Unidos por sueños compartidos y separados por oscuras mentiras, Alexander y Alana deberán luchar contra la traición para descubrir que el amor verdadero siempre encuentra el camino a la realidad.
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Capítulo 3: El costo de la perfección
Punto de vista: Alexander
Dos golpes secos en la puerta de mi oficina interrumpieron mis pensamientos antes de que la hoja de madera noble se abriera de par en par.
—¿Interrumpo tu sesión diaria de contemplar el horizonte como si fueras un villano de película, Hale? —bromeó Lucas, entrando sin pedir permiso con una carpeta bajo el brazo y dos vasos de café de especialidad.
Lucas Vance era la única persona en todo el edificio que no me miraba con temor o subordinación. Habíamos compartido desveladas en la facultad de arquitectura, borracheras universitarias y, ahora, la responsabilidad de diseñar las estructuras más ambiciosas de la costa oeste. Él era el talento rebelde detrás de las formas; yo, la fuerza ejecutiva que construía los imperios.
—Entra sin tocar, como siempre —refunfuñé, dejando la taza sobre mi escritorio mientras me acomodaba en la silla de piel.
—Te traje café de verdad, no esa agua amarga que te prepara tu secretaria —dijo, lanzándose sobre uno de los sillones de cuero frente a mi escritorio y extendiéndome el vaso—.
Además, tienes una cara de perro que no puedes con ella. ¿Victoria otra vez?
Exhalé un suspiro pesado, pasándome una mano por la nuca mientras el olor a café recién molido llenaba el aire.
—Victoria quiere anunciar la fecha oficial de la boda esta noche en la gala de su madre —admití en voz baja.
Lucas soltó un silbido suave, apoyando los tobillos sobre la esquina de mi mesa con absoluta confianza.
—Vaya. El cerco se cierra, amigo mío. ¿Y por qué esa cara? Se supone que es lo que has planeado desde los veinticinco. La alianza Hale-Sterling, la pareja perfecta de la revista Forbes...
—Porque no siento nada, Lucas —confesé por primera vez en voz alta, mirando fijamente el café—. Es una transacción comercial con vestido blanco. Y cada vez me cuesta más disimularlo.
Lucas borró la sonrisa burlona de su rostro y se enderezó, adoptando una postura más seria. Esos ojos avellana me examinaron con atención analítica.
—Alex... nos conocemos desde hace diez años. Sé cuando algo te está carcomiendo la cabeza de verdad. Y no es solo el miedo al compromiso con Victoria. Llevas seis meses ausente, distraído, mirando al vacío en medio de las juntas de obra. ¿Qué demonios te pasa?
Dudé. Decírselo a un psiquiatra sonaba como una locura, pero decírselo a mi mejor amigo me aterraba aún más. Sin embargo, la presión en mi pecho era insostenible.
—Me voy a volver loco, Lucas —solté en un murmullo grave, apoyando los codos en la mesa—. Llevo seis meses soñando con la misma mujer. Todas. Las. Noches.
Lucas me miró parpadeando un par de veces, enarcando una ceja.
—¿Una mujer? ¿En sueños?
—No es solo un sueño cualquiera. Es una fijación enfermiza de mi subconsciente —expliqué, frotándome las sienes con frustración—. Seis meses despertando con la piel ardiendo, sintiendo su olor, recordando cada detalle de su cuerpo. Tiene el cabello castaño oscuro larguísimo, los ojos color ámbar más hermosos y extraños que he visto... y una boca que me saca de quicio.
—Caramba... —murmuró Lucas, esbozando una sonrisa lenta—. La descripción es bastante detallada para ser un invento de tu mente cansada.
—¡Ese es el problema! ¡No existe! —exclamé con impotencia, golpeando la mesa suavemente con el puño—. Mi cerebro creó una fantasía perfecta de 1.70m para escapar del estrés, de Victoria y de las presiones de mi padre. Una mujer con la que puedo ser yo mismo sin una máscara corporativa. Pero al despertar... es solo aire. Un fantasma que no tiene nombre.
Lucas me observó en silencio durante unos segundos. Luego, se apoyó hacia adelante, mirándome con genuina preocupación mezclada con un toque de fascinación.
—Alex, el cerebro humano es fascinante cuando está bajo presión brutal. Si creaste a esa mujer en tus sueños para no colapsar con la boda y la empresa, tal vez tu mente te está mandando un mensaje clarísimo: no te quieres casar con Victoria.
—No tengo opción, Lucas. Las acciones de la empresa y la fusión dependen de esto —sentencié con frialdad, volviendo a ponerme la coraza de CEO—.
La fantasía de mis noches se queda en mis noches. Mañana llegan los nuevos pasantes de México para el proyecto de Malibú y necesito mi cabeza al cien por ciento aquí.
Lucas sonrió con picardía, levantándose del sillón y recogiendo su carpeta.
—Como digas, jefe. Pero ten cuidado... a veces la mente es tan poderosa que nos hace ver fantasmas donde menos lo esperamos. Nos vemos en la junta de mañana a primera hora. Los pasantes van a estar listos en la sala A.
—Ahí estaré —respondí.
Cuando Lucas salió cerrando la puerta, me quedé a solas con el eco de sus palabras.
Mañana a primera hora. Un nuevo grupo de jóvenes talentos internacionales pisaría mi empresa. Y yo estaba decidido a enterrar a la chica de mis sueños en el fondo de mi memoria para siempre.
Lo que no sabía era que esa misma tarde, en el aeropuerto de Los Ángeles, Alana Mendoza recogía sus maletas junto a Mateo, lista para cambiar mi vida real para siempre