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Bésame Bonito

Bésame Bonito

Status: En proceso
Genre:Yaoi / Mafia / Romance
Popularitas:866
Nilai: 5
nombre de autor: Irwin Saudade

June escapa del prostíbulo al que fue vendido por tener rasgos femeninos, decidido a recuperar su libertad. En su camino conoce a Ángel, un hombre rico con el corazón hecho pedazos. Dos almas heridas, dos mundos distintos y un mismo anhelo: encontrar el amor. Juntos deberán enfrentarse a las sombras de su pasado y descubrir si, incluso después de tanto dolor, es posible volver a amar sin miedo.

NovelToon tiene autorización de Irwin Saudade para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

22

—¿Y cómo te fue? —me pregunto Ángel.

Estábamos sentados en la sala del televisor. Veíamos una película en blanco y negro, de la época dorada del cine mexicano. María Félix aparecía allí.

—Muy bien. Fuimos a comer tacos cerca de aquí, visite la casa de Román y platicamos.

—Suena a que la pasaron genial.

Asentí.

—Más que nada eso, platicamos un buen rato. Después de todo, necesitábamos ponernos un poco al corriente.

—¡Qué bueno que pudieron pasar la tarde! ¿Regresaste a casa tú sola?

—Román me vino a dejar hasta acá, justo donde me recogió. En la puerta principal de esta casa. Luisa se sorprendió. Ella pensaba que él era un delincuente o algo así. ¡Le causaba desconfianza!

—¿Desconfianza?

—Sí, es que Román si parece intimidante de día.

Sonrío ligeramente.

—¿Y dónde vive?

Por dentro, no pude evitar carcajearme de risa. Primero Román me cuestionaba. Ahora era el turno de Ángel en su faceta de inspector. ¡Los dos tenían algo en común! Hacer muchas preguntas formaba parte de la personalidad de los dos.

—No recuerdo el nombre del lugar. Creo que cerca de Cholula. Alquiló un loft. ¡Es muy amplio y bonito!

Ángel trataba de disfrazar su curiosidad con un toque de indiferencia. Era la primera vez que le veía comportarse así.

—Pues qué bueno que pudo encontrar casa.

—Si, ya sé. También me puse feliz por él. Me dijo que si quería mudarme.

—¿A su casa?

Sus ojos se abrieron, así bien grandes, de la sorpresa.

—A su loft.

Sonreí.

—¿Y qué le dijiste?

—Le dije que lo pensaría.

Prefirió dirigir su atención a la televisión. No me dijo nada. Sus manos parecían temblarle. ¿Estaría celoso?

—¿No te gusta estar aquí? —Pregunto.

Parecía que sus preguntas tenían la intención de hacerme saber que él también se preocupaba por mí. ¿Qué tan grande seria su preocupación?

—Me gusta mucho estar aquí, contigo. Me has dado muchas cosas que nunca imagine recibir. Tu ayuda, la bondad, tu familia y esa parte tan íntima de ti a la que sueles llamar hogar. ¿Crees que no me sentiría a gusto en un lugar como este? Nunca había recibido cosas como las que compartes conmigo. La idea de Román no es descabellada porque, antes vivíamos juntos. Igual y estaría bien que volviéramos a estar juntos, ¿no crees?

Medito en mi respuesta.

—¿De verdad te piensas mudar?

Se giró a mirarme y me sentí conmovida. Sus ojitos tiernos me confirmaban lo que mi mente sospechaba. ¡Él estaba celoso! Pero ¿por qué?

—Solo estaba bromeando. Tranquilo, me quedare más tiempo contigo.

—¡Uffff! —parecía más tranquilo de repente.

Sonreí.

—Román me pidió que me mude. Pero le dije que no. Yo estoy en deuda contigo por tantas cosas que has hecho por mí y te dije que estaría dispuesta a ayudarte. Bueno, aún no termino con mi comisión, así que no esperes que me vaya de aquí. ¡Te estaré dando molestias por algún tiempo!

Su perfil era perfecto. Incluso cuando sonreía, podías ver sus labios bien dibujados y esas pestañas rizadas. ¡Lindo!

