Elena siempre fue la "omisión" de la manada Luna Plateada: huérfana, supuestamente humana y relegada a las tareas de limpieza. Todo cambia la noche del baile de emparejamiento, cuando Derek Blackwood, el despiadado y temido Alpha Supremo de la manada Sangre de Hierro, irrumpe en el territorio. El aroma a bosque húmedo y tormenta lo cambia todo. Él es su alma gemela, pero el destino oculta un secreto: Elena no es humana, y su sangre despierta un poder que podría destruir a todos los Alphas del continente.
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Capítulo 18: La diplomacia de Cassandra
Mientras el Este se transformaba bajo la sutil influencia de la Red Rúnica y los descubrimientos proféticos en el pozo antiguo, el Sur enfrentaba su propio proceso de metamorfosis, uno mucho más burocrático, pero igualmente peligroso. Las Tierras del Sur, caracterizadas por sus valles templados, sus extensos campos de cultivo y una aristocracia licántropa que había basado su riqueza en la explotación implacable de los lobos omegas, se encontraban al borde de un colapso institucional. La abolición decretada por la Emperatriz Elena había privado a los grandes señores de la mano de obra esclava que sostenía sus lujos, sembrando un descontento latente entre las familias más antiguas del continente.
La Alpha Cassandra, ahora investida con el título de Gobernadora del Sur bajo el nuevo orden imperial, caminaba a lo largo de la terraza de mármol de su palacio en la ciudad de Sunspire. Vestía una túnica de seda escarlata con broches de oro que imitaban la silueta de un halcón, pero su rostro reflejaba la fatiga de quien lidia con serpientes políticas a diario. Los antiguos patriarcas feudales exigían compensaciones financieras por la liberación de los esclavos, amenazando con sabotear las rutas de suministro de grano que abastecían a la Fortaleza de Hierro si la corona no cedía a sus demandas.
Comprendiendo que la fuerza bruta militar solo unificaría a los disidentes en una rebelión abierta, Cassandra optó por una estrategia de exhibición mística. Utilizando los canales oficiales del Imperio, solicitó la presencia de la Emperatriz Elena y el Alto Protector Derek en una cumbre extraordinaria que se celebraría en el Gran Salón de Sunspire, invitando formalmente a todos los terratenientes y nobles del Sur a presentar sus quejas directamente ante el trono celestial.
El día de la cumbre, la atmósfera en Sunspire era de una tensión asfixiante. Los nobles sureños, hombres y mujeres de facciones altivas cubiertos de pieles exóticas y joyas de oro, ocupaban las gradas del salón, murmurando con desprecio sobre la "sirvienta del norte" que pretendía dictar las leyes de su territorio.
El silencio descendió sobre el recinto cuando las pesadas puertas de bronce se abrieron. Elena ingresó al salón sin escolta militar tradicional, pero su sola presencia física barrió cualquier rastro de escepticismo. Vestía una túnica de seda azul noche que parecía absorber la luz del sol sureño, salpicada de hilos de plata que destellaban con el latido rítmico de sus marcas rúnicas. Sus ojos de azul eléctrico, profundos y regios, recorrieron la multitud con una calma que rozaba lo divino. A su lado, marchando con la rigidez de un verdugo perfecto, Derek Blackwood la acompañaba. Su armadura de acero negro reflejaba los destellos argénteos de la emperatriz, y el aura de poder concentrado que emanaba de su figura recordaba a los presentes por qué seguía siendo el guerrero más temido del continente.
Elena tomó asiento en el trono de mármol blanco que Cassandra había dispuesto en la cabecera del salón, mientras Derek se posicionaba a su derecha, manteniendo la mano izquierda apoyada de forma casual sobre la empuñadura de su espada de acero negro.
—Hemos escuchado sus quejas a través de la Gobernadora Cassandra —pronunció Elena, y su voz polifónica, suave pero impregnada de una autoridad cósmica, resonó directamente en los cráneos de los aristócratas—. Exigen oro y tierras a cambio de los ciudadanos libres que antes mantenían bajo el látigo. Olvidan que las leyes de la primera era no reconocen la propiedad sobre un alma viviente.
