Él juró destruirla. Ella prometió jamás inclinar la cabeza.
En un mundo gobernado por la mafia, donde la lealtad se paga con sangre y la traición se castiga con la muerte, dos almas destinadas a odiarse se verán obligadas a caminar por el mismo infierno.
Él es un hombre frío, peligroso y acostumbrado a obtener todo lo que desea. Ella, una mujer fuerte que no está dispuesta a convertirse en el trofeo de nadie.
Entre secretos, venganza, mentiras y una atracción imposible de ignorar, descubrirán que el odio puede ser el inicio de la historia más peligrosa de sus vidas.
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Capitulo 9- Una verdad entre dos familias
"Hay secretos que pueden cambiar una relación... pero también pueden revelar quién está dispuesto a quedarse."
Dante no soltó inmediatamente la mano de Valentina.
Durante unos segundos, ambos permanecieron en silencio.
Aquella pequeña mesa del café parecía haberse convertido en el único lugar del mundo donde no existían sus familias, las sospechas ni los problemas que los habían perseguido durante meses.
Solo estaban ellos.
Y una verdad que ya no podía esconderse.
Dante fue el primero en hablar.
—¿Cuánto tiempo llevas sabiendo que el bebé es mío?
Valentina retiró lentamente su mano.
—Desde que descubrí el embarazo.
—¿Y nunca pensaste en decírmelo?
—Sí.
Todos los días.
Dante bajó la mirada.
—Entonces, ¿por qué no lo hiciste?
Valentina respiró profundamente.
—Porque no sabía cómo reaccionarías.
—Podrías haber confiado en mí.
Ella soltó una pequeña risa, aunque no había humor en ella.
—¿En ti?
Hace unas semanas me dijiste que si descubrías que te había mentido, tendríamos un problema.
Dante se quedó callado.
Sabía perfectamente a qué se refería.
—Estaba enojado.
—Y yo estaba asustada.
Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.
Dante comprendió que no podía borrar lo que había dicho simplemente porque ahora se arrepintiera.
—Lo siento.
Valentina lo miró sorprendida.
—¿De verdad?
—Sí.
No quiero que tengas miedo de mí.
Ella permaneció callada.
Por primera vez, Dante hablaba sin aquella actitud fría y dominante que tanto la había hecho enfrentarse a él.
—Pero quiero conocer a mi hijo —continuó.
—Lo sé.
—Y quiero estar presente.
Valentina lo observó detenidamente.
—Entonces tendrás que demostrarme que puedo confiar en ti.
Dante asintió.
—Lo haré.
Al salir del café, Dante acompañó a Valentina hasta su automóvil.
Antes de que ella subiera, él habló.
—¿Tus padres lo saben?
—Sí.
—¿Tus hermanos?
—También.
Dante respiró profundamente.
—Entonces debo hablar con ellos.
Valentina frunció el ceño.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—No será fácil.
—Nunca pensé que lo sería.
Ella lo observó unos segundos.
—Dante...
—¿Sí?
—Gracias por no enfadarte.
Él sonrió ligeramente.
—Créeme, estoy sintiendo muchas cosas.
Pero no quiero convertirlas en un problema para ti.
Valentina asintió.
Subió al automóvil y cerró la puerta.
Antes de marcharse, bajó la ventana.
—Nos vemos.
Dante respondió:
—Nos vemos, Valentina.
El automóvil se alejó.
Dante permaneció observándolo hasta que desapareció de su vista.
Esa misma noche...
La residencia Russo estaba en completo silencio.
Valentina había reunido a sus padres y hermanos en la sala.
—Tengo algo que decirles.
Marco la miró preocupado.
—¿Qué ocurrió?
Valentina respiró profundamente.
—Dante ya lo sabe.
Todos quedaron inmóviles.
Luca fue el primero en reaccionar.
—¿Se lo dijiste?
—Sí.
—¿Y qué hizo?
—No se enfadó.
Marco frunció el ceño.
—¿Seguro?
—Sí.
Dijo que quiere estar presente.
Su padre permaneció pensativo.
—Entonces tendrá que demostrar que sus palabras son sinceras.
Isabella tomó la mano de Valentina.
—¿Y tú qué quieres?
Valentina miró hacia abajo.
Después acarició suavemente su vientre.
—Quiero que mi bebé tenga a sus dos padres.
Pero también quiero seguir siendo dueña de mis decisiones.
Su padre asintió.
—Entonces será así.
Marco miró a su hermana.
—Y si Dante olvida eso...
Luca completó la frase.
—Tendrá que hablar con nosotros.
Valentina sonrió.
—Gracias.
Por primera vez desde que había descubierto su embarazo, sintió que el peso sobre sus hombros comenzaba a disminuir.
