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Resucitado Por Venganza

Resucitado Por Venganza

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencuentro / Venganza
Popularitas:185
Nilai: 5
nombre de autor: Galeano

Devastada y embarazada, Isabella crio sola a su hijo durante diez años. Pero Alexander no murió: la mafia rusa exhumó su cuerpo y su verdadero padre lo trajo de vuelta a la vida para convertirlo en el heredero de un imperio criminal.
Ahora, Alexander regresa por el amor de su vida sin saber que un niño lleva su nombre, ni que el verdadero villano es el padre de Isabella, quien está dispuesto a matarlo por segunda vez para proteger sus secretos.

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Capitulo 7

El aire gélido de las afueras de Moscú cortaba la piel como pequeñas hojas de afeitar. El complejo privado de la familia Rostova, una fortaleza de hormigón y cristal blindado rodeada por bosques de pinos nevados, se erigía en el horizonte como un bastión infranqueable. En el interior del gimnasio táctico de alto rendimiento, el vapor de la respiración agitada de Alexander se mezclaba con el olor a cuero, sudor y metal caliente.

Vestido únicamente con pantalones tácticos y las manos vendadas con cintas de tela gruesa, Alexander golpeaba un saco de boxeo pesado con una cadencia brutal y rítmica. Cada impacto resonaba con la fuerza de un martillazo. En su tórax, las cicatrices esféricas de los disparos que casi le arrebatan la vida lucían aún rojizas y abultadas, un recordatorio indeleble de la noche en que su existencia se fragmentó en el altar.

—¡Más rápido, Alexander! —ordenó una voz severa desde el balcón superior.

Valentine observaba el entrenamiento desde la altura, sosteniendo un vaso de cristal con vodka helado. A su lado, instructor de operaciones especiales exintegrante de las fuerzas de élite rusas medía cada movimiento del joven con un cronómetro en la mano.

—El enemigo en las calles no esperará a que recuperes el aliento —continuó Valentine, bajando por la escalera de carril metálico con la compostura de un monarca absoluto—. Un segundo de duda en nuestro mundo significa una bala en la cabeza. No te salvé de la tumba para que seas un eslabón débil en mi cadena.

Alexander detuvo el golpe final, apoyando la frente sudorosa contra la lona del saco. Sus pulmones exigían aire a gritos y los músculos de sus brazos tiritaban por el agotamiento extremo. Llevaba meses sometido a un régimen implacable: dieciséis horas diarias de preparación física, combate cuerpo a cuerpo, manejo de armas de todo calibre, estrategia militar y finanzas internacionales.

Se giró lentamente hacia su padre, limpiándose el sudor de la frente con el antebrazo. Sus ojos, antes nobles y pacíficos, albergaban ahora un destello helado, forged por el dolor y la disciplina militar.

—No soy débil, Valentine —respondió Alexander con la voz grave y rasposa—. No he fallado una sola sesión de tiro ni un solo circuito táctico desde que llegamos a Rusia.

—Has dominado la técnica, es cierto —asintió el capo, deteniéndose a un metro de él y examinando la firmeza de su postura—. Has aprendido a disparar antes de que el adversario desenfunde, a desmantelar un imperio comercial con una firma y a moverte como una sombra entre los altos mandos. Pero tu mente sigue atrapada al otro lado del océano.

Alexander apretó los puños tiritantes bajo las vendas. La mención explícita a su pasado encendía una chispa de fuego abrasador en el fondo de sus entrañas.

—Acepté este infierno por una sola razón —sentenció Alexander, dando un paso al frente sin bajarle la mirada al hombre más temido de la mafia rusa—. Acepté la identidad de "Sasha", acepté usar tu apellido y acepté convertirme en la mano derecha de tu organización porque me prometiste que tendría el poder absoluto para volver.

Valentine sonrió con frialdad, una mueca que no reflejaba calidez alguna, pero sí un profundo orgullo calculador.

