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A Milímetros De Romperse

A Milímetros De Romperse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Malentendidos / Reencuentro
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: AndyG1904

Ella guarda un secreto que la consume por dentro.
Él arrastra las ruinas de una vida que se desmoronó en una sola noche.

April Rossetti nunca imaginó que un error de una noche la perseguiría cada día. Enamorarse de la persona equivocada siempre es el comienzo de una caída. Ahora, la culpa la acompaña como una sombra que no la deja respirar.

Derek Baker lo perdió todo: su matrimonio, su hijo no nacido y la confianza en las personas. Destrozado y lleno de rabia, intenta reconstruir su vida cuando un encuentro casual lo cambia todo.

Conectados por hilos invisibles del destino, April y Derek se ven envueltos en miradas cargadas de deseo, conversaciones que despiertan lo que creían dormido y secretos que amenazan con destruirlos.

Están a milímetros de romperse... o de sanarse mutuamente.

Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.

Y algunas atracciones están destinadas a arder, aunque quemen todo a su paso.

¿Podrán elegir el amor cuando todo parece condenarlos al dolor?

NovelToon tiene autorización de AndyG1904 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Juego Sucio

-April-

El mensaje de Derek seguía sin responder en la pantalla desde la noche anterior.

Pierre está preocupado. Preguntó si estabas bien. ¿Lo estás?

Lo había leído demasiadas veces.

Cada vez que la pantalla se bloqueaba, volvía a encenderla solo para mirarlo otra vez. No sabía qué me molestaba más: que hubiera escrito o que una parte de mi hubiera sentido un alivio absurdo al ver su nombre.

Borré la barra de respuesta por tercera vez y guardé el teléfono en el bolsillo de la bata.

No tenía tiempo para eso.

Faltaban pocas semanas para entregar el último avance de la tesis y conseguir la carta de recomendación que necesitaba para cerrar el proceso de graduación. Sin esa carta, firmada por un médico del Centro, todo el año de trabajo se complicaba. Y la única persona con autoridad real para emitirla sin problemas era Jhony.

Esa mañana lo entendí con demasiada claridad.

Lo intercepté a media jornada en el pasillo que daba a los consultorios de cirugía. Él salía de una revisión. Yo cargaba una carpeta contra el pecho como escudo.

—Necesito hablar contigo —dije, manteniendo la voz baja.

Jhony detuvo el paso y me miró con esa calma peligrosa que había adoptado desde la boda.

—Qué coincidencia. Yo también necesitaba hablar contigo.

Me tomó del codo con suavidad fingida y me guió hasta el mismo depósito de material donde ya me había arrinconado días atrás. Cerró la puerta sin golpearla.

—He estado revisando tu expediente de prácticas —empezó, apoyándose en la estantería—. Interesante. Muy completa hasta ahora.

Sentí que el estómago se me cerraba.

—¿Qué quieres decir?

—Que la carta de recomendación todavía no está firmada. Y que faltan apenas unas semanas para que cierren el proceso, hoy me llegó un recordatorio de la facultad. —Sonrió apenas—. Sería una lástima que, después de tanto esfuerzo, aparecieran ciertas observaciones sobre tu desempeño. Faltas de criterio. Problemas de conducta profesional. Cosas que obligarían a reconsiderar si realmente estás lista.

La rabia me subió tan rápido que me temblaron las manos.

—Eso es chantaje.

—Eso es realidad —corrigió él con suavidad—. Tú necesitas algo de mí. Y yo necesito que dejes de jugar a la mujer que puede cortar las cosas cuando le conviene. Así no funciona, April.

Dio un paso más cerca. El olor de su colonia me resultó sofocante.

—Tienes dos opciones. Recuperamos la cercanía que teníamos o tu carta se vuelve un problema. Tú decides.

Por un segundo no pude hablar. El miedo ya no era abstracto. Tenía forma de firma retenida, de retraso en mi graduación, de un año entero dependiendo de la voluntad de un hombre que ahora disfrutaba teniendo el control.

Salí del depósito antes de que él pudiera tocarme otra vez. Caminé por el pasillo con la carpeta apretada contra el pecho y la sensación de que las paredes se me venían encima.

No podía decírselo a Elena.

No podía involucrar a Pierre.

No podía arriesgarme a que todo explotara justo cuando estaba tan cerca de terminar.

