El silencio en la Catedral no era de devoción, sino de asfixia. Frente al altar, dos herederos de familias rivales se miraban, no con amor, sino con el frío reconocimiento de quienes han sido convertidos en peones. Mientras el sacerdote iniciaba los votos, el peso del deber familiar sellaba un destino que ninguno de los dos eligió, transformando el día de su boda en el inicio de su mutuo cautiverio.
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Todos, sin excepción, se tomaron el champán hasta la última gota
En una se esas, Natasha habló con Rubén.
El sábado cumplo años y voy a hacer una cena, habrá buen vino y una buena comida.
Yo no tomo, pero te acompañaré igual.
Gracias, yo misma prepararé la comida.
Bueno, pues ya estoy enterado.
¿De manera que cumple años, señora?, dijo Blanca sin emoción alguna.
Sí, y tú me vas a ayudar a preparar la comida.
Lo que usted ordene, señora.
Natasha trataba de no mostrar su nerviosismo, pero a veces era tan obvia.
¿Le pasa algo, señora?, no se ve bien.
No me pasa nada, y no le comentes esto a Damián, no quiero que se preocupe.
De acuerdo, señora.
Blanca la dejó sola, pero nadie le quitaba de la cabeza que estaba muy nerviosa.
En los próximos días, Blanca la observaba más detenidamente.
No pasaba nada del otro mundo, todo era normal.
Blanca bajó la guardia.
El sábado llegó, Natasha preparó una cena de lujo, Damián ordenó una botella de champán para festejar a su esposa.
Natasha fue a la cocina, abrió la botella con el mayor cuidado posible y, sin pensarlo mucho vertió todo el veneno en la botella. Luego la volvió a cerrar y la puso en la tina con hielo.
Blanca les sirvió a todos, el champán lo sirvió Natasha, solo ella y Rubén brindarían con sidra, dado su embarazo y que Rubén no tomaba.
Damián se levantó y alzó la mano con la copa, todos hicieron lo mismo.
Brindo por mi esposa, hoy que cumple años, espero que seas feliz, mi amor.
Todos, sin excepción, se tomaron el champán hasta la última gota.
Todos menos ella, ya que le había puesto sedante en la sidra por Rubén.
En menos de dos segundos todos cayeron en la mesa como fulminados por un rayo.
Rubén se tardó un poco más.
¿Qué está sucediendo?, preguntó, su rostro mostraba todo el terror del mundo.
Nada, les ha de haber caído mal la bebida, dijo Natasha sin inmutarse.
Rubén no tuvo tiempo de reaccionar, cayó fulminado también.
Rápida como una bala, Natasha limpió las huellas de la botella y las copas, poniendo cada una en las manos de Damián, solo las huellas de Damian quedaron impresas en las copas y la botella.
Enseguida fue a su cuarto y sacó la maleta que ya había preparado desde un día antes.
También la caja fuerte había sido saqueada y cerrada perfectamente.
Subió al coche de Damián y enfiló rumbo a la carretera. Para cuando Rubén despertara ella ya estaría volando hasta el último confín de la tierra.
Lo que siguió después fue como una escena sacada de una película de terror.
Rubén despertó y vio todo el panorama, uno a uno los fue checando, no había uno solo con vida.
¡Dios! ¿Qué hiciste, Natasha?
Hizo lo que creyó que era lo correcto: llamó a la policía.
Claro que el único sospechoso fue él, ya que era el único que estaba ahí con vida.
Rubén no mencionó a Natasha.
Varias horas después se dijo que Damián los envenenó y después se quitó la vida. Aquí el caso es por qué no envenenó a Rubén también.
Rubén salió por falta de pruebas. El caso se cerró, nadie volvió a ver a Natasha, ni siquiera sus amigas ni Aldair. Así mismo nadie la culpó de nada. Los perros fueron recogidos por los padres de Damián.
Un año después, Natasha fue al banco de allá donde estaba viviendo y retiró todo el dinero que había en la cuenta de Damián.
Nadie le cuestionó nada, dado que era su viuda.
Con un niño en brazos, ella se dedicó a su hogar, por fin se sentía libre.
Le puso Hernán solo porque le gustaba mucho ese nombre.
Sabía que nadie la buscaba, tenía entendido que Aldair estaba muerto. A través de su computadora vendió la empresa de Damián, en línea. El dinero fue transferido a su cuenta.
Cuando los padres de Damián supieron del suceso, casi se van de espaldas.
Esta mujer nos ha dejado en la ruina. ¿Y ahora qué vamos a hacer?, dijo Octavio Izaguirre Montellano.
No sé qué vayas a hacer tú, porque yo tengo mis ahorros, muy considerables, por cierto, y en este momento quiero el divorcio, dijo Antonela Peñalver de Montellano.
¿Me abandonas en este momento crítico, amor?
Lo siento, pero no estoy dispuesta a compartir mi dinero con un bueno para nada.
Soy tu esposo.
Pero ya no lo serás, pronto te llegará la notificación, fírmala y asunto arreglado.
En cambio, los padres de Natasha se habían recuperado financieramente hablando.
Por una suerte del destino, habían recuperado la casa que les había sido quitada.
En otra parte de la gran orbe.
Angelito andaba de aquí para allá sin cansarse.
Ay mi vida, tienes mucha pila, ya me cansé, mejor vamos a bañarte..
Rosario abrazó a Angelito, lo quería mucho, era un niño muy alegre y vivaracho.
Dante también amaba a su familia, el niño les había traído suerte, la empresa marchaba bastante bien.
Y ver a su esposa y su hijo felices lo llenaba de orgullo.
Eran una familia muy feliz.
Mañana llevaremos a Angelito a la fiesta de Ramón, el hijo de nuestra vecina de al lado.
Así que, ¿que te parece si vamos de compras?, necesitamos comprar un regalo para el niño.
Sí, a mí me hace ilusión salir a pasear todos juntos.
Bueno, pues, entonces vamos de una vez.
Así, los tres fueron de compras, el niño iba feliz de la mano de sus padres.