Arabella murió quemando el manicomio donde la tenían encerrada y despertó en el cuerpo de una damisela que intentó envenenarse para no casarse con el temible Duque de Eisen.
Ahora, entre un matrimonio explosivo, una guerra en puerta y su obsesión con el fuego, Arabella demostrará que con ella nadie juega... o terminará ardiendo.
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Capitulo:16
ARABELLA:
Descendemos por el empinado sendero con la adrenalina todavía latiéndome en los oídos. Garth y los tres soldados se quedan a mi alrededor con una postura erguida y la espada desenvainada, mirándome ya no como a una noble frágil, sino con un respeto sagrado que raya en la devoción pura.
Sin embargo, al llegar a la falda de la montaña, descubro que la guerra está muy lejos de haber terminado.
El impacto de la explosión en la ladera sepultó a la línea de arqueros y provocó un caos inicial devastador, pero el grueso del ejército invasor es enorme.
Abajo en la llanura, el choque de metal, el relinchar agónico de los caballos y los gritos desgarradores de los caídos resuenan con una violencia ensordecedora.
Me detengo en un lugar elevado a una distancia segura... Obviamente, no voy a cometer la estupidez de bajar a meterme en medio del cuerpo a cuerpo; no sé usar una espada larga y no tengo la menor intención de terminar atravesada por una lanza enemiga.
Mi trabajo de demolición ya está hecho y desde mi posición estratégica, observo cómo la vanguardia de Eisen aprovecha la brecha que les abrí para empujar con una ferocidad implacable.
Kaelan lidera la carga como una auténtica fuerza de la naturaleza, es un titán sanguinario en medio del barro, abriéndose paso a tajos entre las filas enemigas mientras las tropas del reino invasor, acorraladas y desmoralizadas, comienzan finalmente a ceder terreno y a retroceder en desbandada hacia la frontera.
La batalla se prolonga durante horas agotadoras mientras el sol de la tarde empieza a caer sobre el horizonte, tiñendo las nubes y la tierra de un rojo espeso que se confunde con la sangre derramada.
Es recién cuando las sombras de la noche empiezan a cubrir el valle que la trompeta de Eisen suena anunciando la victoria y la retirada del enemigo de nuestras tierras.
Me dirijo a paso rápido hacia la zona del campamento médico improvisado y el panorama es crudo y pesado: decenas de soldados caminan exhaustos, cubiertos de plovo y sudor, mientras los heridos son transportados en camillas entre quejidos de dolor.
Busco desesperadamente entre la multitud la imponente figura de mi esposo.
—¡Duquesa!
Grita Garth a mis espaldas, señalando hacia el pabellón principal.
Corro hacia allá y el aire se me congela en los pulmones cuándo veo a cuatro guardias de élite y Valerius que transportan a Kaelan .
Él camina a duras penas apoyándose fuertemente sobre el hombro de Valerius mientras arrastra los pies. Su pechera de acero oscuro está destrozada, partida por la mitad y un charco de sangre fresca e intensa empapa por completo sus ropas.
Al parecer una espada enemiga le atravesó el pecho en medio de la carnicería.
—¡Kaelan!
Exclamo olvidando por completo mi actitud burlona mientras me abalanzo hacia él.
—Estoy... bien Arabella...
Alcanza a murmurar con la voz baja y débil, intentando mantenerse firme, pero sus rodillas ceden y cae de rodillas sobre la hierba.
Valerius lo sostiene con el rostro pálido y tenso, mirando la terrible herida abierta en el tórax del duque.
—La espada del comandante invasor lo alcanzó en el último tramo.
Dice Valerius con gravedad militar, intentando presionar la herida con un paño limpio que se tiñe de rojo en cuestión de segundos.
—La hoja atravesó hondo... Cualquier hombre común ya estaría muerto.
Me arrodillo de inmediato frente a Kaelan, sujetando su rostro entre mis manos.
Su piel que siempre parece una caldera encendida, está peligrosamente fría y el fulgor carmesí de sus ojos parpadea con debilidad.
—Ni se te ocurra morirte ahora Kaelan Eisen ¿Me escuchaste?
Le digo entre dientes, con la respiración agitada y una mezcla de rabia y angustia apretándome la garganta.
—Te prohibo morirte sin mi permiso.
Kaelan deja escapar un resoplo débil, intentando esbozar una de sus sonrisas arrogantes mientras me mira con esfuerzo.
—Tranquila mi señora... Hace falta mucho más que el acero de una rata invasora... Para acabar con tu señor.
Dice y un suspiro sale de mis labios.
Los guardias de élite junto a Valerius lo llevan a una carpa apartada dónde lo acuestan en una cama de piel.
—No entiendo, si eres un dragón al menos deberías de tener más beneficios... No sé quizás sanar rápido o tener el cuero duro para que una simple espada lo corte.
Kaelan hace un quijido antes de decir en voz baja.
—Mis heridas sanan rápido... Pero al parecer la espada estaba bañada en veneno.
—La sanadora está aquí.
Dice Valerius y una mujer con una enorme capa entra de inmediato, pero no sin antes hacer una reverencia.
—Voy a revisar su herida excelencia.
Escucho una voz suave y melodiosa haciendo que arrugue el ceño, pero me repito que ella va a sanar a mi esposo y lo necesito sano para hacer travesuras...
los dos son igual de locos y calientes posesivos me encanta
🤣😍😍😍😍
Con eso confirma la lealtad de su esposa 😅