—¡No es ninguna molestia! Me gusta ayudarte y realmente me siento a gusto de que estés aquí; puedes quedarte todo el tiempo que desees.

En la escena María Félix empezó a rechazar al hombre que le echaba los perros, es decir, que la pretendía. Ella era de la alta sociedad y él solo era un general revolucionario que no tenía aparentemente nada.

María le gritó de cosas. Él iba vestido como un general y ella era la niña rica orgullosa. Soltamos varias carcajadas cuando ella comenzó a jugarle pesado y él también le correspondía muy brusco.

—¿Te gusta la película? —Preguntó mirándome.

—Sí, está un poco chistosa. No es muy común que yo vea películas. En mi antigua habitación no teníamos televisión.

—¿Quieres tener una televisión en tu habitación?

¡Me estaba ofreciendo más cosas! La película aún no terminaba.

—No te preocupes. No es necesario. Que yo ni estoy acostumbrada a ver la tele.

Se sorprendió un poco por mis palabras. Sin decirme algo, tomó el control de la televisión y la apagó.

—Creo que ya es hora de dormir.

Eran las once de la noche.

—Sí. Ya es un poco tarde.

La forma en que me miraba me hacía sentir en paz.

—¡Gracias por estar conmigo!

Él me estaba dando las gracias y eso me sorprendió. ¿Un hombre rico agradeciéndole a una prostituta?

—No me agradezcas. No tienes por qué agradecer.

Me sonrió.

—Aparentemente soy un hombre millonario que lo tiene todo. Pero eso no es cierto. Estos días que han pasado han sido muy agradables. Tu compañía me hace sentir bien.

¿Qué estaba pasando? De pronto me sentía de forma chistosa. ¿Realmente dijo eso? Decidí solo limitarme a escucharle, mis emociones comenzaban a revolotear dentro de mí y yo no podía permitirme soportar otro huracán emocional.

—Pues es que de eso se trata una amistad, ¿no? Dos personas que se sienten cómodas y a gusto, gracias a la confianza que ambos se demuestran. ¡Creo que eso somos nosotros! Te entiendo perfectamente porque también me siento a gusto.

Noté un poco de desilusión en su sonrisa. ¿Fue por la palabra amigo? Lo más probable que sí.

—Es verdad...

El silencio comenzó a profundizar entre nosotros. Después de unos segundos me despedí.

—¡Buenas noches Ángel! —dije y me puse de pie.

No supe que más decirle. Pensé en huir a mi habitación.

—¡Buenas noches June! —su voz se grabó en mi mente.

En mi habitación, corrí directamente a la cama. Me acosté y me puse a escuchar música. Tantos pensamientos e ideas revoloteaban en mi mente.

¡Volví a esa noche!

Estaba corriendo a toda velocidad, mi respiración era agitada y el hombre venía detrás de mí. Llegando a la esquina de la calle. ¿Qué paso? ¿Qué hubiese pasado si Ángel no hubiese aparecido en ese momento? ¿Aquel hombre me habría capturado? ¿Estaría en un nuevo prostíbulo? Si bien, era cierto que las posibilidades eran muchas, la posibilidad ganadora fue la de estar a salvo con un hombre que carga los restos de un corazón roto. ¡Un millonario!

Comenzaré a dejar de llamarlo millonario. Después de todo, es un hombre de carne y hueso, tiene emociones y eso es lo importante. Las emociones son aquellas cosas que nos hacen brillar como humanos y creo que actualmente les estamos dando menos importancia. ¿Qué hubiese pasado si Ángel no hubiese aparecido? Hubiese pasado lo que tenía que pasar.

No nos hubiésemos conocido.

...🌺🌺🌺...

—¿Estás lista? —me pregunto él.

—Sí. Podemos irnos si quieres.

Su sonrisa bonita me hizo mover las cejas. Caminamos hasta el vehículo, eran las seis de la tarde y nos dirigíamos a un lugar al que Claudia nos había invitado.

—¿Cómo te fue hoy? —Pregunté.

Avanzamos hasta la caseta del fraccionamiento. La pluma se alzó y pudimos continuar con nuestro camino.

