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Ángel De La Muerte

Ángel De La Muerte

Status: Terminada
Genre:Casos sin resolver / Mafia / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

Una exsoldado llamada Jessica Greys, es contratada para proteger a un genio informático que acaba de hackear al gobierno de Estados Unidos.

¿Qué sucederá en este trayecto tan peligroso?



Hola, espero que disfruten mi nueva novela🤗

NovelToon tiene autorización de Jisieli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 15: El Nido en la Tormenta

La cabaña apareció entre los árboles como un secreto bien guardado. Estaba en lo alto de una colina, rodeada de robles centenarios, con un tejado de pizarra verdosa y paredes de piedra que parecían brotar de la montaña misma. Jessica apagó el motor del coche —otro vehículo robado, esta vez una furgoneta de reparto de una panadería— y observó el lugar con ojos de experta.

—¿De quién es esto? —preguntó Mateo desde el asiento trasero, con Daniel dormido en su regazo.

—De nadie. O de alguien que ya no lo necesita. —Jessica abrió la puerta—. Vamos.

Kaeil intentó moverse y una mueca de dolor deformó su rostro. La herida en el costado, aún fresca, protestaba ante cada movimiento. Jessica lo vio y estuvo a su lado en un instante.

—Apóyate en mí.

—Puedo solo.

—No puedes, idiota. Apóyate.

Kaeil obedeció, y juntos avanzaron hacia la puerta. Elena los seguía con Daniel en brazos, mientras Mateo cerraba la marcha, vigilando el bosque.

La puerta no estaba cerrada con llave. Jessica la empujó y entraron en un interior oscuro que olía a madera vieja y a humedad. Cuando encontró un interruptor y la luz se encendió, reveló un espacio sorprendentemente acogedor: un salón con sofás de cuero gastado, una chimenea de piedra, estanterías llenas de libros, y al fondo, una cocina americana con una gran mesa de roble.

—¿De quién decías que es? —preguntó Mateo, impresionado.

—De un viejo amigo. Murió hace dos años. Me dejó esto en su testamento. Nunca pensé que lo usaría.

—¿Por qué?

—Porque era su refugio. Su lugar secreto. Y ahora es el nuestro.

Elena dejó a Daniel en un sofá y empezó a explorar la cocina. Encontró provisiones enlatadas, agua embotellada, incluso una nevera que funcionaba con un generador solar.

—Hay comida —anunció—. Suficiente para semanas.

—Bien. —Jessica ayudó a Kaeil a sentarse en otro sofá—. Ahora, lo primero: tu herida. Enséñamela.

—Está bien. La doctora dijo...

—La doctora no está aquí. Enséñamela.

Kaeil se levantó la camiseta con esfuerzo. El vendaje que le habían puesto en el hospital estaba manchado de sangre fresca, pero no parecía haber filtraciones importantes. Jessica lo examinó con manos expertas, presionando suavemente alrededor.

—Duele —protestó él.

—Tiene que doler. Significa que estás vivo. —Se incorporó—. Está bien. Pero hay que cambiarlo. Elena, ¿hay botiquín?

—Encontré uno en el baño. Lo traigo.

Mientras Elena buscaba el botiquín, Mateo se acercó a la ventana y miró hacia el bosque.

—¿Crees que nos habrán seguido?

—No lo sé. Pero no he visto nada en todo el trayecto. Cambiamos de coche tres veces, dimos rodeos, evitamos carreteras principales. Si nos siguieron, son mucho mejores de lo que creo.

—¿Y si lo son?

—Entonces moriremos luchando. Pero prefiero no pensar en eso ahora.

Elena volvió con el botiquín y Jessica limpió la herida de Kaeil con una delicadeza que contrastaba con la dureza de sus manos. Él la observaba en silencio, sintiendo el calor de sus dedos sobre la piel.

—¿Duele mucho? —preguntó ella sin levantar la vista.

—Un poco. Pero tuercuidado lo hace más llevadero.

Jessica levantó los ojos y lo miró. Por un instante, algo brilló en ellos.

—Eres un tonto.

—Ya lo sé. Pero a ti te gustan los tontos.

—A mí me gustas tú. Que es diferente.

Terminó de vendar la herida y guardó el material. Luego se sentó a su lado, tan cerca que sus hombros se tocaban.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Mateo desde la ventana.

—Ahora, Kaeil necesita recuperarse. Unos días, al menos. Mientras tanto, podemos planear la publicación. Kaeil, ¿desde aquí podrás acceder a internet?

—Necesito saber qué tipo de conexión hay. Y si es segura.

—Hay internet por satélite. Mi amigo era un paranoico, pero un paranoico previsor. Instaló un sistema con múltiples capas de cifrado. Si conectas desde aquí, es casi imposible que te rastreen.

