En la prestigiosa Academia de Artes Arcanas, el poder es la única moneda de cambio y el linaje lo es todo. Selene, una joven con un pasado fragmentado y un poder latente que no logra comprender, intenta pasar desapercibida entre lobos sedientos de sangre y vampiros de hielo. Sin embargo, su destino cambia para siempre cuando el Vínculo de Plata, una marca ancestral y prohibida, comienza a arder en su piel.
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Ecos de Tres Vidas
El aire del Cementerio de los Olvidados se rasgó con un zumbido agudo, el sonido de la magia antigua despertando. La plata líquida que sangraba del mapa no era solo un brillo; era una corriente pulsante de energía que se extendía por el suelo, formando intrincados patrones rúnicos bajo los pies de Selene. Sus ojos, antes llenos de determinación, ahora eran orbes lechosos, vacíos de pupila, pero irradiando una luz que parecía absorber la oscuridad circundante.
Eitan reaccionó primero, su instinto protector animal desatado. Gruñó, un sonido gutural que resonó en el gélido silencio. Su cuerpo se tensó, sus músculos se contrajeron, listo para atacar a la figura enmascarada que se alzaba ante ellos.
-¡Aléjate de ella!- rugió, sus garras ya alargadas, el pelaje rojizo erizándose. El suelo bajo sus pies, apenas un instante antes sólido, ahora vibraba con la energía del mapa, impidiéndole dar un paso más sin sentir una punzada dolorosa. Los sellos de sangre de los que Leo había advertido comenzaban a brillar, atrapándolos en su lugar.
Leo, siempre más calculador, extendió una mano, deteniendo a Eitan con una fuerza invisible. Su rostro, generalmente impasible, mostraba una mezcla de fascinación y preocupación. Su mirada recorría el patrón plateado en el suelo, reconociendo la antigüedad de la magia.
-Es una barrera, Eitan- siseó el vampiro, su voz como el filo de un cuchillo helado -No podemos acercarnos sin interrumpir lo que sea que esté sucediendo. Mira sus ojos. No es la Selene que conocemos-
La mujer enmascarada permaneció inmóvil, observándolos con una calma perturbadora. Su voz resonó de nuevo en sus mentes, una melodía espectral que ignoraba la reacción de Eitan.
-La palabra "Redemptionis" no es una invitación, sino un juramento. Un juramento que ella hizo hace mucho tiempo, en una vida que olvidó por completo. El Monasterio de las Sombras es el destino final, pero el camino comienza aquí, en los cimientos de lo que fue y lo que será-
Mientras la mujer hablaba, la plata del mapa se alzó del suelo como serpientes danzantes, envolviendo a Selene en un capullo brillante. Ella no luchó; su cuerpo se movía con una gracia etérea, como si una fuerza externa la estuviera guiando. Sus manos, que aún sostenían el cuaderno, se alzaron, y el libro se disolvió en miles de partículas plateadas que flotaron alrededor de su cabeza como un halo estelar.
-¿Qué le está pasando?- preguntó Eitan, la ira en su voz ahora teñida de desesperación -¡Tenemos que hacer algo!-
-No podemos- respondió Leo, sus ojos dorados fijos en el brillo que rodeaba a Selene -Esta es una memoria, Eitan. O un fragmento de una. El Vínculo de Plata es una puerta, no solo un mapa. Permite que Selene acceda a las vidas pasadas que la moldearon, las que el Consejo se esforzó tanto en borrar. La "Redemptionis" es la clave de su propia redención-
La mujer enmascarada asintió, como si Leo hubiera confirmado sus propias palabras.
-Exactamente. En este lugar, Selene dejó un fragmento de su poder, de su alma. Un fragmento que fue sacrificado para proteger algo de inmenso valor. Tres vidas ha tardado en regresar al punto de origen. Pero para reclamar lo que le pertenece, debe revivir el momento de la verdad. Ella debe ver lo que el Consejo no quiere que recuerde-
De repente, el capullo de plata alrededor de Selene se expandió, transformándose en una cúpula translúcida que los rodeó a los tres. El cementerio real desapareció, reemplazado por una visión nebulosa, como una pintura al óleo cobrando vida. Los árboles retorcidos del camposanto se transformaron en un bosque vibrante, bañado por una luz solar rojiza. El aire frío dio paso a un calor opresivo, y el aroma a tierra húmeda y descomposición fue sustituido por el dulzor acre de hierbas extrañas.
