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Un Pedacito De Cielo Que Renace En Un Loto

Un Pedacito De Cielo Que Renace En Un Loto

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Aventura / Mundo de fantasía
Popularitas:170
Nilai: 5
nombre de autor: Powder34

Cuando la corte celestial baja al mundo de los mortales para encarar a la diosa de la luna por haber roto las reglas, comienza una larga batalla en los cielos hasta que deciden eliminarla como castigo.

Sin embargo, su fiel esposa, la hará regresar como una mortal llamada: "Rinko Gumi" para que ayude a la princesa del cielo en su misión de recuperar los pergaminos antiguos.

Ahora una joven Rinko deberá proteger a la princesa para resurgir y encarar a la corte celestial en una última batalla contra los cielos.

¿Podrá Rinko resurgir y tener su revancha contra la corte celestial?

NovelToon tiene autorización de Powder34 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo #9: Otra manera

Los monjes al momento de sentir los temblores que causaban las pisadas del Rey oso, se escondieron detrás de los arbustos. Por mi parte me quedé frente a la entrada de la cueva con mi bastón en mis manos.

—¡¿Quién es el estúpido que se atreve a aparecer en mi cueva?! —rugió lamiéndose los colmillos—.

—¡Rey Oso! —clave mi bastón en el suelo, con una sonrisa que mostraba mis afilados colmillos de gato—. He venido en nombre de mi hermana Sun Tsu para matarte

—Jo… —se detuvo frente a mí, mirándome con una mirada llena de soberbia y arrogancia—. Tan pequeña y vienes a tu muerte… reconozco que eres valiente, por eso, ahora voy a matarte de un solo golpe, sin dolor

—Hmph, no me subestimes…

—¡Ja!

El oso lleno de soberbia agarró una lanza hecha con llamas puras del suelo, para después lanzarse hacia mí con un salto, él comenzó a atacarme con sus mortales ataques de fuego y con sus garras.

Con mi otro bastón ese arrogante idiota habría sido un problema pero con mi nueva arma fui capaz de detener cada uno de sus ataques, al igual de contraatacar con una fuerza que agrietó el suelo.

En uno de mis ataques hice crecer mi bastón del tamaño de un árbol pero era tan ligero como una pluma que pude empuñarlo con tanta rapidez que acerté todos los golpes posibles en el cuerpo del Rey Oso.

La batalla no fue tan sencilla, las llamas de su lanza fueron capaces de absorber ciertos golpes, y realmente era muy doloroso cuando me quemaban la piel.

Aún así, pude mantener la pelea con el Rey oso por horas, nuestras armas no dejaban de chocar con fuerza creando olas expansivas que agrietaban el suelo y la colina donde vivía el oso.

La pelea no solo se quedó frente a la cueva, sino que nos movimos por todo el bosque, destruyendo todo a nuestro alrededor con nuestra fuerza. Levantando tierra, viento, quemando algunos árboles para que cuando saliera un nuevo amanecer salió regresaramos a la cueva.

Supe por su rostro cansado y por la ausencia de la sonrisa arrogante de antes, que ese oso estaba al límite de su propio cuerpo. Yo no era la excepción, había peleado tanto que mi cuerpo me pedía detenerme. Pero mi voluntad y mi amor por pelear me mantuvo en pie para seguir divirtiéndome con ese idiota arrogante.

—Ah… ah… ¿Qué pasa? Ya no te sigues burlando de mí… no me digas, ¿te comió la lengua un gato? —me burlé mostrando mis colmillos de felino—.

El Rey oso enfurecido trató de dar un paso hacia mí pero sus piernas estaban temblando por el cansancio. Lo que me hizo soltar algunas carcajadas, él frustrado por la humillación de haber alcanzado el límite de su propio cuerpo, se transformó en cenizas para huir al interior de la cueva.

—¿Qué? ¡¡Oye!!

