Valentina no recuerda a Gael Montenegro.
Él asegura que hace tres años estuvieron enamorados… hasta que un accidente le borró aquella noche de la memoria.
Pero cuando sus recuerdos comienzan a regresar, Valentina descubre algo aterrador:
ella no fue la víctima del accidente.
Fue la única persona que sobrevivió.
Y antes de perder la memoria, dejó un mensaje para sí misma:
“No confíes en Gael. Él sabe quién me quiso matar.”
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El hombre detrás de la puerta
Capítulo 18
—Yo.
La voz salió de la oscuridad.
Valentina se quedó congelada.
Mateo reaccionó inmediatamente.
Encendió la linterna del teléfono y la dirigió hacia el pasillo.
No había nadie.
—¿Quién está ahí? —preguntó.
Silencio.
Valentina miró a Clara.
—¿Lo escucharon?
Clara asintió.
—Sí.
Emilia retrocedió lentamente.
—Tenemos que salir.
Mateo tomó a Valentina del brazo.
—Ahora.
—Pero...
—¡Ahora!
Corrieron hacia la puerta.
Mateo intentó abrirla otra vez.
Nada.
—Está cerrada.
—¿Con llave? —preguntó Valentina.
—Sí.
—Entonces alguien nos encerró.
Mateo miró alrededor.
—Hay otra salida.
—¿Dónde?
—No lo sé.
Valentina soltó una risa nerviosa.
—Qué tranquilizador.
—Estoy intentando mantenerte viva.
—Pues podrías avisarme cuando tengas un plan.
—Estoy trabajando en eso.
—¡Chicos! —gritó Emilia.
Todos voltearon.
La computadora estaba encendida.
La pantalla mostraba una sola frase:
“NO BUSQUEN LA SALIDA.”
Debajo apareció otra.
“BUSQUEN LA HABITACIÓN.”
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Qué habitación?
La pantalla cambió.
Apareció un plano de la casa.
Había una habitación marcada en rojo.
Estaba justo debajo de ellos.
Mateo miró el suelo.
—El sótano.
—¿Hay un sótano? —preguntó Clara.
—Nunca lo vi.
Valentina observó el mapa.
Algo llamó su atención.
—Ese símbolo.
En una esquina aparecían tres pequeñas rayas.
Las mismas que había visto en la pared.
—Es la marca que hacía cuando era niña.
Mateo la miró.
—Entonces tú conocías esta casa.
—No.
Valentina negó.
—Yo nunca había estado aquí.
Pero una imagen apareció en su cabeza.
Ella era pequeña.
Corría por un pasillo.
Una mujer la perseguía.
Y alguien gritaba:
“¡Valentina, baja al sótano!”
Valentina abrió los ojos.
—Sí estuve aquí.
Mateo se acercó.
—¿Qué recuerdas?
—Una puerta.
—¿Dónde?
Valentina señaló el suelo.
—Debajo.
El sótano
Encontraron una trampilla detrás de un armario.
Mateo consiguió abrirla.
Un olor a humedad salió desde abajo.
—Yo bajo primero —dijo.
Valentina lo siguió.
—Ni se te ocurra dejarme aquí arriba.
Mateo sonrió.
—No pensaba hacerlo.
—Bien.
—Aunque estás empezando a volverte bastante mandona.
—Y tú bastante insoportable.
—Eso ya era antes.
—Cierto.
Por un momento, ambos sonrieron.
Pero la sonrisa desapareció cuando llegaron al último escalón.
El sótano estaba lleno de cajas.
Fotografías.
Grabadoras.
Cintas.
Y una pared completa cubierta de fotografías de Valentina.
Desde niña.
Hasta pocos días antes del incendio.
Valentina sintió que las piernas le temblaban.
—¿Quién hizo todo esto?
Mateo no respondió.
Había una fotografía particularmente grande.
Valentina la tomó.
Era ella junto a una niña.
La misma niña de la fotografía anterior.
Su supuesta hermana.
En la parte inferior decía:
“Experimento de memoria — Fase 2.”
Valentina sintió náuseas.
—¿Experimento?
Clara se acercó.
—¿Qué significa eso?
Valentina siguió leyendo.
Había una serie de fechas.
Fase 1: exposición.
Fase 2: separación.
Fase 3: manipulación.
Fase 4: borrado.
Mateo arrancó la hoja de la pared.
—Esto no me gusta.
Valentina lo miró.
—A mí tampoco.
—Tenemos que irnos.
—Todavía no.
—Valentina...
—Quiero saber qué me hicieron.
Mateo se quedó callado.
Ella continuó:
—Toda mi vida hay pedazos que no recuerdo. Personas que dicen conocerme. Una hermana que supuestamente no existe. Un padre muerto que aparentemente está vivo. Y ahora encuentro un sótano lleno de fotografías mías.
Se acercó a él.
—No pienso volver a casa sin respuestas.
Mateo la miró durante varios segundos.
Finalmente asintió.
—Entonces las encontramos.
Emilia encontró una caja metálica.
Dentro había una cinta.
En la etiqueta decía:
VALENTINA — ÚLTIMA SESIÓN
Mateo buscó una grabadora.
La encontró debajo de una mesa.
Presionó reproducir.
Primero se escuchó estática.
Después, una voz masculina.
—¿Recuerdas por qué estás aquí?
Era una voz desconocida.
La Valentina del pasado respondió:
—Sí.
—¿Qué quieres olvidar?
Silencio.
Después:
—A él.
Valentina miró a Mateo.
La grabación continuó.
—¿A Mateo?
—Sí.
—¿Por qué?
La voz de Valentina comenzó a llorar.
—Porque si él recuerda lo que hicimos, van a encontrarlo.
Mateo frunció el ceño.
