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JUEGOS DE PODER Y PASIÓN

JUEGOS DE PODER Y PASIÓN

Status: Terminada
Genre:CEO / Comedia / Romance / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Valentina Cruz es una abogada brillante, sarcástica y que no se deja intimidar por nadie. Cuando entra a trabajar para Alejandro Montero, el CEO más poderoso y arrogante del país, chocan de inmediato. Acostumbrado a mandar y a que todos obedezcan, Alejandro encuentra en ella a la única persona que se atreve a desafiarlo, corregirlo y... ponerlo en su lugar.

Entre órdenes que no se cumplen, miradas cargadas de tensión y situaciones cómicas, nace una guerra de poder donde nadie quiere ceder. Pero lo que empieza como una batalla de voluntades se convierte en una atracción irresistible.

¿Podrá el hombre que siempre controló todo aprender a dejar que ella lleve las riendas?

Una historia de amor, humor y pasión donde la verdadera dominación es amar sin miedo.

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: El Primer Choque

La cena con los inversores alemanes se celebró en el restaurante más exclusivo de la ciudad, un lugar con una decoración sobria y elegante, donde el silencio era casi tan importante como la comida. Valentina había optado por un vestido de noche de color verde esmeralda, corte recto que marcaba su figura sin ser vulgar, con mangas largas y un escote discreto. Su cabello suelto en ondas suaves y unos aretes de diamantes sencillos completaban el look. Era sofisticada, era profesional y, Alejandro tuvo que admitirlo para sus adentros, estaba deslumbrante.

Pero él, fiel a su estilo, no iba a decírselo. En todo el camino hacia el restaurante, no había hecho más que darle instrucciones y advertencias, como si ella fuera una novata que no supiera comportarse.

— Recuerde, señorita Cruz, estos hombres mueven millones. No quieren ver sarcasmo, no quieren ver rebeldía. Quieren respeto, seguridad y... encanto. Así que guarde esa lengua afilada para la oficina.

Valentina miraba por la ventanilla del coche negro, con las manos cruzadas sobre su regazo.

— No se preocupe, señor Montero. Sé perfectamente cómo comportarme. Lo que no sé es si usted podrá contenerse y no tratar a todo el mundo como si fueran sus empleados.

Alejandro soltó un bufido y giró la cabeza para mirarla. La luz tenue del interior del vehículo iluminaba su perfil, resaltando la firmeza de su mandíbula.

— Yo sé cómo tratar a la gente. Lo que pasa es que contigo siempre tengo que estar alerta.

— Pues relájese. Por una noche, finjamos que somos dos adultos civilizados trabajando por un mismo objetivo.

— Fingir es algo que se te da bien, ¿verdad? — murmuró él, pero no hubo tiempo de más réplicas porque el coche ya se detenía frente a la entrada.

La velada transcurrió, en apariencia, con total normalidad. Valentina estuvo brillante. Escuchaba, preguntaba con inteligencia, aportaba datos legales precisos y tenía una sonrisa amable pero distante que cautivó a los socios alemanes. Alejandro observaba desde el extremo de la mesa, sorprendido y, una vez más, frustrado por ver que ella cumplía y superaba todas las expectativas.

Pero claro, la paz no podía durar mucho con ellos dos.

Al terminar la cena, mientras los invitados tomaban el brandy y charlaban en grupos pequeños, Alejandro se acercó a ella. La tomó suavemente pero con firmeza del codo y la guió hacia un balcón amplio que daba a la ciudad iluminada. El aire de la noche era fresco y los separaba del ruido y las miradas.

— No está mal — dijo él, con ese tono de aprobación a regañadientes —. Aunque podrías haber sonreído un poco más. Parecías una estatua de hielo.

— Yo sonrío cuando hay motivo, señor Montero — respondió ella, soltándose de su agarre con un movimiento rápido —. Y no me toque así sin permiso. No soy su propiedad.

Alejandro soltó una risa baja y se acercó un paso más. Estaban tan cerca que ella podía sentir el calor de su cuerpo y oler la fragancia costosa que usaba, una mezcla de madera y especias que resultaba extrañamente embriagadora.

— Aquí fuera estamos solo tú y yo — murmuró él, bajando la voz, usando ese tono grave y seductor que sabía que funcionaba con casi todas las mujeres —. Y la verdad... me estás poniendo nervioso, Cruz.

— ¿Nervioso? ¿Usted? — ella alzó una ceja, sin retroceder ni un milímetro —. Eso es nuevo. Pensé que nada ni nadie podía con usted.

— Nada no... pero alguien sí parece que puede — sus ojos grises la recorrieron de arriba abajo con una intensidad que hizo que el aire se volviera más denso —. Me gusta verte así, fuera del traje de batalla. Aunque sigues teniendo esa mirada de "te voy a ganar".

— Porque es lo que voy a hacer, tarde o temprano — desafió ella, levantando ligeramente la barbilla.

Fue su error. Ese gesto de desafío fue lo que terminó de empujar a Alejandro. Sin previo aviso, extendió un brazo y la atrapó por la cintura, pegándola a su cuerpo contra la barandilla de mármol. El movimiento fue rápido, inesperado y posesivo.

Valentina sintió cómo el corazón se le disparaba en el pecho, una mezcla de sorpresa, ira y algo mucho más peligroso que no quería nombrar. Intentó apartarse, pero él era mucho más fuerte y no se lo permitió.

— ¿Qué cree que hace? — susurró ella, con la voz un poco más temblorosa de lo que hubiera querido.

