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Entre Dimensiones Y Destino.

Entre Dimensiones Y Destino.

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Aventura
Popularitas:128
Nilai: 5
nombre de autor: Rosearia

En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....

NovelToon tiene autorización de Rosearia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 — El tercero

El silencio duró apenas unos segundos.

Pero para Eryan pareció una eternidad.

Seguía de rodillas en el suelo de la torre, con Kaien sosteniéndolo por el brazo.

A su alrededor, todo había vuelto a moverse.

Los Heraldos continuaban luchando.

Las armas chocaban.

Los hechizos iluminaban las paredes.

Neria gritaba órdenes.

Arkan intentaba contener a varios enemigos al mismo tiempo.

Y Varek...

Varek miraba fijamente el lugar donde había desaparecido el tercer niño.

Eryan respiró profundamente.

Todavía podía sentir los dedos del muchacho sobre su frente.

Y aquellas palabras seguían repitiéndose dentro de su cabeza.

Cuando despiertes... no confíes en quien diga conocer a tu madre.

Eryan levantó la mirada.

Neria estaba frente a él.

—¿Qué ocurrió?

Eryan tardó unos segundos en responder.

—Detuvo el tiempo.

Kael se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—El tercer niño.

Lina se acercó.

—¿El niño pelirrojo?

Eryan asintió.

—Dijo que era el tercero.

Kaien bajó la mirada.

—Lo conozco.

Eryan lo miró inmediatamente.

—¿Qué?

Kaien levantó los ojos.

—No personalmente.

—Entonces, ¿cómo lo conoces?

—Porque lo vi.

Eryan frunció el ceño.

—¿Dónde?

Kaien señaló su propia cabeza.

—En mis recuerdos.

Neria se acercó.

—Explícate.

Kaien respiró profundamente.

—Antes de que me encerraran... había otros recuerdos dentro de mí. No eran míos.

Eryan sintió un escalofrío.

—¿Los siete?

Kaien negó.

—Solo algunos.

—¿Viste al tercero?

—Sí.

—¿Cuándo?

Kaien cerró los ojos.

—Antes de que me quitaran mi nombre.

Eryan sintió una presión en el pecho.

—¿Qué estaba haciendo?

Kaien permaneció callado.

—Kaien.

—Estaba huyendo.

—¿De quién?

El muchacho abrió los ojos.

—De los Heraldos.

Neria miró inmediatamente hacia los soldados.

—Entonces ellos ya lo conocen.

—Sí.

—¿Y por qué no lo están buscando?

Kaien negó.

—No lo sé.

Un estruendo hizo temblar la torre.

Una de las columnas se partió.

—¡Tenemos que salir! —gritó Arkan.

Neria miró a Eryan.

—¡Ahora!

Eryan se puso de pie.

—¡Kaien, ven!

Kaien corrió detrás de él.

Lina y Kael los siguieron.

Arkan cubría la retaguardia mientras Neria disparaba flechas contra los Heraldos que intentaban acercarse.

Varek y Seris permanecían más atrás.

Pero ninguno de los dos parecía estar luchando realmente para escapar.

Eryan los observó durante un instante.

—¿Por qué no se van?

Neria respondió sin dejar de correr:

—Porque están esperando algo.

—¿Qué?

—No lo sé.

Llegaron a una enorme escalera.

El suelo tembló.

Una parte de la pared se abrió y varios Heraldos aparecieron.

—¡Por aquí no! —gritó Kael.

Neria señaló otra dirección.

—¡A la izquierda!

Todos giraron.

Eryan sujetó la mano de Kaien.

El muchacho estaba pálido.

—¿Estás bien?

—Sí.

—No parece.

Kaien lo miró.

—Nunca había estado fuera de una jaula.

Eryan sintió un pequeño nudo en el pecho.

—Entonces tendrás que acostumbrarte.

Kaien sonrió débilmente.

—¿Siempre eres así?

—¿Así cómo?

—Como si todo fuera fácil.

Eryan soltó una pequeña risa.

—No es fácil.

—Entonces, ¿por qué sonríes?

Eryan miró hacia delante.

—Porque si dejo de hacerlo, probablemente empiece a llorar.

Kaien se quedó en silencio.

Después sonrió.

Por primera vez desde que lo habían encontrado, parecía un niño de su edad.

No un Fragmento.

No una llave.

No alguien con un poder desconocido.