Molesta estuve por transformar mi bastón en un pilar gigantesco para matar a ese cobarde junto a su cueva, no obstante la corona me detuvo causandome un infernal dolor que me hizo caer al suelo y me hizo soltar mi bastón.

—¡¡Ya!! ¡¡Lo entiendo!! ¡Lo entiendo! No voy a hacerlo —la corona dejó de brillar y el dolor se fue—. Tsh, tu ganas… hermana, buscaré otra forma de derrotarlo

—¡Señorita! —gritaron los monjes acercándose preocupados—. ¿Se encuentra bien?

—Jaja, yo debería ser lo mismo de ustedes

—No se preocupe por nosotros, somos muy escurridizos

—Aunque fue noble de su parte haber movido la pelea al resto del bosque para no dañarnos

—N-no hay de que, jaja, aunque… díganme, ustedes conocen a alguien que pueda sacarlo de la cueva ¡Así podré derrotarlo!

—Bueno… existe alguien

—Sí, un dios que llegó hace un tiempo avisando de la llegada de Sun Tsu y sus discípulos

—¿Eh? Él… ¿Él sabía que llegaríamos?

—Sí, es un dios muy noble y poderoso, si vas con el joven Guanzhen a pedirle que te ayude, él sin duda te ayudará, más siendo usted la discípula de Sun Tsu

—¿Y en dónde se encuentra? Quiero hablar con él —pregunté poniéndome de pie con ayuda de mi bastón—.

—Se encuentra en el Monte Putuo

—Solo… —un monte apuntó a una fila de nubes que llevaban al punto más profundo del mar—. Solo siga las nubes del Este y llegará a él

—Gracias, ahora regresen al templo, mientras yo voy por ese dios noble

—¡Sí! ¡Señorita Rinko!

Gracias al combate con ese Oso, no tenía tanta fuerza para subir a las nubes así que estiré mi bastón para llegar a ellas y ahora con las botas que me habían dado en el reino de los dragones pude correr sobre ellas.

Parecía un camino corto desde el bosque pero fue un viaje tan largo que duró algunos meses enteros de puro correr encima de nubes, que soltaban algunos relámpagos cuando menos te lo esperabas.

Cuando por fin llegué, me quedé con la boca abierta, pues al bajar de las nubes para aterrizar frente al monte Putuo, solo pude ver Mar a mí alrededor. Era como si hubiera llegado a otro plano existencial, uno hecho de agua.

Para evitar problemas con ese dichoso dios volví mi bastón tan pequeño que ahora solo era una aguja del pelo, el cual ocultaba en mi cabello. Curiosa caminé por el monte viendo a muchos pajaritos y al fondo estaba él, un hermoso joven vestido de celeste recogiendo unas flores hechas de agua del monte.

—¡Dios Noble! —grité acercándome a él—

El dios en cuanto me vio se levantó con el rostro arrugado por el enojo de tener a una invitada sorpresa.

—¿Qué haces aquí? Se supone que ayudes a Sun Tsu en su misión con los Sutras

—¿Huh? ¿Me conoces?

—Claro que te conozco, ahora vete y ayuda a la princesa en su misión —me ordenó—

—No, yo… ahm… verás… yo… Vine para pedirte ayuda

—¿Eh? Mm… bien —soltó un suspiro y con su mano me hizo una señal para que me sentara a su lado—. Cuéntame, ¿qué sucedió?

Aún adolorida y temblando por las quemaduras causadas en mi pelea contra el Rey Oso me senté a su lado para explicarle todo lo que había pasado. Él me escuchó de forma atenta mientras seguía con su tarea de recoger esas flores, cuando terminé de contarle todo, él solo me miró para darme una de las flores.

—El Viaje hasta aquí debió ser agotador y debiste tener mucha hambre, así que acepta esto, te llenará como nunca y sanará las quemaduras aún abiertas

—Ah, Gra-Gracias pero… ¿Pero qué hay del Oso?

—Deja que vaya contigo, te ayudaré en tu misión encomendada por Sun Tsu

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