Renace en un mundo mágico con una misión, pero ella no dejará la pasión de su primera vida.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
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Agnes 2
El despertar fue lento.
Pesado.
Como si regresara desde muy lejos.
Al principio creyó que aún estaba soñando. La confusión la envolvía como una neblina espesa. No había dolor, ni ruido, ni el peso aplastante del metal. Solo un silencio profundo, casi reverente.
Abrió los ojos.
El techo que la recibió no era el del taller. No había vigas manchadas de aceite ni luces frías colgando. Sobre ella se extendía un techo delicadamente tallado, cortinas claras que caían en pliegues suaves. El aire olía a flores secas y jabón fino.
Su corazón se aceleró.
Se incorporó con torpeza y miró a su alrededor. La habitación era elegante, antigua, de una belleza sobria.. muebles de madera oscura, una alfombra espesa, una chimenea apagada. Todo parecía sacado de otra época… de su sueño.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Bajó la mirada hacia sí misma.
Llevaba puesto un camisón largo de encaje, blanco, tan suave que apenas parecía real. Sus manos… no eran las mismas. Delgadas. Pálidas. Finas. Sin cicatrices de trabajo, sin durezas, sin marcas de grasa incrustada.
Se tocó el brazo, luego el pecho, como comprobando que existía.
Su cuerpo era distinto. Más frágil. Más ligero.
—No… —susurró, con una voz que tampoco reconoció del todo.
Se levantó de la cama, sintiendo el frío del suelo bajo los pies desnudos, y caminó hasta un gran espejo de cuerpo entero apoyado contra la pared.
El momento fue devastador.
El reflejo le devolvió la imagen de una mujer alta y hermosa, de piel blanca como la porcelana, cabello negro cayendo en ondas suaves sobre los hombros. Sus ojos… verdes. Exactamente como en el sueño. Profundos. Antiguos.
No era ella.
Y al mismo tiempo… sí.
El aire se le atoró en la garganta cuando una certeza brutal se asentó en su pecho.
Aquello no había sido solo un sueño.
Los recuerdos encajaron de golpe, como piezas de un mecanismo perfectamente aceitado.. el nombre, la mansión, el tío enfermo, la promesa, la caída, el hambre, Abby.
—Agnes… —susurró, probando el nombre en los labios.
El espejo no respondió. No lo necesitaba.
Ella lo supo entonces, con una claridad que le heló la sangre y le encendió el alma a la vez.. había muerto… y había vuelto a nacer.
Había reencarnado.
Ahora era.. Agnes Norhaven..
La mecánica que había vivido entre motores y metal ya no existía. Pero su esencia seguía ahí, atrapada en un cuerpo nuevo, en una vida que no había terminado como recordaba.
Una vida con deudas, promesas rotas… y una segunda oportunidad.
Agnes apoyó la mano en el cristal, mirando fijamente a la mujer que le devolvía la mirada.
Sus ojos verdes no temblaban.
No esta vez.
Si el destino la había traído de vuelta, no sería para perderlo todo otra vez.
El impacto de la certeza no la paralizó.
Al contrario.
Agnes respiró hondo, como hacía antes de enfrentar un motor complejo. Si aquello era una segunda vida, necesitaba información. Saber en qué punto exacto de la historia estaba. Porque ahora entendía algo esencial.. el sueño no había sido una visión vaga, sino una advertencia.
Se cambió de ropa con manos aún temblorosas. Eligió un vestido sencillo, oscuro.. La tela le resultaba extraña, pero su cuerpo parecía recordarla mejor que su mente. Se recogió el cabello y salió de la habitación.
La mansión la recibió en silencio.
Caminó por los pasillos largos, de techos altos y paredes cubiertas de retratos antiguos. Cada paso resonaba suavemente sobre la madera pulida. Reconocía el lugar… no con la lógica, sino con el alma. Sabía dónde girar antes de llegar, qué puertas no debía abrir, dónde el piso crujía.
Eso la asustó más que cualquier cosa.
El olor a pan reciente y caldo caliente la guió hasta la cocina. Allí encontró a una mujer robusta, de rostro cansado pero bondadoso, removiendo una olla..
La cocinera levantó la vista y le sonrió con dulzura al verla.
—Lady Agnes.. ¿Necesita algo, querida?
Agnes tragó saliva. La voz le salió más suave de lo que esperaba.
—Solo… solo quiero saber.. ¿Dónde está Abby? ¿Y mi tío?
La cuchara se detuvo.
La mujer bajó la mirada, y ese simple gesto fue suficiente para que el corazón de Agnes comenzara a latir con fuerza dolorosa. Había visto esa expresión antes. En el sueño. En la vida que ya había perdido.
—Mi lady… Ayer fue el funeral de Lord Norhaven.
Las palabras cayeron como piedras.
Agnes sintió que el aire se le escapaba lentamente, aunque ya lo sabía. Aunque su mente estaba preparada, su pecho no lo estaba. El pasado o el futuro se alineaba exactamente con lo que había visto.
—Lady Abby… está en su habitación. No ha querido ver a nadie desde entonces.
Agnes asintió despacio.
—Gracias.. Puede volver a su trabajo.
La cocinera la miró con una mezcla de pena y admiración, como si intuyera que algo había cambiado en ella, aunque no supiera qué.
Agnes salió de la cocina con pasos firmes, pero por dentro todo era un torbellino.
El sueño no estaba adelantado.
No estaba atrasado.
Estaba ocurriendo.
Aún no habían sido estafadas.
Aún no lo habían perdido todo.
Pero el reloj ya había empezado a correr.
Agnes apretó los puños mientras avanzaba por el pasillo que llevaba a la habitación de Abby. Esta vez no sería una espectadora arrastrada por el destino.
Esta vez, sabía lo que venía.
Y pensaba cambiarlo.