Margo siempre fue la mujer de los planes perfectos, hasta que su prometido la abandonó en el altar por su mejor amiga. Humillada y con la prensa social acechando, Margo decide que no será la víctima de esta historia. En un arrebato de orgullo y dolor, recurre a la única persona que odia tanto como a su ex: Lucas, el rival empresarial de su familia y el hombre que ha intentado hundir sus negocios por años.
Lucas acepta la propuesta de un matrimonio por contrato, pero no por caridad. Él ve la oportunidad de finalmente entrar en el círculo de poder de los de Margo. Lo que comienza como una alianza gélida y transaccional, pronto se convierte en un campo de batalla emocional donde el odio se confunde con una atracción eléctrica. En un juego de apariencias, Margo y Lucas deberán decidir si su unión es la mejor venganza o la peor de sus derrotas.
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Capitulo 18
El aire en la casa de campo olía a pino húmedo y a tierra fértil, un contraste absoluto con el aroma a ozono y metal de la ciudad. No era un refugio de mármol, sino una construcción sencilla de madera y piedra que Lucas había comprado para ella, el lugar donde las ambiciones se detenían ante la inmensidad del paisaje. Margo detuvo el coche y respiró hondo. El silencio aquí no era el vacío gélido del penthouse; era una pausa necesaria.
Vio a Lucas sentado en el porche, observando cómo el sol se ocultaba tras las colinas. No vestía su esmoquin de combate ni llevaba su reloj de miles de dólares. Llevaba un jersey de lana oscura y la mirada perdida en un horizonte que ya no intentaba conquistar. Al escuchar sus pasos sobre la grava, no se tensó. Simplemente giró la cabeza, y en sus ojos Margo vio algo que nunca antes había estado allí: paz.
Margo se sentó a su lado, dejando que el frío de la tarde les recordara que estaban vivos. No hubo frases ingeniosas ni el habitual duelo de sarcasmos que había definido su relación. Ese lenguaje pertenecía a los "Señores Thorne", y ellos ya no querían ser esos personajes.
—He pasado mucho tiempo analizando estructuras, Lucas —comenzó ella, mirando sus propias manos, que ya no temblaban—. Siempre pensé que si una viga fallaba, era por un defecto del material. Pero me equivoqué contigo.
Lucas la miró, esperando el golpe que nunca llegó.
—Mi odio hacia ti... —continuó Margo, su voz volviéndose más suave, más humana—, no era por tu ambición ni por tu pasado. Era miedo.
Tenía un terror absoluto a la intensidad de lo que me hacías sentir. Mateo era seguro porque era predecible; contigo, sentía que cada vez que me tocabas o me mirabas, estabas demoliendo la única versión de mí misma que yo sabía manejar. Odiarte era mi forma de intentar mantener el control de un puente que ya se estaba cayendo.
Lucas soltó un suspiro largo, un sonido que pareció arrastrar años de tensión acumulada.
—El control es una ilusión muy cara, Margo. Yo pagué una fortuna por ella y casi te pierdo en el proceso.
Lucas entrelazó sus dedos con los de ella. Por primera vez, su tacto no era posesivo, sino de búsqueda.
—¿Quieres saber la verdad sobre el "Proyecto Caballo de Troya"? —preguntó él, con una honestidad que le desgarraba la voz—. No se trataba solo de mi padre. Se trataba de mí.
Siempre me sentí "menos" que tú, Margo. Menos que tu élite de apellidos ilustres y cenas de gala.
Margo lo miró, estupefacta. El hombre más poderoso de la industria, el tiburón que hacía temblar a los inversores, se sentía inferior.
—Cada vez que te veía en las revistas, tan perfecta, tan inalcanzable, sentía que la única forma de estar a tu altura era poseyendo lo que tú tenías. Atacaba tus negocios porque era la única manera de obligarte a notar que yo existía. Mi arrogancia era solo el disfraz de un niño de los muelles que pensaba que, si no podía ser parte de tu mundo por derecho de cuna, lo sería por derecho de conquista. Fui un estúpido al pensar que necesitaba tus acciones para merecer tu respeto.
Esa confesión humanizó a Lucas de una forma que ningún acto heroico podría haber hecho. Margo vio al hombre real detrás del mito, al niño que contaba pernos y que ahora, con el imperio a sus pies, solo quería ser visto por la mujer que amaba.
El sol desapareció por completo, dejando el porche sumergido en una penumbra azulada. La tensión sexual que siempre los había rodeado se transformó en algo más profundo: una intimidad cruda y purificadora.
—Nos mentimos desde el primer segundo —dijo Margo, apoyando la cabeza en el hombro de él—. Tú fingiste que no te importaba mi dolor y yo fingí que solo quería tu dinero para vengarme.
Construimos un matrimonio sobre una fosa común de secretos.
—Pero la fosa está vacía ahora —respondió Lucas, girándose para tomar su rostro entre sus manos—. He renunciado a los cargos contra tu padre, Margo. No por perdón hacia él, sino por respeto a ti. No quiero que nuestro futuro sea la continuación de su guerra.
Margo sintió que una presión inmensa abandonaba su pecho. El perdón no era borrar el pasado, sino decidir que el pasado ya no tenía poder sobre el presente. Se miraron a los ojos, reconociendo las grietas y las cicatrices, aceptando que eran dos seres imperfectos que habían encontrado el amor en el lugar menos pensado: una emboscada.
—¿Podemos empezar de nuevo? —preguntó ella, rozando sus labios con los de él—. Sin contratos, sin planes de contingencia, sin apellidos de por medio. Solo Margo y Lucas.
—Ya hemos empezado —susurró él, antes de besarla con una ternura que sabía a redención—. La armadura se cayó hace mucho tiempo, Margo. Solo que tardamos un poco en darnos cuenta de que ya no la necesitábamos para protegernos el uno del otro.
Esa noche, en la pequeña casa de campo, no hubo estrategias ni triunfos corporativos. Hubo una entrega silenciosa y absoluta. Se perdonaron en la oscuridad, con caricias que borraban las mentiras del inicio y promesas que no necesitaban firmas legales.
Lucas Thorne, el hombre que quería poseerlo todo, descubrió que solo necesitaba el peso de Margo en sus brazos para sentirse dueño del mundo. Y Margo Valente, la ingeniera que buscaba la perfección, comprendió que el puente más hermoso que había diseñado era aquel que la llevaba, todas las noches, de regreso al corazón del hombre que una vez llamó su enemigo.
El "Sí, Quiero" de hielo finalmente se había derretido, dejando paso a una calidez que ninguna tormenta volvería a apagar. La guerra había terminado, y en medio de las cenizas de sus antiguos yos, ambos habían encontrado su único y verdadero hogar.
Genial la novela! Gracias por compartir tu talento!