Derek Greco, líder de una poderosa mafia italiana, sufre un atentado que lo deja en silla de ruedas, con pocas esperanzas de recuperar su antiguo poder. En su lucha por recuperarse, rechaza a todos los especialistas que se acercan, hasta que su padrino recurre a Alexa Clark D'Amico, una fisioterapeuta excepcional y la hija de un mafioso despreciable, responsable del atentado que cambió su vida. Aunque Alexa sabe que su vínculo con el hombre que destruyó a Derek podría ponerla en peligro, acepta el reto de rehabilitarlo y mudarse a su mansión. Desde el primer encuentro, Derek hace todo lo posible por hacerla huir, pero Alexa, con su determinación y talento, empieza a provocar avances en su recuperación. A medida que el tiempo pasa, entre ambos surgen sentimientos más profundos que van más allá de la amistad, mientras los secretos y el rencor amenazan con separarlos, ¿pero el amor podrá curar las heridas de sus pasados tan oscuros?
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CAPÍTULO 20
CAPÍTULO 20.
Por Alexa.
Cuando llegamos a mi antigua casa, los dos hombres me obligaron a entrar a la fuerza, me hicieron sentar en uno de los sillones de la sala de estar, parándose uno de cada lado, para evitar que me escape. Como si eso fuese posible en este maldito lugar y con tanta seguridad.
Estuvimos un rato esperando, hasta que por las escaleras, bajo un hombre alto, delgado, con barba poblada. Vestía de manera formal. Camisa perfectamente planchada, traje y zapatos. El hombre se acercó hacia mí con una sonrisa de suma arrogancia.
—Al fin nos conocemos, mi querida Alexa. —Exclamó el viejo.
—¿Quién eres? —pregunté.
—Me llaman de muchas maneras. Tú puedes decirme, papá.
—¿De qué mierda hablas? ¿Acaso te has vuelto loco? —El hombre se acercó más a mí sonriendo, con una expresión de calma. Llevaba una de sus manos en el bolsillo de su pantalón. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, me pego una cachetada que me dio vuelta la cara.
—Michael, cariño. ¿Con quién estás? —Exclamó una voz muy conocida que venía de la cocina.
—Mamá. —Dije en un susurro.
—Hijita... Mi amor, mi pequeña Alexa. —Dijo ella corriendo a abrazarme.
—¿Qué significa esto Mamá? —pregunté soltándome de ella.
—Mi amor... Me enteré de lo que había ocurrido. Supe que ese maldito de Derek Greco te había secuestrado y también sé que tu hermano lo ha estado apoyando. Me regresé de mi viaje en crucero con mi esposo para venir por ti, querida.
—Mama... Derek no me secuestró... Derek es... Derek es mi novio mamá. —Dije.
Mama se acercó a mí y de nuevo sentí —plaff. —Joder cuantas cachetadas van a darme hoy.
—No puedes decir eso. No puedes estar con ese maldito hombre. —Exclamó ella furiosa.
—¿Quién lo dice? ¿La maldita que tuvo dos hijos y los abandonó a su suerte con el maldito mafioso que tenían como padre? ¿Y ahora resulta que vienes a reclamar los derechos que perdiste hace más de quince años?
—Maldita zorra. —Exclamó mi madre. —Pero no me importa. Porque el dato que acabas de darnos es mucho más útil. ¿No es así Mike? —Dijo dirigiéndose a su esposo.
—Claro que si querida. —Dijo el hombre de manera arrogante.
Fue así como me tomaron y me llevaron a mi antigua habitación y allí estuve encerrada durante cinco días. Cinco días donde lo único que veía era al hombre que me traía el almuerzo, lo cual era lo único que ingería en el día y se quedaba vigilando hasta que lo terminara, para asegurarse de que yo no haga locuras con los cubiertos. No sé qué intenciones tendrá esta gente conmigo, pero la realidad es que desde ese día no los he visto.
Sin embargo, el último día algo cambio. Fue Marcelino quien se encargó de llevarme el almuerzo y habló conmigo.
—Pon la vista en tu plato y que no parezca que estamos hablando. Hay cámaras aquí. —Dijo él. —Las cámaras están detrás de mí, puedes estar tranquila que nuestra conversación no será oída. —Suspiro. —No he podido venir antes a verte. Pero le entregué tu mensaje a Derek. Está desesperado. Entendió tu mensaje. Hoy es el día ideal para escapar Alexa. Los señores tendrán un evento y por eso la seguridad será disminuida, ya que varios de los hombres deberán acompañarlos como escoltas. Te daré una señal y entonces podrás escapar. —Dijo. —Pero deberás hacerlo por la ventana. Ten mucho cuidado. Aunque no es la primera vez que escapas de aquí. —Dijo él, sonriendo.
En ese momento se oyó un revuelo afuera y Marcelino se asomó por la ventana para ver que pasaba.
—Vaya... Tu príncipe azul vino a rescatarte. —Dijo él.
—¿Derek?
—¿Acaso hay otro? —Dijo sonriendo.
Rápidamente, tome una servilleta y me acerqué a una esquina de la habitación donde no llegaba la cámara. Le pedí a Marcelino una lapicera y anoté:
"Madrugada de hoy, en donde todo comenzó. Septiembre 3."
—Tengo que entregarle esto a Derek. —Dije.
En ese momento oímos voces y Marcelino cerró la mano donde tenía el papel para que no lo vean y me tomo por los brazos.
—¿Qué ocurre aquí? —Pregunto Michael.
—La señorita vio que su perro faldero vino a rescatarla y quiso hacerle saber de su paradero. -Dijo fingiendo.