Selene no estaba con ellos en la misma dimensión. Su figura, ahora más transparente, se cernía en el centro de la cúpula, una silueta etérea que parecía escuchar voces que solo ella podía oír.
-Estamos en un recuerdo- murmuró Leo, su aliento visible en el aire que, paradójicamente, seguía siendo cálido. Los vampiros podían sentir la paradoja en el ambiente, la disonancia entre la realidad y la ilusión.
Eitan golpeó la barrera translúcida, pero esta ni siquiera se inmutó.
-¡Recuerdo o no, esto es peligroso! ¡No puedo sentirla!-
-Ella no está aquí físicamente- explicó la mujer enmascarada, su voz suave y etérea -Su mente ha viajado al pasado. Ustedes son meros observadores, anclas para su regreso. Su tarea es asegurarse de que nadie interfiera con su viaje-
La escena a su alrededor comenzó a tomar forma más definida. Se encontraban en el corazón de un anfiteatro natural, sus muros de roca volcánica cubiertos de flora exótica. En el centro, no había tumbas, sino un altar de obsidiana, sobre el cual descansaba un objeto pulsante y oscuro, irradiando una energía que era a la vez atrayente y repulsiva.
Selene, o más bien, una versión anterior de ella, apareció en el altar. Era una mujer joven, con cabellos más largos y oscuros, vestida con túnicas sencillas de lino. Sus ojos, idénticos a los de la Selene actual, estaban llenos de una seriedad sombría. A su lado, un hombre alto y majestuoso con la piel marcada por antiguos tatuajes rúnicos la observaba con orgullo y tristeza.
-"El Pacto de la Sangre Eterna", así lo llamaban- susurró la Selene etérea que flotaba en el centro de la cúpula, como si estuviera narrando su propio recuerdo, su voz resonando con un eco atemporal -La primera Elegida de la Luna-
Eitan y Leo observaron en silencio mientras la Selene del pasado hablaba con el hombre tatuado. Los diálogos eran inaudibles para ellos, un murmullo de lenguas antiguas, pero la emoción era palpable. Ella estaba preparándose para un sacrificio.
-Este es el momento de la "Redemptionis"- la mujer enmascarada señaló a la Selene del recuerdo -La primera Selene intentó unificar las facciones, lobos y vampiros. Su magia era la síntesis, la única capaz de tejer ambos poderes. Pero el Consejo, temiendo su fuerza, la persiguió. Para proteger el conocimiento, para salvar a los que amaba, tuvo que enterrar su legado-
En la visión, la Selene del pasado se arrodilló ante el altar de obsidiana. El hombre tatuado le entregó una daga ceremonial, su hoja no de metal, sino de un cristal lunar oscuro. Con un suspiro, la Selene del pasado se cortó la palma de la mano. Su sangre, una mezcla de luz plateada y oscuridad profunda, goteó sobre el objeto oscuro en el altar.
Cuando las primeras gotas tocaron el objeto, este cobró vida. Se expandió, susurrando y retorciéndose, y la Selene del pasado gritó. No fue un grito de dolor, sino de una agonía cósmica, como si su alma estuviera siendo estirada hasta el límite. Su cuerpo se convulsionó, y la plata de su sangre se extendió por el altar, dibujando el mismo mapa que Selene había recreado en la Academia.
-Ella no solo dibujó el mapa- comentó Leo, su voz baja y llena de asombro -Ella fue quién lo creo con su propia esencia. Es una parte de ella-
-Es un ancla- corrigió la mujer enmascarada -Una parte de su alma que se ligó al Monasterio, esperando su regreso. Con su muerte, el Consejo pensó que la línea de la Elegida se había extinguido. Pero su esencia se fragmentó, buscando refugio en nuevas vidas-
La visión se desvaneció, reemplazada por un desierto yermo. La Selene del pasado, o quizás una segunda encarnación, arrastraba los pies por la arena, su piel agrietada y sus ojos llenos de desesperación. Llevaba en sus brazos un bulto envuelto en tela.
