NovelToon NovelToon
Objetivo: Inalcanzable

Objetivo: Inalcanzable

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Reencuentro / Completas
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Para el círculo militar y la alta sociedad, ella es la intocable "princesa de cristal": la menor de cuatro hermanos que visten uniforme de élite, la niña consentida de un temido General de cuatro estrellas y la heredera natural del imperio de moda de su madre. Nadie imagina que, a puertas cerradas, sus hermanos la entrenaron sin piedad para que jamás fuera el eslabón débil de la dinastía.
El verdadero golpe no lo recibió en un campo de tiro, sino en una fiesta de graduación.Tras arreglarse para ser vista como la mujer que es, escucha al mejor amigo de su hermano —el chico del que estuvo enamorada en secreto durante años— burlarse de ella y despreciar sus sentimientos ante su círculo militar solo para inflar su ego y marcar territorio.
Ella se marcha con una sola promesa grabada a fuego: ser la mejor

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: Punto de Quiebre

El aire de la medianoche en los jardines traseros de la embajada francesa olía a magnolias húmedas, lluvia inminente y a los vapores de escape de los coches oficiales que comenzaban a evacuar el ala diplomática.

A través del sendero de gravilla iluminado por balizas tenues de piedra, Sienna avanzaba sin prisas, dejando que la falda de satén carmesí ondeara alrededor de sus piernas. El transmisor cuántico con la lista íntegra de los agentes de la OTAN ya había transmitido la última traza de datos encriptados al servidor satelital de SOCID; la misión estaba cerrada, limpia y sin una sola firma residual.

A su lado, Julian Montgomery se había desabrochado el botón del chaleco de terciopelo azul noche, sosteniendo sobre los hombros de Sienna su propia chaqueta de esmoquin para protegerla del viento cortante de Washington.

—Tu madre acaba de abordar su limusina con el agregado cultural —comentó Julian con una sonrisa ladina, mirando de reojo el perfil afilado de Sienna—. Me dedicó una mirada que dejó muy en claro que, si te permito un rasguño en los tacones de alta costura, me enviará una brigada de abogados franceses para embargarme el apellido.

Sienna esbozó una media sonrisa, acomodándose la tela del abrigo de Julian sobre los hombros descubiertos:

—Vivienne Keller no envía abogados, Montgomery. Envía cuentas de cobro impagables. Y tú tienes demasiadas propiedades en Virginia como para arriesgarte a una bancarrota estética.

—Un precio razonable por el placer de haber bailado con la mujer más letal del hemisferio norte —respondió él, rozando con el dorso de sus dedos los nudillos fríos de Sienna.

No alcanzaron a dar tres pasos más hacia la cancela de hierro forjado donde esperaba el sedán de extracción no oficial.

Desde la densa penumbra del laberinto de setos de boj, una sombra rompió el perímetro con la violencia de un ariete descontrolado.

La gravilla crujió bajo el peso de unas botas militares; el olor a sudor frío, tabaco y lluvia vieja precedió el movimiento. Una mano ancha, con los nudillos cubiertos de heridas abiertas y las venas tensadas como cables, salió de la oscuridad disparada directamente hacia el brazo de Sienna.

La respuesta de la chica no fue un sobresalto civil. No hubo un grito ni un retroceso.

Fue puro reflejo condicionado por seis meses de tortura metodológica en las fosas de Black Site Four.

En una fracción de segundo, Sienna giró el torso hacia adentro, esquivando el agarre por milímetros. Su mano derecha se deslizó hacia la liga oculta bajo la abertura del vestido; la cuchilla cerámica de filo invisible brilló bajo la luz pálida de la farola y, antes de que el asaltante pudiera recuperar el equilibrio, Sienna se encajó bajo su guardia, barrió su centro de gravedad con una patada al tendón de Aquiles y presionó la hoja afilada exactamente sobre la carótida derecha del hombre, inmovilizándole la tráquea con el antebrazo izquierdo.

El cuerpo atrapado en la llave se tensó hasta el límite del colapso.

—Tres centímetros de presión más —siseó Sienna en un murmullo gélido contra la oreja de su atacante— y te desangras en cuarenta segundos sobre la hierba, imbécil.