—Muy bien. —Río. —La dejaremos que hable con él. Pero escúchame maldita zorra. Harás lo que sea necesario para romperle el corazón a ese mal nacido. ¿Entendiste? De lo contrario lo mataré a él y luego a ti. —Dijo él. Fue así como me llevo hacia la puerta a punta de pistola.
Marcelino se adelantó a salir y se quedó haciendo guardia en la puerta principal mientras Michael me repetía una y otra vez lo que tenía que decirle, mientras me apuntaba con el arma.
—Ahh… —Suspiro. —Ya, ese idiota va a tumbar la puerta. —Dijo. —Abre... Pero no dejes que me vea. Debe parecer real. ¿Entendido?
Asentí, aterrada.
Luego de "romperle el corazón" a Derek, le entregue la nota que había escrito de manera disimulada. Solo rogaba que entienda. Mis ojos se hacían agua de solamente verlo y deseaba abrazarlo, besarlo... Pero temía por su vida y por la mía. Antes de irse, le pedí a Marcelino que lo acompañe a la salida para ver si él podía decirle alguna cosa que lo ayude a entender. Por suerte ese maldito viejo no sabía nada de lo que ocurría afuera.
Después de aquello me volvieron a encerrar en mi habitación. No sin antes darme una merecida paliza y revisar cada parte de mí para buscar algún chip de rastreo. Solo espero que esto no complique mis planes de huida.
Luego de llegar a mi habitación, me di una ducha y me vestí con la misma ropa que llevaba, ya que era lo único que tenía. Después me acosté en mi cama como lo hacía cada noche desde mi secuestro. Quería que todo siga igual. No quería cambiar nada de mi rutina para no levantar sospechas.
Antes de irse, mi madre paso a ver mi habitación, por lo que disimule estar dormida.
Pasada la media noche, Marcelino vino hasta mi habitación. Me entrego una muda de ropa negra para cambiarme y pasar desapercibida, pero me explico que debía hacerlo rápido, ya que había logrado desactivar las cámaras, pero que solo tenía quince minutos para salir de la casa antes de que encuentren el error. Me vestí lo más rápido que pude y lleve mi calzado en las manos, no podía perder más tiempo. Marcelino amarró unas sábanas para bajar por la ventana y cuando estuvo lista me dijo:
—Pégame.
—¿Qué dices? —Pregunté.
—Tienes que golpearme. Diré que me golpeaste con algo y escapaste. Sé que no querrás hacerlo pero...
No lo dejé terminar cuando golpee su cara con fuerza.
—¡Demonios! —Dijo. —Vaya que eres dura. —Suspiro. —Ok, ahora vete. Romperé ese jarrón y diré que me lo arrojaste. Para disimular mi desmayo.
Estaba a punto de bajar, pero antes me volví y le di un abrazo.
—Muchas gracias. Jamás lo olvidaré. —Dije.
Él asintió y me dio algo de dinero en caso de necesitarlo y yo bajé por la cuerda. Se cercioró de que ya estuviera cerca del suelo y luego oí el ruido de los cristales rotos, por lo que supuse que ya no me quedaba mucho tiempo para escapar.
Oí a los hombres correr escaleras arriba, por lo que comencé a correr más fuerte hasta que pude saltar el enorme paredón que me separaba de la calle. Comencé a escuchar ruido de hombres corriendo al otro lado, por lo que supuse que pronto estarían detrás de mí. Comencé a correr hasta doblar la esquina, luego por unas cuadras más, intentando estar en la oscuridad. A medida que me alejaba seguía oyendo el ruido de los hombres, movilizándose en mi búsqueda.
Me crucé a una chica que tenía ropa similar a la mía, y le pedí ayuda.
—Oye... —Dije. —Te daré este dinero si aceptas correr en aquella dirección y distraer a esos matones. Mi padre es un hombre muy posesivo y no me deja salir de casa. Ellos no te harán nada. Por favor. —Dije, rogando que ella acepte. Inmediatamente, asintió y agarrando el dinero hizo lo que le pedí.
Yo seguí mi camino tranquilamente hasta encontrar un taxi, lo paré. Me subí en él y le pedí que me lleve a un bar que estaba a unas siete cuadras de mi apartamento. Desde ahí caminaré para no llamar la atención.
Cuando iba pasando con el taxi, logre ver como a unas cuadras los hombres cayeron en mi trampa e interrogaron a esa chica, al no ser lo que buscaban la dejaron ir y los vi pensando en su próximo movimiento.
Baje del taxi en aquel bar, ingrese a él hasta que el taxi se alejó y comencé a caminar apurada hacia mi apartamento. De camino entre a una farmacia y compré una tintura para el cabello. Si quiero escapar debo pasar desapercibida. Pague por ella con un poco de dinero que me quedaba, del que "le había robado" a Marcelino y salí de ahí... Mire hacia todos lados que nadie me estuviera espiando o siguiendo y cuando me asegure de que no había nadie, ingrese a la casa de mis vecinos y atravesando su patio, crucé al patio trasero de mi casa. Siempre manejándome por los lugares más oscuros o con poca iluminación para no ser vista. Revisé un árbol que había en el pequeño patio, hasta que encontré las llaves de emergencia.
—Por fin en casa. —pensé.
Puse la llave en la cerradura, y giré el picaporte. Cuando entre, volví a cerrar con la llave y al girarme sentí algo frío en mi cabeza.
—Alto ahí. —Exclamó una voz masculina. Comencé a temblar. Solo rogaba que no me hayan encontrado.