Abandonado en una raid urbana, Cael fue dado por muerto.
En las profundidades de una mazmorra oculta, despertó un Sistema prohibido que el mundo jamás debió conocer.
Mientras la ciudad sigue sus reglas…
él aprende a romperlas.
Y cuando regrese, no cambiará el ranking.
Cambiará el sistema.
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Capítulo 5 — Respirar
El dinero del primer encargo no era impresionante, pero era suficiente.
Suficiente para no revisar el saldo cada hora.
Suficiente para no elegir entre comida o arriendo esa semana.
Cael extendió los billetes sobre la mesa de la cocina. La lámpara iluminaba apenas un círculo amarillento sobre la madera rayada. El zumbido constante del refrigerador llenaba el silencio.
No era un hogar acogedor.
Era un lugar donde el cuerpo descansaba cuando ya no quedaban decisiones por tomar.
Aun así, esa noche se sentía diferente.
No mejor.
Más claro.
Guardó el dinero en un sobre y lo deslizó dentro del cajón donde acumulaba lo que prefería no mirar demasiado: facturas, avisos del banco, y una foto vieja de su madre, tomada años atrás en una feria de barrio. Sonreía con cansancio, como si supiera que el mundo no sería amable pero igual decidiera enfrentarlo.
Cael sostuvo la foto un segundo más de lo necesario.
—Estoy intentando hacerlo mejor —murmuró.
Cerró el cajón.
Se sentó en la cama sin quitarse del todo la camiseta. El cansancio cayó sobre sus hombros, pesado, denso. No era agotamiento físico solamente. Era esa fatiga que se instala cuando uno entiende que ya no hay red de seguridad.
Pensó en San Telmo.
En el instante posterior al combate, cuando su mano había empezado a temblar. Nadie lo había visto. Lara se había girado para coordinar el pago. Él había respirado hondo, intentando que el cuerpo entendiera que el peligro ya había pasado.
Aún no estaba acostumbrado.
El teléfono vibró.
Número desconocido.
“Video del callejón circulando. ¿Eres tú?”
Cael sostuvo el móvil sin responder.
Abrió una app de noticias locales.
Ahí estaba.
Un titular pequeño, casi irrelevante entre anuncios:
“Cazador independiente neutraliza anomalía menor.”
El clip era corto. Lluvia, imagen borrosa, el destello azul cruzando el cuadro. Su figura apenas visible.
No era suficiente para hacerlo famoso.
Pero sí suficiente para que alguien empezara a prestar atención.
Apagó la pantalla.
No quería acostumbrarse a mirarse desde afuera.
En el baño, retiró la venda con cuidado.
La herida había mejorado más de lo que debería. No cerrada del todo, pero firme. La Tenacidad del Caído no era milagrosa. No borraba el daño. Lo mantenía bajo control.
No lo salvaba.
Le daba margen.
—No te acostumbres —le dijo a su reflejo—. No quiero depender de ti para todo.
Se vendó de nuevo con movimientos más firmes.
Abrió la ventana.
El aire nocturno entró con olor a humedad y cemento.
Pensó en llamar a alguien.
No sabía a quién.
El teléfono vibró otra vez.
Lara.
“Encargo temprano. Mejor pago. ¿Vienes?”
La respuesta le salió casi automática.
“Hora.”
No era entusiasmo.
Era dirección.
El amanecer encontró la ciudad gris, como siempre.
Cael llegó al punto acordado con un café barato que sabía más a agua que a grano.
Lara estaba apoyada en una camioneta vieja. Junto a ella, un hombre alto con el cabello recogido y una chica de lentes revisando un mapa proyectado desde su muñeca.
—Equipo Gris —dijo Lara—. Él es Ivo. Ella es Maira.
Ivo levantó la mano.
—¿El del video?
—Si el video era malo, puede que sí.
Maira lo evaluó con una mirada que parecía medir más que su estatura.
—La energía no era común. No es equipo de mercado.
—No —respondió Cael—. No lo es.
Ella asintió como si eso fuera suficiente… por ahora.
El edificio abandonado estaba inclinado apenas hacia un lado, como si hubiera decidido rendirse hace años.
No había sellos oficiales.
Solo polvo.
En el interior, el aire era más espeso. El tipo de silencio que anticipa algo.
En el tercer piso, Maira levantó la mano.
Ivo avanzó primero, postura firme, arma lista.
La pared falsa cedió con un golpe.
La criatura emergió de entre cables y yeso. Una masa irregular, con dientes mal formados y ojos hundidos. No era grande. Era inestable.
Pero atacó con hambre real.
Ivo bloqueó el primer impacto y retrocedió medio paso.
—Es más rápida de lo que parece —dijo entre dientes.
Cael se movió hacia el ángulo muerto. No cargó de frente. Esperó a que la criatura girara hacia Ivo y cortó la base, buscando el punto donde la masa vibraba con más intensidad.
El Filo de Energía se activó con una pulsación firme.
No espectacular.
Eficiente.
La criatura chilló, una vibración aguda que hizo vibrar los tubos del techo.
Intentó retroceder.
Cael dio el segundo corte, esta vez más profundo.
La masa colapsó en el suelo, deshaciéndose en una sustancia oscura que se evaporó lentamente.
Ivo respiró hondo.
—Buen cierre.
Cael asintió.
—Buen bloqueo.
Lara observaba desde atrás, sin intervenir.
Eso no era indiferencia.
Era confianza en la lectura del momento.
Afuera, el sol comenzaba a calentar el concreto.
Lara repartió el pago sin discursos.
—No es una fortuna —dijo—. Pero nadie queda debiendo.
Cael guardó su parte.
—Eso ya es raro.
Ivo soltó una risa breve.
Maira cerró el mapa.
—Si sigues con nosotros, deberías hacer una evaluación independiente. No oficial. Para medir esa energía. Si crece sin control, será problema.
Cael pensó en el Guardián. En los ojos dorados.
En la palabra “portador”.
—Lo consideraré.
Lara lo miró de lado.
—No es desconfianza. Es prevención.
—Lo sé.
Y lo sabía.
Esa noche, el video del callejón superaba las miles de vistas.
Cael lo vio una vez más.
No por orgullo.
Por análisis.
El movimiento era limpio.
Más de lo que recordaba.
Apagó la pantalla antes de que el clip se repitiera.
Se sentó en el suelo, apoyando la espalda contra la cama.
Sacó la espada.
Sin energía, sin brillo.
Solo acero.
La apoyó sobre las rodillas.
—No voy a convertirme en espectáculo —murmuró—. Ni en herramienta descartable.
Los paneles aparecieron, discretos.
[Experiencia acumulada: 68%.]
[Recomendación: Descanso.]
Cael soltó una sonrisa mínima.
—Por una vez, coincidimos.
Apagó la luz.
La ciudad seguía haciendo ruido.
Pero el silencio dentro del departamento ya no era vacío.
Era espacio.
Y por ahora, eso bastaba.