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Mi Joven Profesor

Mi Joven Profesor

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Con solo 23 años, un joven profesor llegó al colegio con una carpeta llena de sueños y el corazón nervioso por conseguir trabajo. No imaginaba que aquel lugar cambiaría su vida para siempre. Entre pasillos, sonrisas y nuevas oportunidades, conocería a una persona que le enseñaría que el verdadero éxito no solo está en alcanzar metas, sino también en encontrar a alguien con quien compartir cada logro, cada caída y cada felicidad. Lo que comenzó como una simple búsqueda de empleo terminó convirtiéndose en la historia de amor más importante de su vida.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: La llamada que podía cambiarlo todo

Eran las siete y media de la mañana y yo estaba en la cocina intentando preparar el tetero de Daniela mientras ella lloraba desde el cuarto como si el mundo se fuera a acabar.

—Ya va, mi amor, ya va —le decía medio dormido mientras calentaba la leche.

Parce, desde que Daniela llegó a mi vida mis mañanas dejaron de ser tranquilas. Antes yo podía dormir hasta tarde cuando no tenía nada que hacer. Ahora no. Ahora apenas Daniela abría esos ojitos cafés y empezaba a llorar, todo el mundo en la casa se despertaba.

Mi mamá ya se había ido temprano a hacer unas vueltas donde una vecina y yo me había quedado solo con la niña. Tenía la sala llena de juguetes, pañales y teteros regados. Literalmente mi vida había cambiado por completo en nueve meses.

Después de darle el tetero, Daniela se quedó tranquila viendo muñequitos mientras yo aprovechaba pa’ lavar unos platos. Tenía la cabeza llena de preocupaciones porque llevaba semanas dejando hojas de vida en colegios y todavía nada que me llamaban.

Y sinceramente la situación estaba dura.

Los pañales estaban caros, la leche también y yo hacía trabajos ocasionales dando tutorías o ayudando en lo que saliera, pero eso no alcanzaba pa’ mucho. Yo necesitaba ejercer mi carrera ya. Necesitaba un trabajo estable pa’ darle una buena vida a mi hija.

Mientras estaba lavando los platos, mi celular empezó a sonar encima de la nevera.

Yo ni siquiera iba a contestar porque pensé que sería cualquier número raro ofreciendo planes o vainas así. Pero algo me dijo que atendiera. Me limpié las manos rápido en el pantalón y cogí el teléfono.

—¿Aló?

—Buenos días, ¿hablo con el profesor Rafael Araujo?

Parce… apenas escuché “profesor” sentí que el corazón me brincó.

—Sí señor, con él habla.

—Mucho gusto. Lo llamamos del colegio privado Instituto Nuevo Horizonte. Recibimos su hoja de vida y queremos agendarle una entrevista laboral.

Uy no… yo sentí que casi se me salían las lágrimas ahí mismo.

Miré a Daniela que estaba sentada en el piso jugando con un muñeco y sentí algo raro en el pecho. Como esperanza.

—Claro que sí, señor. Muchísimas gracias.

—¿Puede asistir hoy a las diez de la mañana?

—Sí señor, allá estaré puntual.

—Perfecto profesor Rafael, lo esperamos. Que tenga buen día.

Cuando colgué el teléfono me quedé quieto unos segundos sin creerlo.

Después de tantos días llevando hojas de vida, por fin me habían llamado.

—¡Daniela! ¡Papi consiguió entrevista! —le dije emocionado levantándola en brazos.

La niña soltó una risita sin entender nada y me agarró la cara con sus manitos pequeñas.

Parce… en ese momento sentí que tal vez las cosas podían empezar a mejorar.

Lo primero que hice fue llamar a mi mamá.

—¿Aló?

—¡Mamá, me llamaron de un colegio pa’ entrevista!

—¡Ay gloria a Dios, mijo! ¿Sí ve? Yo le dije que las cosas iban a mejorar.

—Es hoy a las diez.

—Entonces alístese bien bonito que usted va a conseguir ese trabajo. Daniela y yo vamos a estar rezando.

Colgué y enseguida fui al cuarto a buscar la mejor ropa que tenía. Tampoco era que tuviera mucha elegancia, pero saqué una camisa blanca bien planchadita, un pantalón negro y unos zapatos que casi no usaba pa’ mantenerlos buenos.

