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Notas Y Colores Del Destino

Notas Y Colores Del Destino

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / BL / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Dos genios.
Una rivalidad que duele.
Un amor que se repite en cada vida.
Cuando él gana, yo recuerdo.
Cuando yo brillo, él tiembla.
Esta vez… ¿podremos elegirnos antes de volver a perdernos?

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: Aprender a compartir el mundo.

La cocina todavía olía a café cuando Ren apareció descalzo, con el cabello revuelto y una camiseta demasiado grande que claramente no era suya. Aiden ya estaba allí, apoyado contra la encimera, hojeando distraídamente una partitura vieja sin tocarla realmente.

Al levantar la vista, se quedó inmóvil.

No fue deseo inmediato.

Fue algo más lento.

Reconocimiento.

Ren notó la mirada y se detuvo, incómodo de repente.

—¿Qué? —preguntó, tocándose el cuello.

Aiden parpadeó, como si recién volviera al presente.

—Nada —respondió—. Solo… sigues aquí.

Ren sintió calor subirle al rostro.

—Parece que sí.

Se acercó a la cafetera y tomó una taza, pero Aiden ya había servido una y se la pasó sin decir nada. El gesto fue simple, automático… y eso lo hizo más íntimo.

Ren sonrió.

—Gracias.

Sus dedos se rozaron al intercambiar la taza. Ninguno se apartó de inmediato.

El contacto duró apenas un segundo más de lo necesario… pero ambos lo sintieron recorrerles el cuerpo entero.

—Tenemos comida —dijo Aiden, rompiendo el silencio—. Algo parecido a comida, al menos.

Ren rió.

—Eso suena peligrosamente honesto.

Decidieron cocinar juntos sin plan alguno. Aiden cortaba verduras con demasiada concentración; Ren se encargó de la salsa, probándola cada dos minutos como si buscara una excusa para quedarse ahí.

—Está salada —comentó Aiden.

—No está salada —replicó Ren—. Está… intensa.

Aiden lo miró de reojo.

—Eso no es una defensa.

Ren se acercó con la cuchara en la mano.

—Prueba de nuevo.

Aiden obedeció. Ren observó atentamente su expresión, demasiado cerca, consciente del calor que se acumulaba entre ambos.

—Está… —Aiden dudó—. Mejor.

Ren sonrió triunfante.

—Ves.

Aiden negó con la cabeza, divertido.

—Eres peligroso.

Ren alzó una ceja.

—¿Por la cocina?

—No —respondió Aiden, acercándose un poco más—. Por cómo haces que todo se sienta… sencillo.

Ren bajó la mirada, tímido. Aiden aprovechó el momento para rodearle la cintura desde atrás, sin atraparlo, solo sosteniéndolo. El gesto fue tan natural que Ren se relajó de inmediato, apoyando la espalda contra su pecho.

—Nunca pensé que me gustaría esto —confesó Ren—. Compartir espacio sin sentir que estorbo.

Aiden apoyó la barbilla en su hombro.

—Nunca pensé que podría quedarme quieto sin sentir que pierdo algo.

Ren cerró los ojos.

—Tal vez… no estamos perdiendo nada.

—Tal vez estamos ganando algo distinto —respondió Aiden.

El silencio que siguió fue cálido.

Aiden besó el cuello de Ren, suave, casi tímido. Ren se estremeció, pero no se apartó. Giró apenas el rostro, buscando más sin decirlo.

El beso llegó a su mejilla. Luego a la comisura de los labios.

Ren giró del todo.

—Aiden…

—¿Sí?

—Puedes… —dudó—. Puedes besarme sin pedir permiso cada vez.

Aiden lo miró con una mezcla de sorpresa y cuidado.

—Y tú puedes decirme que pare cuando quieras.

Ren asintió.

Se besaron.

Esta vez no fue lento ni torpe. Fue espontáneo, cálido, lleno de sonrisas entre beso y beso. Ren rió contra su boca cuando chocaron con la encimera.

—Vamos a quemar la comida —murmuró.

—Vale la pena —respondió Aiden, robándole otro beso corto.

Comieron sentados en el suelo de la cocina, apoyados contra los muebles, compartiendo el mismo plato sin darse cuenta. Ren apoyó la cabeza en el hombro de Aiden; Aiden rodeó sus hombros con el brazo.

—¿Te das cuenta? —dijo Ren—. No estamos pensando en el mañana.

Aiden besó su sien.

—Por primera vez, no me preocupa.

Más tarde, lavaron los platos juntos. Se empujaron suavemente. Se mojaron las manos. Rieron demasiado fuerte para una cocina tan pequeña.

Cuando terminaron, Ren se quedó quieto, mirando el reflejo de ambos en la ventana.

—¿Crees que esto dure? —preguntó en voz baja, sin dramatismo.

Aiden no respondió de inmediato. Se acercó por detrás y apoyó la frente entre los omóplatos de Ren.

—No lo sé —admitió—. Pero hoy… quiero quedarme.

Ren giró el rostro y lo besó, lento esta vez, con una seguridad nueva.

—Eso es suficiente para mí.

Se quedaron abrazados, mirando cómo la tarde avanzaba sin pedirles nada.

Y Ren pensó, con una calma que aún le sorprendía:

Tal vez el amor no era un destino que cumplir…

sino un lugar donde quedarse.

1
Esmeralda Johner
Excelente
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