Había regresado al pueblo con una sola intención: verla.
No pasaron ni diez minutos desde que bajó del bus cuando la noticia lo golpeó como una patada al pecho: “Ella se casa el sábado.”
El corazón le ardió. Los puños también.
¿Casarse? ¿Con otro? ¿Ella? ¿Suya?
No.
Eso no iba a pasar.
NovelToon tiene autorización de Phandi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
“La piel y el alma”
El sol descendía tras las colinas, tiñendo el cielo de un rojo espeso, como un presagio.
Tomás estaba inquieto.
Caminaba de un lado a otro en su pequeña habitación en la pensión de Doña Pachita.
Las palabras de Elsa ardían en su cabeza.
"Me pidió que le mienta... para dejarme ir."
La puerta se entreabrió.
Joshua.
—¿Estás solo? —susurró el niño, con los ojos bien abiertos.
—Sí. Entra rápido.
Joshua le entregó un pequeño papel enrollado.
Era un mapa. Hecho a mano.
—Mi abuelo me enseñó un camino que va desde la parte trasera de la hacienda hasta el viejo molino abandonado, por entre los matorrales.
Nadie lo usa porque está cubierto de espinas… pero Elsa me dijo que puede correr por ahí.
Tomás se agachó para estar a su altura.
—¿Estás seguro que puedes sacarla de su habitación sin que nadie note?
—Yo no. Pero Elsa sí.
Y dice que tú tienes que estar en el molino antes de la medianoche.
Tomás asintió.
—¿Y tú? ¿Qué harás?
—Haré lo que un hermano hace. —le respondió con firmeza— Protegerla.
Tomás abrazó al niño.
No sabía cómo agradecerle, pero le prometió con voz temblorosa:
—Te juro que no la volverá a tocar. Nunca más.
Esa misma noche, en la hacienda…
Elsa creyó, por primera vez en días, que estaba sola.
Pensó que Sebastián habría salido, como solía hacerlo.
Así que se bañó con calma. Se puso su camisón verde, el que una vez Tomás había dicho que hacía que su piel “pareciera hecha de luz”.
Pero al salir del baño, lo vio.
Sebastián estaba allí, sentado, con la mirada fija en ella.
Ella retrocedió instintivamente, cubriéndose el pecho con los brazos.
El camisón no era atrevido…
pero sus ojos se sentían como cuchillas sobre su piel.
Él se levantó lentamente.
—No sabía que te quedabas hoy, —dijo ella con tono neutro.
Él no contestó al principio.
Se acercó.
Ella se tensó.
—Te ves hermosa, —dijo él, con voz ronca.
—Ese color te hace ver… más viva.
Elsa no respondió.
Sebastián levantó una mano y acarició su brazo.
Ella se tensó aún más, dispuesta a defenderse.
Estaba preparada para otra noche de violencia.
Pero entonces, él se detuvo.
—Estoy tratando de no forzarte, —murmuró él— de no lastimarte más.
Tal vez eso no borre lo que te hice…
ni lo que llevas por dentro.
Pero estoy… tratando.
Elsa lo miró confundida.
Nunca lo había visto así. No del todo humano. No con culpa.
—¿Por qué ahora?
—Porque odio que ese desgraciado de Tomás tenga tu alma, —le dijo con los dientes apretados—
Odio saber que solo tengo tu cascarón.
Que duermes conmigo, pero sueñas con él.
Que respiras por él.
Y yo...
yo solo soy el villano de tu historia.
Elsa lo miró, con los ojos fríos como el mármol.
—Porque lo eres.
Eso lo hirió.
Pero no replicó.
Solo caminó hacia su lado de la cama, se sentó… y no dijo nada más.
Mientras tanto, en el pueblo…
Tomás tenía una mochila pequeña lista.
Solo llevaría lo necesario.
Cuerda. Agua. Un cuchillo.
Y la carta de Elsa, doblada y guardada sobre su corazón.
A las 11:30 p.m. saldría de la pensión.
Joshua lo encontraría cerca del molino.
Y desde ahí…
no habría marcha atrás.
ecxelente