Al otro lado de la ciudad...
Dante regresó a casa.
Encontró a Bianca en la biblioteca.
Ella levantó la mirada.
—¿Dónde estabas?
—Con Valentina.
Bianca cerró el libro.
—¿Y?
Dante se sentó frente a ella.
—El bebé es mío.
Bianca quedó completamente sorprendida.
—¿Qué?
—Lo descubrí hoy.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
Después Bianca sonrió.
—Entonces vas a ser padre.
Dante soltó una pequeña risa nerviosa.
—Parece que sí.
—¿Estás feliz?
Dante pensó en la pregunta.
—Tengo miedo.
Bianca se levantó y se acercó a él.
—Es normal.
—No sé cómo hacer esto.
—Nadie nace sabiendo ser padre.
Dante la miró.
—Quiero hacerlo bien.
Bianca sonrió.
—Entonces ya empezaste.
Más tarde, Dante entró al despacho de su padre.
Vittorio levantó la mirada.
—¿Qué ocurre?
Dante cerró la puerta.
—Tengo algo que decirte.
Su padre esperó.
—Valentina está embarazada.
Vittorio permaneció inmóvil.
—¿Y?
Dante sostuvo su mirada.
—El bebé es mío.
El silencio fue inmediato.
Su padre dejó lentamente el documento que tenía entre las manos.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Ella lo confirmó?
—Sí.
Vittorio se levantó.
—Entonces esto cambia muchas cosas.
Dante asintió.
—Lo sé.
Pero hay algo que quiero dejar claro.
No voy a permitir que nuestras familias conviertan a ese bebé en una herramienta para continuar sus conflictos.
Vittorio observó a su hijo durante unos segundos.
Finalmente asintió.
—Eso demuestra que estás empezando a pensar como un hombre responsable.
Dante bajó la mirada.
Por primera vez...
La idea de tener una familia propia dejó de parecerle algo lejano.
Y, aunque todavía no lo sabía...
Ese bebé sería capaz de cambiar la relación entre los Vesperi y los Russo.
Pero también obligaría a Dante y Valentina a enfrentarse a una pregunta mucho más difícil:
¿Podrían convertirse en una familia sin dejar de ser enemigos?
"A veces el verdadero desafío no es descubrir la verdad, sino aprender a vivir con ella."
A la mañana siguiente, Valentina despertó antes de que sonara su alarma.
Durante unos segundos permaneció mirando el techo.
Después recordó todo.
Dante lo sabía.
Su familia lo sabía.
Y ahora la vida que había intentado mantener en secreto comenzaba a cambiar.
Se levantó lentamente y se acercó al espejo.
Su vientre ya era evidente.
Colocó ambas manos sobre él y sonrió.
—Parece que todo está cambiando, pequeño.
Unos golpes en la puerta interrumpieron el momento.
—¿Puedo pasar? —preguntó Marco.
—Sí.
Su hermano entró con una taza de chocolate caliente.
—Mamá dijo que no habías desayunado.
Valentina tomó la taza.
—Gracias.
Marco se sentó en el borde de la cama.
—¿Cómo estás después de hablar con Dante?
—Extrañamente tranquila.
—¿De verdad confías en él?
Valentina tardó en responder.
—Todavía no.
Pero quiero darle una oportunidad.
Marco asintió.
—Entonces la tendrás.
Solo recuerda que no tienes que aceptar nada que te haga sentir incómoda.
—Lo sé.
Mientras tanto, en la residencia Vesperi...
Dante estaba en el gimnasio privado.
Intentaba concentrarse en su entrenamiento, pero su mente estaba en otro lugar.
Enzo apareció junto a la puerta.
—¿Puedo entrar?
Dante asintió.
—Ya sabes lo de Valentina.
—Sí.
—¿Y qué piensas?
Enzo sonrió.
—Que estás completamente perdido.
Dante levantó una ceja.
—¿Perdido?
—Hace unos meses no soportabas escuchar su nombre.
Ahora estás pensando en cómo convertirte en padre.
Dante soltó una pequeña risa.
—No sé cómo pasó.
Raffaele apareció detrás de Enzo.
—Nosotros sí.
Dante lo miró.
—No quiero escucharlo.
—Te enamoraste de tu enemiga.
Dante permaneció en silencio.
La palabra quedó flotando en el aire.
Enamoraste.
No estaba preparado para aceptarla.
—Todavía no sé qué siento.
Enzo sonrió.
—No tienes que ponerle un nombre todavía.
Aquella tarde, Dante llegó a la residencia Russo.
Su automóvil se detuvo frente a la entrada.
Valentina estaba esperando junto a su padre, sus hermanos y su madre.
La tensión podía sentirse en el aire.
Dante bajó del automóvil.
