Yasmin Safi (19) no nació para ser invisible.
En Kabul no hay hielo, solo polvo. Pero ella creció obsesionada con ser campeona de patinaje sobre hielo. Cuando consigue una beca para irse a Toronto, Canadá, deja todo atrás.
Bonita, muy sensual, inteligente, astuta y peligrosa, Yasmin sabe que nadie le va a regalar nada. Si tiene que seducir, mentir o destruir para llegar al oro, lo hará.
En el Toronto Ice Club, entre princesas millonarias que la odian, dos hombres caerán por ella:
Daniel Leblanc (22), el príncipe bueno que puede darle un futuro.
Alexei Volkov (31), el coreógrafo ruso que le enseñará a usar su cuerpo y su maldad como arma en el hielo.
Ella no quiere ser querida. Quiere ser reina. Aunque tenga que patinar sobre hielo negro.
#patinaje #afgana #villana
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Capítulo 18: La noche antes
La noche antes de nacionales no dormí, pero no por dolor.
Me dolía la rodilla todavía, con un dolor sordo que no se iba ni con pastillas. Tenía la rodillera puesta y la cinta que me había puesto Isabelle para que no se me moviera el vendaje. Pero no era el dolor lo que no me dejaba dormir. Era que no podía creer que mañana iba a patinar en nacionales.
【entity-Maya¦canonical_name\=Maya】 me dijo que no me quedara sola en el cuarto mirando el techo y me obligó a hacer cena entre las dos.
"Si mañana vas a patinar, hoy tienes que comer bien. No sopa de sobre. Comida de verdad", me dijo.
Fuimos a la cocina chica que tenemos compartida con otros dos cuartos. 【entity-Maya¦canonical_name\=Maya】 había comprado pollo con la plata de su trabajo de niñera y arroz y una lechuga que estaba un poco marchita pero que todavía servía.
Yo piqué la lechuga sentada porque no podía estar mucho de pie con la rodilla. Maya cocinó el pollo en una sartén que se pega siempre.
A las siete tocó la puerta Daniel. No lo había invitado yo, lo había invitado Maya sin decirme.
Traía una bolsa del supermercado con un jugo de naranja y un pan que olía a recién hecho y una caja chica que no me dejó ver.
"¿Puedo pasar?", preguntó desde la puerta porque después de lo de la rodilla yo no lo había dejado entrar a la casa.
Maya le dijo que sí antes de que yo contestara.
Entró y se quedó parado en medio del cuarto porque nuestro cuarto es tan chico que si entran tres personas ya no se puede caminar.
"¿Cómo está la rodilla?", me preguntó mirándome la rodillera que se veía por debajo del pantalón.
"Duele, pero aguanta. Isabelle me cambió el programa y ya no hago lutz. Hago flip. Vale menos pero no me rompo."
"Bien. Mejor flip limpio que lutz con caída."
Se sentó en el piso porque no teníamos sillas suficientes. Solo teníamos dos sillas y un colchón.
Comimos los tres sentados en el piso, con los platos en las piernas. El pollo le quedó un poco seco a Maya pero nos lo comimos igual porque teníamos hambre. El pan que trajo Daniel estaba caliente y lo partimos con las manos.
Nadie habló de patinaje al principio. Maya habló de una niña que cuida que se había vomitado en su cama y Daniel habló de que su papá Thompson había contratado a un chico nuevo para limpiar el hielo porque José se iba a ir a trabajar a otra parte.
Después de un rato Maya me preguntó si tenía todo listo para mañana.
Le dije que sí, pero era mentira. Tenía el vestido rojo planchado pero con un hilo suelto que no había cosido. Tenía la música en dos USB y en el celular por si me la volvían a esconder. Tenía la rodillera, la cinta, las pastillas. Pero no tenía plan si me caía.
"¿Tienes miedo?", me preguntó Daniel.
"Sí. Mucho."
"¿De qué?"
"De caerme en el flip también y quedar última. De que Thompson me quite la beca si quedo última. De que Alexei vea el video y diga que patino feo sin él."
Daniel se rió bajito.
"Alexei me escribió ayer", me dijo.
"¿A ti? ¿Por qué a ti?"
"Porque le pregunté cómo estabas de la rodilla. Me dijo que si te duele mucho, que no saltes. Que un buen patinador sabe cuándo no saltar."
Me quedé callada porque era justo lo que me había dicho Isabelle y lo que yo no quería escuchar.
【entity-Maya¦canonical_name\=Maya】 se levantó y sacó del closet el vestido rojo. Lo había lavado y planchado ella porque yo no podía agacharme bien.
"Próbatelo por última vez", me dijo. "Para ver si el hilo suelto se nota."
