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Mi hijo es del tío de mi ex

Mi hijo es del tío de mi ex

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Madre soltera / Embarazo no planeado / Hijo/a genio / Mujer despreciada / Amante arrepentido
Popularitas:55
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Robles

n plena boda, la mejor amiga de Lucía Herrera expone sus fotos íntimas. Su prometido la llama zorra, la golpea y le arranca el vestido de novia… para casarse con la traidora.
Cinco años después, Lucía regresa con sus mellizos, Mateo y Sofía, sin saber quién es su padre. Hasta que se cruza con Adrián Valdés, un poderoso CEO que parece la versión adulta de Mateo.
—Quiero a mis hijos conmigo.
—No voy a separarme de ellos.
Mateo se planta frente a él. Sofía se aferra a la mano de su madre.
—¡No se meta con mi mami, imbécil! ¡Primero tendrá que vérselas conmigo!
Pero el padre de los mellizos también es el tío de su ex. Y para no perder a sus hijos, Lucía acepta casarse con él por contrato.
Esta vez, vuelve a la familia Valdés por la puerta grande.
El hombre que la echó de su propia boda tendrá que llamarla tía.

NovelToon tiene autorización de Camila Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Capítulo 19. Un bastardo sin padre

Lucía se apresuró a ir a la escuela, sin pensar en la herida del pie. La maestra de los mellizos acababa de llamarla: su hijo se había peleado con otro niño.

Al verla tan angustiada y con dificultades para moverse, Adrián la llevó.

La herida no era demasiado grave, pero no podía caminar sola. Cuando llegaron, Lucía dudó, sin saber cómo bajarse.

Adrián se acercó a su puerta y le tendió una mano, sin hacer comentarios.

—Baja. Te ayudo a entrar.

Lucía miró aquella mano grande, de dedos largos y limpios. Estaba demasiado preocupada por Mateo para seguir dudando. Puso su mano en la de él.

Adrián la ayudó a llegar a la oficina de la maestra.

En cuanto entró, Lucía vio a su hijo de pie junto a otro niño. Sofía estaba sentada cerca del escritorio, con los ojos llorosos.

Tenía la ropa sucia y desgarrada, un moretón junto a la boca y un poco de sangre en el brazo. Todo indicaba que se había peleado con el compañero que tenía al lado.

El corazón se le encogió. Olvidándose del dolor, se acercó lo más deprisa que pudo, arrastrando el pie.

—¿Mateo?

Apenas llevaba unos días en la escuela. ¿Cómo había terminado peleándose con un compañero?

Al verla, los ojos del pequeño, que hasta entonces se había mostrado tan terco, se enrojecieron. Pero apretó los labios y no dijo nada.

Lucía vio que el otro niño tenía la cara hinchada y amoratada, además de un rasguño con sangre. También llevaba la ropa rota. Parecía más lastimado que Mateo.

La maestra, sentada junto al escritorio, habló.

—Usted es Lucía, la mamá de Mateo, ¿verdad?

—Sí, maestra Torres. ¿Qué pasó? ¿Por qué se lastimaron así?

La maestra la miró y después se fijó en el hombre que la sostenía. Había en él una distinción y una autoridad que parecían ponerlo fuera del alcance de los demás.

Reaccionó un instante después.

—Será mejor que él se lo cuente.

Lucía se volvió enseguida hacia su hijo.

—Dile a mami por qué te peleaste con él.

—¡Se lo merecía!

Mateo parecía dolido, pero estaba sobre todo enojado. No daba señales de creer que hubiera hecho algo malo.

Lucía frunció el ceño.

—Explícame qué pasó.

—Él… él dijo cosas feas. ¡Me insultó!

Ella frunció más el ceño. Nunca había visto así a su hijo.

—¿Qué te dijo?

Los ojos de Mateo se enrojecieron aún más y se le llenaron de lágrimas. Cerró los puñitos, empeñado en no dejarlas caer.

—¡Nos dijo que somos unos bastardos sin padre!

El otro niño, que hasta entonces no había hablado, estalló de pronto:

—¡Porque son unos bastardos sin padre! ¡Todos tenemos papá menos ustedes!

—¡Repítelo!

Mateo levantó el puño, furioso, dispuesto a golpearlo otra vez.

El otro tampoco se echó atrás. Antes de que volvieran a pelearse, Lucía se apresuró a separarlos.

Ya entendía lo ocurrido.

Calmó a su hijo, lo dejó detrás de ella y se enfrentó al compañero.

—Soy la mamá de Mateo Herrera. ¿Cómo te llamas?

El niño la miró de reojo, alzó el mentón y resopló.

—Bruno Cárdenas.

—Bruno, en algo tienes razón: todos tenemos papá. Mateo y Sofía también. Sé que Mateo no debió pegarte, y menos siendo compañeros. Pero no vuelvas a decirles esas cosas que hacen daño.

No había imaginado que se burlarían de sus hijos por no tener a su padre cerca. A ella le dolía tanto como a ellos.

Bruno no mostró ningún respeto por sus palabras. Tampoco creía haber hecho nada malo.

—¿Tienen papá? ¿Y dónde está? ¡Que venga! No soy solo yo. ¡Todos sabemos que no tienen!

La cara de Mateo se puso roja de rabia. Volvió a levantar el puño, pero Lucía lo detuvo.

No sabía cómo salir de aquello. No podía hacer aparecer a un padre para sus hijos.

—Yo soy su papá.

La voz grave llegó de pronto.

Lucía se quedó inmóvil y giró la cabeza hacia Adrián, que seguía detrás de ella.

¿Qué acababa de decir?

Los mellizos también lo miraron sin poder creerlo. Sofía se levantó despacio de la silla.

Bajo sus miradas asombradas, Adrián se acercó y se detuvo frente a Bruno, que abrió los ojos de par en par.

—Soy el papá de Mateo y Sofía Herrera. Aunque Mateo te haya pegado, creo que debes pedirles una disculpa.

Era tan alto que, solo con ponerse frente al niño, lo intimidó.

Lucía seguía sin reaccionar. Mateo, en cambio, se acercó enseguida y lo tomó de la mano. Ahora hablaba con seguridad.

—¡Mi papá está aquí! ¡Vuelve a decir que no tengo y él te va a poner en tu lugar!

La presencia de Adrián dejó a Bruno paralizado. No creía que aquel fuera el padre de Mateo, pero se parecían tanto que no se atrevió a decir nada.

Todo había ocurrido demasiado deprisa. Cuando Lucía volvió en sí, no supo cómo intervenir. Jamás habría imaginado que Adrián mentiría para ayudar a sus hijos.

La maestra Torres se acercó.

—¡Así que usted es su papá! Con razón, desde que entraron, me pareció que se parecían tanto. ¡Son idénticos!

Adrián y Mateo no pudieron evitar mirarse. La misma duda apareció en sus ojos.

¿Se parecían tanto?

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