Valeria Castillo tiene una vida clara y ordenada: es periodista deportiva, ama su trabajo y sabe perfectamente cómo manejar a los hombres arrogantes del mundo del boxeo. Al menos… eso creía.
Todo cambia cuando conoce a Adrián Vega, el boxeador más prometedor del campeonato nacional. Talentoso, peligroso dentro del ring, insoportablemente seguro de sí mismo fuera de él… y con una sonrisa capaz de arruinarle la paciencia a cualquiera.
Lo que empieza como simples entrevistas pronto se convierte en algo más complicado: miradas demasiado largas, discusiones cargadas de tensión y una atracción imposible de ignorar. Adrián está acostumbrado a ganar todas sus peleas, pero nunca ha tenido que luchar por el corazón de una mujer que no piensa caer fácilmente.
Entre entrenamientos brutales, campeonatos que pueden cambiar una carrera, celos inesperados y momentos tan caóticos como románticos, Valeria descubrirá que amar a un boxeador significa vivir al borde del nocaut emocional.
Porque Adrián Vega puede derrotar a cualquiera en el ring…
pero con Valeria Castillo cada día es una pelea nueva.
Y tal vez la más difícil de todas.
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Capítulo 19 El monstruo
La noticia explotó en cuestión de horas.
Programas deportivos.
Canales de YouTube.
Redes sociales.
Todos hablaban de lo mismo.
Nikolai Volkov vs Adrián Vega.
El campeón ruso era una figura temida en Europa.
Invicto.
Poder brutal.
Y algo que todos repetían constantemente…
su tamaño.
Valeria estaba en la redacción cuando vio el primer video.
Volkov entrenando.
Golpeando un saco pesado.
Cada golpe hacía que el saco se balanceara violentamente.
El hombre era enorme.
Más alto que Adrián.
Mucho más ancho.
Los comentaristas repetían los datos:
—1.95 de altura.
—Más de cien kilos en combate.
—Conocido por terminar peleas por knockout.
Valeria frunció el ceño.
Camila miraba el mismo video desde el escritorio de al lado.
—Ese tipo parece un tanque.
Valeria no respondió.
Seguía mirando la pantalla.
El golpe final de Volkov hizo que el saco casi se desprendiera de la cadena.
Camila murmuró:
—Ok… sí me preocupa.
Valeria cerró la laptop lentamente.
—A mí también.
Camila levantó una ceja.
—No lo vas a decir en voz alta, ¿verdad?
Valeria tomó su bolso.
—Tengo que salir.
—¿A dónde?
Valeria caminó hacia la puerta.
—Al gimnasio.
Camila sonrió.
—Claro.
El gimnasio de Adrián estaba lleno.
Fanáticos.
Entrenadores.
Gente hablando en voz baja.
El ambiente era distinto al habitual.
Más tenso.
Más preocupado.
Cuando Valeria entró, algunos la reconocieron inmediatamente.
—Es la periodista.
—La de los ojos.
Valeria ignoró los murmullos.
Buscó con la mirada.
Y lo encontró.
Adrián estaba en el ring.
Saltando la cuerda.
Completamente relajado.
Como si nada hubiera pasado.
Lucas estaba al lado del ring con expresión seria.
Cuando vio a Valeria levantó la cabeza.
Valeria asintió.
—¿Dónde está el pánico colectivo?
Lucas señaló el gimnasio.
—En todas partes.
Adrián saltó la cuerda unos segundos más.
Luego la dejó caer.
Miró hacia la entrada.
Y vio a Valeria.
Sonrió inmediatamente.
—Hola
Valeria cruzó los brazos.
—Vi las noticias.
Adrián bajó del ring.
Tomó una botella de agua.
—Sí. La vi.
Valeria fue directa.
—Ese tipo es enorme.
Adrián bebió agua.
—También lo noté.
Valeria lo miró con seriedad.
—No parece un rival fácil.
Adrián se encogió de hombros.
—Ninguno lo es.
Algunos fanáticos escuchaban la conversación cerca.
Uno de ellos habló.
—Ese ruso es una bestia.
Otro añadió:
—Dicen que rompió dos costillas en su última pelea.
Lucas intervino.
—Tranquilos.
Pero el ambiente seguía tenso.
Valeria miró a Adrián.
—¿Lo vas a aceptar?
Adrián sonrió.
—Claro.
Valeria parpadeó.
—¿Claro?
Adrián se encogió de hombros.
—Me retó frente al mundo. No pueden hacer eso sin esperar que acepte. Sería grosero ignorarlo.
Valeria lo observó.
—No estás preocupado.
Adrián inclinó la cabeza.
—Un poco.
Valeria levantó una ceja.
—No parece.
Adrián sonrió.
—Es que soy muy bueno fingiendo.
Lucas resopló.
—Idiota.
Adrián miró a Valeria.
—Voy a aceptar el reto.
Valeria suspiró.
Adrián sonrió.
—¿Te preocupa?
Valeria lo miró unos segundos.
Luego respondió con calma.
—Sí.
Adrián pareció sorprendido.
Valeria añadió rápidamente:
—Profesionalmente.
Adrián sonrió más.
Al día siguiente…
Los periodistas llenaban una sala de conferencias.
Cámaras.
Micrófonos.
Luces.
Adrián estaba sentado frente a todos.
Lucas a su lado.
El primer periodista habló.
—¿Aceptará el reto de Nikolai Volkov?
Adrián apoyó los brazos sobre la mesa.
—Sí.
La sala explotó en murmullos.
Otro periodista preguntó:
—Volkov dice que usted abusó de Diego Morales.
Adrián levantó una ceja.
—Eso escuché.
—¿Qué opina?
Adrián sonrió.
—Que debería ver mejor la pelea. Aunque tenga que agacharse un poco.
Algunos periodistas rieron.
Adrián continuó:
—Si quiere vengar a su amigo…
Pausa.
—Que venga al ring.
Más murmullos.
Un periodista levantó la mano.
—Volkov es más grande que usted.
Adrián asintió.
—Sí. Es un monstruo.
Sonrió ligeramente.
—Pero los monstruos también sangran.
Las cámaras capturaron cada palabra.
Adrián añadió con tono burlón:
—Además…
—Siempre quise pelear con un ruso gigante.
La sala volvió a reír.
Miles de kilómetros lejos…
Nikolai Volkov veía la conferencia desde su teléfono.
Su rostro estaba completamente serio.
Su entrenador lo observaba desde el fondo del gimnasio.
Adrián terminó su comentario burlón.
Volkov apretó la mandíbula.
Y apagó el video.
Cinco minutos después…
Subió un video a sus redes sociales.
La cámara lo enfocaba de cerca.
Sus ojos estaban llenos de furia.
Habló con voz baja y peligrosa.
—Adrián Vega.
Pausa.
—Te ríes.
Sus nudillos golpearon un saco pesado.
El sonido fue brutal.
—Cuando entres al ring conmigo…
Sus ojos se endurecieron.
—No dejaré nada de ti.
El saco volvió a sacudirse violentamente.
Volkov dio un paso hacia la cámara.
—Nada.
El video terminó.
Y en cuestión de minutos…
el mundo del boxeo volvió a estallar.