Me paré con cuidado y me puse el vestido por encima de la ropa. Me quedaba igual que la primera vez, un poco suelto del tirante pero ya me gustaba así. Me miré en el espejo chico que tenemos pegado en la puerta. Se me veía la rodillera debajo del vestido si me agachaba, pero si estaba de pie no se veía.
"Estás linda", me dijo Maya.
"Estoy vendada", le dije.
"Estás linda vendada."
Daniel me miró y no dijo nada de linda, solo me dijo: "¿Te aprieta?"
"No."
"¿Puedes respirar?"
"Sí."
"Entonces está bien."
Nos sentamos otra vez y Maya sacó la caja que había traído Daniel. Era un postre del Costco, un cheesecake chico que costaba como quince dólares.
"Lo compré porque es lo único que no se quema si lo traigo en el bus", dijo Daniel.
Lo partimos en tres partes iguales aunque era muy chico. Comimos con cucharas porque no teníamos tenedores limpios.
Después de comer, Maya puso música bajita con su celular, no la mía de violín, una canción mexicana que le gusta a ella y que habla de una casa chica.
Daniel se acostó en el colchón porque decía que le dolía la espalda de estar sentado en el piso. Yo me acosté a su lado pero no pegada, con la rodilla estirada para que no me doliera.
Maya se acostó al otro lado del colchón y nos quedamos los tres mirando el techo que tiene una mancha de humedad que parece un mapa.
"¿Se acuerdan cuando llegué y dormía en el closet?", les dije.
"Sí", dijo 【entity-Maya¦canonical_name\=Maya】. "Y te quejabas del olor a zapatos de mi ex."
"Ahora duermo en cuarto con ventana y tengo beca y patines que no me sacan sangre."
"Y rodillera con brillitos", dijo Daniel porque la rodillera que me había comprado tenía un borde rosado que brillaba un poco.
Nos reímos los tres. Fue una risa chica, sin ruido, porque ya era tarde y no queríamos que los vecinos nos gritaran.
"¿Qué van a hacer mañana cuando yo patine?", pregunté.
"Yo voy a estar en la grada con una pancarta que dice Yasmin, aunque me echen", dijo Maya.
"Yo voy a estar en la puerta del hielo por si tu papá me deja pasar", dijo Daniel.
"¿Y si quedo última?"
"Si quedas última, te vamos a llevar a comer tacos aunque no tengas hambre", dijo Maya.
"Y si quedas tercera, también", dijo Daniel.
Me quedé callada un rato.
"¿Ustedes creen que puedo quedar tercera con la rodilla así y sin lutz?", pregunté bajito.
【entity-Maya¦canonical_name\=Maya】 me agarró la mano por debajo de la cobija.
"Yo creo que mañana vas a patinar limpio y que no te vas a caer. Y con eso ya ganaste más que muchas que llevan diez años."
Daniel me agarró la otra mano.
"Yo creo que mañana vas a patinar como cuando patinas sola a las cinco, cuando no hay nadie mirando. Así patinas bonito."
Me puse a llorar un poco, no fuerte, solo se me llenaron los ojos de lágrimas. No por tristeza, por cansancio y por nervios.
Maya me pasó un papel higiénico porque no teníamos pañuelos.
A las diez Daniel se fue porque al otro día tenía que manejar el bus del club que lleva a las niñas a nacionales. Se despidió en la puerta y me dio un beso corto en la frente, no en la boca, porque Maya estaba mirando.
"Después de mañana ya te puedo besar en público, ¿te acuerdas del trato?", me dijo al oído.
"Sí, me acuerdo."
Se fue y se escucharon sus pasos bajando las escaleras.
Maya y yo nos quedamos en el cuarto con el vestido rojo colgado en la puerta y con la rodillera en la silla.
"¿Quieres que rece por ti mañana?", me preguntó 【entity-Maya¦canonical_name\=Maya】. Ella a veces reza aunque dice que no cree mucho.
"Sí."
"¿En español o en dari?"
"En el que quieras, pero bajito para que no me de vergüenza."
Maya rezó bajito en español, yo no entendí todo pero entendí que decía mi nombre y decía rodilla y decía que no me cayera.
Yo recé en dari en mi cabeza, sin decirlo en voz alta. Le pedí a mi papá que aunque esté lejos me viera mañana.
A las once apagué la luz y me quedé con el celular mirando el video de mi programa sin lutz una y otra vez, hasta que me lo aprendí de memoria otra vez.
Tenía diecinueve años, una rodilla vendada que me latía, un vestido rojo con hilo suelto colgado en la puerta, dos amigos que habían comido pollo seco en el piso conmigo y nacionales en ocho horas.
Y por primera vez la noche antes de competir no sentí que estaba sola en un país frío.
Sentí que tenía una casa chica con mancha en el techo y gente que iba a estar en la grada aunque quedara última.