— Lo que debería haber hecho desde el primer día — respondió él, y su rostro estaba tan cerca que sus labios casi rozaban los de ella —. Recordarte quién manda aquí.

Su presencia era abrumadora. Llenaba todo el espacio, todo el aire. El olor de él, el calor que emanaba, la firmeza de sus manos en su cintura... todo gritaba dominación, poder masculino al máximo nivel.

— Suélteme, Alejandro — ella intentó sonar firme, pero su voz salió apenas como un suspiro.

— No — él negó despacio con la cabeza, y sus ojos brillaban en la penumbra con una chispa oscura y peligrosa —. Me gusta tenerte así. Cercana. Sin que puedas escapar. Sin que puedas contestar.

Se inclinó aún más, hasta que su boca estuvo a milímetros de la oreja de ella.

— Eres tan hermosa cuando te enfadas... y tan terca. Pero no entiendes que conmigo no se juega, Valentina. Yo siempre gano. Yo siempre consigo lo que quiero.

Y entonces, hizo algo que la dejó totalmente descolocada. Pasó el pulgar suavemente por su labio inferior, trazando la línea, con una lentitud tortuosa.

— Y ahora mismo... lo que quiero eres tú.

El silencio entre ellos fue explosivo. Valentina podía sentir su propia respiración agitada, podía sentir cómo su cuerpo reaccionaba a pesar de su voluntad, calentándose bajo esa mirada y ese tacto. Había tensión, había electricidad, había una batalla de voluntades que se había vuelto física.

Pero ella no era Valentina Cruz por nada.

Haciendo acopio de todo su autocontrol, y aprovechando que él estaba distraído con el momento, ella no se quedó pasiva. Levantó una mano y le sujetó la muñeca con fuerza, deteniendo su caricia. No lo empujó, no gritó. Simplemente lo miró fijamente, y en sus ojos había ahora un fuego que rivalizaba con el de él.

— Se equivoca de nuevo, señor Montero — dijo ella, y su voz, aunque baja, sonó con una autoridad sorprendente —. Usted puede tener el dinero, puede tener el poder y puede tener los músculos... pero aquí, en esto — señaló con la mirada el espacio entre ambos —, aquí las reglas las pongo yo.

Hizo una ligera presión sobre su muñeca, no para hacerle daño, sino para marcar territorio, y poco a poco, con una calma exasperante, fue bajando su mano hasta separarla de su cuerpo.

— Y yo no soy de las que se dejan atrapar así como así — continuó, dando un paso atrás, recuperando su espacio, recuperando el aliento —. Puede intentar intimidarme, puede intentar seducirme con ese aire de hombre duro... pero le aseguro que si quiere algo de mí, va a tener que esforzarse mucho más que con cualquier otra. Porque yo no me rindo ante órdenes, ni ante posesiones.

Se acomodó el vestido con gesto elegante, aunque sus manos temblaban ligeramente ocultas tras su espalda.

— Ahora, si me disculpa, voy a volver con los invitados antes de que empiecen a preguntarse dónde está su "sumisa" abogada. Y le aconsejo que se lave esa mirada de depredador antes de entrar, que se le nota demasiado.

Dicho esto, le dio la espalda y caminó hacia las puertas cristaleras con una cadencia segura, dejándolo atrás.

Alejandro se quedó solo en el balcón, con el viento nocturno acariciándole el rostro y una sensación extraña ardiéndole en las venas. Se pasó una mano por el cabello, despeinándolo un poco, y miró hacia donde ella había desaparecido.

Estaba furioso. Estaba furioso porque le había plantado cara, porque no se había derretido como mantequilla bajo sus manos, porque le había dicho que no cuando él estaba acostumbrado a que todo el mundo dijera que sí.

Pero al mismo tiempo... sentía una excitación que no recordaba haber sentido nunca. Esa mujer era un desafío en estado puro. Cada vez que pensaba que tenía el control, ella hacía algo, decía algo, que le demostraba que estaba muy lejos de domarla.

Sonrió para sí mismo, una sonrisa lenta y llena de promesas.

— Está bien, Cruz — murmuró en voz baja —. Si quieres jugar duro... jugaremos duro. Pero te advierto una cosa: yo nunca me rindo. Y cuando te tenga... vas a ser mía por completo.

Volvió a entrar al salón, ajustándose la chaqueta del esmoquin, recuperando su máscara de hierro. Pero cuando sus ojos encontraron los de ella al otro lado de la habitación, ambos supieron que algo había cambiado irremediablemente esa noche. Ya no era solo trabajo, ya no era solo poder. Había deseo, había desafío y había una atracción tan fuerte que amenazaba con quemarlo todo a su paso.

El primer choque había sido brutal, electrizante... y ninguno de los dos quería que fuera el último.

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Jacquelyn Hernández
🤣🤣🤣🤣🤣 el CEO corriendo detras de un mapache. si la prensa se imaginara algo asi me serian la portada de revistas por años. 🤣🤣🤣
Helizahira Cohen
una historia de Sofia sería muy interesante
Helizahira Cohen
👏Excelente me gustó mucho bonita, corta y con una trama diferente
Helizahira Cohen
Esta interesante esta novela
Zuliner Chacon
Comenzaron a jugar con 🔥y se pueden quemar
Zuliner Chacon
Este se cree dueño de todo y que él es quien manda 😂 🤔 le llegó la orma de su zapato
Zuliner Chacon
Ninguno da su brazo a torcer, ambos son hueso duro de roer 😂
Zuliner Chacon
😂😂 Guerra de titanes osea Yo y Yo 😂😂
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