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Casi Algo.

Casi Algo.

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Romance / Polos opuestos enfrentados / Chico Malo
Popularitas:877
Nilai: 5
nombre de autor: Yoany

¿Cuánto tiempo toma borrar a una persona que nunca fue realmente tuya?
Alba tiene cuarenta y dos canciones guardadas en una playlist titulada simplemente "Nuestra". Cuarenta y dos fragmentos de una historia que siempre vivió en el "tal vez", en las miradas a escondidas y en las promesas que se quedaron a mitad de camino.
Mateo no fue su novio. No fue un error. Fue su "casi algo": ese espacio gris donde los sentimientos son más intensos porque nunca llegan a ser oficiales. Pero ahora que el silencio entre ellos es más fuerte que la música, Alba ha tomado una decisión: cada noche borrará una canción. Y con cada canción, intentará borrar un recuerdo.
Desde el primer acorde bajo la lluvia hasta el último mensaje sin responder, Alba recorrerá el mapa de su corazón roto para entender en qué momento el "nosotros" se convirtió en un "casi".
A veces, el desamor más difícil de superar es aquel que nunca tuvo un nombre.

NovelToon tiene autorización de Yoany para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El rastro de la duda.

Capítulo 18: El rastro de la duda.                                                                                                                                       [Presente]

Miro el collar sumergido en el bote. El brillo de los diamantes parece la mirada de un depredador, acechando incluso bajo el agua. Mateo espera que yo sea su faro en la gala, pero voy a darle un objetivo diferente.En el callejón de mi edificio siempre merodea un viejo gato callejero, un superviviente al que llamo “Bandido”. Le pongo un poco de atún en un plato y, con cuidado, engancho el collar a su correa desgastada. Bandido, con la indiferencia de los que han aprendido a sobrevivir, se pierde por los tejados del barrio, saltando de una nave a otra, alejándose de mi dirección real.Mientras veo su sombra desaparecer bajo la luna, me pongo los auriculares. El aleatorio me lanza una melodía que solíamos escuchar los domingos por la mañana. Una melodía que, en su momento, me parecía un abrazo y que ahora suena a asfixia. [Pasado]

Estábamos desayunando. Mateo leía el periódico y la radio escupía aquella melodía repetitiva. Yo tarareaba bajito, sintiéndome feliz.—¿Sabes qué es lo que más me gusta de nosotros, Alba? —me preguntó sin levantar la vista.

—¿Qué?

—Que eres transparente. Sé dónde estás, en qué piensas y qué vas a decir antes de que lo hagas. Es… tranquilizador. Como tener un libro abierto que nunca cambia de página.En aquel momento lo interpreté como que me conocía profundamente. No vi el insulto escondido. No vi que me estaba diciendo que yo no tenía derecho a tener secretos, a evolucionar o a ser algo más que lo que él había decidido que yo era. Me estaba diciendo que me vigilaba “cada vez que respiraba”. Aquella mañana, me besó con sabor a café frío y yo le sonreí, agradecida por ser su “libro abierto”, sin darme cuenta de que él era el único que escribía en mis páginas. [Presente]

Escucho la línea obsesiva de la melodía, como un recordatorio de cadenas invisibles.

—No, Mateo. Ya no soy tuya —digo en voz alta al callejón vacío—. Y ya no soy transparente.Vuelvo al salón y miro la pantalla de mi móvil. Esa melodía que antes me recordaba a domingos tranquilos ahora me produce náuseas. Es el himno del control disfrazado de amor.Click.

“¿Deseas eliminar esta canción de la playlist?”

Confirmar.Siento un alivio casi físico. Es una canción menos que le pertenece a él. Quedan 24 melodías. Bandido ya debe estar a kilómetros de aquí, llevando el GPS de Mateo hacia un solar abandonado. Yo, por mi parte, empiezo a meter en una mochila lo que realmente necesito para el día 15. Mi vestido rojo ya no es ropa; es un uniforme de combate.El silencio del apartamento se convierte en un aliado. Cada objeto parece mirarme, recordándome que nada de lo que me rodea es neutral: todo tiene una historia, todo guarda un rastro de lo que fui con Mateo. La lámpara del escritorio, el espejo del pasillo, incluso las cortinas que él eligió. Todo es parte de un escenario que ya no me pertenece.Mientras guardo el vestido, pienso en cómo la gala será más que un evento social. Será un campo de batalla. El rojo no será un color de seducción, sino de desafío. Cada pliegue del vestido será un recordatorio de que no estoy dispuesta a seguir siendo su “libro abierto”.El móvil vibra de nuevo. Un mensaje breve aparece en la pantalla:

“No intentes escapar. El rastreador siempre encuentra.”Sonrío con ironía. El rastreador está ahora en el cuello de Bandido, saltando entre tejados, perdiéndose en la ciudad. Mateo cree que me tiene controlada, pero lo único que controla es una sombra.Recuerdo otra escena, meses atrás. Mateo me llevó a una exposición de arte contemporáneo. Frente a un cuadro abstracto, me dijo:

—¿Ves? Todo esto es caos. Yo, en cambio, te ordeno. Te doy sentido.En aquel momento lo interpreté como un gesto de amor. Hoy lo recuerdo como una sentencia. Él no quería que yo fuera libre, quería que yo fuera su obra, moldeada a su antojo.Ese recuerdo me golpea mientras cierro la mochila. No soy su obra. No soy su orden. Soy mi propio caos, y en ese caos está mi libertad.Reviso la mochila: el vestido rojo, un par de documentos, el cuaderno de notas de mi padre, y un pequeño frasco de perfume que siempre me recuerda quién soy. No necesito más.El día 15 será el inicio de algo nuevo. No sé si saldré victoriosa, pero sé que no volveré a ser la misma.Me acerco a la ventana. Londres se extiende bajo la luna, con sus luces titilando como advertencias. Cada sombra es un enemigo potencial, cada esquina un peligro. Pero también cada calle es una oportunidad.El sonido de pasos en el callejón me hace contener la respiración. No es Bandido. No es un vecino. Es alguien más.Una silueta se detiene frente a mi puerta. No toca, no habla. Solo espera.El corazón me golpea el pecho. ¿Será uno de los hombres de Mateo? ¿O será alguien que viene a ofrecerme otra salida?El eco de la melodía eliminada aún resuena en mi cabeza. Ya no soy transparente. Ya no soy suya.Y cuando la silueta finalmente levanta la mano para golpear la puerta, sé que el verdadero rastro de la duda apenas comienza.

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Adhara lovers
muy bonito me está gustando
Yoany: Que bueno me alegra mucho
total 1 replies
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