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La Duquesa

La Duquesa

Status: Terminada
Genre:Época / Romance / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:151.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Melany. v

Novela +18.

Vivir en un matrimonio político no es tan maravilloso cuando tu marido te desprecia. pero Rosaline tomará las riendas de su vida y al duque también. Porque ella es la duquesa.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: Lo que ya no voy a tolerar

Me colocó delicadamente en la cama, mi piel desnuda en el suave colchón. Se cernió sobre mí, su mirada caliente paseando por mis curvas.

Sin previo aviso, me dio la vuelta y colocó mis rodillas debajo de mí, mis nalgas en el aire. Gemí cuando su lengua encontró mi pliegue, lamiendo y chupando. Mi espalda se arqueó, presionando mis caderas contra su boca.

Se movió detrás de mí, alineando su dura longitud con mi otro agujero. Sus manos apretaron mis nalgas, separándolas para exponerme aún más. Sin previo aviso, empujó hacia adelante, hundiéndose profundamente en mí.

Me estremecí ante la repentina sensación de plenitud. A pesar del dolor inicial, una oleada de placer se filtraba a través de mi cuerpo con cada embestida. Me llenó una y otra vez, golpeando ese lugar dentro de mí que me hacía ver estrellas.

De repente, su mano se enredó en mi cabello, tirando de él con fuerza. Jadeé ante la repentina punzada de dolor mezclada con placer.

—No pares.—rogué sin aliento—. Me gusta rudo.

Erick gruñó ante mis palabras, embistiendo más fuerte y rápido. Mi cuerpo tembló, mi interior apretándose alrededor de su dureza.

Con un gemido gutural, llegamos juntos al climax.

Caímos en la cama, nuestros cuerpos agitados por el éxtasis. Erick me volteó para mirarlo. Me besó profunda y apasionadamente, transmitiendo todo su afecto y devoción.

Me subí a él, montándolo a horcajadas. Me levanté, alineando su miembro con mi entrada. Me hundí sobre él con un gemido, absorbiéndolo hasta la empuñadura. Comenzamos a movernos juntos, nuestros cuerpos balanceándose en perfecta sincronía.

Erick agarró mis caderas, guiando mis movimientos mientras me levantaba y bajaba sobre él. Mis senos rebotaban con cada embestida, mis pezones duros contra su pecho. Mi vientre se contrajo cuando me acerqué al borde, mis músculos internos apretándose alrededor de su dureza.

Con un grito ahogado, me vine con fuerza, mi cuerpo convulsionando de placer. Erick me siguió poco después. Ambos jadeamos y nos retorcimos juntos, perdidos en la euforia del placer carnal.

—Como es posible que cada vez que te hago mia, me vuelvo más adicto a tí—me tomó de las mejillas con una mano—. Dime Rosaline. ¿Que me hiciste?

No respondí y lo volví a besar. Erick me abrazó sin dejar de besarnos.

Encontré su punto débil. Y pienso usarlo cuánta veces quiera para domarlo a mi antojo.

 

Al día siguiente.

Caminé por los pasillos con la cabeza en alto y noté cómo las miradas ya no eran las mismas, algunas se inclinaban con rapidez, otras se detenían un segundo más de lo necesario, como si intentaran entender en qué momento dejé de ser una figura que podían ignorar; no me detuve a observar demasiado, tenía cosas que hacer y ahora nadie iba a decidir por mí cuándo hacerlas.

Esa mañana no pedí informes, los exigí; no consulté decisiones, las tomé, el mayordomo principal intentó corregirme en un punto y lo miré hasta que entendió que no iba a retroceder, los registros del ala sur mostraban pérdidas que nadie había querido señalar, gastos inflados, acuerdos mal hechos, y cuando pregunté quién los aprobó, el silencio fue suficiente respuesta.

—No necesito que bajen la mirada —dije, apoyando los documentos sobre la mesa—, necesito que respondan.

Uno de los hombres carraspeó.

—Esos acuerdos venían de… recomendaciones externas.

—No pregunté de dónde venían —respondí—, pregunté quién los aprobó.

Otro habló, más bajo.

—Gabriela.

Otra vez esa desgracia.

—Desde hoy se suspenden esos contratos, se revisa cada gasto y quiero resultados antes de que termine la semana.— dije tajante.

—Pero...

—Se hará como lo digo.

No levanté la voz. No hizo falta.

Salí de ahí sin esperar respuesta, porque ya no necesitaba que la dieran en palabras.

La casa se movía diferente, y Gabriela lo sentía, eso era evidente en cada cruce que teníamos, ya no se limitaba a observar o insinuar, sus acciones eran más directas, más incómodas, pequeños errores en el servicio que casualmente recaían sobre decisiones mías, mensajes que no llegaban, órdenes que se retrasaban, comentarios que se esparcían con cuidado.

Pero ahora yo también observaba.

Y aprendía.

La encontré en el pasillo del ala norte, hablando con dos doncellas que se quedaron en silencio apenas me vieron.

—Continúen —dije, sin detenerme.

Ellas dudaron, Gabriela no.

—No es necesario —respondió—, ya terminamos.