Y sin embargo, cuando llegué a mi puesto de trabajo y saqué el teléfono con las manos todavía frías, la única conversación que abrí fue la de Derek.

Miré el mensaje una vez más.

Después, sin permitirme pensarlo demasiado, escribí:

April:

No lo estoy.

Y pulsé enviar.

El mensaje se envió con un sonido demasiado suave para lo que acababa de hacer.

No lo estoy.

Me quedé mirando la pantalla, con el pulso todavía acelerado y la sensación de haber cruzado una línea que no podía deshacer. Arrepentirme habría sido lo inteligente. Borrar la conversación. Fingir que no había escrito nada. En cambio, solo apreté el teléfono contra la palma hasta que el borde me dolió.

Jhony había dejado demasiado claro el tipo de juego que estaba dispuesto a jugar. La carta de recomendación. Mi graduación. Meses de trabajo dependiendo de la firma de un hombre que ahora usaba esa necesidad como correa.

No podía ir con Elena.

No podía involucrar a Pierre.

No tenía a nadie dentro del Centro en quien confiar de verdad.

Y aun así, la única persona que se me había venido a la cabeza en medio del miedo no había sido una amiga ni un profesor. Había sido Derek.

Odiaba eso.

Salí del trabajo apenas terminé mi turno, sin esperar a nadie, sin de quitarme la bata. El aire exterior me golpeó la cara con un alivio insuficiente. Caminé varias cuadras sin rumbo fijo, revisando el teléfono cada dos minutos como si la respuesta de Derek pudiera aparecer de un momento a otro.

No llegó ninguna.

Para cuando me detuve, estaba frente al edificio del restaurante. Lo reconocí por las reseñas que alguna vez había leído sin darle importancia y por una foto que Pierre me había mostrado días atrás.

El lugar tenía una fachada sobria, elegante, con el nombre en letras discretas.

Me quedé en la acera, inmóvil.

¿Qué exactamente pensaba hacer? ¿Entrar y decirle que mi jefe me estaba chantajeando con mi graduación? ¿Que no tenía a nadie más a quien acudir? ¿Que su advertencia de la terraza se había quedado corta frente a la realidad?

Absurdo.

Y sin embargo, no me moví de ahí.

A través de uno de los ventanales laterales pude ver el movimiento de la cocina: figuras de blanco, vapor, el ritmo preciso de un servicio en marcha. En algún punto de ese orden estaba él.

El teléfono vibró en mi mano.

Derek:

¿Dónde estás?

El corazón se me subió a la garganta. Miré la fachada del restaurante y, antes de poder detenerme, escribí:

April:

Afuera.

Solo pasaron unos minutos, pero se sintieron largos. Después la puerta lateral se abrió y Derek apareció sin delantal, con las mangas de la camisa arremangadas y la expresión contenida. Al verme, algo se le endureció en la mirada. No parecía sorprendido. Parecía alerta.

Se detuvo a un par de metros de mi, lo bastante lejos para no invadir, lo bastante cerca para que su presencia resultara imposible de ignorar.

—Dijiste que no estabas bien —fue lo único que dijo.

Abrí la boca. La cerré. El miedo, la rabia y el alivio se mezclaron de una forma tan violenta que me costó encontrar una frase coherente.

—No sé a quién más acudir —admití por fin, con la voz baja y tensa—. Y odio que seas tú.

Derek me observó en silencio durante un segundo. Después asintió una sola vez, como si esa confesión imperfecta le bastara.

—Entra.

No fue una invitación suave. Fue una decisión. Y yo, contra toda lógica, lo seguí dentro.

La zona trasera del restaurante olía a hierbas, a limón y a metal caliente. Derek me guió por un pasillo estrecho hasta una oficina pequeña, ordenada, con un escritorio de madera oscura y una silla de respaldo alto. Cerró la puerta y el ruido de la cocina quedó amortiguado de inmediato.

—Siéntate —dijo.

No sonó a orden brusca, pero tampoco a gentileza. Era práctico. Directo. Permanecí de pie un segundo más, todavía con la bata por encima de la ropa, antes de obedecer. Él no se sentó. Se quedó recostado de la pared, con los brazos cruzados, mirándome con esa atención intensa que ya conocía.

—Habla.