-La segunda vida- continuó la mujer enmascarada -La Elegida renacida, una vez más perseguida. Esta vez, su sacrificio fue aún mayor-
En la visión, la segunda Selene llegó a un pozo seco. Con sus últimas fuerzas, desenterró un pequeño cofre. Dentro, colocó el bulto -un niño pequeño, con ojos que brillaban con una luz plateada. La Selene del recuerdo lloró, un lamento silencioso y desgarrador. Luego, con la fuerza de la desesperación, la Elegida del pasado invocó una tormenta de arena que sepultó el pozo y su precioso contenido, borrando todo rastro de su existencia-
-Protegió a la siguiente generación- murmuró Eitan, el dolor de la escena resonando en su propio corazón de lobo -Enterrando a su propio hijo para que viviera-
-Y así, el legado continuó en secreto- dijo la mujer enmascarada -Los descendientes de la Elegida, destinados a un ciclo de renacimiento y sacrificio, siempre llevando la marca, siempre buscando la redención de una promesa incumplida. Hasta que la verdadera Elegida renaciera, la que finalmente recordaría el juramento-
La visión del desierto se desvaneció. La cúpula de plata comenzó a encogerse, y el aire del Cementerio de los Olvidados regresó, frío y denso. Los orbes blancos de Selene parpadearon, y un gemido escapó de sus labios. La plata líquida que había danzado por el suelo retrocedió, volviendo a fusionarse con el cuaderno, que reapareció en sus manos, brillando con una luz tenue.
Selene cayó de rodillas, con los ojos llenos de lágrimas que no derramaba. Su cuerpo temblaba, y la intensidad de las visiones la había dejado exhausta, pero algo había cambiado. Una nueva luz brillaba en sus ojos, una profundidad que antes no poseían.
-Lo recuerdo- susurró, su voz débil pero firme -Lo recuerdo todo. La primera Selene, la del pacto con el Monasterio... Y la segunda, la que tuvo que sacrificar a su propio hijo. Fui yo. Fui todas ellas-
Miró a Eitan y Leo, sus ojos ahora límpidos y llenos de una sabiduría ancestral.
-La "Redemptionis" no es mía solamente. Es la redención de una promesa rota. La promesa de unificar a los clanes. La promesa de la paz que la primera Selene no pudo lograr. Y para eso, debo ir al Monasterio. Es la única forma de romper el ciclo-
Eitan se arrodilló junto a ella, su mano grande y cálida en su espalda -No importa quién fuiste, Selene. Eres tú ahora. Y no te dejaremos sola-
Leo se acercó, su expresión un enigma. Miró a la mujer enmascarada, que ahora parecía desvanecerse, su forma volviéndose cada vez más translúcida.
-¿Quién eres tú?- preguntó Leo, su voz resonando con una autoridad que no había mostrado antes.
La mujer rió, un sonido como el de campanillas lejanas, y su voz, esta vez, provino del exterior del vínculo.
-Soy un eco. Un recuerdo de la primera Selene. Una guardiana del camino. Mi propósito ha terminado. Ahora, el resto depende de ti, Elegida. El Monasterio espera. Pero no esperes que el camino sea fácil. Otros también conocen su ubicación. Y desean su poder, no su paz-
Con esas últimas palabras, la figura enmascarada se disolvió en la brisa helada del cementerio, dejando solo el rastro de lavanda y antiséptico que Selene había asociado con la enfermería, una ironía final.
Selene se puso de pie, su agotamiento visible, pero también una nueva resolución. Su mano apretó el cuaderno, y las líneas plateadas del mapa vibraron bajo su tacto, señalando un único punto en el horizonte, más allá de las montañas, en la dirección donde se ocultaba el sol naciente.
-Sabemos dónde ir- dijo Selene, mirando a sus compañeros. Ya no era la estudiante asustada, sino la Elegida que había recordado su destino -Y sabemos qué tenemos que hacer-
Leo asintió, una rara sonrisa gélida apareciendo en sus labios -Entonces, el camino hacia la redención comienza al amanecer. Y para eso, necesitamos un plan-
-Tranquilos, ya pensaremos en uno- dijo Max, y justamente a su lado estaban Ethan y Alex sonriéndoles ampliamente -No dejaremos que luchen solos- dijo Ethan con afirmación y valentía -No estoy de acuerdo con esto, pero no puedo dejarlos destruir el mundo sin mí- terminó hablando Alex, con una sonrisa leve en sus labios y ojos serios pero llenos de valentía.
Selene, Eitan y Leo se vieron del uno al otro y sonrieron al ver a sus amigos apoyándolos -Pues bien. ¡Vamos a luchar por Selene!- respondió Leo con emoción en su voz.
Mientras caminaban hacia el bosque, el reloj de arena de la Academia, invisible desde el cementerio, dejó caer otro grano rojo.
Día 4: 42 días restantes.