En un mundo donde las sombras danzan al ritmo de secretos y los corazones se entrelazan en un juego peligroso, Rachel se encuentra atrapada entre el pasado y el presente. La muerte de Henry desencadenó una serie de eventos que cambiarán para siempre la vida de todos los involucrados. Evand, ahora distante y misterioso, guarda secretos que amenazan con destruirlo todo.
Los padres de Rachel, atrapados en su ambición, podrían encontrar la redención o la perdición. Y Marisol, con su corazón roto y una venganza ardiente, está dispuesta a hacer pagar a Evand por su abandono. ¿Quién sobrevivirá a esta tormenta de pasiones y traiciones?.
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Anulemos el contrato
_ ¡Oh, hola, señora Manzon! Justo estábamos a punto de ir a buscarla _ exclamó Rachel, iluminando su rostro con una sonrisa llena de entusiasmo.
_ Rachel, querida, ¡qué grande te has hecho! _ respondió la señora Manzon, con una mirada afectuosa que destilaba cariño _. ¿Y qué motivo tienen para buscarme? _ preguntó con curiosidad, alzando una ceja.
_ Quiero adquirir una de sus propiedades _ declaró Rachel, sin titubear ni un instante _. Cuanto más grande sea, mejor será _ agregó con determinación, mostrando su firme deseo.
Tras ese intercambio de palabras, procedieron a firmar un contrato que sellaría el acuerdo. Posteriormente, Rachel se ocupó de hacer copias de la llave de la nueva casa. Para facilitar el proceso de mudanza, no dudó en enviar un mensaje a Castiel, pidiéndole su ayuda en esta nueva etapa.
...
Ya habían pasado seis días desde que Rachel había pedido al médico que le permitiera llevarse a Evand a casa. En ese momento, le había prometido que se encargaría de que él tomara sus medicamentos de manera regular y que vigilaría su bienestar en todo momento, asegurándose de que estuviera lo más cómodo y cuidado posible.
Finalmente, hoy era el día tan esperado en el que Evand regresaría a su hogar. Para hacer el traslado más fácil, Lissa había prometido que iría a recogerlos en su coche, mientras que Castiel había garantizado que se uniría a ellos más tarde, lo que añadiría un aire de alegría y compañía en su regreso. Rachel estaba ansiosa pero emocionada por llevar de vuelta a Evand a la calidez y seguridad de su hogar, donde podrían comenzar un nuevo capítulo juntos.
Tal como se había acordado previamente, Lissa se puso en marcha para encontrar a Rachel y a Evand, quienes ya estaban listos para partir. Cuando llegó a la casa, Evand, al darse cuenta de que el lugar no se asemejaba en absoluto a lo que tenía grabado en su memoria, dirigió su mirada hacia Rachel. En su rostro se podía notar una mezcla de confusión y desconcierto, mientras intentaba descifrar la situación que se estaba desarrollando frente a él.
_ ¿Te gusta? _, preguntó Rachel con curiosidad.
_ Sí, la verdad es que sí, pero debo admitir que me gustaba más la otra casa. No había necesidad de hacer un cambio _, respondió la otra persona con un tono reflexivo.
_ A mí, en cambio, esta me gusta más _, dijo Lissa con una sonrisa en el rostro, mostrando entusiasmo por su elección.
Luego de lo sucedido, un silencio profundo envolvió a todos, dejando a cada uno sumido en sus pensamientos y sin saber cómo reaccionar ante la situación. Tras un momento de indecisión, decidieron ingresar a la casa. Al atravesar el umbral de la puerta, Lissa no dudó un instante y se lanzó sobre el sofá, dejándose caer sobre él con un profundo suspiro que denotaba su agotamiento. Por su parte, Rachel se acercó a Evand con cuidado y lo asistió para que se sentara, asegurándose de que estuviera lo más cómodo posible. Una vez que se aseguró de que Evand se hallaba bien acomodado, Rachel ocupó un asiento junto a ellos, formando así un pequeño grupo en la cálida y acogedora sala.
