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La Doctora Del Padrino

La Doctora Del Padrino

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

El jefe mafioso más temido de España, Damon Burgos, conocido como el Padrino, gobierna con puño de hierro y sin piedad. Christine, una brillante cirujana, carga con un odio profundo hacia él: fueron los hombres de su banda quienes acorralaron a su madre hasta llevarla al suicidio. Damon la ha observado durante meses, deseándola con una intensidad que lo consume, y exige que ella le dé el heredero que su imperio necesita. Christine se niega, y para escapar de su destino, acepta casarse con un hombre que cree que la protegerá. Pero Damon no permite que nadie le quite lo que es suyo. Irrumpe en la boda, la lleva a su fortaleza y la encierra. Cuando un enemigo de Damon la droga para atacarlo a través de ella, él pierde el control y hará cualquier cosa, destruir ciudades, matar ejércitos, con tal de salvarla. Y entre el odio y el peligro, arde un deseo que ninguno de los dos puede apagar.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18 — Piel contra Piel

La habitación quedó sumida en una penumbra cálida, donde la luz dorada del atardecer se filtraba entre las cortinas de seda, tiñendo la piel de ambos de un tono ámbar y suave. No había prisa, no había miedo, no había secretos. Solo quedaban ellos dos, desnudos no solo de ropa, sino de todas las máscaras que habían llevado durante años: el Padrino temido y la prisionera, el hombre herido y la mujer que creyó odiarlo. Ya no eran ninguno de esos. Eran solo dos personas que habían recorrido un camino lleno de espinas y sombras, y que al fin, al fin, se encontraban en la luz.

Damon la miraba con una devoción que la hacía temblar, recorriendo cada centímetro de su cuerpo con la mirada, como si quisiera memorizarlo todo, como si cada parte de ella fuera un milagro que no se creía merecer. Sus manos la tocaron con infinita suavidad, preguntando con cada roce si podía seguir, y Christine respondía con un suspiro, con un movimiento de su cuerpo hacia el suyo, diciéndole que sí, que todo era suyo, que ella era suya, completa y libremente.

Cuando sus pieles se rozaron por primera vez, fue como el encendido de un fuego lento y profundo, que no quemaba, sino que calentaba hasta lo más hondo. Christine sintió la textura de su piel, cálida y firme, la cicatriz en su hombro que recorrió con los dedos, sintiendo cómo él se estremecía bajo su tacto, como si nadie lo hubiera tocado jamás con ternura. Sus cuerpos encajaron con una naturalidad que la asombró, como si hubieran sido hechos para estar así, piel contra piel, latido contra latido, sin nada que los separara.

—Eres perfecta —susurró él contra su garganta, besando suavemente la piel que encontró a su paso— cada marca, cada curva, cada respiración tuya. Eres lo más hermoso que mis ojos han visto jamás.

Christine lo atrajo hacia sí, besándolo con la misma intensidad, sintiendo cómo su corazón golpeaba contra el de él, al mismo ritmo, como si fueran un solo ser. —Tú también eres perfecto —respondió ella, rozando sus labios con los suyos, incluso con tus heridas. Incluso con tu pasado. Todo de ti es lo que quiero.

Lo que siguió fue lento, sagrado, una danza que ninguno de los dos sabía bailar pero que sus cuerpos conocían de memoria. No era solo deseo, era también sanación. Cada caricia borraba un recuerdo doloroso; cada beso sellaba una promesa; cada roce era un decir aquí estoy, te acepto, te quiero tal como eres. Damon la amaba con una delicadeza que la conmovía hasta las lágrimas, deteniéndose cuando ella necesitaba respirar, mirándola a los ojos en cada instante, asegurándose de que siempre estuviera con él, de que no se perdiera en ningún momento. No la tomaba: la recibía. No la exigía: la agradecía. Y Christine, que durante tanto tiempo había creído que el placer y el dolor iban de la mano, descubrió que podía ser suave, seguro, un refugio más fuerte que cualquier muro.

