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Ya No Te Espero

Ya No Te Espero

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Reencuentro / Amor de la infancia
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

EL MEJOR AMIGO DE MI HERMANO Si el cliché Ella lo amó toda su vida. Él tardó tres años en notar su ausencia. Desde niña, estuvo enamorada del mejor amigo de su hermano. Él siempre formó parte de su vida: conocía a su familia, tenía un lugar en su casa y sabía perfectamente que ella suspiraba por él. Y cuando le prometió que recibiría el mejor regalo de su vida al cumplir dieciocho años, ella creyó que, por fin, sus sentimientos serían correspondidos. Pero aquella noche, durante su propia fiesta de cumpleaños, descubrió que había esperado por el hombre equivocado. Él estaba con otra chica. Una chica que la había humillado durante años y que se aseguró de que ella los encontrara juntos. Esa noche, la niña que soñaba con ser elegida por él se marchó con el corazón destrozado. Tres años después, regresó. Ya no era la adolescente que se sonrojaba cada vez que él la miraba. Ahora era una joven atrevida, segura de sí misma y dispuesta a disfrutar de todo aquello a lo que había renunciado por amor. Seguía siendo dulce, pero había aprendido a no esperar nada de quien nunca supo valorarla. Para ella, él era parte del pasado. Para él, ella seguía siendo la hermanita de su mejor amigo… hasta que comenzó a notar las miradas que otros hombres le dedicaban, las sonrisas que ya no eran para él y la facilidad con la que ella podía marcharse sin siquiera despedirse. Y entonces apareció el problema. El mejor amigo de su hermano estaba empezando a desear a la única mujer que jamás había pensado que podría perder. Pero ¿qué sucede cuando el hombre que te rompió el corazón finalmente quiere conquistarte… y tú ya no estás segura de querer entregárselo otra vez?

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Llamadas

La cena había terminado demasiado tarde.

Isabella todavía podía escuchar las risas de sus tíos cuando cerraba los ojos. Su madre había insistido en que se llevaran comida sobrante, su padre había discutido con Mateo sobre un partido de fútbol y su prima había prometido volver el próximo fin de semana.

A la mañana siguiente, estaba recostada en el sofá de la sala, con las piernas cubiertas por una manta ligera y el cabello recogido en un moño desordenado. Llevaba un conjunto cómodo y tenía el teléfono apoyado junto a la oreja.

—Te juro que tu hermano sigue siendo igual de insoportable —declaró Camila desde el otro lado de la llamada.

Isabella soltó una carcajada.

—Mateo no es tan malo.

—Claro, porque no compartes habitación con él.

—Nunca compartimos habitación.

—¡Ese es precisamente mi punto! No sabes lo que es vivir con un hombre que cree que dejar una toalla mojada sobre la cama es una forma de decoración.

—Voy a decirle que me has contado eso.

—No te atrevas, traidora.

Isabella se rio y acomodó un cojín bajo su cabeza.

Llevaban casi una hora hablando de todo un poco: de la universidad, de los profesores que ambas detestaban, de los planes que Camila tenía para cuando volviera a visitarla y, por supuesto, de los hombres.

—Por cierto —dijo Camila, bajando la voz de una manera sospechosa—, ¿qué tal estuvo la reunión familiar?

—Bonita.

—¿Y Nicolás?

Isabella puso los ojos en blanco.

—Sabía que ibas a preguntar.

—¡Es que me debes información! Llevas tres años contándome historias de ese hombre y ahora resulta que lo tienes a unos metros de distancia. ¿Cómo voy a dormir tranquila sin saber qué ocurrió?

—Comí, hablé con mi familia y me reí con Bruno. Eso ocurrió.

—¿Y Nicolás?

—También comió.

—Isabella.

—Camila.

Ambas se echaron a reír.

—Estás insoportable desde que regresaste —se quejó su amiga—. Antes bastaba con mencionar su nombre para que te pusieras nerviosa.

—Antes era una adolescente enamorada.

—¿Y ahora?

Isabella guardó silencio unos segundos.

—Ahora soy una mujer que tiene mejores cosas que hacer que analizar cada respiración de Nicolás Varela.

Camila soltó un silbido.

—¡Esa es mi chica!

Un ruido de llaves y una voz femenina se escucharon al fondo de la llamada.

—Tengo que irme —anunció Camila—. Mi madre ha venido a buscarme para tomar un café y, si la hago esperar más, me dejará sin herencia.

