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Latidos Bajo La Bata

Latidos Bajo La Bata

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Amor a primera vista / Divorcio / Amor prohibido / Romance / Superpoder / Completas
Popularitas:22.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Esta es la crónica de Valentina Vingut, una estudiante de medicina cuya existencia se fragmenta al colisionar con Ricardo Vidal. Él es un magnate custodiado por un imperio de poder y una familia de fachada, pero poseedor de una oscuridad magnética que arrastra a Valentina hacia un romance prohibido. Lo que ella ignora es que esa conexión eléctrica no es azar: sus linajes han estado encadenados por una deuda de sangre desde tiempos ancestrales.
Será el deseo suficiente para silenciar la moral?

NovelToon tiene autorización de Estefaniavv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: testamento de la sangre y fuego

La oficina de la nueva Valmont International todavía olía a pintura fresca y al éxito rotundo del lunes, pero la calma era un espejismo. Ricardo estaba sumergido en informes financieros cuando la puerta se abrió de golpe. No era un secretario, sino Marcos, el abogado, con una expresión de desconcierto absoluto. Tras él, Rosa entró con una serenidad que contrastaba con el caos que traía en las manos: una carpeta de cuero azul cobalto, el color institucional de los antiguos Valmont.

—Ricardo, tenemos un problema... o quizás, una solución definitiva —dijo Marcos, dejando caer un fajo de documentos sobre la mesa de caoba.

—¿De qué hablas? Mi padre ha intentado impugnar el fideicomiso tres veces esta mañana —respondió Ricardo, frotándose las sienes con sus dedos fuertes y curtidos.

Rosa dio un paso al frente y puso su mano sobre la de Ricardo.

—Tu padre no puede impugnar lo que ya no está en la línea de sucesión de los Videla, mi niño. He tomado una decisión. El fideicomiso de mi hermana permitía una transferencia única en caso de "amenaza inminente a la integridad del espíritu de la finca".

Ricardo frunció el ceño, su mirada de acero clavada en la anciana.

—¿Qué has hecho, Rosa?

—He transferido la titularidad legal de las 22 hectáreas —Rosa se giró hacia mí, que acababa de entrar con unos cafés para aliviar la tensión—. No están a tu nombre, Ricardo. Ni al mío. Están a nombre de Valentina.

El silencio que siguió fue atronador. Me quedé paralizada, con el corazón golpeando mis costillas como un animal enjaulado. ¿Yo? ¿La dueña de la tierra que contenía la fortuna y el legado de los Valmont?

—¿Por qué? —susurré, sintiendo que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Rosa se acercó a mí y me tomó de las manos. Sus ojos, sabios y cansados, brillaron con una lágrima contenida.

—Porque al verlos a ustedes dos en el río, al ver cómo Ricardo se transforma en un hombre de paz cuando te mira, y cómo tú, Valentina, te has mantenido firme frente a los lobos por puro amor, volví a ver a mi hermana y a su abuelo. Ellos no pudieron ser. El mundo les arrebató su tierra y su futuro. Tú eres la guardiana que ellos nunca tuvieron. Ricardo es el brazo fuerte, pero tú, Valentina, eres el corazón de esa tierra. A nombre de una Videla o un Valmont, intentarían quitárselas legalmente. A nombre de una estudiante de medicina sin vínculos dinásticos, tendrán que enfrentarse a una ley de propiedad civil inquebrantable.

Ricardo se levantó, rodeó el escritorio y se situó detrás de mí. Su presencia, sólida y protectora, me dio el oxígeno que me faltaba. Sus manos se apoyaron en mis hombros, reclamando mi nueva posición.

—Es una jugada maestra, Rosa —admitió él con una sonrisa de orgullo—. Ahora, si quieren el litio, tienen que pasar por encima de la mujer que más amo en este mundo. Y eso... eso nunca va a suceder.

Mientras el mundo corporativo ardía, en nuestro pequeño apartamento, la realidad golpeaba de otra forma. Verónica, mi hermana mayor, la que me había cuidado, estaba sentada en el sofá frente al televisor.

La noticia de "Última Hora" mostraba fotos filtradas del yate. En una de ellas, Ricardo me cargaba en sus brazos, ambos empapados, riendo con una intimidad que no dejaba lugar a dudas. El titular rezaba: "¿Quién es la misteriosa heredera de las tierras de los Valmont? De practicante de medicina a dueña de una fortuna en litio".

Cuando entré por la puerta esa tarde, el ambiente estaba cargado de una electricidad estática. Verónica tenía el teléfono en la mano, mostrando la pantalla con mi rostro junto al de Ricardo Videla.

—¿Valentina? —su voz era un hilo, una mezcla de dolor, confusión y una pizca de miedo—. ¿Qué es esto? Me dijiste que estabas con Roxana... Me dijiste que eran prácticas de la maestría.

—Vero, déjame explicarte... —intenté acercarme, pero ella retrocedió, como si viera a una desconocida.

—¡Explicarme qué! ¡Que mi hermanita, la que yo creía que estaba quemándose las pestañas estudiando, es la mujer del hombre más poderoso y peligroso de la ciudad! ¡Que te han puesto a nombre una fortuna que atrae a criminales! ¿Tienes idea de en qué te has metido?