Un patriarca anciano, líder de la influyente familia Sterling, dio un paso al frente, entornando sus ojos cargados de arrogancia.
—Su majestad celestial —dijo el viejo lobo con una inclinación de cabeza falsamente respetuosa—. Respetamos su divinidad, pero nuestras economías se desmoronarán si no recibimos una compensación justa. Para demostrar nuestra buena voluntad y sellar este nuevo tratado de convivencia, mi familia ha preparado un obsequio especial para usted. Una muestra de los viñedos más antiguos de Sunspire.
Un sirviente se acercó al estrado portando una bandeja de plata con una copa de cristal tallado llena de un vino espeso y de un color rojo violáceo intenso. Elena observó la copa con neutralidad, extendiendo su mano para tomarla, pero antes de que sus dedos rozaran el cristal, un vuelco violento en el lazo místico alertó a Derek.
Los reflejos sobrehumanos del Alto Protector, potenciados por la energía rúnica de transferencia, se activaron en una fracción de segundo. Con un movimiento veloz que el ojo humano apenas pudo registrar, Derek interpuso su brazo enguantado, golpeando la mano del sirviente y haciendo que la copa saltara por los aires. El cristal se estrelló contra los escalones de mármol del trono, y el vino rojo se derramó sobre la piedra.
El efecto de la sustancia derramada horrorizó a los presentes. El mármol blanco comenzó a burbujear y a corroerse de inmediato, emitiendo un humo denso, verdoso y con un olor acre que provocó náuseas a los nobles de las primeras filas. No era un veneno mundano; era una sustancia altamente ácida e impregnada de una magia oscura y prohibida capaz de disolver los canales espirituales de un licántropo en cuestión de latidos.
—¡Traición! —bramó Cassandra, reaccionando instantáneamente con su agudeza felina. Con un salto ágil, descendió de su estrado y clavó sus garras directamente en la garganta del patriarca Sterling antes de que el anciano pudiera siquiera retroceder. La sangre del traidor salpicó el mármol corroído mientras caía sin vida ante la multitud.
Los guardias de Sunspire rodearon inmediatamente a los miembros de la familia Sterling que se encontraban en las gradas, desarmándolos en medio de un caos de gritos y pánico. Los nobles que antes murmuraban con arrogancia ahora se encogían en sus asientos, aterrorizados ante la demostración de violencia de Cassandra y la frialdad implacable de la corona.
Derek desenvainó su espada de acero negro, apuntando con la punta de la hoja hacia el resto de la aristocracia sureña. El frío elemental que emanaba del arma congeló instantáneamente el humo verdoso del veneno, purificando el aire del salón en un par de segundos. Sus ojos grises centellearon con los anillos plateados de la profecía, fijos en la multitud temblorosa.
—Si alguno de los presentes cree que la misericordia de nuestra reina es una invitación a la traición, dé un paso al frente ahora mismo —sentenció Derek, y su Voz de Alpha, potenciada por el invierno cósmico, hizo que varios nobles cayeran de rodillas por la pura presión espiritual—. La familia Sterling queda despojada de sus títulos, tierras y riquezas a partir de este instante. Sus propiedades serán distribuidas entre los omegas liberados de Sunspire.
Elena permaneció sentada en su trono, observando la escena con una serenidad imperturbable. Miró a Cassandra, quien permanecía de pie junto al cadáver del traidor, con las manos manchadas de sangre, pero manteniendo una mirada de lealtad absoluta hacia la Loba Celestial.
—Has actuado con la presteza de una verdadera gobernante, Cassandra —pronunció Elena, inclinando la cabeza hacia su delegada del sur—. El juicio ha sido ejecutado. Que el resto de las familias sureñas entienda que el Imperio Celestial no tolerará los nidos de víboras en sus valles. La cumbre ha terminado.
Mientras los nobles desalojaban el salón en un silencio sepulcral, Derek guardó su espada y se volvió hacia Elena. A través de la conexión de sus almas, ambos compartieron una certeza preocupante: aquel veneno corrosivo no pertenecía al conocimiento de las manadas tradicionales. Una sombra exterior, ajena al continente unificado, estaba comenzando a mover sus piezas en la oscuridad.