—Te amo —repetía él una y otra vez, entre besos y suspiros, con la voz quebrada por la emoción—. Te amo más de lo que las palabras pueden decir. No sabes cuánto te amo.

—Y yo a ti —respondía ella, perdiéndose en la sensación de su calor, de su fuerza contenida, de la forma en que la sostenía como si fuera algo frágil y al mismo tiempo invencible—Siempre te amaré.

Cuando llegaron al final, fue como llegar a casa. Un estallido suave y profundo que los dejó temblando, abrazados, sin aliento, como si sus almas se hubieran entrelazado tan fuerte que nada podría separarlas jamás. Damon se quedó encima de ella un instante, apoyado en los brazos para no pesarle, mirándola con una expresión de adoración pura, y luego se deslizó a su lado, atrayéndola contra su pecho, envolviéndola con sus brazos como si quisiera protegerla de todo, incluso del tiempo mismo.

Christine escuchaba los latidos de su corazón, lentos y fuertes, y sentía la calma más profunda que hubiera conocido en su vida. Nada de lo que había pasado antes importaba ya: ni la prisión, ni el veneno, ni la amenaza de Marco, ni el pasado lleno de sombras. Porque en ese instante, nada existía fuera de esa habitación, fuera de ese abrazo, fuera de ellos.

—Nada nos va a separar —dijo Damon, rompiendo el silencio, acariciando su cabello con suavidad—No importa lo que venga. No importa quién venga. Esto que tenemos es más fuerte que cualquier cosa.

—Lo sé —respondió ella, cerrando los ojos, sintiendo su respiración contra su frente— Porque no es solo deseo, es algo más. Es como si siempre hubiéramos sido uno, y por fin nos encontramos.

Se quedaron así, piel contra piel, corazón contra corazón, mientras la luz del atardecer se desvanecía y la noche caía sobre la fortaleza. Y aunque afuera el peligro seguía acechando, aunque la guerra seguía ahí esperando, dentro de esas cuatro paredes, reinaba la paz. Una paz ganada con lágrimas y verdad, construida sobre la confianza y el amor, y sellada con el fuego de dos cuerpos que se amaron como si no hubiera un mañana, porque en ese momento, para ellos, no lo había. Solo había el ahora. Solo había nosotros. Solo había esto.

...Cuando se unieron sus cuerpos… se unieron también sus destinos, para siempre....

...CONTINUARÁ ...

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1
MAR
👏
Eliana Angulo
estuvo interesante tu novela, la recomiendo 👏👍
Eliana Angulo
🤣🤣 dicho y hecho una empleado los traicionó y de confianza que no es lo mismo.. ella también tan 🤬le dice que no reciba nada y lo hace.. hay tiene
Eliana Angulo
ahora los traiciona algún empleado 🤔
Eliana Angulo
Y no decía que quería su libertad 🤔 y ahora que se la estando no la quieren ... quién la entiendo 🤣🤣
Eliana Angulo
Y no decía que quería su libertad 🤔 y ahora que se la estando no la quieren ... quién la entiendo 🤣🤣🤭
Eliana Angulo
🤣🤣 me das todo menos mi libertad... y está más enamorada
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Exacto! Le quitó su libertad… pero le dio algo que valía mucho más: amor, protección y un hogar donde sentirse por fin libre de verdad. No la encadenó a su casa… la encadenó a su corazón. Gracias por leerla con tanto sentimiento
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Eliana Angulo
cómo dice un refrán del Odio al Amor solo hay un paso.. y ella está que pérdida
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Así es! 💥 Ese paso fue el más difícil y el más hermoso de todos… porque al cruzarlo descubrió que lo que sentía no era odio, sino amor escondido detrás del dolor. ❤️‍🔥 Gracias por esa frase tan bonita, ¡es perfecta para ellos dos!
total 1 replies
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