Simplemente un niño.

---

Llegaron a una habitación circular.

No había salida.

Neria se detuvo.

—No puede ser.

Kael miró alrededor.

—Estamos atrapados.

Arkan entró detrás de ellos.

—No.

Se acercó a una pared.

—Aquí hay una puerta.

Eryan observó.

No podía verla.

—¿Dónde?

Arkan señaló una zona completamente vacía.

—Nyxara no siempre muestra sus puertas.

Eryan extendió la mano.

La pared vibró.

Una luz violeta apareció.

Pero antes de que pudiera abrirla...

Varek apareció al otro lado de la habitación.

Seris estaba junto a él.

Neria levantó inmediatamente su arma.

—No.

Varek levantó las manos.

—No quiero luchar.

—No te creo.

—No tienes que hacerlo.

Eryan lo observó.

—¿Dónde está el tercer niño?

Varek sonrió.

—Eso es precisamente lo que intento averiguar.

—¿No lo sabes?

—No.

—Pero dijiste que conocías a los siete.

La expresión de Varek cambió ligeramente.

—Conozco lo que fueron.

—No lo que son.

—Exactamente.

Eryan apretó los puños.

—¿Qué significa eso?

Varek miró a Kaien.

—Significa que los siete cambiaron.

Kaien retrocedió.

—No quiero escucharlo.

Varek se acercó un paso.

—Deberías.

—No.

—Porque tú también estás cambiando.

Kaien levantó la cabeza.

—¿Qué quieres de mí?

—Nada.

Eryan frunció el ceño.

—Mentira.

Varek sonrió.

—Por primera vez, no.

Seris habló:

—Varek.

Él la miró.

—¿Qué?

—Tenemos que irnos.

—Todavía no.

Seris observó a Eryan.

—Los Heraldos están cerrando todas las salidas.

Neria apretó los dientes.

—Entonces lucharemos.

Arkan negó.

—No.

Todos lo miraron.

—¿Qué?

Arkan señaló el suelo.

—No estamos en una fortaleza.

Eryan bajó la mirada.

Pequeñas líneas negras recorrían las piedras.

—¿Qué es esto?

Arkan respondió:

—Una memoria.

Eryan frunció el ceño.

—¿Una memoria?

—La torre entera.

Arkan miró las paredes.

—No fue construida para encerrar a Kaien.

Kaien levantó la cabeza.

—Entonces, ¿para qué?

Arkan tardó en responder.

—Para recordar.

Un sonido profundo recorrió la habitación.

Las paredes comenzaron a cambiar.

La piedra desapareció.

La torre se convirtió en otra cosa.

Eryan vio un enorme salón.

Había cientos de personas.

Guardianes.

Magos.

Niños.

Y en el centro...

los siete.

Eryan se quedó inmóvil.

—Otra vez...

Kaien se acercó.

—Es nuestro pasado.

Pero esta vez había algo diferente.

Uno de los siete niños estaba separado de los demás.

El tercero.

El niño pelirrojo.

Un Guardián lo sujetaba del brazo.

—No quiero hacerlo —decía el niño.

—Debes.

—¡No!

El niño intentó escapar.

Entonces el tiempo se detuvo.

Todos quedaron inmóviles.

Excepto él.

Eryan abrió los ojos.

—Puede hacerlo desde entonces.

Kaien asintió.

El niño caminó entre las personas congeladas.

Se acercó a Eryan.

Y le susurró:

—No confíes en ellos.

La visión cambió.

El niño estaba frente a una puerta.

Una puerta completamente blanca.

Detrás de ella había una luz.

Y una mujer.

La madre de Eryan.

Eryan dio un paso.

—Mamá...

Pero la imagen se desvaneció.

La memoria terminó.

La habitación volvió a la normalidad.

Nadie habló.

Eryan respiraba rápidamente.

Neria lo observaba.

—¿Qué viste?

Eryan no respondió.

—Eryan.

Él la miró.

—Mi madre estaba allí.

Neria palideció.

—¿Dónde?

—Con el tercero.

Varek cerró los ojos.

—Entonces es peor de lo que pensaba.

Eryan giró hacia él.

—¿Qué significa?

Varek no respondió.

—¡¿Qué significa?!

Seris intervino.

—Que quizá tu madre no estaba intentando esconder a los siete.

Eryan la miró.

—Entonces, ¿qué hacía?

Seris sostuvo su mirada.