La palabra me abrió un nudo en la garganta. Por un momento pensé en inventar una versión más ligera, más defendible. Después comprendí que no tenía sentido. Si había venido hasta ahí, era porque ya no me quedaban versiones limpias.

—Jhony… —empecé, y el nombre me supo amargo—. Es el médico jefe del Centro. El que tiene que firmar mi carta de recomendación.

Derek no interrumpió.

—Sin esa carta no puedo cerrar mi proceso de graduación. Llevo meses trabajando por ella. Y ahora… —tragué saliva—. Ahora dice que si no vuelvo a involucrarme con él, va a complicarme el expediente. Observaciones. Problemas de conducta. Cualquier cosa que retrase o destruya la recomendación.

El silencio que siguió fue sepulcral. Derek no se movió, pero algo en su expresión cambió. La mandíbula se le tensó. La mirada se le volvió más dura, más enfocada. Siguió en silencio varios segundos después de que yo terminara de hablar. No se movió. Solo me miró con una intensidad que resultaba casi física.

—Repiteme una cosa —dijo al fin, con la voz baja y precisa—. ¿Tu graduación depende de su firma?

—Sí.

—¿Y te dejó claro que si no vuelves con él, esa firma se convierte en un problema?

Asentí. La confirmación me pesó en la garganta.

Derek apartó la vista hacia un punto fijo de la pared, como si estuviera conteniendo algo. Cuando regresó a mi, su expresión se había endurecido por completo.

—Entonces escúchame con atención. —Se acercó un paso, sin llegar a invadirme—. No vas a quedarte a solas en ningún otro lugar con él, ni pasillos, ni oficinas, ni encuentros. Y si vuelve a acercarse, me lo dices. El mismo día. No después.

Abrí la boca para protestar, pero él no me dio espacio.

—No me interesa si te parece exagerado. No me interesa si crees que puedes manejarlo sola. Estás asustada, y con razón. Ese hombre no está negociando contigo. Te está acorralando.

La palabra acorralando se me clavó con demasiada exactitud.

—¿Por qué me das consejos? —pregunté, y esta vez la voz me salió más frágil de lo que quería—. No soy tu responsabilidad.

Derek sostuvo mi mirada sin parpadear.

—No. No lo eres. Pero tampoco voy a quedarme mirando cómo alguien usa el miedo para destrozarle el futuro a otra persona. Ya estuve del lado del que solo mira. No pienso repetirlo.

El silencio que siguió fue absoluto. Incluso el ruido lejano de la cocina pareció retirarse.

Sentí que algo se me quebraba por dentro. No era alivio. Era la certeza brutal de que, por primera vez, alguien había nombrado exactamente el tipo de peligro en el que estaba y no había apartado la vista.

Derek enderezó los hombros, recuperando distancia.

—Ahora te voy a pedir un taxi. Vas a ir a casa. Vas a comer algo. Y mañana hablamos de cómo sacarte de esa trampa sin que te cueste la graduación.

Lo observé, todavía sentada, con las manos frías y el corazón desordenado.

—No tenías que involucrarte —susurré.

—Lo sé. —Se giró hacia la puerta, pero antes de abrirla añadió, sin mirarme—: Aun así, ya lo hice.

Salió de la oficina dejándome sentada con el eco de esas palabras.

Por unos segundos me quedé quieta, respirando con dificultad. Afuera el restaurante seguía funcionando. Adentro, el miedo seguía presente…

…pero ya no estaba sola.

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Andrea
Que rabia con Jhony 😭
AndyG
Trataré de hacer un maratón hasta el capítulo 20. Luego me daré un break. Gracias a todos 🥹❤️🫶
Andii
2 capítulos seguidos. Sospechoso... No nos vayas a abandonar ahora que estoy enganchado 🤣
Andrea
Si Derek se involucra solo espero que no se comporte como Jhony... Se volvió el villano de la historia. Narcisista. Pobre April...
Andrea
He leído todos los capítulos hasta ahora. Y no sé. Me tiene estresada/intrigada 😭😭
Andii
Nunca me había identificado tanto con un personaje y no se si eso es bueno o malo /Brokenheart/
Gerson Gonzalez
Muy interesante. Sigue así.
Isabella Connelly
Dioooos cuanta tensión...
Gerson Gonzalez: Muy interesante está historia. Por lo general lo mío es fantasía y acción. Veamos cómo sigue. Saludos!
total 1 replies
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