—Dale un beso de mi parte.

—Te quiero, Isa.

—Yo también.

Isabella colgó y dejó el teléfono sobre su pecho.

La casa estaba tranquila. Sus padres habían salido a hacer unas compras y Mateo seguía durmiendo, probablemente recuperándose de la cantidad absurda de comida que había ingerido la noche anterior.

Ella estaba a punto de levantarse para preparar algo de desayunar cuando su teléfono volvió a sonar.

Al ver el nombre en la pantalla, sonrió de inmediato.

Gabriel.

Contestó la videollamada.

—¡Por fin te dignas a aparecer! —lo saludó.

La imagen tardó unos segundos en estabilizarse. Después apareció un joven de cabello castaño, con una sonrisa familiar y un paisaje urbano iluminado a sus espaldas.

—Buenos días para ti también, princesa.

—¿Dónde estás ahora?

—En Shanghái. Y antes de que preguntes, sí, estoy cansado, sí, he comido algo que no sé pronunciar y no, todavía no he comprado el regalo que te prometí.

—Eres un desastre.

—Pero un desastre que extrañas.

Isabella sonrió, acomodándose mejor en el sofá.

—Un poquito.

Gabriel se llevó una mano al pecho, fingiendo emoción.

—¡Lo sabía! Tres años de amistad y por fin una confesión sincera.

—No te emociones. Puedo cambiar de opinión.

—Demasiado tarde. Ya he tomado una captura de pantalla.

—¡Gabriel!

Él rio, y ella terminó riéndose también.

Había conocido a Gabriel durante su primer año de universidad. Al principio solo eran amigos: estudiaban en facultades cercanas, compartían almuerzos y se enviaban mensajes absurdos a cualquier hora.

Después, en algún momento, la amistad se había vuelto algo más complicado.

Nunca habían sido una pareja formal. Tampoco se habían prometido exclusividad ni un futuro juntos. Se querían, se atraían y, cuando ambos deseaban lo mismo, se permitían cruzar esa línea que separaba la amistad de la intimidad.

Gabriel había sido su primera vez.

Y, aunque Isabella nunca había imaginado que su primera experiencia íntima ocurriría de aquella manera, con un hombre al que no llamaba novio, no se arrepentía.

Él había sido cuidadoso con ella, había respetado sus tiempos y jamás le había hecho creer que acostarse juntos significaba que debían convertirse en algo que ninguno quería.

—¿Qué haces tan cómoda? —preguntó Gabriel, observándola desde la pantalla.

—Estoy descansando. Ayer tuve una cena familiar.

—¿Y sobreviviste a las preguntas de tus tías sobre tu vida amorosa?

—Por poco.

—¿Y el famoso Nicolás?

Isabella suspiró con exageración.

—¿Por qué todos están obsesionados con él?

—Porque durante años tuve que escucharte hablar de ese hombre como si fuera el protagonista de una tragedia griega.

—Era mi primer amor.

—Lo sé. Me lo has contado unas cuarenta veces.

—Cuarenta y dos.

Gabriel se rio.

—¿Y verlo de nuevo te hizo sentir algo?

Isabella se quedó mirando la pantalla.

Podría haber mentido. Podría haberle dicho que Nicolás le resultaba completamente indiferente.

Pero Gabriel la conocía demasiado bien.

—Fue extraño —admitió—. Durante mucho tiempo imaginé cómo sería volver a verlo. Pensaba que me pondría nerviosa, que no sabría qué decirle… y al final solo lo saludé.

—¿Te dolió?

Ella reflexionó antes de responder.

—Un poco, supongo. No porque quiera volver a lo de antes. Es raro encontrarte con alguien que ocupó tanto espacio en tu vida y descubrir que ahora puedes estar perfectamente bien sin él.

Gabriel dejó de sonreír por un instante.

—Me alegra que estés bien, Isa.

—Lo estoy.

—Entonces no dejes que su presencia te haga dudar de todo lo que has conseguido.

—No lo haré.

Hablaron un rato más. Gabriel le enseñó algunas fotografías de su viaje y prometió llevarle algo especial cuando regresara.

Antes de despedirse, la miró con una sonrisa traviesa.

—Por cierto, cuando vuelva, espero que me recibas con el mismo entusiasmo que la última vez.

Isabella arqueó una ceja.

—Depende de lo que traigas de China.

—Qué mujer tan interesada.

