La academia del reino de Grand Village es conocida por su gran arquitectura. Se dice que la crearon los magos de la historia. Desde entonces, grandes magos se han graduado aquí.

Hizo una pausa, su voz bajó un poco, casi reverente.

—La mitad de ellos sirven al…

—¿Conoces al rey mago? —interrumpió Leónidas, con su habitual tono directo y algo impaciente.

Blake giró la cabeza hacia él, arqueando una ceja.

—¿Bromeas? El rey mago es el más poderoso de todo el reino. La verdad… no entiendo para qué necesita guardias.

Deila ladeó la cabeza, pensativa.

—Seguramente no puede estar pendiente de todo lo que pasa en el reino.

Blake bajó la mirada al suelo. Una sombra fugaz cruzó su rostro.

—… Sí, puede ser que sea así…

Mira al suelo con un poco de melancolía.

Leónidas resopló, rompiendo el momento.

—Como sea, ¿adónde debemos ir?

Los tres se quedaron mirando la enorme puerta doble de la academia, tallada con runas que brillaban tenuemente. No había nadie que les indicara el camino, solo el eco de sus propias voces y el lejano rumor de otros estudiantes.

Entonces, una voz suave pero firme resonó a sus espaldas.

—¿Puedo ayudarlos?

Deila dio un pequeño salto.

—¡Ehhgg!

Los tres se giraron al unísono.

Frente a ellos estaba una mujer de cabello plateado casi blanco, largo y suelto, con ojos afilados del color del hielo. Vestía una túnica ligera de tonos azul pálido y plateado que parecía moverse como si tuviera vida propia. Una sonrisa amable curvaba sus labios, pero había algo en su postura que advertía: no era alguien con quien jugar.

—Ja, ja, ja, tranquilos, no se asusten —dijo con voz cálida—. Soy la profesora Jill. Encantada.

Blake entrecerró los ojos, reconociéndola al instante.

—¿Jill…?

Leónidas fue más directo.

—¿Acaso no eres un mago de la corte? Eso significa que eres uno de los diez magos más fuertes del reino, ¿no?

La mujer inclinó ligeramente la cabeza, divertida.

—Me halagan, chicos. Aunque… es verdad. Soy Jill, la maga del zorro blanco.

Deila abrió mucho los ojos.

—¿Es tan fuerte?

Blake respondió sin dudar, con tono serio.

—Por supuesto. Es muy peligrosa. No le recomiendo a ningún mago de rango alto enfrentarla.

Deila sonrió de oreja a oreja.

—Eso suena muy cool.

Leónidas, en cambio, puso los ojos en blanco.

—Sisi, muchas palabras, poca ayuda. Escuche, anciana, necesitamos ir al salón principal. ¿Puede llevarnos?

Un tic apareció en la sien de Jill.

¿Me dijo anciana? pensó, claramente molesta, aunque su sonrisa no desapareció del todo.

—Por supuesto —respondió con dulzura peligrosa—. Síganme.

Los tres magos caminaron tras ella por los amplios pasillos de la academia.

El interior era aún más impresionante que el exterior. Techos altísimos con frescos que parecían moverse, lámparas de cristal que flotaban solas, corredores que se ramificaban en espirales imposibles. Cada paso resonaba con una energía contenida, como si el edificio respirara.

Deila no podía dejar de mirar a su alrededor.

—Por dentro este lugar se ve mucho más brillante y lindo.

Jill asintió mientras avanzaban.

—Así es. Esta academia, a pesar de que lleva activa 500 años, aún se conserva. Se debe a la gran inmensa cantidad de magia que contienen esos muros.

Leónidas, que hasta entonces había permanecido callado, levantó la vista hacia las paredes.

—Dígame, ¿quién es el que le da magia a este sitio?

Jill se detuvo un instante, girándose hacia él con una sonrisa enigmática.

—Buena pregunta, niño. Aunque me temo que no puedo responder esa pregunta… por ahora.

Llegaron frente a unas puertas dobles enormes, talladas con símbolos que brillaban con luz dorada.

—Bien, llegamos. Este es el salón principal. Disfruten de su bienvenida.

Y con esas palabras, la maga del zorro blanco se apartó, dejándolos entrar.

El salón era gigantesco. Filas y filas de asientos de madera oscura ya estaban casi completamente ocupadas por novatos nerviosos. El aire vibraba con expectación y magia contenida.

Leónidas frunció el ceño al ver que apenas quedaban lugares libres.

—Genial. Llegamos tarde y ahora ya no hay sitio. Tendremos que quedarnos parados.

Blake le lanzó una mirada afilada.

—Hubiéramos llegado antes si alguien no se hubiera entretenido con un gato.

Deila se sonrojó levemente, pero no se arrepintió.

—Tenías que ver su linda y tierna carita… No podía irme así sin darle algo de cariño.

Leónidas alzó una mano, cortante.

—Cállense. Ya va a comenzar la ceremonia.

En el centro del escenario, una figura alta y de presencia imponente avanzó hasta el atril. Cabello negro largo, ojos penetrantes, uniforme impecable del consejo estudiantil. Su voz resonó clara y autoritaria por todo el salón.

—Sean bienvenidos, novatos. Soy Ying, presidente del consejo estudiantil de esta academia.

Hizo una pausa, dejando que el silencio se volviera pesado.

—Estoy aquí por orden del director. Este año será diferente…

Sus ojos barrieron la sala, deteniéndose un instante en cada rostro.

—Si quieren seguir en esta academia, deberán pasar una prueba.

Un murmullo nervioso recorrió a los presentes.

—El que no tenga la confianza y no tenga la valentía… con gusto puede retirarse e irse llorando por donde vinieron.

Varios estudiantes se levantaron de inmediato y abandonaron el salón con pasos apresurados. Otros se miraron entre sí, inseguros.

Ying sonrió levemente, satisfecho.

—Perfecto. Parece que solo serán ustedes. A continuación, les explicaré las reglas de la prueba.

Leónidas miró a sus compañeros, una chispa de desafío brillando en sus ojos.

—Bien… aquí vamos. ¿Están listos, chicos?

Blake apretó los puños.

—Terminemos con esto.

Deila respiró hondo, asintiendo con determinación.

—Estoy lista…

1
Camila Surita
me encantaaa
Yolanda Leon
muy bueno, me encanta
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