_ Rachel, es importante que hablemos _ expresó Evand, adoptando un tono que denotaba seriedad.
_ ¿Y sobre qué exactamente, si se puede saber? _ preguntó Rachel, con una expresión que revelaba su curiosidad.
_ Sobre nuestra relación _ contestó él con una tranquilidad que contrastaba con la tensión del momento.
_ Lo lamento, Evand _ respondió ella, cortando la conversación sin muchas explicaciones.
_ ¿Pero por qué te disculpas? _ indagó él, claramente desconcertado por su respuesta.
Rachel comenzó a llorar, las lágrimas corriendo por su rostro. Evand, en cambio, permanecía inmóvil, sin saber cómo reaccionar ante la situación. En el sofá, Lissa se encontraba sentada, disfrutando de un trozo de chocolate, y, a la vez, escuchaba atentamente la conversación entre ambos, sin intervenir en el momento. La escena reflejaba una mezcla de emociones: la angustia de Rachel, la pasividad de Evand y la serenidad de Lissa mientras se deleitaba con su dulce.
_ Te pido disculpas sinceras por haber actuado de manera tan ingenua en nuestras interacciones. Reconozco que he sido excesivamente estricta y dura, tanto contigo como conmigo misma. No obstante, lo que más lamento es haberte hecho cargar con la culpa por una situación que en realidad no fue responsabilidad tuya. Esto ha pesado mucho en mi conciencia y entiendo que mi comportamiento no fue justo.
_ ¿Estabas al tanto de que hay una posibilidad real de que me encarcelen?
_ Te ofrezco mis más sinceras disculpas.
_ Rachel, parece que nuestra relación ya no es como solía ser. Hemos pasado por diferentes etapas en nuestras vidas y ambos hemos cambiado; yo he evolucionado y tú también. Las personas que nos rodean también han tenido sus propias transformaciones. Hay ocasiones en las que todo fluye con normalidad y pareciera que todo está en armonía, pero al día siguiente nos topamos con desacuerdos que me resultan confusos y difíciles de comprender. Me pregunto, ¿por qué debemos esforzarnos en pelear por algo que realmente no tiene sentido? _ dijo. _ Las palabras que me dirigiste me hicieron sufrir de una manera intensa y profunda, y esas expresiones son recuerdos que jamás podré olvidar ni deseo olvidar. Todos esos comentarios que fueron tan hirientes y crueles, provenientes de ti, realmente dejaron una huella en mí. En este instante, tengo la sensación de que tú ya no sientes amor por mí, y yo, a mi vez, tampoco siento amor hacia ti.
Mientras Evand hablaba, Rachel se mantuvo en silencio, prestando atención con esmero a cada una de las palabras que salían de la boca de Evand. Su mirada estaba fija en él, como si quisiera absorber cada idea y emoción que expresaba. Su tranquilidad contrastaba con la pasión que él derrochaba al hablar, y aunque su rostro no mostraba más que concentración, su mente estaba activa, analizando y reflexionando sobre lo que se decía. No interrumpía ni daba opiniones, simplemente se entregaba a la escucha, valorando cada matiz en el discurso de Evand.
_ Rachel, quiero que sepas que mis sentimientos hacia ti son profundos y auténticos; no puedo ocultarlo. Siempre hemos estado a tu lado, compartiendo momentos especiales y experiencias significativas en nuestras vidas, incluso antes de que Henry falleciera. Su trágica muerte dejó una huella imborrable en nuestras vidas, marcando un punto de inflexión que nos afectó a ambos. Lamentablemente, esa pérdida fue un factor que nos llevó a distanciarnos poco a poco. Con el paso del tiempo y los cambios que vinieron con las circunstancias, esa separación se hizo más notoria entre nosotros.