—Intentaba esconderse de ellos.

Eryan sintió que el corazón se le detenía.

—¿De los siete?

—No.

Seris miró hacia la oscuridad.

—De algo que los siete despertaron.

---

Un ruido recorrió la torre.

Esta vez no era una explosión.

Era un sonido parecido a un latido.

Tum.

Todos quedaron quietos.

Tum.

Kaien llevó una mano al pecho.

—¿Lo escuchan?

Tum.

Eryan también podía sentirlo.

No provenía de las paredes.

Venía de debajo de ellos.

Arkan levantó la cabeza.

—Tenemos que salir.

—¿Por qué? —preguntó Lina.

—Porque algo está despertando.

Varek miró a Arkan.

—Tú sabías que esto ocurriría.

Arkan negó.

—No.

—Sí.

—No sabía que sería aquí.

Neria miró a ambos.

—¿Qué están ocultando?

Ninguno respondió.

Eryan dio un paso adelante.

—Estoy cansado de que todos sepan cosas menos yo.

Su voz resonó.

—Si saben algo, díganmelo.

Arkan lo observó.

—Todavía no.

Eryan apretó los puños.

—¡Otra vez!

La energía comenzó a rodear su cuerpo.

Neria se acercó.

—Eryan.

—No.

—Cálmate.

—¡Siempre dicen que todavía no!

La energía aumentó.

Las paredes comenzaron a vibrar.

Kaien lo miró.

—Eryan.

Él cerró los ojos.

Respiró.

Una vez.

Dos.

Tres.

La energía disminuyó.

Arkan lo observó.

—Eso fue mejor.

Eryan abrió los ojos.

—No quiero perder el control.

—Y no lo hiciste.

—Porque estoy aprendiendo.

Arkan asintió.

—Exactamente.

Entonces una voz apareció.

—Qué interesante.

Todos se giraron.

La mujer de las sombras estaba al fondo de la habitación.

Pero ya no parecía estar observándolos.

Miraba a Eryan.

—Estás aprendiendo más rápido de lo que esperaba.

Eryan dio un paso.

—¿Quién eres?

Ella sonrió.

—Todavía no.

—¿Por qué?

—Porque si conoces mi nombre antes de tiempo, quizá recuerdes algo que no deberías.

Eryan frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

La mujer desapareció.

Solo dejó una frase:

—Tu nacimiento.

Kaien miró a Eryan.

—¿Qué quiso decir?

Eryan no respondió.

No lo sabía.

Pero algo dentro de él le decía que aquella palabra era más importante de lo que parecía.

---

De repente, la puerta invisible de la pared comenzó a abrirse.

Una luz blanca apareció.

Arkan gritó:

—¡Ahora!

Todos corrieron.

Neria tomó a Lina.

Kael ayudó a Arkan.

Eryan y Kaien atravesaron primero.

Varek y Seris fueron detrás.

Pero justo cuando Eryan cruzó...

una mano salió de la oscuridad.

Intentó agarrar a Kaien.

Eryan se giró.

—¡Kaien!

Lo sujetó.

Kaien gritó.

La mano negra tiró de él.

Eryan sintió que la energía dimensional despertaba.

—¡Suéltalo!

La luz violeta envolvió su brazo.

La criatura fue expulsada.

Kaien cayó al suelo.

Eryan lo levantó.

—¿Estás bien?

Kaien asintió.

Pero tenía lágrimas en los ojos.

—Sí.

—¿Seguro?

—Sí.

Eryan miró hacia atrás.

La puerta comenzó a cerrarse.

Y durante un instante vio algo.

Una silueta.

Un niño.

Cabello rojo.

Ojos blancos.

El tercero.

Estaba parado en la oscuridad.

Observándolos.

Eryan levantó la mano.

—¡Espera!

El niño no se movió.

Solo sonrió.

Y volvió a desaparecer.

La puerta se cerró.

---

Cuando finalmente estuvieron fuera de la torre, el aire de Nyxara parecía diferente.

El bosque blanco permanecía inmóvil.

Pero ahora Eryan sentía que algo los observaba.

Neria miró alrededor.

—¿Dónde estamos?

Arkan respondió:

—En el bosque de los recuerdos perdidos.

Kael suspiró.

—Eso no suena nada bien.

Lina se sentó junto a un árbol.

—¿Podemos descansar?

Neria asintió.

