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Me Cambiastes La Vida, Hija

Me Cambiastes La Vida, Hija

Status: En proceso
Genre:Padre soltero / Escuela / Traiciones y engaños
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Jairy Erismar Ramirez

Una carta, una vieja dirección y una pesada maleta de cuero cambian el destino de Borans para siempre. Esta es la historia de una pequeña que, con su dulce inocencia, transforma por completo la vida de su papá, obligándolo a dejar el mundo de la delincuencia para entregarlo todo por ella. ¿Podrá el amor de una hija salvar a un hombre de su propio pasado?

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Capitulo 9

Al día siguiente, las cartas del destino comenzaron a barajarse en direcciones completamente opuestas para todos.

‎Por un lado, en la quietud de su hogar, Seinec intentaba concentrarse en su trabajo. De repente, el sonido firme del timbre interrumpió el silencio de la casa. Al abrir la puerta, Seinec se encontró con un viejo amigo. Su porte transmitía seguridad y caballerosidad.

‎—Oh, Murac... No puedo creerlo. ¿Qué haces aquí? —preguntó Seinec, con los ojos abiertos por la sorpresa al verlo de pie en su puerta.

‎Murac la recorrió con una mirada cálida y llena de nostalgia antes de regalarle una sonrisa impecable.

‎—No has cambiado nada, Seinec. Te ves exactamente igual —respondió él con suavidad.

‎—¿Cómo sabías en dónde estoy viviendo? —indagó ella, aún tratando de procesar su inesperada aparición.

‎—Fue por mi madre —explicó Murac, entrelazando sus manos al frente de manera respetuosa—. Ella quería saber de ti para hacerte llegar sus más sinceras condolencias por todo lo que has pasado.

‎Seinec sintió un vuelco en el corazón por el tierno gesto y, reaccionando a las normas de cortesía, se hizo a un lado para abrir más la puerta.

‎—No te quedes ahí afuera, por favor, entra —le invitó.

‎—No, en realidad tú vendrás conmigo —replicó él, deteniéndola con un gesto amable pero firme.

‎—¿A dónde? —preguntó ella, confundida.

‎—Pues te llevaré a cenar —propuso Murac, mirándola con insistencia y entusiasmo—. Vamos, anímate. Después de tantos años, tenemos demasiados recuerdos que compartir.

‎Seinec lo pensó por un breve instante. Miró su ropa de casa y luego la seguridad que él transmitía. Finalmente, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

‎—Bien, está bien... Me cambiaré de ropa —aceptó ella, haciéndose a un lado de nuevo—. Ven, entra y espérame aquí mientras me arreglo.

‎Mientras tanto, en una realidad completamente diferente, Borans y la pequeña Zerimar se encontraban en medio de un inmenso parque público solos en medio de la nada junto al carro de Borans.

‎Borans, con el ceño fruncido pero con movimientos decididos, había bajado del maletero un bulto de lona y comenzaba a armar una pequeña carpa sobre el césped para acampar. Zerimar lo observába con los brazos cruzados y una ceja levantada, sin poder dar crédito a lo que sus ojos veían.

‎—¿En serio quieres que nos quedemos ahí? —preguntó la pequeña, señalando la tienda de campaña con evidente desaprobación.

‎—Mmhju —se limitó a responder Borans, concentrado en ajustar una de las varillas sin siquiera mirarla.

‎—¿Acaso no tienes para una habitación? —reclamó Zerimar, arrugando la nariz.

‎Borans se detuvo un segundo, suspiró con pesadez y finalmente la miró con esos ojos cargados de ironía que tanto la caracterizaban.

‎—No alcanza —respondió secamente—. Si no lo hubieras arruinado todo con tus travesuras, estaríamos ahorita en el mejor de los hoteles de la ciudad. Así que, si no te gusta...

‎—¡No me gusta! —lo interrumpió ella con rapidez, cruzándose de brazos con indignación—. Pero me quedaré.

‎—Bueno, tú te lo buscaste —sentenció Borans, volviendo a su tarea.

‎Con paso resignado y arrastrando los pies, Zerimar se agachó y se adentró en la pequeña carpa. Una vez dentro, miró el reducido espacio a su alrededor con total asombro.