—¿Lo que hicimos?
Valentina sintió un dolor repentino en la cabeza.
Se llevó las manos a las sienes.
Una imagen.
Mateo y ella.
Corriendo.
Una caja.
Un hombre.
Un disparo.
Valentina gritó.
La grabadora cayó al suelo.
Mateo la sostuvo antes de que perdiera el equilibrio.
—¡Valentina!
—Vi algo.
—¿Qué?
—Tú estabas conmigo.
—¿Dónde?
—En una habitación.
Valentina respiró rápidamente.
—Había un hombre.
—¿Quién?
—No le vi la cara.
—¿Qué pasó?
—Tenía una pistola.
Mateo palideció.
—¿Y después?
Valentina cerró los ojos.
—Tú me dijiste que corriera.
Mateo no respondió.
—Y después...
Valentina abrió los ojos.
—Escuché un disparo.
Clara se quedó inmóvil.
—¿Alguien murió?
Valentina miró a Mateo.
—No lo sé.
Mateo apartó la mirada.
Valentina se dio cuenta.
—Tú sí sabes.
—No.
—Mateo.
—No puedo.
—¡Dime!
Mateo respiró profundamente.
—Después de ese disparo, alguien murió.
Silencio.
—¿Quién?
Mateo no respondió.
Valentina lo miró fijamente.
—¿Mi padre?
—No.
—¿Mi hermana?
—No.
—Entonces, ¿quién?
Mateo levantó la mirada.
—Mi hermano.
Valentina se quedó completamente inmóvil.
—Tú... nunca me dijiste que tenías un hermano.
—Porque no tenía.
—¿Qué?
—Eso es lo que todos creían.
Mateo tragó saliva.
—Pero yo sí tenía un hermano.
El nombre borrado
Valentina se sentó en una caja.
—¿Cómo se llamaba?
Mateo bajó la mirada.
—Daniel.
El nombre pareció despertar algo.
Valentina lo repitió.
—Daniel.
Un recuerdo apareció.
Un chico riéndose.
Mateo junto a él.
Ella también.
Los tres estaban en una cafetería.
Daniel levantaba una taza.
—Por las malas decisiones.
Valentina se reía.
—¡Eso incluye a Mateo!
Mateo respondía:
—¿Yo qué hice?
—Existir.
Los tres reían.
Valentina abrió los ojos.
—Lo conocía.
Mateo asintió.
—Sí.
—¿Era mi amigo?
—Era mi hermano.
—¿Y murió aquella noche?
Mateo tardó unos segundos.
—Sí.
Valentina comenzó a llorar.
—¿Por qué nadie me lo dijo?
—Porque tú estabas allí.
—¿Yo lo vi morir?
Mateo negó.
—No.
—Entonces, ¿por qué borré mis recuerdos?
Mateo miró la grabadora.
—Porque viste quién disparó.
Valentina dejó de llorar.
—¿Quién?
Mateo no respondió.
—¿Quién mató a Daniel?
La voz de la mujer apareció desde la escalera.
—Yo.
Todos voltearon.
Era la mujer que tenía el rostro de Valentina.
Estaba parada allí.
Valentina se levantó.
—Tú...
La mujer bajó lentamente las escaleras.
—No lo maté.
Mateo dio un paso adelante.
—Entonces no vuelvas a decir eso.
—Estoy intentando protegerla.
—¿Protegiéndola de qué?
La mujer miró a Valentina.
—De lo que ella hizo después.
Valentina frunció el ceño.
—¿Qué hice?
La mujer se acercó.
—Después del disparo, tú viste quién fue.
—¿Quién?
—Tu padre.
Valentina negó.
—No.
—Sí.
—¡No!
—Y cuando intentaste denunciarlo...
La mujer se detuvo.
—...él amenazó con matar a Mateo.
Valentina sintió que el aire desaparecía.
—Por eso pedí olvidar.
—Sí.
—Para protegerlo.
—Sí.
Mateo miró a la mujer.
—Pero hay algo que no le estás diciendo.
La mujer se quedó callada.
—¿Qué? —preguntó Valentina.
Mateo sacó lentamente su teléfono.
—Encontré esto hace cinco años.
Le mostró una fotografía.
Valentina la tomó.
Era Daniel.
Pero había algo extraño.
En el reverso estaba escrito:
“Daniel no murió aquella noche.”
Valentina levantó la mirada.
—¿Qué significa esto?
Mateo respondió:
—Que alguien quiso que creyéramos que mi hermano estaba muerto.
Todos quedaron en silencio.
Entonces escucharon pasos arriba.
Uno.
Dos.
Tres.
Alguien estaba caminando por la casa.
Mateo apagó inmediatamente la linterna.
—No hagan ruido.
Los pasos continuaron.
Se detuvieron justo encima de ellos.
Valentina contuvo la respiración.
Después escucharon una voz.
Una voz masculina.
—Sé que están ahí.
Mateo miró a Valentina.
La voz volvió a hablar.
—Y sé que encontraste la grabación.
Valentina sintió que conocía aquella voz.
Era la misma que había escuchado en su recuerdo.
El hombre comenzó a bajar las escaleras.
Paso.
Paso.
Paso.
La oscuridad no permitía verle el rostro.
Hasta que llegó al último escalón.
La luz de la calle iluminó parcialmente su cara.
Valentina abrió los ojos.
—No...
Mateo la miró.
—¿Lo conoces?
Ella apenas pudo hablar.
—Sí.
El hombre sonrió.
—Hola, Valentina.
Era Daniel.
El hermano de Mateo.
El hombre que todos creían muerto.
Y antes de que cualquiera pudiera reaccionar, Daniel miró directamente a Mateo y dijo:
—Tenemos que hablar de la noche en que tú me disparaste.