Durante siglos, los clanes de los vampiros y de los hombres lobo han vivido consumidos por el odio.
Todos creen que el antiguo rey de los vampiros @s3s1nø a la esposa del Alfa durante una Noche de Luna Roja. Como venganza, el Alfa m@tø a la reina vampira un día después del nacimiento de su hija, Aylin.
Lo que nadie sabe es que aquella mu3rt3 fue una mentira.
La esposa del Alfa fingió su fallecimiento para escapar con el lobo del que realmente estaba enamorada, dejando atrás a un cachorro recién nacido
NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EL NIÑO EN EL BOSQUE
La noche envolvía el Reino Nocturno con su acostumbrado manto de oscuridad.
Las estrellas brillaban sobre el inmenso bosque que rodeaba el castillo de los vampiros.
Aquella era la hora favorita del rey Draven.
Cuando las responsabilidades del trono se volvían demasiado pesadas, solía salir solo a recorrer los límites de su territorio.
No necesitaba escoltas.
No les tenía miedo a las criaturas del bosque.
Después de tantos siglos, muy pocos eran capaces de representar un peligro para él.
---
Antes de partir, pasó por la habitación de Aylin.
La pequeña dormía profundamente abrazando un pequeño lobo de peluche que una de las doncellas le había cosido.
Draven sonrió con ternura.
Acomodó una manta sobre su hija.
—Descansa, mi pequeña princesa.
Besó su frente.
Después salió del castillo.
---
El bosque nocturno estaba completamente en silencio.
Solo se escuchaba el suave movimiento de las hojas.
Draven caminaba con las manos detrás de la espalda.
Su mirada recorría cada rincón.
Era una costumbre que mantenía desde hacía siglos.
Conocía prácticamente cada árbol y cada sendero de su reino.
Sin embargo...
Aquella noche sintió algo diferente.
Un aroma.
Muy tenue.
Era el aroma de un vampiro.
Pero...
También olía a miedo.
---
El rey frunció ligeramente el ceño.
—¿Quién estaría aquí a estas horas?
Siguió el rastro lentamente.
Cuanto más avanzaba...
Más intenso se volvía.
No era el aroma de un adulto.
Era mucho más suave.
Más delicado.
Como el de un niño.
Draven aceleró el paso.
---
Un pequeño llanto rompió el silencio del bosque.
El rey abrió los ojos con sorpresa.
Se movió entre los árboles hasta llegar a un claro.
Y allí...
Lo vio.
Un pequeño niño de unos cinco años permanecía sentado junto al tronco de un enorme árbol.
Tenía el cabello negro.
La piel tan pálida como la nieve.
Vestía ropa sencilla, ya desgastada por el paso del tiempo.
Sus pequeños ojos color rubí estaban llenos de lágrimas.
Abrazaba una vieja manta contra su pecho.
Miraba a todos lados.
Como si esperara que alguien regresara por él.
---
Draven se acercó lentamente.
No quería asustarlo.
El niño levantó la vista.
Retrocedió un poco.
Su respiración se aceleró.
—Tranquilo...
Dijo el rey con voz serena.
—No voy a hacerte daño.
El pequeño no respondió.
Solo observaba con miedo.
Draven se arrodilló para quedar a su altura.
—¿Cómo te llamas?
Silencio.
El niño bajó la cabeza.
Parecía demasiado asustado para hablar.
---
El rey observó alrededor.
No había nadie.
Ningún adulto.
Ningún rastro reciente.
Solo el pequeño.
Completamente solo.
—¿Dónde están tus padres?
Preguntó con calma.
El niño comenzó a temblar.
Sus labios se movieron apenas.
—Se...
Se fueron...
Draven sintió un nudo en el pecho.
—¿Hace cuánto?
El pequeño negó con la cabeza.
No lo sabía.
Solo recordaba que le habían dicho que esperara allí.
Y nunca regresaron.
---
El rey permaneció unos segundos en silencio.
Aquello no tenía sentido.
Ningún vampiro abandonaría a un niño.
Mucho menos dentro del territorio real.
Observó nuevamente al pequeño.
Estaba desnutrido.
Tenía frío.
Y apenas podía mantenerse despierto.
Draven se quitó lentamente su capa.
La colocó sobre los hombros del niño.
—Ya estás a salvo.
El pequeño levantó la mirada.
Era la primera vez en toda la noche que alguien le sonreía.
---
—¿Puedes caminar?
El niño asintió muy despacio.
Intentó ponerse de pie.
Pero sus piernas fallaron.
Draven reaccionó de inmediato.
Lo sostuvo antes de que cayera.
—No tienes fuerzas.
El pequeño bajó avergonzado la cabeza.
El rey suspiró con tristeza.
Terminó cargándolo entre sus brazos.
Era muy ligero.
Demasiado.
Como si hubiera pasado varios días sin alimentarse correctamente.
---
—Volveremos al castillo.
Allí tendrás comida.
Una cama caliente.
Y nadie volverá a dejarte solo.
El niño apoyó lentamente la cabeza sobre el hombro del rey.
Por primera vez en mucho tiempo...
Se sintió protegido.
Pocos minutos después...
Cerró los ojos.
Y se quedó profundamente dormido.
---
Muy lejos de aquel sendero...
Oculta entre los árboles...
Una figura observaba la escena.
Era una mujer.
Su rostro permanecía cubierto por una amplia capucha negra.
Ningún rayo de luna alcanzaba a revelar sus facciones.
Permanecía completamente inmóvil.
Observando.
En silencio.
Cuando vio al rey cargar al pequeño...
Una lágrima descendió lentamente por su mejilla.
Llevó una mano hasta su boca para contener cualquier sollozo.
No podía hacer ruido.
No debía ser descubierta.
---
La mujer dio un pequeño paso hacia adelante.
Como si quisiera correr.
Como si quisiera abrazar al niño una última vez.
Pero se detuvo.
Sus dedos temblaban.
Observó cómo el pequeño dormía tranquilo entre los brazos del rey.
Después cerró lentamente los ojos.
—Perdóname...
Susurró con la voz quebrada.
El viento se llevó aquellas palabras.
Nadie las escuchó.
---
Draven continuó caminando hacia el castillo.
Jamás notó que alguien lo observaba.
Su atención estaba completamente puesta en el niño.
Mientras avanzaba, el pequeño se aferró inconscientemente a la ropa del rey.
Como un cachorro que, después de mucho tiempo, finalmente encontraba refugio.
Draven bajó la mirada.
Acarició suavemente su cabeza.
—Ya no estás solo.
---
Entre las sombras...
La mujer permaneció inmóvil hasta que ambos desaparecieron de su vista.
Solo entonces permitió que las lágrimas cayeran libremente.
Apretó con fuerza una pequeña tela infantil que llevaba entre las manos.
Su respiración era inestable.
El dolor era evidente.
Pero...
No dio un solo paso para recuperarlo.
Se dio media vuelta lentamente.
Y desapareció entre la oscuridad del bosque.
Sin dejar rastro.
Sin revelar su identidad.
Sin saber que aquella decisión cambiaría para siempre el destino del pequeño niño... y también el de los dos clanes que, algún día, volverían a cruzar sus caminos.