—Hazlo —respondió una voz rota, jadeante y áspera como el plomo fundido.

Sienna se congeló.

Bajo la luz ambarina de la baliza del jardín, la mirada de Dante Cruz se clavó en la suya.

Tenía el rostro demacrado, surcado por la lluvia y por una palidez que rozaba la náusea. La mandíbula le temblaba, no por el frío ni por el filo cerámico que le cortaba superficialmente la piel del cuello, sino por la devastación salvaje de tenerla a escasos centímetros de distancia y comprender, con la certeza de un disparo en el pecho, que ella no había vacilado ni una milésima de segundo en ir a matar.

Sienna no retiró el cuchillo de inmediato. Sus ojos castaños recorrieron las facciones de Dante con la misma indiferencia analítica con la que inspeccionaba un blanco de tiro en polígono cerrado.

Lentamente, con una calma que dolió más que cualquier golpe, aflojó la presión del antebrazo y guardó la cuchilla en su liga de encaje con un movimiento seco.

—Teniente Cruz —soltó ella, enderezando la espalda y acomodándose el abrigo de Julian sobre los hombros como si acabara de apartar a un perro callejero del camino—. Su equipo tenía órdenes estrictas de permanecer en el vehículo de apoyo. La próxima vez que rompa el protocolo de perímetro, no me molestaré en comprobar si el blanco lleva placas del ejército antes de cortarle la garganta.

Dante dio un paso hacia ella, ignorando el hilo de sangre que le resbalaba por el cuello hacia el cuello de la sudadera táctica. Sus manos temblaban de rabia, de impotencia y de un pánico visceral que le quemaba los pulmones:

—¿Eso es todo lo que tienes para decirme? —su voz sonó ronca, desesperada, elevándose en la noche—. ¿Seis meses desaparecido en un maldito infierno sin un rastro, sin una llamada, dejándonos a todos creyendo que estabas muerta en una zanja... y ahora me tratas como a un hostil en un callejón?

—Usted es un hostil no autorizado en mi zona de extracción, teniente —replicó Sienna, midiendo cada palabra con una distancia glacial—. Y le sugiero que cuide el tono. Yo no le rindo cuentas a los subordinados de mi padre, y mucho menos a usted.

—¡¡DEJA DE LLAMARME TENIENTE!! —rugió Dante, dando otro paso desbocado hacia adelante—. ¡Mírame a la cara, Sienna! ¡Mírame!

Antes de que pudiera estirar el brazo para tocarla, una figura se interpuso en su trayectoria con la solidez de un muro blindado.

Julian Montgomery dio medio paso al frente, plantándose pecho contra pecho frente a Dante. Aunque el teniente de las fuerzas especiales le sacaba diez kilos de músculo bruto, Julian sostenía la postura con la tranquilidad peligrosa de un operador que no necesita alzar la voz para matar.

—Un paso más hacia ella, Cruz —dijo Julian con un tono suave, educado y tan letal que el aire entre ambos pareció congelarse—, y te garantizo que la corte marcial por insubordinación será el menor de tus problemas médicos esta noche. Da un paso atrás. Ahora.

Dante bajó la vista hacia Julian. La vena de su sien palpitaba con tanta furia que amenazaba con reventarle la piel:

—Quítate de mi camino, Montgomery. No sabes una mierda de lo que está pasando aquí. Este no es tu asunto.

—Es mi compañera de despliegue —respondió Julian, sosteniéndole la mirada verde contra gris sin pestañear un solo segundo—. Es la analista que acaba de salvarle la carrera a tu batallón entero mientras tú te arrastrabas por las escaleras de incendios como un mirón aficionado. Y, sobre todo, teniente... es una mujer que claramente no quiere que pongas tus sucias manos sobre ella. Aprende a leer una retirada táctica antes de que te humilles más de lo que ya lo hiciste.

Dante apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos le crujieron con un sonido siniestro. La furia homicida que llevaba acumulando desde que vio a Julian besar la comisura de los labios de Sienna en la pista de baile estalló en su garganta:

—¡Tú no la conoces! —escupió Dante, clavando sus ojos envenenados en los de Julian—. ¡No sabes de dónde salió, no sabes lo que le costó llegar aquí! ¡Tú solo eres un diplomático de mierda con traje caro que se aprovecha de que ella...