—Fue un día normal. Terminamos algunos pendientes de un proyecto de construcción y tuve algunas reuniones. Una empresa brasileña quiere que desarrollemos una aplicación para ellos.

—Eso suena muy importante.

Se sonrió.

—Un poco sí. Es solo trabajo. ¿A ti como te fue?

—Pues muy bien. Me la he pasado escribiendo y reescribiendo algo sobre tu libro. Hoy tuve mi primera clase de cocina.

—¡Enserio! ¿Y qué cocinaste?

—Prepare unos huevos con queso y zanahoria.

—¿Omelette?

—Mmmmm. Creo que sí. No recuerdo su nombre, pero sonaba nais.

Su sonrisa.

—¿Sonaba nais?

—Sí. O sea, elegante, de clase. ¡Así como tú!

—¿Yo soy nais?

—Por supuesto. Eres elegante, de clase y guapo.

Se ruborizo. Abrió los ojos con algo se sorpresa.

—¡Tú también eres nais! —me dijo.

Me reí. Obviamente no era así y yo lo sabía. ¡No me sentía nais!

—Para nada. Yo solo soy una persona común, corriente no, pero común sí.

Reafirme mi postura. Era claro que había una diferencia.

—Yo no creo que eso sea así como dices. Tú eres una chica valiente, sencilla y carismática.

Parecía que esté era el momento para sincerarnos tocante a emociones. ¿Eso pensaba él sobre mí? ¡Vaya!

—Gracias por pensar así de mí. Pero eso no es cierto, no me siento, así como dices. Yo creo que solo soy una chica, bueno una mujer que está aprendiendo sobre la vida y lo demás.

Me miró rápidamente, solo unos segundos y ese contacto visual me hizo sentir bien. Sonreí. Platicar con él era como un respiro.

—Creo que eres más que eso. En verdad me sorprende verte y ver qué la mayor parte del tiempo estás sonriendo. Nunca había estado con alguien que fuera tan simple, cálida y muy optimista a pesar de tener un pasado difícil...

—Soy alguien común —le interrumpí.

—Yo también soy común. Todas las personas lo somos, solo que algunas se pasan de arrogantes. Pero al final, todos somos personas que vamos y venimos.

Tenía razón. Todos somos iguales, aunque este mundo no quiera admitirlo, por eso somos desastre cuando no logran etiquetarnos a su manera.

—Es verdad, yo...

Mi celular comenzó a sonar. La pantalla se encendió. Era Román. Mi conversación con Ángel se vio interrumpida.

—¡Hola! ¿Cómo estás? —le pregunté.

Ángel me miraba de reojo, seguía conduciendo.

—Karol. Estoy bien, gracias. Te marcaba por qué necesito darte algo.

—¿Me darás algo?

—Sí, ayer ya no pude dártelo. ¿Quieres que vaya a la casa del millonario?

Román parecía estar muy decidido a marcar la diferencia social con las palabras.

—Qué crees que, no estamos en la casa.

—¿Y dónde están? —pregunto con tono necesitado.

Sonreí. Había olvidado que Román a veces era muy entrometido.

—¿A dónde vamos exactamente? —le pregunté a Ángel.

—A un bar, por la zona de Cholula. Conteiner —respondió sin dejar de prestar atención a la carretera.

¿Un bar? Lugar para niños.

—Vamos hacía...

—Lo escuché todo. Conozco el lugar.

—¿Cuándo has ido?

—Yo vivía cerca de esta zona antes de trabajar en el prostíbulo.

Me sorprendí.

—No sabía. Pues...

—Te veo en ese lugar.

Y colgó. De forma rápida y sin decir más, él me dejó con el semblante sorprendido.

—¿Román? —Ángel parecía estar necesitado en saber sobre la llamada.

—Sí.

—¿Todo bien?

—Por supuesto. Lo veré en ese lugar que dijiste.

Sus ojos hicieron un gesto curioso y la sonrisa tenue de su rostro desapareció rápidamente. ¡Seguro que él desconfiaba un poco de Román!

1
Tere Jimenez
gracias increíble tu novela felicidades
Tere Jimenez
que hermoso capitulo
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