Lelia sale del convento para asistir a la boda de su hermana, estaba feliz al saber que se casaba por amor, pero nunca se imagino que su vida iba a cambiar.
Su destino la iba a llevar por un camino muy diferente al que pensó y le iba a poner pruebas muy duras.
¿Podrá Lelia superar todo lo que le prepara el destino?
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CAPÍTULO 19
Aelia, extrañamente al ver a Apolo, se sintió protegida; llena de valor, le sonríe con una superioridad y empieza a decir.
—Duque, el joven, quiere hablar con usted, parece que quiere pedirle permiso para que lo acompañe… -
No terminó de hablar porque el joven rápido dijo.
—Duque, permítame presentarme: soy el quinto hijo del marqués Tarquinii, mi nombre es Luis.
Disculpe por acercarme de esta manera, quería hacerle la invitación al baile que mi familia hará para presentar a mi hermana ante la sociedad.-
Apolo se le quedó mirando por unos segundos antes de contestarle.
—No vuelvas a acercarte a mi esposa; si tienes algo que decir, haz como todos: manda una solicitud con un mes de anticipación para la audiencia.
No hace falta que mandes la invitación; estoy en mi luna de miel y no queremos ir a ningún lugar, queremos estar solos para disfrutar de nuestra semana de tranquilidad.
Será mejor que se retire antes de que tome su atrevimiento como un agravio hacia mi persona y, joven Luis, que esto no se vuelva a repetir o su familia perderá un hijo o tal vez me ponga tan de malas que tú serás el responsable de la caída de tu familia. -
Una vez que dijo eso, Luis rápido pidió disculpas y salió corriendo como un loco; iba temblando del miedo que sintió al tener a Apolo enfrente.
Lelia pensó que era divertido verlo correr de esa manera, pero una vez que se perdió entre la gente, agachó su cabeza, se quedó pensativa; no quería creer que su hermana fuera esa clase de mujer, mucho menos que un hombre como ese fuera su amante.
Apolo se le quedó mirando; le pareció que se miraba triste y molesta. La curiosidad de saber en qué pensaba le hizo preguntar.
—¿En qué piensas? -
Lelia voltea a verlo y con tristeza
le dice.
—¿Podemos regresar a la mansión? -
Apolo no contestó nada, solo se puso de pie y le retiró la silla para que se parara; sus acciones fueron su respuesta de que sí regresaban a la mansión.
Al estar en el carruaje, era uno elegante, de esos cerrados y de los más cómodos en esa época.
Apolo se sentó enfrente de ella, la miró por largo rato; estaba seria, pensativa y hasta le pareció que sus ojos estaban cristalinos, como si quisiera llorar.
Suspiró profundamente y le preguntó.
—¿Qué tienes? Solo dime lo que te hace sentir mal; no va a ser el fin del mundo si me cuentas lo que te pasa. -
Lelia no se atrevía a verlo a los ojos y con inseguridad le contesta.
—Es sobre ese joven, me dijo algo tan desagradable, que no puede ser cierto que sea… -
Se quedó callada de la vergüenza, no pudo terminar la frase y menos a él, que se suponía que era la pareja de su hermana, pero en ese momento lo escucha decir.
—Te dijo que era el amante de tu hermana, uno de tantos que tenía para divertirse cuando yo no tenía tiempo para atenderla. -
Lelia voltea a verlo sorprendida con lo que dijo y sin pensar le pregunta.
¿Lo sabías? Si sabías que ella tenía un amante, ¿por qué te ibas a casar con ella? Yo no entiendo qué pasaba con ustedes, quiero entenderlo. -
Apolo le sonríe y con tranquilidad le responde.
—Si alguien en esta vida conoce a tu hermana, soy yo.
Esa zorra era una descarada y no tenía principios; no es una mujer adecuada para ser la señora de nadie, pero a mí me servía.
Nosotros teníamos un acuerdo: me ayudaría con algunas cosas y a quitarme a mi tío de encima para evitar una boda con una princesa que seguro me provocaría muchos problemas.
También tenía una buena amante en la cama; es una mujer flexible, que me hace gozar y disfrutar sin tener que cuidar emociones ridículas de esas señoritas cerradas de mente.
Con tu hermana iba a tener todo lo que ocupaba y sé muy bien que, aunque estuviera casada, iba a seguir viendo a esos amantes, porque tienes que saber que no solo es ese Luis, tiene varios, cada uno de buena familia y uno que otro de bajo estatus.
Aelia es una loca, pero era mi loca y no le perdono que escapara sin pedirme permiso; me iba a dejar en la vergüenza social, eso sí no lo permito
Nosotros teníamos un acuerdo; pensé que ella entendía nuestra relación, que iba a quedarse a mi lado y no faltaría a su palabra para ayudarme con mis problemas, pero la muy zorra se fue, dejándome con muchos problemas. -
Lelia negaba con la cabeza; lo que decía era una locura, algo tan indigno y un pecado, realmente no entendía cómo él podía hablar con tanta calma de los amantes de la mujer que iba a ser su esposa.
Ya no podía seguir escuchando lo que decía de su hermana y desesperada le grita.
—¡Cállate, cállate! Por favor, no sigas hablando de esa manera de mi hermana, tienes que estar mintiendo, ella no puede ser ese tipo de mujer. -
Sus lágrimas salieron de impotencia y de coraje; estaba furiosa, quería tanto tener a su hermana enfrente para preguntarle si era verdad lo que decían de ella, pedirle que le dijera que todo era mentira.
Apolo se sienta a su lado y la abraza; no sabía qué le pasaba, pero odiaba verla llorar. Le dio unos golpes en la espalda al momento de decirle.
—Cálmate, no hagas coraje por esto; aunque no lo creas, ella era feliz, disfrutaba de la vida libremente y hacía felices a muchos hombres, mucho mejor que las que trabajan como Lupanare.
No te amargues por esto y mejor concéntrate en hacerme feliz; recuerda que tienes un compromiso conmigo.
Tengo que decir que con la huida de tu hermana salí ganando; tendré mis hijos de una mujer inteligente y pura. -
Lelia se empezó a reír con lo que le decía; aunque era algo que no era agradable, le pareció que él, a su tonta manera, trataba de darle consuelo y eso se lo agradecía.
Antes de bajar del carruaje le dijo.
—Apolo, podemos llevarnos bien, ya no quiero seguir discutiendo contigo, no me gusta ser intimidada. Tratemos de tener una relación agradable; pasamos nuestra vida juntos y tendremos hijos, es mejor si nosotros nos llevamos bien.
Aunque no lo creas, ya me hice a la idea de que estaré siempre a tu lado; solo deseo tener algo de respeto y ser tratada con cordialidad. -
Lelia se le quedó mirando, esperando una respuesta; tenía esperanza de que aceptara, de que realmente no fuera ese hombre cruel y despiadado.