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El Regreso De La Princesa

El Regreso De La Princesa

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Matrimonio arreglado / Mitos y leyendas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: vane sánchez

"Que la luna sea testigo de mi vida y de mi muerte. Que guarde mi nombre en su luz plateada hasta el final de los tiempos."
— Antiguo proverbio de Valdris

NovelToon tiene autorización de vane sánchez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El Velo de Sangre y Luna

La noche era un manto de terciopelo negro salpicado por un millar de diamantes helados, pero sobre todos ellos, una luna llena y descomunal reinaba en el firmamento. Su luz, pálida y espectral, no acariciaba el vasto Bosque de Sombre, sino que lo desnudaba, alargando las sombras de los robles centenarios hasta convertirlas en dedos acusadores que señalaban un camino de perdición. Era una luz hermosa, pero también implacable, pues iluminaba con cruel claridad la desgracia que se estaba desarrollando en su corazón.

El silencio natural del bosque, poblado apenas por el susurro del viento y el leve cuchicheo de los animales nocturnos, fue desgarrado por un sonido brutal. El seco golpe de la madera al quebrarse, como un hueso partido. Luego, otro, y otro más. No eran ramas caídas por su propio peso, sino que eran aplastadas por el paso apresurado y torpe de un grupo numeroso. A los crujidos se unieron voces graves y tensas, órdenes cuchicheadas que viajaban entre los troncos como serpientes venenosas: "¡Por allí! ¡No puede habernos sacado tanta ventaja! ¡Rápido, o el regente nos cortará la cabeza a nosotros también!". Eran los susurros de la traición, el sonido de una jauría humana sedienta de sangre real.

De pronto, un grito desgarró la noche, mucho más poderoso y desgarrador que cualquier crujido o susurro. No era una orden, ni un suspiro. Era el alarido de un alma partiéndose en dos.

"¡LYRA! ¡CORRE!"

La voz del joven rey, Eryndor Valdris, resonó con una desesperación tan absoluta que pareció hacer temblar las hojas de los árboles. Desde un claro donde la luz de la luna caía sin piedad, su figura se recortaba contra la hoguera de un carruaje volcado que ardía a sus espaldas, iluminando la escena como un infierno en miniatura. Eryndor, apenas un muchacho de veinte años, con la corona de roble y hierro de Valdris torcida y a punto de caer de su frente ensangrentada, forcejeaba inútilmente. Dos hombres corpulentos, con las capas negras de la Guardia de la Ciudad, le sujetaban los brazos mientras un tercero, un hombre de rostro afilado como un cuchillo y sonrisa satisfecha —el comandante de su propia guardia real, Varen Crain— le asestaba un golpe en el estómago con el puño enguantado en acero.

Eryndor se dobló, pero no dejó de gritar. Su voz, ronca por la sangre que le llenaba la boca, buscaba a su hermana pequeña entre la maleza. "¡LYRA! ¡NO MIRES ATRÁS! ¡VIVE, LYRA, VIVE POR LOS DOS!" Varen Crain le golpeó de nuevo, esta vez en la nuca, haciendo que el rey cayera de rodillas. El barro y la hojarasca se adhirieron a su túnica de terciopelo azul, ahora convertida en un harapo sucio y carmesí.

A unos cien metros de allí, entre la espesura, la princesa Lyra Valdris lo escuchaba todo. Cada grito de su hermano era un puñal que se le clavaba en el pecho, más hiriente que cualquier espada. Tenía quince años, y su vida hasta esa noche había sido una sucesión de días soleados en los jardines del palacio de Brumhaven, aprendiendo a bordar y a tocar el laúd. Ahora, corría como una cierva acosada por lobos, con el vestido de gala color marfil rasgado por las zarzas, los zapatos de baile perdidos en algún lugar del camino y los pies descalzos sangrando sobre la hojarasca y las piedras afiladas.

Sus largos cabellos castaños, que su doncella peinaba con esmero apenas unas horas antes para el banquete de coronación de Eryndor, eran ahora una maraña enredada en ramas bajas. Pero lo peor no era el dolor de sus pies, ni el ardor de los arañazos en sus brazos y piernas. Lo peor era el llanto silencioso e incontenible que nublaba sus ojos. Las lágrimas, calientes y saladas, empapaban sus mejillas y difuminaban la luz de la luna, convirtiendo el mundo en una acuarela borrosa de sombras y destellos plateados. Las ramas se convertían en brazos esqueléticos que intentaban atraparla, y las raíces, en serpientes que querían hacerla tropezar.

'No puedo... No puedo más...', pensaba Lyra, con el corazón latiéndole tan fuerte que creía que iba a reventarle en el pecho. El aire entraba y salía de sus pulmones en jadeos desgarrados. 'Pero tengo que hacerlo... por Eryndor... él se está sacrificando por mí...'

Entonces, el golpe seco y el grito ahogado de su hermano llegaron a sus oídos, más débiles que los anteriores, como si estuviera perdiendo la fuerza. Un sollozo convulso sacudió el cuerpecillo de Lyra, y por un instante, la desesperación pudo más que el instinto de supervivencia. Se detuvo, apoyó una mano temblorosa en el tronco de un viejo roble y se giró ligeramente, mirando por encima de su hombro hacia el resplandor anaranjado del carruaje en llamas.

