Jules vende su intimidad en internet para pagar una deuda familiar que la ahoga. Ha aprendido a sobrevivir separando su cuerpo de sus emociones. Pero la llegada de un nuevo profesor despierta en ella una duda peligrosa: quizá nunca ha conocido el amor… solo el vacío. Y por primera vez, alguien podría enseñarle la diferencia. ❤️
NovelToon tiene autorización de Irwin Saudade para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
SONRÍO
La luz estaba apagada, el silencio de este lugar me sorprendió y me dio coraje. ¿Qué debía hacer ahora? ¿A dónde se había ido? Justo cuando estaba por decidir irme, la fotografía de su escritorio capturó mi atención. ¿Quiénes eran ellos? Dos jóvenes, una pareja muy enamorada con un ramo de flores. ¿Era él? Agarre el retrato para examinarlo más de cerca.
—Pues no tiene mucho parecido con...
—¿Conmigo? —Su voz me hizo alzar la vista.
—Exacto. Solo por las cejas y...
—Es mi hermano.
—¿Tu hermano?
—No. En realidad, soy yo.
—¿Hace cuantos siglos?
—Tenía veinte años.
—¡No inventes! Tenías mi edad. Que chafa, cambiaste.
—¿Deje de ser guapo?
—Te pusiste más maduro —examiné su persona con mis ojos y él parecía atento a mí—. Embarneciste mucho y te creció barba abundante. ¡Te ves más guapo ahora!
Sonrió.
—Me puse robusto.
—Supongo. Se nota que entrenas.
Hubo un silencio breve. Puse el retrato sobre su escritorio y noté que seguía observándome con mucha atención.
—¿Qué haces aquí? —Pregunta él.
—Vine por mi celular.
—¿Tu celular?
—No te hagas el despistado.
—No me hago.
—Entonces, ¿podrías devolverme mi celular? ¡Por favor!
No respondió enseguida, se acercó a dejar unos cuadernos en su escritorio.
—Estuviste muy distraída esta mañana.
—La verdad sí. Pero ya entregué lo que pediste. ¡Soy una buena estudiante y lo sabes!
Me mira de una forma tan curiosa que me causa intriga.¿Qué está tramando este hombre?
—¿Harás una colaboración privada?
Su pregunta me impactó mucho. ¿Por qué me preguntaba algo como eso? ¿Cómo es que él sabía sobre “una colaboración privada”? ¡Desgraciado perro cínico!
—¿Leíste mis mensajes? —siento la furia en mi pecho.
—Tu celular no se bloqueó enseguida.
—¡Mierda! Aun así, eso no está bien. Tú...
—¿Guzmán es tu pretendiente? —Me interrumpió.
—¿Eso que tiene que ver contigo? Tú eres mi profesor y estar tratando de entrar a mi vida privada no...
—Te dije que quería ayudarte.
—¿Ayudarme? Nomás dices y dices que me vas a ayudar, pero no entiendo a qué mierdas te estás refiriendo.
—¿Sueles ser muy impulsiva?
Me obligué a calmar mi respiración, esta conversación sí estaba calentado mis ánimos.
—No quiero decir nada más. ¿Me das mi celular? ¡Por favor!
—Te lo daré después de que me respondas algo.
—¿Qué cosa?
—¿Cuándo dejarás de grabar porno?
No esperaba que él estuviera interesado en eso.
—¡Eso que! No te incumbe.
—¡Quiero tener un encuentro contigo!
¡¿Qué estupidez?! Mi reacción inmediata fue darle una bofetada. Impacte mi mano en su mejilla y él se sorprendió por eso. ¡Mi paciencia estaba por los suelos! Mi pecho era una explosión.
—¡Estás loco! Eres un perro cínico.
Se acercó a mí y me acorraló contra el muro. ¿Qué estaba pasando? ¡Sus manos estaban apoyadas contra la pared! Su respiración se mezclaba con mi respiración y esta cercanía era muy tentadora. ¡El guapísimo estaba queriendo un encuentro conmigo! Y yo estaba bien emperrada con él. ¡Maldito!
—Y tú no estás actuando de forma madura. Piensa en tu futuro —dice él.
—¿Que tiene que ver el futuro con todo esto? —No entiendo lo que trata de decirme.
—Ese es el punto. Vives tan enfrascada en el presente que no eres capaz de ver y planear la clase de vida que te gustaría tener.
Su respiración retumbaba con la mía. ¿Le dolió la bofetada?
—Gracias por todo esto que me dices, pero no entiendo por qué acabas de decir que querías tener un encuentro conmigo. ¡Estás chiflado!
Enfocó sus ojos en mí, pude descifrar los detalles de su mirada. ¡Su mirada era mi debilidad! Me hacía sentir que le pertenecía sin tener que escucharlo y yo estaba divagando muchísimo con el pensamiento. Me era incontrolable el deseo de tocar su rostro con mis manos. ¡Deseaba tocar su barba!
—¿Puedo llevarte a casa?
—¡Nel!
Subí mis manos hasta sus muñecas, tuve que conformarme con tocar solo esa parte de su piel y el tacto detonó un deseo más intenso en mi interior; y la idea de tener un encuentro con mi profesor, incendió un deseo candente. ¡Tuve que bajar sus manos! Aunque esa posición era perfecta.
—Me gustaría tener el encuentro contigo allí —sus labios me tientan.