Mientras me arreglaba, Daniela no dejaba de gatear detrás mío por toda la habitación.

—Ay no, Daniela, usted sí es pegada al papá —le decía riéndome.

A las nueve llegó mi mamá pa’ quedarse con la niña mientras yo iba a la entrevista. Antes de salir le di un beso a Daniela en la frente.

—Pórtese bien, mi amor. Esto es por usted.

Mi mamá me acomodó el cuello de la camisa y me dijo:

—Tranquilo, mijo. Usted es inteligente y buena persona. Le va a ir bien.

Respiré profundo y salí de la casa.

El calor de Cúcuta estaba fuerte como siempre. Caminé hasta agarrar un bus y durante todo el camino iba nervioso pensando en qué me iban a preguntar. Yo nunca había trabajado oficialmente en un colegio privado, solo había hecho prácticas y algunas suplencias pequeñas.

Cuando llegué al colegio quedé impresionado.

Era enorme. Tenía paredes blancas, jardines bonitos y estudiantes entrando con uniformes impecables. Yo me acomodé la camisa nervioso y entré.

La secretaria me sonrió apenas me acerqué.

—Buenos días.

—Buenos días, vengo a una entrevista. Mi nombre es Rafael Araujo.

—Claro profesor Rafael, tome asiento. Ya lo hacen pasar.

Parce… esos diez minutos esperando se sintieron eternos. Yo movía la pierna del nerviosismo mientras veía profesores caminar de un lado a otro.

Hasta que finalmente una señora elegante salió de una oficina.

—¿Profesor Rafael?

—Sí señora.

—Mucho gusto, soy Claudia Mendoza, coordinadora académica. Pase por favor.

Entré a la oficina tratando de verme tranquilo aunque por dentro estaba muriéndome del susto.

Ella se sentó frente a mí y empezó a revisar mi hoja de vida.

—Veo que se graduó hace poco como profesor de sociales.

—Sí señora, en julio del año pasado.

—¿Y por qué quiere trabajar en nuestra institución?

Respiré profundo antes de responder.

—Porque amo enseñar. Siento que los jóvenes necesitan profesores que no solo lleguen a dictar clases, sino que también los entiendan y los motiven. Además… necesito salir adelante profesionalmente.

Ella levantó la mirada y sonrió un poco.

—¿Tiene experiencia trabajando con adolescentes?

—Sí señora, durante mis prácticas trabajé con bachillerato y también he dado tutorías particulares.

La entrevista siguió un buen rato. Me preguntó cómo manejaría estudiantes difíciles, cómo haría mis clases dinámicas y qué pensaba sobre la educación actual.

Y sinceramente, mientras hablaba, los nervios se me fueron quitando. Porque cuando se trataba de enseñar, yo sabía lo que hacía.

Después de casi cuarenta minutos, la coordinadora cerró la carpeta y me miró seria.

—Profesor Rafael… sinceramente nos gustó mucho su perfil.

Parce, yo sentí que el corazón me latió rapidísimo.

—Muchas gracias, señora.

—Aún estamos entrevistando más personas, pero quiero decirle que tiene muchas posibilidades. Se nota que tiene vocación.

Vocación.

Esa palabra me llegó duro porque yo realmente amaba enseñar.

Antes de irme, ella me hizo una última pregunta:

—¿Qué es lo que más lo motiva a conseguir este trabajo?

Y ahí pensé inmediatamente en Daniela.

En sus ojos cafés, en sus risas y en todas las noches donde prometí luchar por ella.

Entonces la miré y respondí:

—Mi hija. Ella es mi motivo más grande pa’ salir adelante.

La coordinadora sonrió y asintió despacio.

—Eso dice mucho de usted, profesor Rafael.

Salí de la oficina sintiendo el corazón más liviano. Todavía no sabía si el trabajo era mío o no, pero por primera vez en mucho tiempo sentí esperanza de verdad.

Cuando iba saliendo del colegio, saqué el celular y vi una foto de Daniela de fondo de pantalla.

Sonreí solo y murmuré:

—Papi lo está intentando, mi amor. Todo esto es por usted.

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Yulexi De Fernández
cuando me termine de ver la serie que me estoy viendo le subo los otros capítulos
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