—Aprendí de los mejores.

—¿Eso significa que tengo posibilidades?

Ella acercó el rostro a la cámara y sonrió.

—Quizá.

Gabriel le lanzó un beso antes de colgar.

Isabella dejó el teléfono sobre el cojín, todavía sonriendo.

No estaba enamorada de Gabriel. Pero lo quería, disfrutaba de su compañía y no sentía vergüenza por las decisiones que había tomado durante aquellos tres años.

Ya no era la chica que esperaba que un hombre le diera permiso para vivir su vida.

Ahora elegía por sí misma.

Al otro lado de la casa, Mateo bajó las escaleras buscando algo para desayunar.

Se detuvo al escuchar la risa de su hermana.

Isabella seguía recostada en el sofá, mirando su teléfono con una sonrisa que él no recordaba haberle visto antes.

—¿Con quién hablabas? —preguntó, entrando en la sala.

—Con Gabriel.

Mateo abrió la nevera.

—¿Gabriel quién?

—Mi amigo de la universidad.

—Ah.

El tono despreocupado de su hermana lo hizo mirarla de nuevo.

—¿Y por qué sonríes así?

—¿Ahora tengo que pedir permiso para sonreír?

—No. Pero tienes cara de estar planeando un crimen.

Isabella le lanzó un cojín.

Mateo lo atrapó, riéndose.

—Está bien, está bien. No preguntaré.

—Mejor.

—Aunque mamá debería saber que tienes amigos secretos.

—¡Mateo!

Su hermano salió corriendo de la sala antes de que pudiera lanzarle otro cojín.

Isabella volvió a acomodarse, divertida.

No sabía que, aquella misma mañana, Nicolás también estaba recordando la cena de la noche anterior.

Recordaba la manera en que ella había reído con Bruno. Lo poco que había durado su conversación en la cocina. La facilidad con la que se había alejado de él.

Y, aunque no tenía ninguna razón para hacerlo, se preguntó quién estaría ocupando ahora las mañanas de Isabella.

No sabía que había un Gabriel.

Mucho menos que aquel hombre conocía una parte de ella a la que Nicolás jamás había tenido acceso.

Porque Nicolás todavía recordaba a la niña que lo miraba como si fuera el único hombre del mundo.

Y aún no comprendía que esa niña había crecido.

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Miriam Colín
Espero que pronto se armé de valor y le pida perdón a Isabella, para que los dos puedan cerrar ese capítulo y sigan adelante con sus vidas sin ninguna cuenta pendiente.
Miriam Colín
Por fin te diste cuenta de lo que perdiste Nicolás y eso era un amor sincero.
Miriam Colín
Hay Nicoĺás pensaste que Isabella siempre iba a estar enamorada de ti y que no importa lo que hicieras ella siempre iba a estar ahí.
Paola Gonzalez
ME ENCANTA!!💙💙
Miriam Colín
Amo a Gabriel , es un gran chico y ama a Isabella sinceramento y no le pidé que deje de ser ella para que alguien la amé.
Miriam Colín
Nicolás por fin se dio cuenta de que Isabella ya lo superó y que ya no tiene ninguna oportunidad.
Miriam Colín
Así es Isa solo mira pa' delante y daté una oportunidad de ser feliz y amar a alguien que te eligé.
Miriam Colín
A mi me gustaría que se de una oportunidad con Gabriel y Nicolás se quedé chiflando en la loma.
Miriam Colín
Lastima Margarito porque Isa va concentrar su tiempo y amor en Gabriel.
Nerida Navas
Es muy interesante la historia, agradecida por ser una de las personas interesadas en este proyecto... aunque no me percaté que, es una novela en proceso... espero no olvidarme pues, tengo esa peculiaridad... já já já já...y, que la concluyan rápido 🙏💐🌹... felicitaciones de antemano, parece una excelente historia 🙏💐🌹
Miriam Colín
Nicolás ahora sabes lo que significa ser ignorado y pudrete maldito cucaracho.
Miriam Colín
Nicolás ahora te toca a ti ser el que esté detrás de ella como un perro faldero.
Miriam Colín
Ahora será Nicolas quién sentira lo que es que alguien te ignoré, sufre maldito cucaracho imbécil.
Miriam Colín
Es un maldito desgraciado, humillarla de esa manera en su casa y lo peor faltarle el respeto a la familia que lo recibio como un hijo.Es una basura de hombre😡.
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