—Solo unos minutos.

Eryan se sentó junto a Kaien.

El muchacho permaneció en silencio.

—¿Qué ocurre?

—Nada.

—No me mientas.

Kaien bajó la mirada.

—Tengo miedo.

Eryan no respondió inmediatamente.

—Yo también.

Kaien lo miró sorprendido.

—¿Tú?

—Claro.

—Pero pareces valiente.

Eryan sonrió.

—Ser valiente no significa no tener miedo.

Kaien guardó silencio.

Después preguntó:

—¿Crees que podremos encontrar a los otros?

Eryan miró el cielo inexistente.

—Sí.

—¿Incluso al tercero?

Eryan pensó en su advertencia.

—Sí.

—¿Aunque no quiera que lo encontremos?

Eryan bajó la mirada.

—Entonces primero tendremos que descubrir por qué está huyendo.

Kaien asintió.

Por primera vez parecía creer que realmente podía tener un futuro.

Eryan miró la Llave de Varelon.

La piedra había comenzado a emitir una luz diferente.

Ya no era azul.

Ahora tenía pequeñas líneas doradas.

—Arkan.

El Guardián se acercó.

—¿Qué ocurre?

Eryan le mostró la piedra.

Arkan palideció.

—Eso no debería estar pasando.

—¿Qué significa?

Arkan tocó la piedra.

La retiró inmediatamente.

—Está reaccionando a Kaien.

Eryan miró al muchacho.

—¿Por qué?

Arkan negó.

—No lo sé.

Pero antes de que pudiera decir algo más...

la piedra proyectó una imagen.

Cuatro rostros.

Cuatro niños.

Todos diferentes.

Uno tenía cabello negro.

Otra tenía el cabello azul.

Un niño tenía ojos rojos.

Y la última...

era una niña con cabello blanco.

Debajo de ellos apareció una palabra.

CUARTO.

Eryan sintió un escalofrío.

Kaien se levantó lentamente.

—¿Es el siguiente?

Arkan asintió.

—Sí.

Neria miró la imagen.

—¿Dónde está?

La piedra mostró un paisaje.

Una ciudad flotando sobre un océano.

Después apareció un símbolo.

Arkan lo reconoció.

—Asteria.

Eryan frunció el ceño.

—¿Asteria?

Neria lo miró.

—Pero Asteria está cerrada.

Eryan recordó la primera puerta.

Los círculos.

La biblioteca.

La historia que todavía no comprendían.

—Entonces tendremos que encontrar una manera de volver.

Varek, que había permanecido en silencio, habló desde atrás.

—No será necesario.

Todos se giraron.

Varek observaba la imagen.

—El cuarto no está en Asteria.

Eryan frunció el ceño.

—¿Entonces dónde?

Varek señaló el símbolo.

—Debajo de Asteria.

Neria palideció.

—Eso es imposible.

—No.

Varek sonrió.

—Es exactamente donde lo escondieron.

Eryan apretó la Llave de Varelon.

La imagen desapareció.

Pero una última palabra quedó suspendida en el aire.

DESPIERTA.

Eryan levantó la mirada.

Algo acababa de comenzar.

Y ninguno de ellos sabía todavía que, mientras intentaban encontrar al cuarto, el tercero estaba observándolos desde otra parte de Nyxara.

El niño pelirrojo extendió una mano.

Frente a él apareció una imagen de Eryan.

Sonrió.

—Todavía no recuerda.

Una voz respondió detrás de él.

—¿Y cuándo lo hará?

El niño giró lentamente.

No había nadie.

Solo una sombra.

—Cuando llegue el momento.

—¿Y si descubre la verdad antes?

El niño sonrió.

—Entonces tendremos que detenerlo.

La sombra se acercó.

—¿Estás seguro de que quieres hacer esto?

El niño miró la imagen de Eryan.

Por primera vez, su sonrisa desapareció.

—No.

Bajó la mano.

—Pero alguien tiene que hacerlo.

La imagen se apagó.

Y, en algún lugar muy lejos de Nyxara, una mujer de cabello negro y ojos violetas volvió a mirar la fotografía del bebé.

Sus dedos temblaron ligeramente.

—Perdóname, Eryan.

Miró hacia una ventana.

—Todavía no puedes saber quién soy.

Y guardó la fotografía.

Porque el verdadero peligro no estaba detrás de ellos.

Estaba esperando delante.

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