Vittorio había querido acompañarlo, pero Dante decidió ir solo.
Quería demostrar que podía enfrentarse a aquella situación sin convertirla en una batalla entre familias.
El padre de Valentina fue el primero en hablar.
—Dante.
—Señor Russo.
—Pasa.
Dante entró.
Luca y Marco permanecieron cerca de Valentina.
Dante los miró.
—No he venido a discutir.
Marco cruzó los brazos.
—Entonces, ¿a qué viniste?
Dante respondió con tranquilidad.
—A hablar sobre mi hijo.
El ambiente cambió inmediatamente.
Valentina respiró profundamente.
Su padre señaló el salón.
—Sentémonos.
Todos tomaron asiento.
Dante miró a Valentina.
—Quiero estar presente durante el embarazo.
Marco intervino.
—¿Y qué significa eso exactamente?
—Significa acompañarla cuando ella quiera que la acompañe.
Ir a las citas si me lo permite.
Ayudar cuando sea necesario.
Y estar presente cuando nazca.
Valentina lo observó atentamente.
—Eso suena bien.
Pero tendrás que respetar mis límites.
—Lo haré.
—Y no quiero que esto se convierta en una guerra.
Dante negó.
—Yo tampoco.
El padre de Valentina permaneció serio.
—Entonces tendrás que demostrarlo.
Dante asintió.
—Lo haré.
Después de la conversación, Valentina acompañó a Dante hasta la entrada.
—Gracias por venir.
—Gracias por permitirme hacerlo.
Ella sonrió ligeramente.
Dante la miró durante unos segundos.
—¿Tienes una cita médica esta semana?
—El viernes.
—¿Puedo acompañarte?
Valentina dudó.
Después asintió.
—Sí.
Dante sonrió.
—Entonces nos vemos el viernes.
Valentina lo observó subir al automóvil.
Por primera vez, no sintió que estaba viendo marcharse a su enemigo.
Sino al hombre que, quizá, algún día podría convertirse en alguien importante para ella.
Cuando el automóvil desapareció por la calle, Marco se acercó.
—No me gusta admitirlo.
Valentina sonrió.
—¿Qué cosa?
—Parece que realmente está intentando cambiar.
Luca apareció detrás.
—No te emociones demasiado.
Marco soltó una carcajada.
—Nunca.
Valentina negó con la cabeza.
Pero en el fondo...
Una pequeña esperanza comenzaba a crecer.
En el automóvil...
Dante permanecía mirando por la ventana.
Enzo, que conducía, rompió el silencio.
—¿Cómo fue?
—Difícil.
—¿Y?
Dante sonrió levemente.
—Me dejaron acompañarla a la cita del viernes.
Raffaele, sentado en el asiento delantero, se giró.
—Eso es progreso.
Dante apoyó la cabeza contra el asiento.
—Sí.
Pero tengo la sensación de que esto apenas comienza.
Y tenía razón.
Porque mientras Dante y Valentina intentaban encontrar una manera de construir una relación diferente...
Alguien más observaba sus movimientos desde las sombras.
Alguien que no quería que las familias Vesperi y Russo hicieran las paces.
Y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para impedirlo.
Cuando dos enemigos comienzan a acercarse, siempre habrá alguien dispuesto a recordarles por qué comenzaron a odiarse."
La noche había caído sobre la ciudad.
En la residencia Russo, todos intentaban continuar con normalidad, aunque la conversación con Dante había cambiado el ambiente.
Valentina estaba sentada en el salón junto a su madre.
Isabella tejía distraídamente mientras observaba a su hija.
—Estás pensando demasiado.
Valentina sonrió.
—¿Se nota?
—Desde que llegaste.
Valentina apoyó una mano sobre su vientre.
—Dante dijo que quiere acompañarme el viernes.
—¿Y tú quieres que vaya?
—Sí.
Isabella dejó lo que estaba haciendo.
—Entonces no tienes por qué sentirte culpable.
Valentina la miró.
—Mamá... ¿crees que pueda funcionar?
—¿Qué cosa?
—Dante y yo.
Su madre permaneció pensativa.
—No lo sé.
Pero las personas pueden cambiar cuando encuentran algo que realmente quieren proteger.
Valentina bajó la mirada.
—No sé si quiero enamorarme de él.
Isabella sonrió.
—Entonces no pienses todavía en el amor.
Solo conócelo.
Al otro lado de la ciudad...
Dante estaba en su despacho.
Enzo y Raffaele revisaban unos documentos.
—Hay algo extraño —dijo Enzo.
Dante levantó la mirada.
—¿Qué?
—Los movimientos de nuestros enemigos aumentaron durante los últimos días.
Raffaele dejó una carpeta sobre la mesa.
—Y no parece una coincidencia.
