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Soy Madre Del Hijo Mafioso Por Accidente

Soy Madre Del Hijo Mafioso Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Mafia / Matrimonio arreglado / Posesivo
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

**Soy Madre del Hijo Mafioso por Accidente**

Solo quería ayudar a una niña perdida en el centro comercial, pero terminé siendo adoptada por ella… ¡y aceptada por su padre mafioso!

Ahora vivo en una mansión, tengo guardaespaldas siguiéndome y una pequeña que insiste en llamarme mamá.

¿Y su padre? Un hombre despiadado que parece dispuesto a concederle todos sus caprichos, incluso quedarse conmigo.

¡Yo no soy un perro para que me adopten! ¡Y mucho menos la esposa de un mafioso!

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21

Zhener terminó su postre y dejó la bandeja sobre la mesita de noche.

Después miró la puerta.

—No voy a caer en sus provocaciones —se prometió—. A partir de hoy, seré una mujer seria, madura y completamente indiferente a Adrián.

Se levantó de la cama y caminó hasta el espejo.

—No me importa si es guapo.

Se acomodó el cabello.

—No me importa si tiene dinero.

Se cruzó de brazos.

—Y definitivamente no me importa que tenga esos brazos…

Se quedó callada.

Su reflejo pareció juzgarla.

—¡DEJA DE MIRARME ASÍ!

Agarró un cepillo y comenzó a peinarse con una determinación casi militar.

—Voy a recuperar mi libertad. Después regresaré a mi vida y me olvidaré de este hombre.

Asintió para sí misma.

—Perfecto. Plan excelente. Sin fallos.

En ese preciso instante, su teléfono comenzó a sonar.

Zhener lo tomó.

Era un mensaje de Adrián.

¿Te gustó el postre, preciosa?

Ella apretó los dientes.

Estaba pasable.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

Qué alivio. El cocinero llevaba media hora preocupado.

Zhener frunció el ceño.

¿Por qué?

Porque le dije que, si no te gustaba, tendría que explicarme personalmente por qué había fracasado en una tarea tan sencilla.

Zhener abrió mucho los ojos.

—¡¿AMENAZASTE AL COCINERO POR UN POSTRE?!

Otro mensaje apareció.

No lo amenacé, amor. Tuvimos una conversación motivacional.

Zhener se dejó caer sobre la cama.

—Estoy viviendo con un lunático.

El teléfono vibró de nuevo.

¿Puedo entrar?

Ella miró la puerta.

No.

Absolutamente no.

No iba a permitir que aquel hombre entrara, sonriera de esa manera y consiguiera que olvidara todos sus planes.

No.

Adrián respondió:

De acuerdo.

Zhener parpadeó.

¿Eso era todo?

¿Sin insistir? ¿Sin aparecer con otra bandeja? ¿Sin llamarla esposa?

Miró la puerta durante unos segundos.

Después dejó el teléfono sobre la cama y se obligó a mirar hacia otro lado.

No le importaba.

En absoluto.

Pasaron cinco minutos.

Luego diez.

Zhener comenzó a caminar por la habitación.

—Qué hombre tan insoportable. ¿Cómo se atreve a aceptar un no tan fácilmente?

Se detuvo.

—¡¿QUÉ?!

Se llevó las manos a la cabeza.

—¡Ahora también estoy enojada porque me hace caso!

Se sentó en el borde de la cama, derrotada.

Su vida se había convertido en una comedia absurda protagonizada por una mujer que necesitaba urgentemente recuperar el sentido común.

En el despacho, Adrián estaba escuchando un informe de Nicolás.

—Los hombres que vigilaban a la señora fueron identificados. Ya sabemos quién los contrató y estamos investigando sus contactos.

Adrián firmó un documento.

—Continúa.

—También hemos confirmado que su hermana está intentando conseguir información sobre usted.

La pluma se detuvo.

—¿Qué clase de información?

—Principalmente sobre su relación con la señora Zhener. Quiere saber qué siente por ella y si existe alguna posibilidad de acercarse a usted.

Adrián levantó lentamente la mirada.

Nicolás mantuvo una expresión profesional, aunque por dentro estaba reconsiderando todas las decisiones que lo habían llevado a trabajar para aquella familia.

—¿Acercarse a mí? —repitió Adrián.

—Eso parece, señor.

Adrián dejó la pluma sobre el escritorio.

—¿Y qué piensa hacer con esa información?

—No lo sé, señor. Todavía no hemos descubierto sus intenciones exactas.

El mafioso se recostó en su silla.

—Qué mujer tan persistente.

Nicolás guardó silencio.

—¿Crees que debería sentirme halagado? —preguntó Adrián.

—No me corresponde opinar sobre sus asuntos personales, señor.

Adrián sonrió.

—Excelente respuesta. Quiero que averigües qué pretende y que nadie se acerque a Zhener sin que lo sepamos.

—Entendido.

—Y Nicolás…

—¿Sí?

—Si mi cuñada intenta utilizar a mi mujer para llamar mi atención, quiero saberlo antes de que Zhener termine involucrada.

La expresión de Adrián se endureció.

—No voy a permitir que conviertan a mi familia en parte de sus juegos.

Nicolás asintió y salió del despacho.

Adrián permaneció sentado unos instantes.

Después miró su teléfono.

No había recibido más mensajes de Zhener.

Frunció el ceño.

¿Estaría todavía enfadada?

Probablemente.

¿Estaría pensando en él?

Conociéndola, seguramente estaría insultándolo mentalmente.