—Ese impulso es lo que te mantiene con vida, mi hijo. La obsesión es un motor mucho más eficiente que la simple lealtad. Pero escucha con atención: si regresas siendo el hombre romántico y vulnerable que fue asesinado en esa catedral, te destruirán de nuevo... y a ella con contigo.

—No volveré como una víctima —interrumpió Alexander con una determinación de acero—. El hombre que dudó en el altar murió la noche que tu gente me sacó de ese ataúd. El hombre que regresará será el único heredero del imperio Rostova, alguien a quien nadie podrá tocar sin pagar con su propia vida.

Valentine asintió con aprobación, haciendo una seña con la mano a su instructor para que colocara sobre una mesa de roble un estuche de madera negra con el escudo de la familia grabado en plata. El capo abrió el broche metálico y reveló una pistola semiautomática personalizada, con cachas de ébano y el monograma de la mafia rusa pulido sobre el cañón.

—Este es el símbolo de tu nuevo rango —declaró Valentine, tomando el arma y entregándosela a su hijo—. A partir de hoy, los generales de la organización, los banqueros de Suiza y los capos de Europa responderán ante ti como mi mano derecha. Nadie cuestionará tus órdenes. La fortuna millonaria que he levantado durante cuatro décadas te pertenece.

Alexander tomó la pistola. El metal helado se sintió pesado y natural en su mano, una extensión lógica del entrenamiento al que había sido sometido sin descanso. Deslizó el cargador con un movimiento preciso y amartilló la corredera con un chasquido seco que resonó en el enorme recinto.

—¿Y el objetivo principal? —preguntó Alexander, manteniendo la vista fija en el cañón del arma.

—Nuestros informantes en América siguen rastreando las operaciones de la ciudad —explicó Valentine con tono calculador—. Los hombres que atacaron tu boda eran mercenarios pagados, pero la orden no vino de nuestras redes. Alguien local utilizó nuestro nombre para encubrir la ejecución. Estamos preparando la infraestructura para el retorno. Expandiremos el territorio del clan hacia tu antigua ciudad; tomarás el control del puerto y del mercado financiero bajo el alias de Sasha Rostova.

Alexander guardó el arma en la funda táctica de su cinturón. Se acercó al ventanal del gimnasio, observando la nieve caer incesantemente sobre el paisaje ruso.

En el reflejo del cristal blindado, ya no vio al joven arquitecto con sueños sencillos que planeaba una luna de miel en Italia. Vio a un guerrero adiestrado, a un ejecutor implacable moldeado por la sombra de su padre. El dolor del luto y la rabia por la traición se habían cristalizado en su interior, formando un escudo impenetrable.

Sin embargo, detrás de la coraza de hierro de Sasha Rostova, el corazón de Alexander seguía latiendo por una sola mujer. En cada sesión de tiro, en cada combate en el ring, en cada lección de estrategia criminal, el rostro de Isabella permanecía grabado en su memoria como un faro en medio de la tormenta.

—Espérame, Isabella —susurró para sí mismo en el idioma de su tierra natal, asegurándose de que los guardias rusos no pudieran entenderlo—. No importa cuántos años me tome dominar este imperio, no importa cuánta sangre tenga que derramar para asegurar nuestra protección. Voy a regresar por ti, y nadie volverá a separarnos jamás.

Valentine se posicionó a su lado, colocando una mano pesada sobre el hombro de su heredero.

—Mañana empezamos las lecciones de estrategia internacional, Sasha. El mundo debe aprender a temerte antes de que pongas un pie en tu antigua patria.

—Estoy listo —respondió Alexander sin dudar, apartando la mirada del ventanal.

La forja del heredero había concluido. El promoroso joven del pasado había quedado sepultado definitivamente en el cementerio, dando paso al heredero de la mafia rusa: un hombre impulsado por el poder, la lealtad a su padre y la promesa indestructible de recuperar al amor de su vida.

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