dioses, vampiros y amor
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capitulo 17
El ambiente en la sala común del JNC se transformó en un crisol de mitologías cuando los dos equipos colisionaron. A diferencia de los demás, el equipo de Suguru, Alice y Jonh no despertaba entre neblinas; ellos habían regresado de su misión con el velo casi totalmente desgarrado. Eran guerreros que ya aceptaban su herencia.
El Reencuentro de los Capitanes
En cuanto Shion cruzó el umbral del JNC, el aire pareció vibrar. Suguru, al verla, no esperó a las presentaciones formales ni a la etiqueta del JNC. Con una risa que sonó como el eco de un banquete eterno, se adelantó.
—¡Capitán! —exclamó Suguru con una calidez que desarmó a los presentes.
Sin dudarlo, envolvió a Shion en un abrazo fraternal, un gesto de camaradas que han compartido trincheras y eras. Shion, normalmente una estatua de hielo, se permitió cerrar los ojos un segundo y corresponder el gesto. Eran supervivientes.
Usui, que observaba desde un rincón, sintió que la mandíbula se le tensaba hasta doler. Ver a otro hombre tocar a Shion con tanta naturalidad, y verla a ella aceptarlo sin ponerle un cuchillo en el cuello, le provocó una rabia ciega. La "perfección" y el carisma de Suguru lo hacían sentir como un intruso en la propia historia de Shion.
La Mezcla de Sangres: El Olimpo y el Valhalla
La conversación que siguió fue una revelación tras otra. El equipo de Suguru no solo recordaba, sino que entendía su linaje:
Suguru se presentó como el hijo de Dionisio. No era solo vino y fiesta; era el éxtasis de la batalla y la locura que domina al enemigo.
Alice, con su elegancia nórdica, reveló ser hija de Hela (nieta de Loki). El frío de los muertos habitaba en su mirada, una quietud que contrastaba con su sonrisa rubia.
Jonh, el silencioso atleta, era hijo de Jord, la personificación de la naturaleza salvaje nórdica. Su fuerza no venía del músculo, sino de la misma tierra.
El impacto fue inmediato. Jonh quedó prendado de la serenidad de Minori al instante; un flechazo silencioso de dos almas conectadas por la vida y la tierra. Por otro lado, Alice fijó sus ojos miel en Mizuki, y el guardián del inframundo, por primera vez, no pudo sostener la mirada sin sonrojarse. El interés era mutuo, una danza entre la muerte griega y la nórdica.
El Eco del Bosque
Mientras el grupo discutía sus orígenes y cómo sus padres los habían dispersado por el mundo, Shion se quedó rígida.
A kilómetros de distancia, en la profundidad del bosque, el ataúd de piedra terminó de estallar. El clic final resonó en el alma de Shion como un trueno. Sintió una presencia antigua, oscura y poderosa; una firma de energía que compartía su propio ADN, pero cargada de una sed de venganza que solo el exilio eterno podría forjar.
Shion mantuvo la mirada perdida durante varios segundos. El mundo a su alrededor se volvió sordo.
—¿Shion? —la voz de Usui, ahora cargada de una preocupación que no podía ocultar, la trajo de vuelta.
Él la observaba con intensidad, notando cómo su palidez aumentaba y cómo sus dedos rozaban inconscientemente las cicatrices de sus muñecas. Shion volvió a la realidad y, para sorpresa de Usui, no le dedicó una mirada de desdén. Le dedicó una sonrisa leve, triste y llena de una premonición que le heló la sangre.
—Ya comenzó —susurró ella para sí misma.
El Caballero sabía que su padre estaba libre. Y sabía que, ahora que el equipo estaba completo, el Olimpo no enviaría más sombras. Enviaría legiones