Valeria Castillo jamás imaginó que una sola noche cambiaría su vida para siempre.
Después de una dolorosa decepción amorosa, termina compartiendo una noche inolvidable con un misterioso empresario ruso al que nunca espera volver a ver.
Dos semanas después descubre una noticia que sacude su mundo: está embarazada.
Y no de un bebé.
Sino de trillizos.
Decidida a seguir adelante sola, intenta olvidar aquella noche. Pero el destino tiene otros planes. Al salir del hospital, choca accidentalmente con un hombre y deja caer sus resultados médicos y una ecografía.
Lo que Valeria no sabe es que ese hombre es Dimitri Volkov, el poderoso magnate ruso con quien compartió aquella única noche de pasión.
Cuando Dimitri descubra la verdad, hará todo lo posible por encontrar a la madre de sus hijos. Sin embargo, entre secretos, enemigos, traiciones y una rival dispuesta a todo para separarlos.
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Capitulo 19: La noticia que sacudió a los Volkov
Valeria Castillo
Durante los días siguientes intenté regresar a mi rutina.
O al menos algo parecido a una rutina.
Pero era imposible.
Porque cada mañana despertaba recordando la misma realidad.
Tres bebés.
Y un padre que había aparecido inesperadamente en mi vida.
Para mi sorpresa, Dimitri cumplió su palabra.
Todos los días llamaba.
Todos los días preguntaba cómo me sentía.
Y todos los días encontraba alguna excusa para asegurarse de que estaba bien.
—Es demasiado protector.
Dijo Daniela.
—Definitivamente.
Respondió Camila.
—A mí me gusta.
Miré a mis amigas.
—No las escucho.
Las dos comenzaron a reír.
Pero en el fondo sabía que tenían razón.
Porque ninguna de las dos veces que me sentí mal tuve tiempo de pedir ayuda.
Dimitri ya estaba allí.
Como si tuviera un radar.
Y eso comenzaba a asustarme.
Porque poco a poco estaba bajando mis defensas.
Y eso era peligroso.
Muy peligroso.
Mientras tanto...
Dimitri Volkov
Mi madre llegó sin avisar.
Como siempre.
Entró directamente a mi suite.
Y ni siquiera se molestó en tocar la puerta.
—Necesitas aprender a usar el teléfono.
Dije.
—Y tú necesitas aprender a responderlo.
Aquello era imposible de discutir.
Porque tenía razón.
Mi madre, Elena Volkov, era la única persona en el mundo capaz de darme órdenes sin consecuencias.
Y lo sabía perfectamente.
—¿Qué haces aquí?
Pregunté.
—Vine a verte.
Mentira.
La observé.
Ella me observó.
Y ambos supimos que estaba mintiendo.
—¿Qué quieres saber?
Pregunté finalmente.
Una sonrisa victoriosa apareció en su rostro.
—Sabía que escondías algo.
Suspiré.
Ya era demasiado tarde.
—Hay una mujer.
Los ojos de mi madre brillaron inmediatamente.
—¡Lo sabía!
—Mamá.
—¿Es hermosa?
—Mamá.
—¿Es inteligente?
—Mamá.
—¿Voy a conocerla?
Me llevé una mano al rostro.
Porque aquello apenas estaba comenzando.
Finalmente decidí contarle la verdad.
O al menos parte de ella.
A medida que hablaba, su expresión cambiaba.
Primero sorpresa.
Después emoción.
Y finalmente lágrimas.
—¿Voy a ser abuela?
Susurró.
Asentí.
Mi madre comenzó a llorar.
Y sinceramente no sabía qué hacer.
Porque prefería negociar con cien empresarios enfadados antes que enfrentar las lágrimas de mi madre.
—Tres.
Repitió ella.
—Voy a tener tres nietos.
Volví a asentir.
Entonces ocurrió algo que jamás olvidaré.
Mi madre se acercó.
Y me abrazó.
—Estoy orgullosa de ti.
Aquellas palabras me tomaron completamente por sorpresa.
—¿Por qué?
Pregunté.
Ella sonrió.
—Porque te estás haciendo responsable.
Porque estás intentando hacer lo correcto.
Porque ya estás pensando como un padre.
Por primera vez en días me quedé sin palabras.
Quizás tenía razón.
Quizás ya estaba cambiando.
Pero la tranquilidad duró muy poco.
Porque en ese mismo momento mi asistente entró en la habitación.
Y por la expresión de su rostro supe que algo andaba mal.
Muy mal.
—Señor Volkov.
—¿Qué ocurre?
El hombre colocó una revista sobre la mesa.
Mi corazón se detuvo.
Porque en la portada aparecía una fotografía.
Una fotografía mía.
Y otra de Valeria.
Saliendo juntos del hospital.
Debajo había un enorme titular.
¿QUIÉN ES LA MISTERIOSA MUJER EMBARAZADA QUE ACOMPAÑA AL MILLONARIO RUSO DIMITRI VOLKOV?
Sentí una ola de furia recorrer mi cuerpo.
Porque aquello ya no me afectaba solo a mí.
Ahora también afectaba a Valeria.
Y a mis hijos.
Muy lejos de allí...
Valeria acababa de recibir una llamada.
Una llamada que cambiaría todo.
—¿Señorita Castillo?
—Sí.
—Mi nombre es Ricardo Montenegro.
Soy periodista.
Valeria sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Y las siguientes palabras hicieron que el miedo se instalara en su corazón.
—Quisiera hacerle unas preguntas sobre su relación con Dimitri Volkov... y sobre sus bebés.
Continuará...