Mientras él se expresaba, la castaña mantenía un profundo silencio, sin hacer el menor movimiento de labios. Su comportamiento callado contrastaba marcadamente con el flujo de palabras que salían de la boca del otro interlocutor. A pesar de que parecía estar prestando atención y absorbiendo cada palabra, no había señales de que quisiera intervenir o sumarse a la conversación. Su pose serena y su mirada fija reflejaban un estado de contemplación, como si estuviera inmersa en sus propios pensamientos, alejándose del intercambio verbal que se desarrollaba a su alrededor.
_ Así que ya he llegado a mi límite _ dijo con una calma sorprendente _. Es momento de poner fin a este contrato.
_ De acuerdo _ respondió sin darle mayor importancia.
Lissa se levantó del sofá, interrumpiendo de esta manera la actividad en la que estaba inmersa.
_ ¡Espérense! _ gritó _. No tenemos por qué llegar a este extremo. ¿Por qué es necesario llegar tan lejos? ¡No! ¡Me opongo a ello!
En ese instante, Castiel hizo su entrada en la casa, su rostro marcado por una evidente sorpresa.
_ ¿Qué está ocurriendo aquí? _ preguntó, visiblemente confundido _. Se pueden escuchar los gritos desde afuera.
Con el corazón en un puño y una expresión de desesperación, Lissa lo miró intensamente, casi implorándole:
_ Castiel, ellos quieren romper el contrato. Por favor, no dejes que eso suceda.
Mientras tanto, Rachel, intentando suavizar la tensión en el ambiente, intervino alzando la voz con firmeza:
_ Mejor sería que dejaras las cosas como están, Lissa. En su actual estado, todo está mucho mejor.
_ Rachel tiene razón, Lissa _ afirmó Castiel con un tono grave y serio.
_ ¡Es que no lo comprendes, Castiel! _ exclamó Lissa, su voz llena de frustración _. Si ellos deciden separarse, se irán lejos de nosotros y nunca más los volveremos a ver. _ Su tono se volvió aún más cargado de exasperación _. Rachel regresará a su país, y Evand se alejará, y al final solo quedaremos tú, Zheng y yo.
Con una expresión seria en su rostro, Evand afirmó con convicción: _ Lissa tiene razón, si nos alejaremos.
Castiel, mostrando una actitud escéptica y desafiante, contestó con voz firme: _ ¿Tú crees que puedes hacerme esto, Evand? No lo permitiré. No vas a separarte de Rachel, y de eso me encargaré yo.
Ante esa declaración, Evand, manteniendo una postura retadora, respondió: _ ¿Y qué vas a hacer al respecto?
Castiel le miró a los ojos con determinación y dijo:
_ Les contaré a todos lo que tienes.
Evand, notoriamente sorprendido por la resolución de Castiel, exclamó con incredulidad: _ No te atreverías.
Sin embargo, él no permitió que esa situación lo intimidara. Enfrentándolo nuevamente, se mantuvo firme y seguro, hablando con calma y una clara determinación en su voz:
_ Te invito a que me desafíes.
_ Está bien, no me separaré de Rachel, _ afirmó él _, pero bajo una condición.
Las personas que se encontraban en la sala se levantaron del sofá y se agruparon frente a él, dirigiendo su mirada hacia él con intensidad. En contraste, Rachel continuaba sentada en el sofá, con una expresión ausente en su rostro y su mente completamente sumida en un torbellino de confusión.
_ ¿Cuál es la condición? :, preguntó ella, su voz cargada de curiosidad que evidenciaba su deseo de comprender más sobre la situación.
_ ¡HABLA YA QUE ME DESESPERAS! _, exclamó Castiel, dejando entrever su palpable frustración a través de un tono de voz que retumbaba en el ambiente, haciendo que cada palabra sonara pesada y cargada de impaciencia.
_ Que ella regrese a su color natural, su cabello _, respondió él, sugiriendo con su contestación la gravedad del asunto que estaban tratando, como si la transformación del cabello simbolizara algo más profundo y significativo en la situación que enfrentaban.