La idea le hizo sonreír.

Su preciosa mujer tenía un talento extraordinario para convertir cualquier conversación en una batalla.

Y él, que había conseguido doblegar a hombres mucho más peligrosos, descubría que no podía ganar una discusión con ella sin terminar queriendo besarla.

Aquello era humillante.

Absolutamente maravilloso, pero humillante.

Zhener llevaba casi una hora sin salir de su habitación cuando escuchó unas risitas al otro lado de la puerta.

Reconoció inmediatamente la voz de Sofía.

—¡Papá, mamá está aquí!

Zhener se incorporó.

La puerta se abrió después de que alguien llamara suavemente.

Sofía entró corriendo, seguida por Adrián.

—¡Mamá!

Zhener apenas tuvo tiempo de extender los brazos antes de que su pequeña se subiera a la cama y se acomodara junto a ella.

—Mi amor, ¿qué haces aquí?

—Quiero jugar contigo.

—Por supuesto, cariño.

Sofía sacó un pequeño conejo de peluche de debajo de su brazo.

—Vamos a jugar a la familia.

Zhener sonrió.

—¿Y quiénes van a participar?

La niña señaló el peluche.

—Él es el papá.

Después señaló a Zhener.

—Tú eres la mamá.

Finalmente, apuntó hacia Adrián.

—Y él es el señor que siempre está pegado a mamá.

Zhener se quedó congelada.

Adrián soltó una carcajada.

—Tu hija es muy observadora, amor.

—¡No es gracioso!

Sofía ladeó la cabeza.

—¿Por qué, mamá? Papá siempre quiere estar contigo.

Zhener abrió la boca, pero no encontró una respuesta que pudiera darle a una niña pequeña sin complicar todavía más su propia existencia.

Adrián aprovechó su silencio para sentarse en el borde de la cama.

—Es porque quiero mucho a mamá.

Sofía asintió, satisfecha.

—Entonces tienes que portarte bien con ella.

Adrián miró a Zhener.

Por primera vez en toda la tarde, su sonrisa perdió parte de su arrogancia.

—Lo intentaré, princesa.

La respuesta sorprendió a Zhener.

No había hecho una broma.

Tampoco había intentado provocarla.

Simplemente había contestado con seriedad.

Sofía comenzó a jugar con sus peluches, ajena al breve silencio que se había instalado entre sus padres.

Zhener observó a Adrián de reojo.

Él estaba ayudando a la niña a sentar al conejo sobre una almohada.

El hombre que ordenaba ejecuciones con una tranquilidad aterradora estaba fingiendo que un conejo de peluche necesitaba una silla cómoda.

Y, contra todo pronóstico, parecía estar disfrutándolo.

Zhener sintió una punzada extraña en el pecho.

No era justo.

Sería mucho más sencillo odiarlo si fuera cruel con todo el mundo, si jamás sonriera o si no tuviera aquella capacidad desconcertante para tratar a Sofía con tanta ternura.

Pero Adrián no era sencillo.

Era peligroso, posesivo y demasiado acostumbrado a salirse con la suya.

También podía ser paciente cuando quería.

Y esa combinación la asustaba mucho más de lo que estaba dispuesta a reconocer.

—Adrián —murmuró.

Él levantó la mirada inmediatamente.

—¿Sí, amor?

Zhener dudó.

Había tantas cosas que quería preguntarle. Tantas que necesitaba entender.

Al final, solo dijo:

—No vuelvas a llamarme esposa delante de todo el mundo.

Adrián la observó durante unos segundos.

—De acuerdo.

Ella parpadeó.

—¿De acuerdo?

—Sí. No volveré a hacerlo si te incomoda.

Zhener no había esperado aquella respuesta.

Adrián volvió a prestar atención a Sofía, que acababa de colocarle una corona al conejo.

—Aunque debo admitir que me gustaba cómo sonaba.

Zhener tomó una almohada y se la lanzó a la cara.

—¡ERES IMPOSIBLE!

Adrián atrapó la almohada entre las manos y comenzó a reírse.

Sofía también se rio, encantada con la escena.

Y Zhener, a pesar de sus esfuerzos por mantenerse seria, terminó sonriendo.

Solo un poco.

Lo suficiente para que Adrián lo notara.

Él no dijo nada.

No la provocó.

Simplemente le devolvió la almohada y siguió jugando con su hija.

Porque podía esperar.

Adrián quería que Zhener se quedara a su lado, pero empezaba a comprender que conseguir que ella lo eligiera sería mucho más difícil que conseguir que permaneciera en su casa.

Y, por primera vez, estaba dispuesto a descubrir cuánto tendría que aprender para lograrlo.

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bruja de la imaginación 👿😇
🤣🤣🤣no puedo estoy es una familia de locos q manera de reírme q va
bruja de la imaginación 👿😇
buajaja 🤣 directo al corazón
bruja de la imaginación 👿😇
🤣ay q manera de reírme 🤣
Maria Mongelos
Está muy linda💕
alicia g
buenos capítulos, entretenida, felicitaciones
Bunny 🐇: Gracias ❤️
total 1 replies
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Alison Mendoza Sotelo
Y yo leyendo

Espero más capítulos
Alison Mendoza Sotelo
Me gusta
Lo malo que está en emoción
Maria Mongelos
Interesante y entretenida 💕
Bunny 🐇: me alegra que te guste ❤️
total 1 replies
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
jajajaja no PS así ni como salir de esta
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