Kaeil asintió, aliviado.

—Entonces podemos hacerlo. Pero necesito unos días. Ahora mismo no podría ni teclear.

—Tómate los días que necesites. Nosotros vigilamos.

Mateo se volvió hacia ellos.

—Yo puedo ayudar con la vigilancia. No soy un experto, pero sé manejar un arma. Aprendí en México, cuando las cosas se pusieron feas.

—¿Estás seguro? —preguntó Jessica—. Nunca es fácil disparar a alguien.

—Lo sé. Pero si esos hijos de puta vienen a por mi familia, prefiero estar preparado.

Jessica asintió con respeto.

—Bien. Esta noche te enseño lo básico. Y mañana empezamos los turnos.

---

La noche cayó sobre la montaña con una tranquilidad que resultaba casi irreal. Después de días de huida, de disparos, de sangre y miedo, el silencio de la cabaña era como un bálsamo. Daniel jugaba en el suelo con unos cochecitos de madera que había encontrado en una caja, y Elena preparaba una cena caliente con las provisiones.

Kaeil estaba recostado en el sofá, agotado pero en paz. Jessica había salido al porche con Mateo para enseñarle a usar la pistola. A través de la ventana, los veía: ella moviéndose con esa gracia felina que siempre tenía, él intentando imitarla con torpeza pero con determinación.

—Son buenos para usted —dijo Elena, sentándose a su lado con dos tazas de café.

—¿Quiénes?

—Jessica. Mateo. Tú. Se nota que se preocupan.

Kaeil sonrió débilmente.

—Sí. Supongo que sí.

—Mateo me habló de ti. De cómo encontraste los archivos, de cómo arriesgaste tu vida por gente que no conocías. Eres un hombre valiente.

—No soy valiente. Solo hice lo que tenía que hacer.

—Eso es exactamente lo que significa ser valiente.

Kaeil la miró. Elena era una mujer menuda, de rasgos suaves y mirada inteligente. Había sobrevivido a guerras, a migraciones, a la pobreza. Y sin embargo, seguía sonriendo.

—¿Cómo lo haces? —preguntó—. Cómo mantienes la esperanza después de todo?

Elena tardó en responder. Miró a Daniel, que jugaba feliz, ajeno al peligro.

—Por él —dijo al fin—. Porque si yo me rindo, él no tiene a nadie. Porque tengo que creer que el mundo puede ser mejor, aunque solo sea para que él tenga una oportunidad.

Kaeil asintió lentamente.

—Yo creo que lo será. Mejor. Algún día.

—Ojalá tengas razón.

Jessica y Mateo entraron, trayendo consigo el frío de la noche. Mateo guardó el arma en un cajón con gesto serio, y se sentó junto a Elena.

—¿Cómo fue? —preguntó ella.

—Diferente a lo que esperaba. Pero creo que puedo hacerlo si es necesario.

—Esperemos que no sea necesario.

Cenaron todos juntos alrededor de la mesa de roble, como una familia improvisada. La sopa caliente, el pan duro pero reconfortante, la compañía. Por un momento, casi podían olvidar el peligro que los acechaba.

Después de cenar, Kaeil sintió que el cansancio lo vencía. Jessica lo ayudó a levantarse y lo acompañó a una de las habitaciones. Había dos dormitorios: uno para Mateo, Elena y Daniel, y otro para ellos.

—¿Seguro que quieres compartir habitación conmigo? —bromeó Kaeil, débilmente—. Puedo roncar.

—Si roncas, te pego un tiro.

—Qué romántica.

Jessica sonrió y lo ayudó a acostarse en la cama. Luego se sentó a su lado, acariciándole el pelo.

—Descansa —dijo—. Mañana será otro día.

—¿Te quedarás?

—Todo el tiempo que necesites.

Kaeil cerró los ojos, sintiendo la mano de Jessica en su pelo, su presencia cálida a su lado. Por primera vez en mucho tiempo, se sintió seguro.

—Te quiero —murmuró, casi dormido.

—Yo también te quiero —respondió ella en voz baja—. Ahora duerme.

Y él durmió, profundamente, sin pesadillas, mientras Jessica velaba su sueño y la noche envolvía la cabaña en su manto protector.

Afuera, el viento soplaba entre los robles, y en la distancia, un lobo aulló. Pero dentro, solo había paz.

Una paz frágil, temporal, pero real.

1
Maria Laura Perez
Excelente
magali cangana
Hermosa historia que nace de la Vida, te muestra como un encuentro se transforma en un amor fuerte capaz de superar las adversidades con las que se encuentran en el camino, amistades que se prolongan en el tiempo capaces de transformarse en una gran familia amorosa, fuerte y leal. Felicitaciones autora sigue escribiendo más historias tan atractivas como esta.
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