Fue ese momento de duda, esa milésima de segundo de debilidad, lo que la delató.

Un silbido agudo y cortante surcó el aire. Era un sonido que Lyra sólo había oído en las demostraciones de los arqueros en el patio de armas, un sonido que siempre le había parecido lejano y casi irreal. Esta noche, era la voz de la muerte.

No tuvo tiempo de gritar. El impacto fue brutal, como si un gigante invisible le hubiera asestado un puñetazo en la espalda, justo debajo del omóplato izquierdo. Una fuerza inmensa la levantó del suelo y la arrojó hacia adelante. Cayó de bruces sobre la tierra húmeda y helada, rodando una, dos, tres veces entre la hojarasca y las raíces, hasta quedar boca arriba, con los brazos extendidos en cruz.

El dolor tardó un segundo en llegar, pero cuando lo hizo, fue como si un millón de agujas de fuego le estuvieran quemando el pecho desde dentro. Abrió los ojos de par en par, mirando al dosel de ramas que se mecía perezosamente sobre ella. A través de las hojas, vio la luna. Inmensa, redonda, perfecta. Su luz plateada ya no le parecía cruel, sino terriblemente hermosa, como un ojo gigante que la observaba con indiferencia celestial.

El mundo empezó a ralentizarse. Los gritos de los hombres que se acercaban, las pisadas que sacudían la tierra, los crujidos de las ramas... todo se volvió un zumbido lejano, como el rumor del mar dentro de una caracola. Lyra sintió el frío de la noche calarle los huesos, mezclándose con un extraño y creciente calor que le empapaba la espalda y el costado. Miró hacia abajo y vio el astil de madera de la flecha, decorado con un simple grabado, sobresaliendo de su pecho. La tela blanca de su vestido se teñía de un rojo oscuro y voraz que se expandía sin pausa.

No sentía miedo. Sólo una tristeza inmensa, un vacío frío en el estómago. Pensó en su hermano Eryndor, en cómo la había defendido siempre de los niños crueles en la corte, en cómo le enseñaba a montar a caballo a escondidas de los preceptores, en cómo le había susurrado aquella misma noche, antes de que estallara el caos en el banquete: "No te preocupes, pequeña. Seré un buen rey. Para ti, lo seré todo". Y ahora... ahora ella yacía en el suelo, y él estaba siendo asesinado a golpes.

Los dedos de Lyra se cerraron débilmente sobre un puñado de tierra y hojas secas. Fijó su mirada en la luna, y sus labios se movieron en un susurro apenas perceptible, una plegaria no a los dioses antiguos en los que le habían enseñado a creer, sino al universo entero, a la noche, a esa luna que lo veía todo.

"Por favor...", pensó, más que dijo, mientras una lágrima solitaria surcaba su sien y se perdía en su cabello enmarañado. "...una oportunidad. Sálvalo. Sálvalos. Por favor... concédeme una oportunidad para salvar a mi hermano... a mi familia..."

Su pecho se elevó en un último y tembloroso suspiro, y luego se hundió para no volver a levantarse. La luz de la luna, por un instante, pareció concentrarse sobre su pequeño cuerpo inmóvil, como si hubiera escuchado su ruego. Las sombras de los árboles se alargaron aún más, y un viento gélido, que no venía de ninguna parte, hizo susurrar a las hojas con un sonido que se asemejaba a un lamento. Pero la noche siguió su curso. Los traidores llegaron un momento después, rodearon el cuerpo de la princesa y, con una frialdad que helaba la sangre, confirmaron su muerte con una mirada.

En el claro, el rey Eryndor, con el rostro amoratado y tumefacto, fue obligado a arrodillarse ante Varen Crain. El comandante, ahora autoproclamado Lord Regente, sostenía en su mano la corona de roble y hierro.

—El reinado de los Valdris termina aquí —escupió Crain, limpiando la sangre de su espada en la capa del joven rey.

Eryndor, con la poca fuerza que le quedaba, alzó la mirada hacia el bosque, hacia donde había visto desaparecer a su hermana por última vez. Su rostro, marcado por el dolor y la furia, se contrajo en una mueca de desesperación absoluta. No dijo nada. No podía. Pero en sus ojos se leía una promesa: un juramento de venganza que ni la muerte podría borrar. La luna, testigo de todo, siguió brillando, impasible, sobre el bosque que ahora guardaba dos cuerpos: el de un rey caído y el de una princesa cuyo último aliento había sido un ruego desesperado, un deseo que quizás, en algún lugar de la oscuridad, había sido escuchado.

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Karen Xochipa León
Es una historia que te atrapa en el momento que quieres leer algo diferente algo nuevo /Smile//Smile//CoolGuy/ algo más, espero con ansias los demás capitulos.
Karen Xochipa León
ahhh ☺️👏🥰🥰 me gustó la ame mucho espero con ansias los demás capitulos es una historia diferente que allá leído te atrapa desde el primer capítulo ☺️👏👏
Mónica Aulet
Muy buen comienzo!!!!
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