Me detuve entonces.

—Eso lo decido yo cuando están en horario de trabajo.

Sus ojos se tensaron apenas.

—No son tus únicas responsabilidades.

—Pero sí están bajo mi autoridad.

Hubo un silencio corto.

—Estás cambiando demasiado rápido las cosas.

—No lo suficiente. Creo que me falta una plaga.

No aparté la mirada.

Ella sonrió, pero no fue una sonrisa agradable.

—Te crees muy segura ahora que complace al duque con tu cuerpo de mujerzuela.

Sin esperar más, le ofrecí una cachetada. Luego otra que sonó más fuerte. Y la rabia que tenía salió de mi voz con una ironía.

—Pero te duele que no seas tú. Sé que lo miras, que lo quieres y aún así, verme ser su esposa.

Gabriela se acarició ambas mejillas.

—Se lo diré al duque.

—Entonces dilo. Porque de mi parte está despedida. Te vas ahora mismo de esta casa.

Ese fue el momento en que decidió cruzar otra línea.

—No sabes lo que esta casa fue antes de ti.

—Tampoco necesito saberlo. Largo.—señale con el dedo.

Su expresión cambió, más dura.

—Mi madre murió trabajando aquí, sosteniendo esta casa cuando otros no estaban, cuando el duque era joven y esto se caía por decisiones ajenas, yo crecí viendo eso...

No respondí a su drama.

—Y tú llegas —continuó—, con tus ideas, tus cambios, como si todo antes hubiera estado mal.

—Ya estoy harta.— le tomé de los cabellos para sacarla de la casa—. No voy a soportar más de tu confianza con mi marido.

Me había sorprendido por las palabras que se escapaba de mis labios. No sabía que podía llegar a ser posesiva. Pero hay muchas cosas que voy conociendo que me está gustando.

1
Irene Nievecita
Siempre me sorprendes con tus historias, esta estuvo corta pero redondita, no falta ni sobra nada es perfecta, gracias una vez más por tu tiempo y tu inspiración para crear historias entretenidas, que dan la impresión de vivirlas como en las películas, pir lo menos yo me siento parte de la historia y logro imaginar cada detalle de la misma
Irene Nievecita
Me alegro que el se diera cuenta que ella no es una damisela, que no sabe resolver los problemas, también me gusta mucho que le demuestre con palabras que la ama mucho
Irene Nievecita
Eso sí que fue un giro inesperado de los acontecimientos, ella sabe defenderse y muy bien por lo demás. Y se da el lujo de reclamarle por demorarse.👏👏👏👏👏
Irene Nievecita
Esa recompensa si estuvo muy caliente, yo quisiera una recompensa así de abundante☺️☺️☺️☺️
Irene Nievecita
No hay peor ciego que el que no quiere ver
Irene Nievecita
Era lo menos que debía esperarse de parte de Gabriela, sentirse traicionada, por llevar ella la casa, pero de ahí a sentir que ella tenia un peso especifico en la vida de él, no tiene ningún sentido, por más que él hubiera tenido sexo con ella, solo era parte de la servidumbre y nada más
Irene Nievecita
Hasta que al fin vio las estrellas, como debe ser, tiene un hombre joven, fuerte. apasionado y muy bien dotado, mejor suerte imposible.
Irene Nievecita
Así se habla con la verdad, nada de fingir, que el note que también estas interesada por tener un conocimiento más cercano del tamaño y grosor de su virtud como hombre🤭🤭🤭🤭
Irene Nievecita
Que bueno que ella ya no es la muchachita sin personalidad, que crío lady Valmont, ahora es una mujer casada, con responsabilidades y los sirvientes deben tenerlo claro en especial la tal Gabriela, sino debe despedirla así de sencillo.
Irene Nievecita
El no le quiere dar su lugar, el espera que ella saque el carácter que vio en ella el día que se casaron, así que a ganar en contra de la famula que se cree duquesa.
Irene Nievecita
No debe permitir por ningún motivo, que esa famula se crea la dueña de casa, ella es la duquesa y lo debe poner de relieve desde el principio, la obligación de ella es hacerse cargo, de todo lo relativo con la casa y la servidumbre
Irene Nievecita
Por lo menos no es un duque altanero, que impone sus derechos
Irene Nievecita
grasias por esta nueva historia
Sandra Vielmas
mee encantó esta historia. te felicito así me gustan cortas...🙏❤felicidades
Sandra Vielmas
entonces esa zorra se acostaba con el. por eso tanto coraje y altaneria
Sandra Vielmas
sán Francisco de los palos... Que Estrada le dieron😂😂😂/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Aniramairos
Va a agarrar una infección infernal, eso no se hace 🤭
Yajaira Castellanos
porq no la despide
KJ
Me encantó un montón la historia, es corta pero pero muy linda, me gusto muchísimo la personalidad de la protagonista y tu forma de narrar todo, estuvo muy precioso todo, gracias por escribir y compartirnos tan bonito libro 🫶🏻🫶🏻☺️🥰
Paola Coria
excelente novela
sin palabras
muy bien contada clara sin mucho relleno innecesario
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