—Vero, lo amo. Y él me ama a mí. No es como dicen los periódicos.

—¡Lo amas! —gritó Verónica, las lágrimas empezando a rodar por sus mejillas—. Valentina, ese hombre tiene enemigos que desayunan gente como nosotros. Nosotras somos normales, Val. Vivimos de un sueldo, de sueños pequeños. Ahora eres el blanco de una guerra de millonarios. Me mentiste en la cara mientras te revolcabas en un yate con él.

El impacto del reclamo de mi hermana me dolió más que cualquier amenaza de Estefanía. Verónica no veía el romance; veía el peligro. Veía a su "niña" perdida en un mundo de lobos.

En ese momento, el timbre sonó. Verónica abrió con brusquedad, dispuesta a gritarle a quien fuera, pero se quedó muda. Allí, en el pasillo de nuestro modesto edificio, estaba Ricardo. Su imponente figura llenaba el marco de la puerta. Vestía un traje gris que gritaba autoridad, pero al ver a Verónica, bajó la cabeza en un gesto de respeto genuino.

—Buenas tardes, Verónica —dijo con esa voz grave que solía hacerme temblar—. Sé que no soy el hombre que esperabas para tu hermana. Y sé que el modo en que te has enterado es imperdonable.

—Tú... —Verónica señaló a Ricardo, temblando—. Tú la vas a destruir. Ella tiene un futuro, una carrera. Tú solo tienes enemigos.

Ricardo dio un paso dentro del apartamento, cerrando la puerta tras de sí. Se acercó a Verónica con una calma que solo él poseía.

—Verónica, te doy mi palabra de honor de que daría cada hectárea de esa tierra y cada centavo de mi empresa por asegurar su sonrisa. No la elegí por conveniencia; la elegí porque sin ella, el nombre Valmont no significa nada. Las tierras están a su nombre porque confío en ella más que en mí mismo. No es mi mujer por contrato, es mi vida.

Verónica miró a Ricardo, luego me miró a mí. Vio el modo en que yo lo miraba, el modo en que mi cuerpo se relajaba solo con su cercanía. Vio al hombre duro, al que todos temían, transformarse en un ser humano vulnerable frente a su hermana pequeña.

—Si le pasa algo... —amenazó Verónica, aunque su voz ya no tenía la misma fuerza—. Si una sola de esas personas de tu mundo le hace daño, no me importará quién seas, Ricardo Videla.

—Lo sé —respondió él, tomándome de la mano y llevándola a sus labios—. Por eso estoy aquí. Porque a partir de hoy, la seguridad de ambas es mi prioridad absoluta.

El lunes regresamos a la empresa, pero esta vez, con Verónica bajo nuestra protección en un lugar seguro. La noticia de que Valentina era la dueña legal de las 22 hectáreas había llegado a oídos de Ernesto Videla y de los De la Torre.

Al entrar en la oficina, Ricardo se sentó en su trono, pero esta vez, me hizo sentar a su lado. Ya no era la sombra, era la copropietaria del destino de los Valmont.

—Ricardo —dije, mirando los informes de seguridad—. Estefanía ha estado llamando a la prensa. Dice que tiene pruebas de que el fideicomiso de Rosa fue obtenido bajo coacción.

Ricardo sonrió, esa sonrisa de depredador que solo reservaba para sus enemigos.

—Que lo intente. Mañana daremos una rueda de prensa. Vamos a anunciar la creación de la Fundación Valmont-Isabela para la investigación médica. Vamos a convertir el litio en becas y hospitales. Si quieren pelear por la tierra, tendrán que pelear contra la opinión pública.

Me recosté en su pecho, sintiendo la dureza de sus músculos y el calor de su piel a través de la camisa. Ricardo era un hombre de hierro, pero conmigo, era de seda. Sin embargo, en la penumbra del pasillo, el teléfono de Ricardo vibró. Un mensaje de un número oculto: "Felicidades por la nueva dueña. Espero que sepa que la tierra también sirve para enterrar secretos... y cuerpos. Nos vemos en la inauguración, Isabela."

La guerra no había terminado. Estaba mutando.

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Maria M. Rosario
mjy bonita la historia
Estefaniavv: Gracias, espera la segunda parte en una semana 🙈
total 1 replies
LIZA VELAZCO
sencillamente hermosa!!!!! felicidades que gran historia 😊
Estefaniavv: Gracias, espera la segunda parte en una semana 🙈
total 1 replies
Elina Beatriz Ravazzano
Te felicitó por tu imaginación. No entendí mucho,pero me gustó.
Estefaniavv: Viene una segunda parte que se desarrolla la historia final 🥰🥰
total 1 replies
AYA
El título de la novela cambió, al inicio no se leía fantasía y luego cambió a pura fantasía , no fue mala pero esos cambió tan drástico dañan la lectura.
AYA
Demasiado fantasía, 🙄😒
Carola Videla 😈🇦🇷
que triste vivir así, es injusto
Lirio Blanco: Cierto 😔
total 3 replies
Estefaniavv
🥰🥰🥰
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