—Sé perfectamente quién es —lo cortó Julian con una sonrisa afilada que destilaba un desprecio aristocrático demoledor—. Es la mejor tiradora de SOCID. Es la mente que hackeó el Pentágono a los catorce años. Y es la mujer que sobrevivió a Black Site Four dejando tus marcas de resistencia en ridículo. La diferencia entre tú y yo, Cruz... es que tú necesitabas llamarla «muñequita débil» para sentirte un hombre a su lado. Yo no necesito que se haga la frágil para saber que vale diez veces más que tú en cualquier trinchera.

Las palabras de Julian cayeron como un mazazo en el esternón de Dante.

El teniente palideció, tambaleándose medio paso sobre la gravilla. El recuerdo de la fiesta del hangar, de Miller y Briggs riéndose, de su propia boca escupiendo desprecio para proteger su ego podrido frente a sus camaradas... volvió a clavarse en su pecho como una ráfaga de metralla incandescente.

Dante desvió la mirada hacia Sienna, buscando desesperadamente una grieta, un atisbo de dolor, un vestigio de la niña que alguna vez lo miró con devoción.

—Sienna... por favor —suplicó él, y el quiebre absoluto en su voz barítona sonó como el crujido de una armadura haciéndose pedazos—. Yo no quise decir eso esa noche. Estaba borracho, eran esos imbéciles hablando... Si me dejas explicarte, si tan solo me escuchas cinco minutos...

Sienna lo miró fijamente.

La brisa de la noche le agitó un mechón castaño sobre la frente. En sus ojos castaños no había rencor ardiente; no había lágrimas contenidas ni odio explosivo. Había algo infinitamente peor: una indiferencia limpia, serena y absoluta. La mirada de alguien que ya no ve a una persona, sino a un mueble viejo arrinconado en una habitación cerrada.

—No tienes nada que explicarme, Dante —dijo ella con una voz aterciopelada, tranquila y demoledora—. Me hiciste el favor más grande de mi vida. Me pasé cinco años creyendo que eras el estándar de lo que debía ser un hombre de honor. Gracias a tu arrogancia en ese hangar... comprendí que solo eras un cobarde con uniforme que necesitaba apagar el brillo de una niña para no sentirse pequeño.

Dante sintió que el aire se le negaba en la garganta. Las piernas le pesaban como si estuvieran fundidas en plomo.

—Sienna...

—El indicativo es Intocable, teniente Cruz —sentenció ella, dándole la espalda sin el menor titubeo y caminando hacia la portezuela abierta del sedán negro—. Asegúrese de limpiar la sangre de su cuello antes de regresar a la furgoneta. Su coronel podría pensar que no sabe defenderse en una fiesta de gala.

Julian le dedicó a Dante una última mirada cargada de conmiseración fría, se ajustó los gemelos de titanio y rodeó el coche para subir al asiento del copiloto.

El motor del vehículo rugió con un ronquido sordo y desapareció por la avenida arbolada de Kalorama, perdiéndose en la noche de Washington.

Dos segundos después, Liam y Gael salieron jadeando de los arbustos, con las pistolas enfundadas y el pánico dibujado en los ojos.

—¡Dante! —exclamó Liam, agarrando a su amigo por el hombro—. ¡Los sensores de la embajada se activaron! ¿Qué demonios hiciste? ¡Tenemos que salir de aquí antes de que la policía federal...

Liam se detuvo en seco.

Dante no se movía. Permanecía de pie en medio del sendero desierto, bajo la lluvia que comenzaba a caer pesada sobre la grava, con los brazos caídos a los costados y la sangre goteando desde su mandíbula sobre el pecho.

Tenía los ojos fijos en la curva vacía de la calle por donde el coche se había desvanecido. No parpadeaba. No respiraba.

Por primera vez en veinticinco años de vida, el mejor soldado de la promoción comprendió lo que era recibir una herida mortal de necesidad: no sangraba por fuera, no dejaba metralla en los huesos... pero le había arrancado el alma para siempre.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play