Dante la abrió.
Había fotografías de automóviles desconocidos, movimientos de personas y algunos lugares relacionados con las dos familias.
Su expresión se volvió fría.
—¿Alguien está siguiéndonos?
—Eso creemos.
Dante cerró la carpeta.
—Quiero saber quién.
—Estamos investigando.
Dante se levantó.
—Y quiero protección adicional para Valentina.
Enzo lo observó.
—¿Crees que está en peligro?
—Si alguien quiere atacar a nuestras familias, ella puede convertirse en un objetivo.
Raffaele asintió.
—Lo tendremos en cuenta.
Dante caminó hacia la ventana.
Su mirada se perdió en las luces de la ciudad.
Hasta hacía poco, Valentina había sido simplemente la mujer que pertenecía a la familia enemiga.
Ahora llevaba a su hijo.
Y eso cambiaba completamente las reglas.
Al día siguiente...
Valentina salió de casa acompañada por Marco.
—No necesitas venir conmigo —dijo ella.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué estás aquí?
—Porque quiero.
Valentina sonrió.
—Eres imposible.
—Soy tu hermano.
—Eso no es una excusa.
Ambos comenzaron a caminar.
No se dieron cuenta de que un automóvil permanecía estacionado a varios metros.
Dentro, un hombre observaba atentamente.
Sacó su teléfono.
—La encontramos.
Hizo una pausa.
—Sí.
Está con su hermano.
Después colgó.
Esa misma tarde, Dante recibió un mensaje.
"La están vigilando."
Su expresión cambió inmediatamente.
—Enzo.
Su amigo entró al despacho.
—¿Sí?
Dante le mostró el teléfono.
—Quiero saber quién es ese hombre.
—Ya estamos siguiendo el automóvil.
—No esperes.
Hazlo ahora.
Enzo asintió y salió.
Dante tomó su chaqueta.
Mientras tanto, Valentina y Marco regresaban a casa.
Al acercarse a la entrada, Valentina se detuvo.
—¿Qué ocurre? —preguntó Marco.
—No sé.
Sentí que alguien nos observaba.
Marco miró alrededor.
No había nadie.
—Probablemente sea tu imaginación.
Valentina asintió.
—Tal vez.
Pero no estaba convencida.
Esa noche...
Dante llegó a la residencia Russo.
Valentina abrió la puerta.
Al verlo, se sorprendió.
—¿Qué haces aquí?
—Tenemos que hablar.
—¿Sobre qué?
Dante miró hacia la calle antes de entrar.
—Alguien te está siguiendo.
Valentina perdió la sonrisa.
—¿Qué?
Marco apareció detrás de ella.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque llevamos varios días investigándolo.
El padre de Valentina se acercó.
—¿Quién es?
—Todavía no lo sabemos.
Pero están observando tus movimientos.
Valentina llevó una mano a su vientre.
—¿Crees que quieren hacerme daño?
Dante la miró seriamente.
—No voy a permitirlo.
Marco dio un paso hacia él.
—Nosotros tampoco.
Dante asintió.
Por primera vez, los dos hombres que durante meses habían estado enfrentados compartían el mismo objetivo.
Proteger a Valentina.
Horas después, cuando todos se habían retirado a descansar...
Valentina salió al balcón.
Dante estaba allí abajo, junto a su automóvil.
Ella bajó las escaleras.
—¿Todavía estás aquí?
—Sí.
—No tienes que vigilarme toda la noche.
Dante la miró.
—No estoy vigilándote.
—¿Entonces?
—Me aseguro de que estés bien.
Valentina sonrió ligeramente.
—Es casi lo mismo.
Dante soltó una pequeña risa.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
—Dante...
—¿Sí?
—Gracias.
Él la miró.
—¿Por qué?
—Por intentar protegerme sin decidir por mí.
Dante asintió.
—Estoy aprendiendo.
Valentina dio un pequeño paso hacia él.
—Entonces sigue aprendiendo.
Dante sonrió.
—Lo intentaré.
Por primera vez, la distancia entre ambos parecía mucho más pequeña.
Pero ninguno sabía que, desde algún lugar de la oscuridad, alguien observaba la residencia.
Y aquella persona no estaba dispuesta a permitir que Dante y Valentina se acercaran.
Porque la guerra entre sus familias todavía no había terminado.
🖤 Palabras de la autora
Gracias por llegar hasta el final del capítulo 9.
Dante y Valentina están comenzando a descubrir que quizá sus familias no sean el único problema que tienen frente a ellos. Una nueva amenaza está apareciendo y pondrá a prueba la confianza que apenas empiezan a construir.
Gracias por seguir leyendo esta nueva historia y por acompañarme capítulo tras capítulo.
Con cariño,
Zahira# 🖤