Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.
El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.
Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.
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Medidas Preventivas Y Decisiones Apresuradas
Desde su lugar en la cama, Julie podía escuchar a sus doncellas hablando sobre la imponencia formidable de Oriel mientras les daba órdenes específicas a los guardias del palacio. Ambas le echaban flores como si de un superhéroe se tratara, festejando la valentía de su defensa, aunque tampoco pudieron evitar hablar sobre el tremendo miedo que desprendió su mirada por el hecho de haber ordenado un castigo para los hombres que debieron haber impedido el ingreso de Margaret a los aposentos del príncipe.
Pero, a pesar de todo, ella no pudo sentirse más indiferente por ello.
Rodó los ojos con fastidio, tomando una de las cerezas del plato para llevarla a su boca. Tenía que pasar desapercibida y proteger el orgullo de ese sujeto, pues aclarar que esa había sido su propia orden solo terminaría por dejar en evidencia al próximo emperador del reino. Y no le convenía en su posición.
—Milady —llamó Ruby—. ¿Necesita algo más?
—No, Rojita —le sonrió—. ¿Papá no se ha metido en problemas?
—No —se acercó—. Pero he escuchado que propuso al emperador su rendición con tal de que su embarazo se lleve tranquilamente en el reino, Milady.
—¿La redención?
—Su padre la adora, Milady —aseguró Lili, colocándose al otro lado—. Él es capaz de cualquier cosa solo para verla sana y feliz, más aún en su estado actual.
Julie miró la sonrisa de ambas, pero no pudo compartir su gran emoción. Había una espinita enterrada en su cráneo que no terminaba de tranquilizarla, mas entendió que no podía ir hablando de sus pensamientos tan libremente con cualquiera en ese momento.
No obstante, la pretensión terminó cuando la puerta de la habitación se azotó repentinamente, provocando el respingo de las tres.
Ruby y Lili ni siquiera buscaron preguntar; ambas reverenciaron y salieron de ahí en un santiamén. Julie tampoco prestó atención a la histeria ajena. Se reacomodó en su sitio y se llevó otra cereza a la boca, con la indiferencia y el enojo en su máximo esplendor, pues aún no podía olvidar el incidente pasado.
—Tu padre acaba de adelantar la boda para dentro de dos días.
Julie se atragantó y comenzó a toser con desespero. Elis se acercó, sirviendo un vaso de agua para ofrecerle antes de comenzar a palmearle la espalda con sorna. La azabache bebió el agua y respiró hondo para calmar un poco el ataque.
—¿Qué has dicho?
—Lo que oíste —bufó—. El comandante nos interceptó y sugirió el adelanto de la boda.
—Pero aún tenemos que esperar por el veredicto de Sky.
—Bueno, él llegará mañana —suspiró—. Pero mientras tanto, lo mejor será distraer y retrasar a todo el mundo para que la preparación de la boda tome más tiempo.
—¿Y qué podemos hacer?
Elis no terminó de responderle cuando la puerta fue tocada y sus muslos se sintieron rígidos ante el peso ajeno de la azabache. Julie se abrazó de su cuello luego de colocarse a horcajadas, escondiendo el rostro dentro del cuello ajeno mientras Oriel la sujetaba por la cintura y le acariciaba la nuca.
—Adelante.
Julie escuchó la puerta, seguido del jadeo sorpresivo de Lili. Los tacones no avanzaron demasiado y luego se mantuvieron en completo silencio.
—Pregúntale qué quiere —susurró.
—¿Qué pasa, Lili?
—Ah… eh… el… ¿Sabe qué? No importa, le diré que Milady está descansando.
Los tacones sonaron de nuevo y el cierre de la puerta fue demasiado sutil. Elis palmeó la espalda ajena y Julie se enderezó sin quitarse. Notando la pequeña herida en la frente de Oriel.
—¿Qué carajos haces? ¡Bájate!
Elis la empujó y se levantó con la cara roja, arreglando su traje. Julie se acomodó en el sillón y lo miró en silencio, pensando en varios escenarios que pudieron llevarlo a tener ese rasguño.
—¿Por qué has hecho eso? —insistió Elis.
—Lili y Ruby son muy románticas —suspiró—. Odette afirmó en su diario que ellas la ayudaron a escaparse después del encontronazo entre el emperador y su padre —se levantó—. Así que, mientras ellas harán todo lo posible para que esté feliz y cómoda.
—De acuerdo —asintió el rubio—. Por una extraña razón, el viejo consejero se mantuvo tranquilo durante toda la intervención del comandante —informó—. Normalmente, trataría de negarse a cualquiera de sus sugerencias, pero parece complacido con la idea de adelantar la boda.
—En la novela, ¿cuánto tiempo pasa después de la boda hasta la muerte de Odette? —se interesó la azabache.
—Son… siete capítulos —murmuró con duda en su tono—. Pero estamos cambiando la trama, así que puede que eso termine siendo diferente.
Julie se movió de su lugar, avanzando hacia el cajón de noche donde yacía el diario de Odette. Lo abrió y hojeó hasta una página en específico que decidió mostrarle al otro.
—Mira —señaló la hoja—. Antes del veneno, Odette estaba investigando una planta, probablemente con la que la asesinaron —alzó la vista, mirando a los ojos del otro.
—¿Qué piensas?
—Ese viejo y Margaret quieren asesinarme para quedarse con el papel de tu prometida, pero arruinamos sus planes con el embarazo… y eso me lleva a dos probabilidades —alzó el pulgar—. Quiere verme morir con una hemorragia por el aborto o —levantó el índice—. Necesitan provocarme el aborto para que el reino me tome como un mal prospecto de emperatriz que eventualmente será exiliada.
—En ambas opciones, el nombre de tu familia será manchado…
—El reino acabará con mi familia y esos dos no habrán tenido que mover ni un solo dedo para provocar la guerra —concluyó.
Elis suspiró. Se acercó a la mesita de la sala y tomó el platón con menjurje, llevándoselo a la azabache que se había acercado a la ventana, sin apartar su atención de él.
—Hasta que Sky vuelva, lo mejor es que bebas esto y te mantengas alejada de cualquier peligro —sugirió en voz baja, con una calma que invalidaba al título de enemigo.
Julie tomó el plato y entregó el diario a cambio para beber la sustancia. La amargura se extendió por toda su lengua y las náuseas apenas aparecieron. Después de unas cuantas veces ya parecía haberse acostumbrado; aun así, Elis extendió la mano para dejarle un par de palmadas en la espalda.
—Mantengámonos en paz estos días —propuso Elis, carraspeando la garganta—. Si intentamos actuar cada uno por nuestra cuenta, podría salir mal.
—¿Sigues con el tema de la galleta? —burló la azabache.
—Fuiste valiente, pero recuerda que este mundo es mera ficción —explicó—. Nuestra lógica moderna no siempre será correcta —aplanó los labios—. Y también… quiero disculparme por ser un idiota antes.
—Está bien —respondió Julie, restando importancia—. Querer matarte cada cinco minutos me ayuda a no perder la cordura.
Elis sonrió por primera vez sin mostrarse irritado, y Julie lo correspondió en silencio, finalmente con aquella sensación de sentirse como una con el cuerpo de Odette.