‎—¿Qué clase de tienda es esta? ¡No cabemos aquí los dos! —protestó en voz alta desde el interior.

‎Afuera, Borans hizo un ruido fastidiado con la boca, un chasquido que reflejaba su paciencia al límite. Al escucharlo, la cabecita de Zerimar asomó de inmediato por la abertura de la lona.

‎—¿Qué pasa? —preguntó con curiosidad.

‎—Ven aquí un segundo, Zerimar —la llamó Borans, señalando una pequeña cocina portátil de campaña—. Ayúdame a cocinar.

‎La niña salió de la carpa y se acercó lentamente, observando los pocos utensilios que él había dispuesto sobre una manta.

‎—¿Qué vamos a hacer? —indagó ella, inclinándose para ver mejor.

‎—Vamos a cocinar, aunque no parece que tuvieras mucha hambre —respondió él, dándole las cosas para hacer la comida.

‎—¿ Vas a cocinar? —preguntó Zerimar, ayudándole a cargar las cosas.

‎ —Toma —le dice Borans.

‎—Oye... no es la primera vez que te quedas a por fuera, ¿verdad? Parece que estás muy acostumbrado.

‎Borans esbozó una media sonrisa, cargada de misterio, mientras acomodaba la olla sobre el fuego.

‎—Vaya, pero qué inteligente eres... —ironizó él.

‎—¿Siempre terminas arreglándotelas tú solo? —insistió la pequeña, sentándose sobre sus talones y fijando sus enormes ojos en él, buscando una respuesta sincera.

‎Borans se quedó estático un segundo. La miró fijamente, con esa mezcla de rudeza y ternura oculta que solo ella lograba despertar en él.

‎—Quién sabe... —susurró finalmente.

‎—¿Cómo así? —replicó ella, insatisfecha con la evasiva.

‎—No entiendo de qué hablas —dijo Borans, desviando la mirada hacia la fogata—. ¿Y tú por qué eres tan preguntona? ¿A quién saliste tan curiosa?

‎Zerimar resopló, divertida pero firme en su posición.

‎—¿Por qué cuando no quieres responder, siempre respondes con otra pregunta?

‎Borans soltó un largo suspiro, dándose por vencido ante la astucia de la niña. Se frotó la nuca y la miró con resignación.

‎—Está bien, te escucho.

‎—¿Siempre terminas arreglándotelas tú solo? —repitió ella, decidida a no dejarlo escapar esta vez.

‎Borans sonrió de lado y negó con la cabeza antes de mirarla con fingida seriedad.

‎—Respondo: no es asunto tuyo —sentenció. Acto seguido, tomó una pequeña pipa (un envase plástico para agua) y se la extendió—. Anda, ve a llenar esto a esa fuente de allá —le ordenó, señalando vagamente hacia una arboleda del parque.

‎Zerimar tomó el envase, miró en la dirección que él apuntaba y entrecerró los ojos.

‎—¿Y dónde está? No veo nada.

‎—No sé, busca —respondió Borans, volviendo a concentrarse en la comida.

‎La pequeña soltó un quejido dramático, pero comenzó a caminar entre los senderos de tierra del parque, balanceando el envase en su mano. No tuvo que andar demasiado; tras doblar un gran arbusto de flores silvestres, divisó el chorro de agua limpia.

‎—¡Ahí está! —exclamó con una sonrisa de victoria, corriendo entusiasmada hacia la fuente, sintiendo que, a pesar de la carpa y de las quejas, empezar aquella extraña aventura al lado de Borans no era tan malo después de todo.

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bruja de la imaginación 👿😇
ya sabía yo q la historia me era conocida, es una novela turca q ví hace unos años atrás . Manera de yo llorar viendo eso
Jairy Erismar Ramirez Ramirez: Hola, buenos días. ¡Muchas gracias por tu comentario! Créeme que yo también lloré mucho escribiéndola; fue precisamente ese sentimiento el que me dio la idea de plasmarlo todo en este libro. Me alegra muchísimo que te guste y espero que sigas acompañándome en esta historia hasta el final. ¡Un abrazo!"
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